Causas fisiológicas de malnutrición en el adulto mayor

La malnutrición es una condición muy prevalente en los adultos mayores que implica una carga significativa para los sistemas de salud y la sociedad en general. Forma parte de los grandes síndromes geriátricos y es un factor clave de fragilidad. No solo constituye una patología en sí misma, sino que su presencia se asocia a un aumento de la mortalidad y de la discapacidad, mayor frecuencia de caídas y fracturas, y empeora el deterioro cognitivo. También se asocia con retraso en la cicatrización y en la recuperación tras la cirugía, prolonga la estancia hospitalaria y aumenta la frecuencia de reingresos y el índice de institucionalización tras el alta.

infografía sobre la prevalencia e impacto de la malnutrición en adultos mayores

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha reconocido la importancia de abordar este problema, desarrollando el Manual de Atención Integrada para las Personas Mayores (ICOPE), que permite analizar las necesidades y demandas de salud de las poblaciones que envejecen rápidamente en todo el mundo.

Prevalencia y panorama actual de la malnutrición en adultos mayores

La prevalencia de la desnutrición en pacientes adultos mayores hospitalizados en Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) es alta. La Administración para la Vida Comunitaria (ACL, por sus siglas en inglés) reportó que se estima que casi el 50% de los estadounidenses mayores están desnutridos, constituyendo una epidemia poco visible.

Estadísticas y casos de estudio

  • Un artículo publicado en la Revista Ciencias de la Salud sobre la malnutrición asociada con factores sociodemográficos en adultos mayores de Medellín (Colombia) incluyó una muestra de 1187 adultos mayores de 60 años, reportando cifras del 57.6% de malnutrición, de un 20.8% de déficit de peso y de un 36.8% de exceso de peso, según el índice de masa corporal.
  • En Colombia, se estima que entre 2014 y 2016, el 0.5% del total de muertes en personas mayores de 65 años (3275 defunciones) fueron por desnutrición.
  • El envejecimiento de la población se asocia a una mayor prevalencia de problemas nutricionales. Específicamente en Chile, el 32.4% de las personas mayores de 65 años tiene riesgo de desnutrición, según resultados del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA) de la Universidad de Chile.
  • Un estudio observacional descriptivo transversal sobre 113 personas de la tercera edad frágiles encontró que el riesgo de desnutrición fue del 31% (n = 35); de ellos, el 22% (n = 25) presentaba desnutrición según Gasull. El 92% (104) de los participantes del estudio presentaban algún síntoma o patología.
  • La desnutrición se presenta en hasta el 10% de las personas mayores que viven en la comunidad y en el 20 al 50% de las personas mayores hospitalizadas o institucionalizadas.

Nutrición en la tercera edad

Cambios fisiológicos asociados al envejecimiento que propician la malnutrición

El envejecimiento implica una serie de cambios que influyen directamente en el estado nutricional de los ancianos, convirtiéndolos en un grupo vulnerable con un riesgo elevado de sufrir déficits nutricionales. Las causas de los desbalances nutricionales son variables y están compuestas por factores individuales, comunitarios y de políticas públicas. Los adultos mayores son más susceptibles a los problemas nutricionales que los adultos jóvenes debido a una serie de factores interrelacionados.

Variaciones en la composición corporal y metabolismo

  • Variaciones de peso y talla: La estatura disminuye de 0.8 a 1.0 centímetro por década a partir de la edad adulta, principalmente debido a una disminución de la altura de los discos intervertebrales, pérdida del tono muscular y otros cambios en la columna vertebral. El peso aumenta entre los 40 y 60 años, se estabiliza alrededor de los 65 años y decrece a partir de los 70 años.
  • Cambios en la composición corporal: Se observa un aumento de la masa grasa (alrededor del 18% al 36% en varones y del 27% al 45% en mujeres) y una reducción de la masa magra, principalmente en músculo y hueso, que puede llegar a 10 kilogramos en hombres y hasta quince kilos en mujeres. Gran parte de esta pérdida de masa muscular es prevenible e incluso reversible con ejercicio moderado.
  • Disminución del agua corporal total: Una reducción de hasta un 17% en el agua corporal total, un 40% en el agua extracelular y un 8% en el volumen plasmático.
  • Disminución de la masa ósea: Entre un 8% y 15%, especialmente en mujeres de 45 a 70 años.
  • Menor gasto energético: Disminución del metabolismo basal y de la actividad física (21% entre los 20 y 74 años; 31% entre los 74 y 99 años).

Alteraciones en los sentidos y el sistema digestivo

  • Ausencia de piezas dentales: Dificulta la masticación y, por ende, la adecuada ingesta de alimentos.
  • Disminución del sentido del gusto y del olfato: Reducen la sensación placentera asociada a la ingesta, lo que puede llevar a una disminución del apetito y una menor variedad en la dieta. La sensación de gusto también suele perderse en alguna medida, lo que se refleja en el decrecimiento de las "ganas" de comer.
  • Disminución de la secreción de saliva: Consecuente dificultad para tragar.
  • Cambios morfológicos y funcionales del aparato digestivo: Esto se traduce en estreñimiento (debido a la baja ingesta de líquidos, alteraciones del tubo digestivo y sedentarismo), así como alteraciones en la digestión y absorción de nutrientes, lo que resulta en un menor aprovechamiento de los alimentos ingeridos. Estos cambios están asociados a déficit de algunas vitaminas del grupo B, como la vitamina B12. También se observan cambios en la flora intestinal, que influyen en la absorción de algunos nutrientes y en la disminución de la barrera defensiva.
  • Intolerancia a los hidratos de carbono: Aumenta con la edad.

Otros factores fisiológicos

  • Disminución de la sensibilidad del centro de la sed y de los osmorreceptores: Produce claras tendencias a la deshidratación.
  • Atenuación de la respuesta inmune: Tanto humoral como celular, haciendo al adulto mayor más susceptible a infecciones.
  • Disminución de la capacidad de homeostasis interna y adaptación externa: Esto se traduce en menor eficacia de los mecanismos de control, regulados por hormonas y el sistema nervioso autónomo, reflejándose en un enlentecimiento de las respuestas complejas que requieren coordinación entre diferentes sistemas orgánicos.
  • Anorexia: Muy común en la población senil debido, por ejemplo, a una disminución en los requerimientos energéticos.
  • Sarcopenia: La pérdida de masa muscular y la debilidad contribuyen a la sarcopenia y agravan la fragilidad.

Factores de riesgo adicionales y consecuencias de la malnutrición

La malnutrición en personas mayores puede provocar diversos problemas de salud y se asocia a múltiples factores.

Factores intrínsecos no fisiológicos

Estos incluyen la salud bucal, causas gastrointestinales, neurológicas, psicológicas y endocrinas. La depresión, que incluye en sus criterios diagnósticos la pérdida o ganancia de peso, subyace en muchos casos de malnutrición geriátrica, por lo que es imprescindible evaluarla. El deterioro cognitivo conlleva graves consecuencias funcionales que impiden la planificación y ejecución del proceso de alimentación. La demencia, además de los factores citados, suma la presencia de apraxia, agnosia, trastornos de la conducta alimentaria o lesiones hipotalámicas que pueden afectar a los centros reguladores del apetito y, por consecuencia, al control del peso corporal.

Factores externos

La pobreza y el aislamiento social son determinantes. Los ingresos económicos de algunos ancianos no son suficientes para mantener una dieta fresca y completa. La soledad en que viven muchos ancianos deteriora el importante componente social que trae consigo el acto de alimentarse. Los procesos de envejecimiento, las enfermedades crónicas o agudas y la dependencia a la hora de comer también son factores de riesgo.

Conexión con enfermedades y complicaciones

La literatura reporta que la infección puede llegar a ser la principal causa de muerte en un tercio de las personas adultas mayores, y la malnutrición uno de los posibles factores predisponentes para infecciones. La desnutrición se hace más evidente cuanto más avanzada es la edad, ya que la disfagia, la inmovilidad o determinadas complicaciones cambian sus requerimientos nutricionales, como es el caso de las úlceras por presión (UPP) y las infecciones reiteradas que aparecen como consecuencia del propio proceso degenerativo, comprometiendo aún más el estado nutricional del paciente. La desnutrición en adultos sigue dos vías patológicas principales: la privación de nutrientes y la anorexia inducida por inflamación con catabolismo tisular. Otras asociaciones incluyen:

  • Alteración de la inmunidad.
  • Retardo en la cicatrización de heridas o aparición de úlceras por hiperpresión.
  • Caídas.
  • Deterioro cognitivo.
  • Osteopenia.
  • Alteración en el metabolismo de los fármacos.
  • Sarcopenia.
  • Descenso de la máxima capacidad respiratoria.
Esquema de las consecuencias de la malnutrición en el adulto mayor

Diagnóstico y estrategias de intervención

El tamizaje nutricional es un procedimiento rápido y simple para detectar la malnutrición en el paciente adulto, especialmente al ingreso hospitalario, y aplicar intervenciones oportunas. Debe aplicarse en las primeras 24 horas después de la admisión, seguido de un tratamiento adecuado. Se considera riesgo de desnutrición un índice de masa corporal (IMC) inferior a 20 kg/m² si el individuo tiene menos de 70 años, o inferior a 22 kg/m² si es mayor de 70 años.

Recomendaciones para la prevención y el manejo

La alimentación adecuada durante la tercera edad es tan importante como la de los primeros años de vida. Es común que los más viejos piensen que, si no tienen ninguna enfermedad, pueden seguir alimentándose como crean adecuado, lo cual es un error. Los servicios de salud cuentan con nutricionistas capacitados para elaborar dietas adecuadas para quienes tienen necesidades específicas de salud acorde a su presupuesto. Las personas con desnutrición deben recibir asesoramiento nutricional y nutrición oral, enteral o parenteral, según corresponda. La monitorización electrolítica, cardíaca y respiratoria es esencial para prevenir el síndrome de realimentación.

Medidas dietéticas y de estilo de vida

  • Hable con un profesional de la salud: Un nutricionista puede elaborar dietas adecuadas para necesidades específicas.
  • Mantenga el estrés bajo control: Las hormonas del estrés pueden afectar negativamente la digestión y el apetito, exacerbando la malnutrición.
  • Busque tratamiento médico para condiciones subyacentes: Ciertas condiciones pueden afectar el apetito o la habilidad del cuerpo para absorber y usar los nutrientes.
  • Corte la comida en trozos más pequeños: Facilita la masticación y deglución.
  • Coma muchos alimentos de origen vegetal: Ricos en fibra, vitaminas y minerales.
  • Considere un suplemento nutricional oral: Pueden añadir vitaminas y minerales a la dieta, y existen opciones líquidas para problemas de masticación o específicas para condiciones médicas como diabetes, cáncer, enfermedad hepática y renal.
  • Disminuir los excesos de azúcar: Sin suprimirla por completo.
  • Evitar las grasas animales: Sin suprimir carnes y huevos, ya que aportan nutrientes necesarios.
  • Consumir frutas y verduras crudas: 3 a 4 porciones de verduras y 3 a 5 frutas al día son cantidades ideales.
  • Ingesta diaria mínima de fibra: Aportada por cereales integrales, frutas, verduras, hortalizas y legumbres, para controlar el colesterol y las grasas, prevenir el estreñimiento y regular la glucemia.
  • Variar el menú y realizar pequeñas comidas a lo largo del día: Para evitar que se hagan pesadas.

Una intervención nutricional adecuada puede mejorar la calidad de vida del residente con demencia, prevenir y retrasar la aparición de comorbilidades. La malnutrición en el paciente adulto es frecuente en hospitales y su detección temprana mejora el pronóstico clínico.

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