En los últimos años, ha surgido un interés considerable por la investigación relacionada con la tercera edad. Este interés se debe principalmente al aumento de las expectativas de vida de la población mayor en los países desarrollados, lo que obliga a una preocupación por la calidad de vida de estas personas. En Chile, al igual que en otros países, esta tendencia es observable, reflejando mejoras socioeconómicas y planteando la necesidad de un conocimiento específico sobre este grupo poblacional para fines de investigación y programación.
Producto del considerable aumento de personas que viven esta realidad, surge a nivel mundial el interés por sus condiciones de vida y necesidades específicas. En este contexto, las investigaciones relacionadas con el bienestar subjetivo del adulto mayor y las variables que influyen en él han cobrado relevancia. El envejecimiento poblacional conlleva una creciente demanda de servicios y atenciones en diversas áreas como la economía, vivienda, salud, participación social y educación.
Dentro de la investigación relacionada con el adulto mayor, destaca el interés por conocer los factores que inciden en la percepción de bienestar en este grupo etáreo.

Marco Teórico
Bienestar Subjetivo
Actualmente, se considera que una de las principales barreras entre la vejez y un estado de bienestar es la evaluación negativa de la ancianidad que prevalece en algunas sociedades occidentales. Esto puede disminuir la oportunidad de aceptar otros hallazgos importantes de la gerontología moderna, los cuales destacan el incremento de la variabilidad interindividual en relación con el funcionamiento y el ajuste en la vejez, y el hecho de que la mayor parte de las personas se ubican en el rango normal de esta variabilidad.
Para los fines de esta investigación, el bienestar subjetivo se define de acuerdo a los planteamientos de Ryff (1989), quien integra diversas perspectivas y propone las siguientes dimensiones:
- Autoaceptación: Criterio más utilizado para definir bienestar, conceptualizado como la figura central de la salud mental, característica de madurez, realización personal y funcionamiento óptimo.
- Relaciones positivas con los demás: Importancia de la calidez y confianza en las relaciones interpersonales, así como la capacidad de amar, vistas como componentes principales de la salud mental y criterios de madurez.
- Autonomía: Énfasis en la autodeterminación, la independencia y la regulación de la conducta.
- Dominio del ambiente: Habilidad de elegir o crear ambientes acordes a las propias condiciones físicas, lo que implica la capacidad de manipular y controlar entornos complejos.
- Propósito en la vida: Comprensión de un propósito o significado de la vida, un sentido de dirección o intencionalidad. Quien funciona positivamente tiene objetivos e intenciones.
- Crecimiento personal: El funcionamiento psicológico óptimo requiere no solo desarrollar las características anteriores, sino también continuar el desarrollo del propio potencial, crecer y expandirse como persona.
Los procesos de envejecimiento y el cúmulo de pérdidas psicosociales que acontecen durante la vejez parecen determinar en algunos ancianos su incapacidad para percibir sus competencias y habilidades, así como los aspectos positivos del entorno y de la vida en general. Existen hallazgos empíricos que demuestran que la autoestima decrece con la edad. Esta autoestima o autosatisfacción puede considerarse el eje de la calidad de vida de los ancianos. Mroczek y Kolarz (1998) señalan la importancia de variables sociodemográficas, contextuales y de personalidad en la relación edad-bienestar, encontrando mejores índices de bienestar en adultos mayores casados y extrovertidos.
Sin embargo, la investigación básica en psicología gerontológica ha demostrado que consideraciones como las descritas anteriormente pueden basarse en situaciones poco objetivas. Investigaciones más recientes sugieren que el afecto negativo (infelicidad) es más alto entre los adultos jóvenes que entre los adultos mayores. Se ha concluido que existen múltiples diferencias individuales en el bienestar percibido en la vejez, y no es exactamente cierto que a medida que las personas envejecen se sientan más insatisfechas.
Dentro de las variables sociodemográficas, la edad cronológica parece explicar solo una pequeña porción de la varianza en el grado de bienestar del sujeto. Integrando la descripción del bienestar, se observa que la autoaceptación, la autoestima y el propósito en la vida tienen que ver con síntomas asociados a la depresión, mientras que el dominio del ambiente y las relaciones positivas se relacionan con el apoyo social percibido.

Depresión en el Adulto Mayor
Los problemas afectivos en los ancianos son importantes por su frecuencia, impacto en el estado mental y su potencial influencia en la evolución de enfermedades físicas. La prevalencia de trastornos mentales severos en ancianos que viven en comunidad oscila entre el 15% y 25%, y en contextos residenciales de atención especial, puede llegar al 40-75%. En Chile, se ha reportado una prevalencia de hasta un 47% de depresión en una muestra de adultos mayores.
La vejez es una etapa especial donde el individuo debe hacer un gran esfuerzo por adaptarse a múltiples cambios. La depresión se considera un continuo, y su descripción debería basarse más en criterios cuantitativos que cualitativos. El DSM-IV describe una gran variedad de síndromes con síntomas depresivos, cuyo común denominador es la modificación profunda del estado anímico, con predominio de tristeza, sufrimiento o preocupación excesiva.
Con frecuencia, el término depresión se confunde con una entidad única y global, lo que ambigua su uso. En pacientes mayores, la depresión a menudo se presenta de forma atípica, sin cumplir criterios de depresión mayor. Estos síndromes incompletos (trastorno depresivo no especificado, trastorno del estado de ánimo no especificado, depresión menor) pueden tener la misma repercusión en cuanto a morbimortalidad que la depresión mayor.
Como respuesta al problema conceptual, se ha intentado delimitar mejor el diagnóstico de la depresión en personas mayores. Gallagher y Thompson (1983) consideran la depresión como un producto final que refleja problemas en áreas psicológicas, sociales y biológicas, excluyendo síntomas como sentimientos excesivos de culpabilidad o quejas hipocondríacas, que discriminan escasamente en este grupo de edad.
El bienestar emocional de los adultos mayores declina con niveles más bajos de ejercicio y salud física. La depresión se correlaciona fuertemente con limitaciones funcionales (dificultad para preparar alimentos, comprar, salir, bañarse). Un bajo sentido de control sobre la propia vida aumenta la depresión. El ajuste de las funciones físicas y el sentido de control podrían eliminar algunas apariciones de depresión asociadas a esta edad.
En resumen, los criterios diagnósticos tipo DSM-IV son insuficientes para la conceptualización de los trastornos del ánimo en esta población, y muchos de los estresores que podrían causar reacciones adaptativas con síntomas depresivos se relacionan con la capacidad funcional del adulto mayor.
La depresión en la tercera edad
Salud Física
La salud física es otro elemento relevante a considerar. Los ancianos refieren pocas preocupaciones, a excepción de las relacionadas con el área de la salud. La salud puede ser la preocupación más importante en la vejez, dado el declive biológico y el deterioro físico característicos de esta etapa, que a menudo se traducen en hospitalizaciones.
Aunque se parta de una concepción global de la salud como "un estado completo de bienestar físico, mental y social", se hace necesaria la multidimensionalidad del concepto, abarcando el funcionamiento físico, mental y social. Una evaluación integral de la salud respondería a una evaluación conjunta de estos tres aspectos.
Investigaciones en Estados Unidos y Finlandia demuestran una correlación positiva entre nivel socioeconómico y salud autorreportada. Factores psicológicos positivos como mayor apoyo social, menor rabia, menor depresión y menor estrés percibido, junto con prácticas de salud beneficiosas (no fumar, no beber, ejercicio moderado), se asociaron con un alto estatus socioeconómico y mejor salud autorreportada.
En relación al vínculo entre salud y depresión, las enfermedades somáticas pueden causar síntomas depresivos, y ambos trastornos pueden coexistir. Entre el 30% y el 70% de los ancianos hospitalizados presentan trastornos psiquiátricos, y un 20-30% manifiesta sintomatología depresiva evidente, mientras que solo en un 2% se realiza consulta a psiquiatría. Esta contradicción puede explicarse, entre otras cosas, por errores médicos en la identificación de estos síntomas.
Estilo de Vida y Autopercepción sobre Salud Mental en el Adulto Mayor
Un estudio descriptivo y transversal realizado en Cuba con 15 adultos mayores identificó su estilo de vida y autopercepción sobre salud mental. Se encontró que los ancianos tenían conocimientos inadecuados sobre actividades relacionadas con la sexualidad y estilos de vida. Además, se evidenciaron manifestaciones psicopatológicas propias de esta etapa de la vida.
La población mundial ha envejecido, y en las últimas décadas este fenómeno se ha acelerado. Cuba no es una excepción, con más del 14% de su población superando los 60 años. El envejecimiento poblacional resulta necesario que los profesionales de la salud se interesen por comprender mejor esta etapa para contribuir al bienestar y calidad de vida de los adultos mayores.
Diversos estudios demuestran que la percepción de los ancianos sobre su salud influye en su calidad de vida. La autopercepción se ha convertido en un indicador útil para conocer el estado de salud del anciano. Para sentirse feliz y satisfecho, el individuo debe ser activo y considerarse útil; la inactividad y la pérdida de contactos sociales provocan inadaptación.
La vejez va acompañada de pérdidas físicas y mentales, así como de insuficiencias económicas, afectivas y de compañía, lo cual influye en la calidad de vida. La autopercepción de la salud mental de los gerontes constituye un importante aporte a su estado de salud, abarcando aspectos físicos, afectivos y sociales.
En las actividades desarrolladas en centros de salud mental comunitarios, se constató el desconocimiento de los adultos mayores sobre su proceso de envejecimiento, lo cual motivó la realización de estudios.
Métodos de Estudio
En la investigación mencionada, se efectuó un estudio descriptivo y transversal con 15 adultos mayores. Se incluyeron ancianos sin limitaciones físicas o demencia que impidieran la actividad cognitiva. Se aplicó una guía de entrevista estructurada sobre hábitos, costumbres, estilos de vida, y se utilizó el test psicométrico Cornell Index para evaluar síntomas psicopatológicos.
Las variables analizadas incluyeron: conocimiento sobre el envejecimiento, presencia de estrés, ansiedad, depresión, edad, sexo, hábitos de fumar, ingestión de bebidas alcohólicas y práctica de ejercicios físicos. Los conocimientos sobre envejecimiento se consideraron adecuados cuando 5 o más aspectos evaluados eran correctos.
Resultados
Los resultados indicaron que solo el 13.3% de los adultos mayores tenía un conocimiento global adecuado sobre el envejecimiento. En cuanto al conocimiento sobre para qué quedan los ancianos, el 46.7% fue adecuado. Respecto al conocimiento sobre la sexualidad en el anciano, solo el 40.0% resultó adecuado.
En cuanto a los estilos de vida, solo en el 33.3% de los adultos mayores eran favorables. Uno de los factores que más influyó negativamente fue el uso de hábitos tóxicos (café, tabaco, alcohol) y el sedentarismo.
En la casuística, predominaron los gerontes sin alteraciones psicopatológicas (73.3%). Entre las alteraciones, la más frecuente fue la ansiedad (26.7%), seguida de la depresión (20.0%).
Discusión
Los sexos tuvieron una proporción similar en el estudio, y las edades más frecuentes fueron de 70-74 años, con una participación mayoritaria por encima de los 70 años, lo cual se corresponde con la esperanza de vida cubana.
La tercera edad marca un punto vital donde la actividad física regular es de gran importancia para disminuir riesgos físicos, psicológicos y sociales. Es primordial que los adultos mayores conozcan las características del proceso de envejecimiento, los cambios, declives y ganancias, para adoptar estilos de vida más adecuados y actitudes positivas. Muchas personas mantienen una vida dinámica a través de quehaceres diarios.
Actualmente, los ancianos buscan no solo la satisfacción de necesidades materiales, sino también participar, hablar, decidir, divertirse y aprender. Se quejan de la pérdida de autoridad en el núcleo familiar, la dependencia económica y la imposibilidad de realizar actividades hogareñas. También refieren poca ayuda en casa y falta de apoyo espiritual, lo que agrava su situación y los hace sentir menos útiles e infelices.
Estudios sobre estilos de vida en el anciano coinciden en señalar el estilo de vida inadecuado como factor de riesgo, debido al uso de hábitos tóxicos y al sedentarismo.
El desarrollo sexual humano es un proceso vital. Existe una tendencia a ignorar o subestimar las capacidades, deseos y necesidades sexuales de los ancianos. Cuando rebasan cierto número de años, los adultos mayores experimentan insuficiencias y padecimientos que reducen el disfrute de la vida, llegando en ocasiones a convertirse en sufrimiento.
La vejez implica eventos como la viudez, la jubilación y la muerte. Se acumulan acontecimientos vitales críticos que deben ser transformados. La capacidad para ello depende de las perspectivas de vida y las posibilidades disponibles (movilidad, relaciones sociales, actividades). La muerte de la pareja es el evento más trascendente, pero otros menos drásticos también pueden ser causa de enfermedades mentales.
La depresión es una enfermedad frecuente en los ancianos, relacionada con la autoestima. Una autoestima negativa puede llevar a enfrentar la vida, valorarse a sí mismo y a los demás de forma desfavorable. La jubilación puede ser percibida como una situación de pérdida y marginación social, generando sentimientos de inutilidad y soledad.
Las manifestaciones psicoafectivas más frecuentes en los ancianos son la depresión, ansiedad y estrés. Al menos la mitad de los individuos mayores de 65 años tienen alguna alteración psíquica donde predominan la ansiedad y la depresión. Tanto la ansiedad como la depresión pueden ser consideradas indicadores de la calidad de vida si se modifica la percepción y significado que el adulto mayor tiene de su vida.
Estudios han encontrado que las personas ancianas son valoradas como un grupo marginal, inútil e improductivo, con predominio de estereotipos negativos. En Cuba, el Programa Nacional de Atención Integral al Adulto Mayor garantiza una estrategia oficial, pero pueden detectarse conflictos internos relacionados con la aceptación del envejecimiento, autolimitaciones y barreras para alcanzar una longevidad satisfactoria.
Estos conflictos surgen de conceptos negativos en torno a la senectud, transmitidos de generación en generación, denominados el Imaginario Social de la Vejez.
Se concluye que la autopercepción de salud mental en el área estudiada fue insuficiente, relacionada con aspectos como el propósito de vida del anciano, las actividades que pueden realizar y la sexualidad, unido a estilos de vida inadecuados por desconocimiento. Se recomienda realizar intervenciones educativas sobre el proceso de envejecimiento del adulto mayor para incrementar conocimientos y modos de actuación apropiados.

Factores Asociados al Bienestar Subjetivo
La investigación explora la relación entre factores asociados a la salud mental y el bienestar subjetivo en el adulto mayor, considerando el bienestar subjetivo, edad, depresión, salud percibida, apoyo social percibido, género y nivel socioeconómico.
El análisis bivariado arrojó correlaciones significativas entre:
- Bienestar subjetivo y depresión (r = -0.634)
- Apoyo social percibido y bienestar subjetivo (r = 0.665)
- Bienestar subjetivo y salud percibida (r = 0.278)
También aparecieron como significativas las correlaciones entre:
- Salud percibida y depresión (r = -0.454)
- Depresión y apoyo social percibido (r = -0.601)
- Salud percibida y apoyo social percibido (r = 0.305)
En el análisis de regresión lineal múltiple, el bienestar subjetivo está determinado principalmente por el apoyo social percibido, el género y la ausencia de depresión.

Envejecimiento Cognitivo y Procesamiento del Lenguaje
El estudio del envejecimiento cognitivo y su efecto sobre los procesos de comprensión y producción del lenguaje es un tópico de interés para la psicolingüística. El aumento de la esperanza de vida y el crecimiento de la población mayor hacen que sea crítico trazar diferencias entre el envejecimiento normal y el patológico, y entender el deterioro que la vejez puede causar en el lenguaje.
El lenguaje, como campo de investigación teórica y metodológicamente bien desarrollado, permite someter a prueba modelos del procesamiento del lenguaje en el contexto del cerebro envejecido. La arquitectura funcional del lenguaje incluye niveles de procesamiento como el ortográfico, fonológico, léxico, sintáctico, semántico y discursivo.
Teorías del Envejecimiento Cognitivo y el Lenguaje
Enlentecimiento
Uno de los fenómenos mejor establecidos es el enlentecimiento en la velocidad de procesamiento al comparar jóvenes y mayores. Los viejos son más lentos que los jóvenes. La teoría del enlentecimiento postula que la declinación cognitiva se produce por una ralentización general de la velocidad de transmisión neural. Esto puede afectar la comprensión del habla rápida, ya que el procesamiento rápido es esencial para reconocer fonemas en una señal continua que se despliega en el tiempo. La lentitud también puede ser negativa cuando se requiere disponibilidad simultánea de información, como en la construcción del significado global de una oración.
Déficit Inhibitorio
Esta teoría sostiene que el envejecimiento debilita los procesos inhibitorios que regulan la atención sobre los contenidos de la memoria operativa. Esto afecta la comprensión y producción del lenguaje. La memoria no solo debe activar información, sino también filtrar contenidos no pertinentes. Si los mecanismos inhibitorios se debilitan, pueden surgir pensamientos intrusivos o asociaciones no relevantes, lo que reduce la capacidad de la memoria de trabajo y afecta la comprensión o el recuerdo. Esta teoría explica por qué la actuación se ve afectada por estímulos distractores o por la verbosidad en el discurso de personas mayores.
Disminución de la Capacidad de la Memoria Operativa
Esta influyente teoría postula que, a consecuencia del envejecimiento, la memoria operativa experimenta una disminución en su capacidad de trabajo, lo que limita la habilidad de las personas mayores para comprender o producir oraciones complejas. La construcción del significado de una oración exige mantener activos en la memoria los resultados intermedios y finales de las computaciones que se realizan mientras se analiza la secuencia de palabras. Los recursos de la memoria operativa son indispensables en este proceso, al igual que en la producción de oraciones.

Soledad y su Impacto en el Adulto Mayor
El envejecimiento poblacional, resultado del descenso de la natalidad y el aumento de la esperanza de vida, ha convertido a la soledad en una realidad dominante. Las personas de edad avanzada se encuentran particularmente expuestas a eventos que transforman sus relaciones sociales, haciéndolas más vulnerables a la soledad. Factores como el género, edad, situación laboral, nivel de estudios, recursos económicos, estado de salud y lugar de residencia influyen en este sentimiento.
Las discapacidades físicas y las enfermedades mentales son desencadenantes de la soledad, especialmente si viven solos. La salud y la soledad están asociadas de forma negativa, y la soledad puede ser un factor de riesgo para el empeoramiento de la salud.
La soledad se define como una experiencia desagradable que ocurre cuando la red de relaciones sociales es deficiente, ya sea cuantitativa o cualitativamente. Las personas sufren soledad al percibir déficits en determinadas relaciones, ya sea por su escaso número o por la falta de intimidad.
Es importante diferenciar la soledad de la experiencia de "estar a solas" (aislamiento social voluntario) y del aislamiento social en sí mismo. La soledad es involuntaria y se asocia a déficits en la calidad percibida de las interacciones sociales.
La prevalencia de la soledad entre personas mayores varía según los estudios, pero en Europa, en 2013, oscilaba entre el 10% en Dinamarca y el 33.4% en Italia. La soledad se asocia con un mayor riesgo de padecer depresión y deterioro cognitivo. Existe una relación bidireccional entre soledad y deterioro cognitivo.
En cuanto a las características sociodemográficas, en los estudios analizados predominan las mujeres, personas casadas o viudas, y un nivel de estudios bajo, factores que coinciden con predictores de soledad identificados.
La soledad se ha convertido en un problema de salud pública por su influencia en la salud de las personas mayores y sus repercusiones en los sistemas sanitarios, asociándose a un mayor número de visitas médicas, rehospitalizaciones y estancias hospitalarias.
El equipo de atención primaria debe promover la autonomía de estos pacientes, impulsando intervenciones para reestructurar pensamientos sociales desadaptativos y fomentar su participación en actividades comunitarias que favorezcan la socialización. Es importante que reciban apoyo emocional.
La soledad es un problema de salud pública que genera sufrimiento y enfermedad en las personas mayores, además de afectar a los sistemas sanitarios.
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