El Caso Social en el Adulto Mayor: Desafíos y Apoyos

El envejecimiento de la población es un fenómeno demográfico de gran relevancia en el mundo contemporáneo. En 2023, la cifra de personas de 60 años o más alcanzó los 1100 millones, y se prevé que casi se duplique a 2100 millones en 2050, lo que representará aproximadamente una quinta parte de la población mundial. Para finales de la década de 2060, se estima que el número de personas de 60 años o más llegará a 2500 millones, superando a la población menor de 18 años a escala global. El número de personas de 80 años o más también se triplicará con creces entre 2023 y 2060, alcanzando los 545 millones.

Este proceso de rápido envejecimiento plantea nuevos desafíos para los sistemas de salud y la sociedad en general. Países como Japón, Italia, Grecia, Argentina, Barbados, Chile, Estados Unidos y Uruguay se encuentran entre los de transición demográfica avanzada. Cuba, por ejemplo, ha pasado de un 11,3% de población mayor en 1985 a un 20,8% en 2019, ubicándose en el Grupo III de Envejecimiento (más del 15%).

Panorama General de la Salud Mental en la Vejez

Aproximadamente el 14% de los adultos de 70 años o más tienen un trastorno mental. La soledad y el aislamiento social son factores de riesgo cruciales para las afecciones de salud mental en etapas posteriores de la vida. Además, uno de cada seis adultos mayores sufre malos tratos, a menudo por parte de sus propios cuidadores. Los trastornos mentales en los adultos mayores de 70 años o más representan el 6,8% del total de años vividos con discapacidad para ese grupo etario.

Aunque la mayoría de los adultos mayores goza de buena salud, muchos corren el riesgo de presentar afecciones de salud mental como depresión y trastornos de ansiedad. También pueden experimentar movilidad reducida, dolor crónico, fragilidad, demencia u otros problemas de salud que requieren cuidados a largo plazo. A medida que se envejece, aumenta la probabilidad de padecer varias afecciones al mismo tiempo.

Cómo afecta el aislamiento social en adultos mayores

Prevalencia y Subdiagnóstico de Afecciones Mentales

En torno al 14,1% de los adultos de 70 años o más tienen un trastorno mental. Estas afecciones representan el 6,8% del total de años vividos con discapacidad en este grupo etario. Las afecciones de salud mental más frecuentes son la depresión y la ansiedad. A escala mundial, alrededor de una sexta parte de las muertes por suicidio (16,6%) se producen en personas de 70 años o más.

Las afecciones de salud mental en las personas mayores suelen estar infravaloradas y tratadas insuficientemente. La estigmatización que rodea a estas afecciones puede hacer que las personas sean reacias a buscar ayuda. Es crucial reconocer y tratar con prontitud las afecciones de salud mental, así como las afecciones neurológicas y por uso indebido de sustancias en los adultos mayores.

Factores de Riesgo

La salud mental en edades avanzadas está determinada por el entorno físico y social, así como por los efectos acumulativos de experiencias vividas y los factores estresantes específicos relacionados con el envejecimiento. La exposición a la adversidad, la pérdida considerable de capacidad intrínseca y una disminución de la capacidad funcional pueden provocar malestar psíquico.

Los adultos mayores tienen más probabilidades de experimentar eventos adversos como el duelo, una reducción de los ingresos o un menor sentido de propósito con la jubilación. Muchos sufren discriminación por motivos de edad (edadismo), lo que puede afectar gravemente su salud mental.

Ilustración de personas mayores participando en actividades comunitarias

El aislamiento social y la soledad, que afectan a cerca de una cuarta parte de las personas mayores, son factores de riesgo cruciales para las afecciones de salud mental. Los malos tratos a las personas de edad, incluyendo cualquier tipo de maltrato físico, verbal, psicológico, sexual o económico, así como la desatención, también son significativos. Uno de cada seis adultos mayores sufre malos tratos, a menudo por parte de sus propios cuidadores, lo que puede provocar depresión y ansiedad.

Muchas personas mayores cuidan a cónyuges con afecciones crónicas, lo que puede ser abrumador y afectar su propia salud mental. Además, algunos adultos mayores corren un mayor riesgo de depresión y ansiedad debido a pésimas condiciones de vida, mala salud física o falta de acceso a apoyo y servicios de calidad. Esto incluye a quienes viven en entornos humanitarios, con enfermedades crónicas, afecciones neurológicas (como demencia) o problemas de uso indebido de sustancias.

Impacto de la Desconexión Social

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha declarado la desconexión social, que se manifiesta en aislamiento y soledad, como un problema de salud pública. La falta de vínculos sociales sólidos aumenta significativamente el riesgo de enfermedades cardiovasculares, deterioro cognitivo, depresión, ansiedad, adicciones e incluso mortalidad prematura. La OMS enfatiza que la conexión social va más allá de tener gente cerca, se trata de sentirse parte de algo, tener lazos de confianza, apoyo y afecto, compartiendo desde la reciprocidad y el sentido de pertenencia.

La soledad surge cuando hay una distancia entre los vínculos deseados y los reales, mientras que el aislamiento se refiere a la ausencia directa de redes de apoyo. En la vejez, la desconexión social puede ser especialmente crítica, agudizada por situaciones de vulneración social como la reducción de ingresos, la pérdida de funcionalidad, las dificultades de movilidad y una creciente invisibilización social, sumado a la disminución del estatus ganado en otras etapas de la vida.

Cómo afecta el aislamiento social en adultos mayores

A pesar de que el envejecimiento demográfico y el alargamiento de la vida son logros del desarrollo, persisten imaginarios sociales que relegan a las personas mayores a un lugar de retiro y aislamiento, en los márgenes de la sociedad. Esto subraya la necesidad de actuar desde diferentes esferas para fomentar una mayor conexión social y prevenir el aislamiento, especialmente en los adultos mayores.

Promoción y Prevención en Salud Mental para un Envejecimiento Saludable

Las estrategias de promoción y prevención en salud mental para adultos mayores se centran en apoyar el envejecimiento saludable. Esto implica promover entornos físicos y sociales que faciliten el bienestar y permitan a las personas realizar actividades importantes para ellos, a pesar de la pérdida de facultades.

Estrategias Clave:

  • Medidas para reducir la inseguridad financiera y la desigualdad en los ingresos.
  • Programas para garantizar viviendas, edificios públicos y transportes seguros y accesibles.
  • Apoyo social a los adultos mayores y a sus cuidadores.
  • Apoyo a comportamientos saludables: dieta equilibrada, actividad física, abstinencia de tabaco y disminución del consumo de alcohol.
  • Programas de salud y sociales dirigidos a grupos vulnerables (personas solas, en zonas remotas, con afecciones crónicas).

La conexión social es particularmente importante para reducir el aislamiento social y la soledad. Las actividades sociales satisfactorias pueden mejorar la salud mental positiva, la satisfacción y la calidad de vida, además de reducir los síntomas depresivos. Ejemplos de intervenciones incluyen iniciativas de amistad, grupos comunitarios y de apoyo, formación en habilidades sociales, grupos de artes creativas, servicios de ocio y educación, y programas de voluntariado.

La protección contra el edadismo y el maltrato es fundamental. Intervenciones clave incluyen políticas y leyes contra la discriminación, intervenciones educativas y actividades intergeneracionales. Existen diversas intervenciones para cuidadores, como cuidado de relevo, asesoramiento, educación, ayuda económica y psicoterapia, que buscan mantener una relación de cuidado saludable y prevenir el maltrato.

Estereotipos y su Superación

Las sociedades se encuentran atravesadas por prejuicios con respecto a la vejez que terminan estereotipando la minusvalía de esta etapa. Algunos de estos estereotipos son:

  1. Los ancianos son percibidos como enfermos y con grandes dosis de discapacidad: Asociado a la fragilidad y dependencia, ignora a la población de personas mayores capaces de realizar tareas diarias de forma autónoma, que viven solos y que, a pesar de enfermedades crónicas, refieren un bienestar satisfactorio.
  2. Los ancianos son percibidos como carentes de recursos sociales, lo que los hace estar solos y deprimidos: Desconoce la importancia y el rol activo que muchos adultos mayores tienen en sus comunidades y familias.
  3. Los ancianos son percibidos con deterioro cognitivo y trastornos mentales: Es importante no confundir el deterioro patológico con el declive intelectual propio del envejecimiento.
  4. Los ancianos aparecen como psicológicamente rígidos e incapaces de adaptarse a los cambios: Ignora la capacidad de resiliencia y adaptación que muchos adultos mayores demuestran.

Superar estos estereotipos negativos permitirá un mayor grado de sensibilización en todos los actores sociales y contribuirá a que las propuestas dirigidas a los adultos mayores estén menos contaminadas por la visión tradicional y hegemónica de la vejez. Es vital reflexionar sobre la trascendencia del papel de los "abuelos" y la necesidad de brindarles respeto y apoyo para potenciar sus capacidades y generar un entorno social adecuado que promueva su independencia.

El Entorno Social y el Bienestar Emocional

El entorno social es el lugar donde los individuos se desarrollan en determinadas condiciones económicas, sociales y culturales, e interactúan con personas e instituciones. Abarca aspectos materiales (infraestructura, servicios públicos, nivel educativo) e inmateriales (relaciones sociales, universo cultural).

Infografía: Componentes del entorno social para el adulto mayor

La familia es la primera instancia de socialización, un eje transversal e irrenunciable a lo largo de la existencia. El rol de abuelo es a menudo satisfactorio, estableciendo relaciones sólidas de confianza con los nietos. En muchos casos, los abuelos son los cuidadores principales. La escuela y la sociedad en general también tienen un papel fundamental en romper imaginarios sociales que segregan a la vejez, fomentando la tolerancia y comprensión hacia el adulto mayor.

La OMS asegura que la salud integral de los adultos mayores se puede mejorar mediante la promoción de hábitos activos y saludables, creando condiciones de vida y entornos que acrecienten el bienestar y propicien modos de vida sanos e integrados. El bienestar emocional, relacionado con las emociones que impulsan la conducta y las relaciones, es de particular importancia en la tercera edad, ya que la emocionalidad cambia por diversos factores. El bienestar en la vejez se deriva de factores biológicos, sociales y personales.

Un estudio realizado en Pinar del Río, Cuba, entre 2018 y 2019, en el consultorio médico de familia 58 del Policlínico Docente Universitario Luis Augusto Turcios Lima, analizó el apoyo social en adultos mayores. De 154 individuos estudiados, el 24,7% pertenecía al grupo etario de 75-79 años, predominando el sexo femenino (57,8%) y aquellos con primaria sin terminar (47,4%). El 56,0% de las familias eran extensas incompletas y el 61,7% medianas, con un 59,1% de las familias mostrando un apoyo social "algo frecuente". El 74% de las crisis paranormativas familiares fueron por desorganización, y los recursos sociales estaban "medianamente deteriorados" en el 55,8% de los adultos mayores. Este estudio concluye que el apoyo social percibido por los adultos mayores es "algo frecuente", principalmente por parte de la familia, lo que les proporciona sentimientos de capacidad, utilidad, autoestima, confianza y apoyo en caso de necesidad.

Envejecimiento Exitoso y Participación Social

En las últimas décadas, el paradigma del "envejecimiento exitoso" ha ganado espacio en las ciencias gerontológicas, definido por Rowe y Kahn en 1987. Este concepto alude a tres formas de envejecer: usual, patológico y con éxito. La definición operacional incluye una baja probabilidad de padecer enfermedades o invalidez, alta capacidad de funcionamiento físico y cognitivo, y un alto compromiso con la vida, tanto en relaciones interpersonales como en actividades productivas. Esta perspectiva se centra en el óptimo funcionamiento físico, cognitivo y social, más que en el declive.

Un estudio en Chile con 777 personas mayores confirmó la asociación entre participación social y envejecimiento exitoso. Se demostró que las personas mayores que participan en organizaciones sociales envejecen con más éxito, presentando mejores resultados en desempeño funcional, factores intrapsíquicos, espiritualidad y propósito/satisfacción vital. La participación social es un recurso psicosocial relevante en la intervención social gerontológica debido a su asociación positiva con el bienestar general de las personas mayores.

Cómo afecta el aislamiento social en adultos mayores

Beneficios de la Participación Social:

La participación social se entiende como la integración del individuo en diversas instituciones, asociaciones y redes informales de la comunidad. Ser parte de una agrupación social o comunitaria se relaciona con sentimientos de integración y es una fuente potencial de apoyo social (emocional, instrumental, informativo). La red de apoyo comunitario actúa como un recurso protector en situaciones de estrés, promoviendo una mejor salud física, mental y bienestar.

  • Mecanismos de desempeño funcional: Quienes participan tienen un mejor desempeño en actividades básicas diarias (85% vs 74%) y se adaptan más a los cambios físicos (74% vs 62%).
  • Factores intrapsíquicos: Los participantes se sienten más capaces de afrontar el envejecimiento (69% vs 60%), buscan soluciones a problemas (72% vs 62%), son creativos (64% vs 55%), disfrutan haciendo cosas nuevas (69% vs 51%) y tienen un carácter más agradable y positivo (61% vs 52%).
  • Gerotrascendencia: Aquellos que participan tienen una mayor vinculación trascendental con seres queridos fallecidos (67% vs 58%) y sienten que su vida es mejor de lo esperado (67% vs 51%). Sin embargo, los no participantes prefieren pocos amigos cercanos (78% vs 70%).
  • Espiritualidad: Los participantes dedican más tiempo a actividades religiosas (39% vs 26%) y valoran más la relación con un ser superior (73% vs 51%).
  • Propósito y satisfacción vital: Sienten que su vida tiene sentido (79% vs 66%), están más satisfechos con su vida (75% vs 62%) y tienen un propósito (72% vs 59%).

La participación social es, por tanto, un mecanismo protector en la vejez que promociona un envejecimiento exitoso, con beneficios biológicos, psicológicos y sociales que se potencian entre sí.

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