Características Motoras de Jóvenes con Discapacidad Intelectual

La estimulación integral y personalizada, especialmente desde la estimulación temprana, es fundamental para el desarrollo de niños con discapacidad intelectual. A nivel mundial, la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) promueven una educación más inclusiva, sentando las bases para abordar la problemática de la discapacidad intelectual de manera más efectiva.

Evolución del Concepto de Discapacidad Intelectual

La Asociación Americana para el Retraso Mental (AAMR), en su 10.ª edición, introdujo cambios significativos en la conceptualización de la discapacidad. Se mantuvo el término "retraso mental", la orientación funcional y el énfasis en los apoyos, pero se incorporó una quinta dimensión: "participación, interacción y roles sociales". Además, se avanzó en la planificación de los apoyos, integrando investigaciones recientes sobre evaluación y determinación de su intensidad. Se buscó una mayor precisión en la medición de la inteligencia y la conducta adaptativa, eliminando las diez habilidades adaptativas de la definición de 1992 y organizándolas en torno a tres tipos de habilidades: conceptuales, sociales y prácticas.

Posteriormente, la AAMR pasó a denominarse Asociación Americana de Discapacidades Intelectuales y del Desarrollo (AAIDD). Hoy en día, la discapacidad intelectual se concibe desde un enfoque que prioriza a la persona, eliminando definitivamente el término "retraso mental" por el de discapacidad intelectual. El "retraso mental" hacía referencia a una condición interna de la persona, mientras que la "discapacidad intelectual" se refiere a un estado de funcionamiento, no a una condición intrínseca. Este cambio, planteado en 2007, tuvo un enorme impacto en la forma en que la sociedad reacciona ante las personas con discapacidad intelectual, promoviendo una comprensión de la discapacidad desde una perspectiva ecológica y multidimensional, y requiriendo intervenciones centradas en las fortalezas individuales y el papel de los apoyos para mejorar el funcionamiento humano.

Esquema de las tres áreas de habilidades adaptativas: conceptuales, sociales y prácticas

Definición y Niveles de Discapacidad Intelectual

La discapacidad intelectual es un trastorno del neurodesarrollo caracterizado por un funcionamiento intelectual significativamente por debajo del promedio, presente desde el nacimiento o la primera infancia, que causa limitaciones para llevar a cabo las actividades normales de la vida diaria. No es un trastorno médico específico ni un trastorno de la salud mental. Las personas afectadas tienen un funcionamiento intelectual significativamente bajo, lo suficientemente grave como para limitar su capacidad de afrontar una o más actividades de la vida diaria (habilidades adaptativas), requiriendo ayuda permanente.

Las habilidades adaptativas se pueden clasificar en varias áreas:

  • Área conceptual: competencia en la memoria, la lectura, la escritura y las matemáticas.
  • Área social: habilidades interpersonales, comunicación funcional, juicio social y conciencia de los pensamientos y sentimientos de los demás.
  • Área práctica: cuidado personal, organización de tareas (para el trabajo o la escuela), administración del dinero, y salud y seguridad.

Las personas con discapacidad intelectual presentan diferentes grados de deterioro que pueden ir de leves a profundos. Aunque el deterioro se basa principalmente en el funcionamiento intelectual disminuido (medido por pruebas estandarizadas de inteligencia), el impacto en la vida de la persona depende más de la cantidad de apoyo que requiere. Por ejemplo, una persona con un leve deterioro según una prueba de inteligencia puede tener tan pocas habilidades de adaptación que necesite un amplio apoyo.

El apoyo se clasifica como:

  • Intermitente: se necesita apoyo ocasional.
  • Limitado: apoyo como, por ejemplo, un programa diario en un taller supervisado.
  • Importante: apoyo continuo diario.
  • Profundo: un alto nivel de apoyo para todas las actividades diarias, lo cual incluye la posibilidad de cuidados especializados exhaustivos.

Si se considera solo el coeficiente intelectual (CI), aproximadamente el 3% de la población presenta discapacidad intelectual (un CI inferior a 70). Sin embargo, si la clasificación se basa en la necesidad de apoyo, solo alrededor del 1% de la población presenta discapacidad intelectual significativa.

Causas y Síntomas de la Discapacidad Intelectual

Causas

La discapacidad intelectual puede tener su origen en una amplia variedad de circunstancias médicas y ambientales. El factor común es que algo afecta el crecimiento y el desarrollo del cerebro. A menudo, incluso con los avances genéticos, no se puede identificar una causa específica.

Algunas causas que pueden ocurrir antes o durante la concepción incluyen:

  • Trastornos hereditarios (como fenilcetonuria, enfermedad de Tay-Sachs, neurofibromatosis, hipotiroidismo, síndrome del cromosoma X frágil).
  • Anomalías cromosómicas (como el síndrome de Down).

Algunas causas que pueden producirse durante el embarazo son:

  • Déficit grave en la nutrición materna.
  • Infecciones por virus de la inmunodeficiencia humana, citomegalovirus, virus del herpes simple, toxoplasmosis, rubéola o virus Zika.
  • Sustancias tóxicas (como el plomo y el metilmercurio).
  • Alcohol (trastorno del espectro alcohólico fetal).
  • Fármacos (como la fenitoína, el valproato, la isotretinoína y los antineoplásicos [quimioterápicos]).
  • Desarrollo anómalo del cerebro (como quiste porencefálico, heterotopia de la sustancia gris y encefalocele).
  • Preeclampsia y nacimientos múltiples (como gemelos o trillizos).

Algunas causas que pueden producirse durante el nacimiento son:

  • Falta de oxígeno (hipoxia).
  • Prematuridad extrema.

Algunas causas que pueden producirse después del nacimiento son:

  • Infecciones del encéfalo (como la meningitis y la encefalitis).
  • Traumatismo craneal grave.
  • Desnutrición del niño.
  • Abandono emocional grave o maltrato psicológico verbal o físico.
  • Venenos (como el plomo y el mercurio).
  • Tumores cerebrales y sus tratamientos.

Síntomas

Algunos niños con discapacidad intelectual pueden presentar anomalías evidentes al nacer o poco después, que pueden ser físicas o neurológicas, como características faciales inusuales, tamaño de la cabeza muy grande o muy pequeño, malformaciones en las manos o los pies, entre otras. A veces, estos niños tienen un aspecto normal pero presentan otros signos de enfermedad grave, como convulsiones, letargo, vómitos, olor anómalo de la orina y trastornos en la alimentación y el crecimiento.

Durante el primer año de vida, muchos niños con discapacidad intelectual más grave tienen un desarrollo motor tardío, siendo lentos para rodar sobre sí mismos, sentarse y levantarse. Sin embargo, la mayoría de los niños con discapacidad intelectual no presentan síntomas perceptibles hasta el período preescolar. Los síntomas más graves se manifiestan a edad temprana.

Generalmente, el primer problema que notan los padres es un retraso en el desarrollo del lenguaje. Son lentos para usar palabras, unirlas y hablar con frases completas. Su desarrollo social a menudo es lento debido al deterioro cognitivo y las deficiencias del lenguaje. Pueden tardar en aprender a vestirse y alimentarse por sí mismos. Algunos padres no consideran la posibilidad de una deficiencia cognitiva hasta que el niño está en la escuela o en un centro preescolar y se observa una incapacidad para cumplir con las expectativas normales para su edad.

Los niños con discapacidad intelectual son más propensos a tener problemas de comportamiento, como crisis explosivas, rabietas y comportamiento físicamente agresivo o autolesivo. Estas conductas se relacionan con situaciones frustrantes específicas, desencadenadas por la incapacidad de comunicarse y controlar los impulsos. Los niños mayores, a menudo ingenuos y crédulos, son fácilmente víctimas de otros que se aprovechan de ellos o los inducen a comportamientos improcedentes. Además, entre el 20% y el 35% de las personas con discapacidad intelectual también presentan trastornos de la salud mental, siendo frecuentes la ansiedad y la depresión.

Diagnóstico de la Discapacidad Intelectual

El diagnóstico de la discapacidad intelectual implica una evaluación exhaustiva que puede incluir:

  • Detección prenatal.
  • Pruebas de cribado del desarrollo.
  • Pruebas formales intelectuales y de habilidades.
  • Pruebas de diagnóstico por la imagen.
  • Pruebas genéticas y de laboratorio.

Detección Prenatal

Durante el embarazo, se pueden realizar pruebas como ecografías, amniocentesis, biopsia de vellosidades coriónicas y análisis de sangre (como el cribado cuádruple) para identificar anomalías que pueden causar discapacidad intelectual. La amniocentesis o la biopsia de vellosidades coriónicas se realizan con frecuencia en embarazadas mayores de 35 años o con antecedentes familiares de trastornos metabólicos. El cribado prenatal no invasivo (NIPS) detecta ADN fetal en la sangre materna para diagnosticar trastornos genéticos.

Pruebas de Cribado del Desarrollo

Los médicos realizan pruebas de cribado del desarrollo durante las revisiones pediátricas de rutina, utilizando cuestionarios para padres o inventarios de hitos del desarrollo infantil. Si se detecta un nivel bajo para la edad, se aplican pruebas más formales y específicas.

Pruebas Formales Intelectuales y de Habilidades

La prueba formal consta de entrevistas con los padres, observaciones del niño y cuestionarios que comparan la puntuación del niño con la de otros de la misma edad. Se utilizan pruebas como el test de inteligencia de Stanford-Binet y la Escala de inteligencia de Wechsler para niños-IV (WISC-IV) para la capacidad intelectual, y las Escalas de conductas adaptativas de Vineland para valorar la comunicación funcional, habilidades de la vida diaria y destrezas sociales y motrices. Es crucial integrar los datos de las pruebas con la información de los padres y la observación directa del niño para un diagnóstico preciso, ya que factores culturales o socioeconómicos pueden influir en los resultados.

Identificación de la Causa

Los recién nacidos con anomalías físicas u otros síntomas sugestivos de una afección asociada a discapacidad intelectual a menudo necesitan pruebas adicionales. Las pruebas de diagnóstico por imagen, como la resonancia magnética nuclear (RMN), detectan problemas estructurales en el cerebro, y el electroencefalograma (EEG) valora la posibilidad de convulsiones. Las pruebas genéticas, como el análisis de micromatrices cromosómicas, ayudan a identificar trastornos hereditarios. Otros análisis de orina, sangre y rayos X se realizan según la causa sospechada. Es importante descartar problemas de audición, emocionales o trastornos del aprendizaje, ya que pueden confundirse con discapacidad intelectual.

Características Motoras y su Desarrollo en Niños con Discapacidad Intelectual

Desde el nacimiento y durante la infancia, la motricidad del niño evoluciona de forma rápida y dinámica, siguiendo las leyes del desarrollo céfalo-caudal (control de la musculatura de la cabeza antes que las extremidades inferiores) y próximo-distal (control de la musculatura cercana al tronco antes que la de las extremidades). Esta evolución permite a los niños alcanzar la posición erguida y el dominio de las extremidades, desarrollando una gran variedad de conductas motoras. Inicialmente, los movimientos son involuntarios, volviéndose intencionados con el crecimiento, aunque con poca coordinación, hasta que son capaces de coordinar y dirigir todos los movimientos.

Qué puede hacer un niño de tres años | Aprendizaje infantil por edades 👦

Una de las primeras manifestaciones de la motricidad es el juego, que se vuelve más complejo con estímulos y experiencias, lo que lleva a movimientos cada vez más coordinados. La motricidad se relaciona con todos los movimientos coordinados y voluntarios realizados con pequeños y grandes grupos de músculos, constituyendo la base para el desarrollo de las áreas cognitivas y del lenguaje, e incluyendo la espontaneidad y la creatividad. Desde los dos años, las habilidades motrices fundamentales permiten al niño desplazarse de manera autónoma y variada y controlar objetos eficazmente.

Los escolares con Necesidades Educativas Especiales (NEE) pueden experimentar con su entorno, lo que facilita una mejor adquisición de su capacidad intelectual. El proceso evolutivo gradual contribuye a su desarrollo integral, abarcando actividades que requieren gran precisión y buena coordinación. Es característico en estos niños el gusto por el trabajo y las actividades manuales, lo que contribuye al desarrollo de su motricidad fina y al desarrollo del proceso psíquico. En ellos, las habilidades y destrezas psicomotrices son factores que determinan la capacidad motriz y el nivel de habilidad, y pueden desarrollarse en la misma medida independientemente de las condiciones genéticas (Ramírez, 2012).

Habilidades Motrices

La habilidad motriz (Sánchez, 1986) es una capacidad que permite realizar, con eficacia, cualquier movimiento voluntario. Por lo tanto, la destreza constituye la capacidad adquirida que permite ejecutar un movimiento ajustado a un esquema preconcebido. Las habilidades y destrezas psicomotrices son una aptitud innata desarrollada en una concepción integral del sujeto. En niños con NEE, se basan en el rendimiento y aprendizaje, con diferentes niveles que van de lo simple a lo más complejo y específico. Las acciones motrices provienen de la realización de un esquema motor o la combinación de varios, lográndose una automatización con la repetición y la variación cuantitativa y cualitativa.

Alteraciones de las Conductas Motrices

Los niveles de alteración de las conductas motrices son directamente proporcionales a los niveles cognitivos de cada individuo, los apoyos recibidos y las condiciones del entorno. Si el déficit es leve, el niño puede alcanzar niveles normales; sin embargo, en casos de deficiencias severas y profundas, pueden presentarse condiciones como falta de coordinación en los movimientos, respiración superficial, torpeza, mala configuración del esquema corporal y de la autoimagen, mala orientación y estructuración del espacio, y problemas para ejercitar el equilibrio de forma estática.

Los estudios de García & Medina (2017) muestran problemas específicos del desarrollo motor en personas con discapacidad intelectual, tales como dificultades en habilidades motrices básicas, esquema corporal y control de funciones corporales. Suelen tener déficit de coordinación óculo-manual, de lateralidad y de control visual motor. La falta de equilibrio, el escaso tono muscular, la torpeza de movimientos y la flacidez de manos son otras características que presentan. También pueden manifestar problemas de percepción. Se considera que, en el desarrollo psicomotor del niño con discapacidad intelectual, el juego ocupa una larga porción de su vida y es el centro de su importancia.

Ilustración de un niño realizando ejercicios de equilibrio

Intervenciones y Programas de Estimulación Motriz

Diversos autores han abordado la problemática de la estimulación motriz en niños con discapacidad intelectual. Jara & Rodas (2010) propusieron un currículo basado en habilidades adaptativas para la estimulación temprana de niños de 0 a 3 años con discapacidad cognitiva en Costa Rica, buscando mejorar la coherencia, pertinencia y efectividad de la Educación Especial.

Chachapoya (2019) tuvo como objetivo proponer un plan de intervención para niños de 3 a 5 años con discapacidad, para que alcanzasen destrezas en el área motriz fina y lograsen autonomía e independencia. La investigación de Sandoval (2019) describió el nivel de desarrollo psicomotriz de niños de 5 a 6 años con discapacidad intelectual leve, con el fin de definir acciones de estimulación temprana a través de Programas de Desarrollo Individual (P.D.I.). Estos hallazgos reafirman la importancia del desarrollo de la motricidad para el mejor desempeño e inserción social de los niños con NEE, considerando los primeros años de vida como el espacio ideal para la formación de hábitos y destrezas motrices que contribuyen positivamente a su autonomía e independencia.

La investigación de Simón (2015) aporta actividades para la estimulación de la motricidad fina en niños de dos a cuatro años con riesgo de retraso mental. Olivera (2018) en Cienfuegos, propuso actividades manuales para el desarrollo de la motricidad fina en un escolar con discapacidad intelectual asociada al síndrome de Down. A pesar de estos estudios, se considera necesario profundizar en el desarrollo de estrategias de estimulación del área motriz.

Resultados de Estudios de Intervención

Un estudio realizado con niños con discapacidad intelectual en un rango de edad de 7 a 10 años (9 ±1.04) en un Centro de Atención Múltiple (CAM) en Hermosillo, Sonora, México, evaluó las áreas Motora, Comunicación y Cognitiva, dividiendo el área Motora en subáreas: Control muscular, Coordinación corporal, Locomoción, Motricidad fina y Motricidad perceptiva. Se aplicó el Inventario de Desarrollo Battelle. Los resultados antes de la aplicación de actividades motrices mostraron que la mayoría de los logros motrices no estaban logrados.

Tras la aplicación de actividades motrices diseñadas, se observó una mejoría en el desarrollo motriz del niño. Se mostró un avance en 3 de los logros motrices, considerándose "en proceso". Solo un logro, "saltar con dos piernas desde una altura hacia diferentes direcciones", se mantuvo como no logrado. El niño se mostró cooperativo y motivado durante las actividades.

En el estudio de Chávez, M. E., & Hoyos, G. (2021), tras la aplicación de un programa de estimulación motora, se observaron cambios significativos. Por ejemplo, en el control corporal, el puntaje promedio de 22.67 al inicio subió a 25.50 al finalizar. Aunque hubo un avance en la locomoción y la motricidad perceptiva, estos no fueron significativos. En la motricidad gruesa, los niños presentaron un aumento promedio de ocho puntos, mientras que en la motricidad fina, el cambio grupal fue de dos puntos. En general, los participantes con discapacidad intelectual mostraron una torpeza motora, pero la aplicación de las actividades diseñadas resultó en una mejoría en su desarrollo motriz.

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