Capacidad de Autocuidado en el Adulto Mayor: Un Enfoque Integral

El Envejecimiento: Un Fenómeno Multidimensional y un Desafío Social

Contexto Demográfico y Societal

El envejecimiento que sufren las poblaciones mundiales conlleva la necesidad de estrategias que favorezcan los autocuidados y la independencia funcional de los adultos mayores. Uno de los cambios demográficos más significativos de las últimas décadas es el incremento en la proporción de adultos mayores respecto a la población general, relacionado con el aumento en la expectativa de vida y el descenso en la tasa de natalidad. La proporción de personas mayores de 60 años está aumentando más rápidamente que cualquier otro grupo de edad en casi todos los países.

Este fenómeno puede considerarse un éxito de las políticas de salud pública y el desarrollo socioeconómico, pero también constituye un reto para la sociedad, que debe adaptarse a ello para mejorar al máximo la salud y la capacidad funcional de las personas mayores, así como su participación social y su seguridad. En Ecuador, por ejemplo, el proceso de envejecimiento está ocurriendo mucho más rápido que en países desarrollados, mostrando al país en plena fase de transición demográfica. Este fenómeno demuestra que los adultos mayores en el año 2010 representaban el 7% de la población ecuatoriana y que para el año 2050 representarán el 18%.

Infografía: Evolución demográfica de la población adulta mayor y proyecciones

Cambios Biopsicosociales Asociados al Envejecimiento

El envejecimiento humano constituye un proceso multidimensional, heterogéneo, intrínseco e irreversible de los seres humanos. Al hablar de envejecimiento, Cruz Soto menciona que es un proceso ineludible y gradual que se manifiesta principalmente en cambios morfológicos y fisiológicos como consecuencia de la acción del tiempo sobre los organismos vivos. Esta premisa se alinea con la planteada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), en la que se menciona que el envejecimiento se origina como la consecuencia de la acumulación de una gran variedad de daños moleculares y celulares a lo largo del tiempo.

Ciertos cambios fisiológicos son característicos del envejecimiento normal. Entre ellos se incluyen la reducción de la producción de colágeno y elastina, atrofia dérmica, reducción de la elasticidad y de la hidratación de la piel, lo que puede generar la formación de arrugas, manchas y lesiones cutáneas. Los adultos mayores también experimentan cambios sensoriales, como la disminución en la agudeza visual, auditiva, olfatoria, gustativa y táctil, lo que puede afectar la calidad de vida y la autonomía. La pérdida de masa y fuerza muscular puede afectar la realización de actividades cotidianas, aumentando el riesgo de caídas y fracturas. Con respecto al sistema cardiovascular, se experimenta una disminución de la capacidad cardíaca, aumento de la rigidez vascular y acumulación de la placa de ateroma, con un aumento del riesgo de enfermedad cardiovascular.

Los adultos mayores en este periodo experimentan numerosos cambios biopsicosociales que dependen del estilo de vida, del sistema social y familiar, e influyen continuamente en las diversas áreas de funcionamiento, favoreciendo la pérdida de la autonomía que se traduce en la necesidad de depender de otros y deriva en impacto familiar y social. Cada adulto mayor vive cambios en sus capacidades físicas, sociales y mentales, lo que altera su calidad de vida y su percepción de ella. Su percepción puede estar influida por su salud física, psíquica, su nivel de independencia y sus relaciones sociales.

La sociedad, por su parte, a menudo tiene el pensamiento erróneo y tradicional de que solo se debe valorar a la persona activa, aquella que es capaz de generar ingresos económicos. Sin embargo, la persona adulta mayor que está jubilada suele ser una persona enriquecida de conocimientos y sabiduría que ha acumulado a lo largo de su vida; su papel gira alrededor de dos grandes actividades: “la actividad laboral y las tareas comunitarias”.

Autocuidado: Definición, Importancia y Modelos Teóricos

Orígenes y Concepto de Autocuidado Según Orem

El autocuidado es un concepto introducido por Dorothea E. Orem en 1969, quien lo define como una actividad aprendida por los individuos, orientada hacia un objetivo. La teoría de Orem establece los requisitos de autocuidado, que además de ser un componente principal del modelo forma parte de la valoración del paciente. El término requisito es utilizado en la teoría y es definido como la actividad que el individuo debe realizar para cuidar de sí mismo.

Orem considera que el autocuidado significa los cuidados que uno realiza para sí mismo cuando ha alcanzado un estado de madurez que le habilita para una acción consistente, controlada, efectiva y decidida. Para ello es necesario contar con la aceptación de sí mismo y sus valores. En esta definición se incluyen conductas, esfuerzos y deseos para minimizar las amenazas hacia el aprendizaje, la mejora personal y el crecimiento personal. El autocuidado se refiere a las acciones que realiza una persona con el fin de promover y mantener la vida, la salud y el bienestar personal, es decir, la acción inherente del cuidado de uno mismo.

Tradicionalmente, el autocuidado se ha equiparado a las actividades que promueven la salud, entendiendo por ello las actividades individuales emprendidas para mejorar la salud, prevenir la enfermedad, limitar la enfermedad o restaurar la salud después de una enfermedad o lesión. Constituye un conjunto de comportamientos al alcance de cualquier individuo, como hacer ejercicio, cuidar la nutrición, cuidar los hábitos de salud o relajarse.

Diagrama: Teoría del Autocuidado de Dorothea Orem

Dimensiones del Autocuidado y su Vínculo con el Envejecimiento Exitoso

El autocuidado y el envejecimiento exitoso se encuentran relacionados, aunque cada uno constituye un concepto per se. En el contexto del envejecimiento, se define el autocuidado como la capacidad para moverse, cuidar de su existencia personal, cuidar de su salud, cuidar la apariencia personal, hacer ejercicio e intentar comer saludablemente. Esta incorporación resulta sugerente por la proximidad entre los conceptos de autocuidado y envejecimiento exitoso, no solo desde un punto de vista teórico o académico, sino también teniendo en consideración la mentalidad de las propias personas mayores.

Un desafío importante en la sociedad actual es conseguir que las personas mayores no solo vivan más años, sino que los vivan mejor, logrando un envejecimiento exitoso. En este sentido, un constructo que se ha mostrado relevante en la literatura especializada ha sido el autocuidado, en relación con la salud física, psicológica y social. Investigaciones recientes han buscado ofrecer evidencia de las propiedades psicométricas de escalas destinadas a evaluar el autocuidado en personas mayores.

Por ejemplo, un estudio con 443 participantes de 60 a 80 años evidenció la presencia de tres factores en el autocuidado: autocuidado físico, autocuidado interno (relacionado con actividades que mantienen la mente sana) y autocuidado social (relacionado con actividades sociales que ayudan al individuo a mantener su bienestar). Estos factores mostraron correlaciones estadísticamente significativas con la percepción de salud y la satisfacción con la vida, lo que subraya la importancia de un enfoque integral.

Hallazgos de Investigación sobre la Capacidad de Autocuidado

Perfil del Adulto Mayor en el Centro de Salud “Priorato”

Se realizó una investigación observacional, descriptiva y transversal en 170 adultos mayores que acudieron al Centro de Salud “Priorato” durante el año 2022. El estudio incluyó a adultos mayores con independencia funcional que dieron su consentimiento para participar. Los datos obtenidos fueron analizados mediante el cálculo de frecuencias absolutas y relativas porcentuales.

Demografía y Comorbilidades

  • Predominaron los pacientes en edades entre los 65 y 70 años (44,11 %), seguido de los del grupo de mayores de 81 años (18,24 %).
  • El 31,17 % presentó hipertensión arterial.
  • El 25,88 % presentó diabetes mellitus.
  • Con respecto a la convivencia, se encontró que el 72,94 % de los pacientes viven solos, el 25,29 % con algún amigo, y el 1,77 % con algún amigo.

Gráfico de barras: Distribución por edad de adultos mayores en el estudio Priorato

Gráfico circular: Prevalencia de comorbilidades en adultos mayores del estudio Priorato

Conocimiento y Prácticas de Autocuidado

Los resultados de la encuesta aplicada a los adultos mayores sobre los autocuidados revelaron datos preocupantes:

  • Solo el 11,18 % de los adultos mayores conoce los beneficios de la práctica de un adecuado autocuidado, mientras el 88,82 % los desconoce.
  • El 48,82 % nunca realiza ejercicios físicos.
  • El 84,12 % no puede mantener limpio el ambiente donde vive.
  • El 70,59 % no puede mantener su higiene y confort por sí solo.
  • A través de los resultados obtenidos se puede determinar que el 71 % de los adultos mayores encuestados mencionan que no se han capacitado sobre el autocuidado, recalcando que existe un déficit de conocimiento sobre el tema.

Estos hallazgos sugieren un desconocimiento significativo sobre un adecuado autocuidado, higiene personal, estilos de vida y las complicaciones que conlleva un autocuidado inadecuado entre los adultos mayores con independencia funcional que acuden a este centro de salud.

Estudios sobre Dependencia, Autocuidado y Calidad de Vida

Una investigación transversal, descriptiva y correlacional entrevistó a 116 adultos mayores que acudieron a consulta en una unidad de salud, con el objetivo de medir la dependencia, el autocuidado y la calidad de vida. Los participantes tenían entre 60 y 70 años. Los resultados mostraron:

  • El 54.3% de los participantes fueron mujeres.
  • El 80.2% de los adultos mayores encuestados presentaron independencia para realizar las actividades de la vida diaria y el 19.8% presentaron dependencia leve.
  • En la calificación global de las actividades de autocuidado, el 22.4% tuvieron buena capacidad y el 76.6%, muy buena capacidad.
  • En la percepción de calidad de vida en la dimensión física, el 24% de los entrevistados consideran que su salud es buena y el 56%, regular.
  • Respecto a los requisitos de autocuidado universales, el 82.8% evitaban consumir alcohol, tabaco y drogas; el 62.1% estaban habituados a consumir agua; y el 83.7% manifestaron facilidad para comunicarse con las personas, con un 93.1% siempre teniendo con quien recurrir en caso necesario.

En lo que respecta a las tres variables del estudio en forma global, se encontró que, de acuerdo a su percepción, el 44% de los encuestados pueden clasificarse con alta calidad de vida y el 56% con baja calidad de vida. No obstante, el 76% reflejaron tener muy buen autocuidado, el 22.4% buen autocuidado y el 9% un autocuidado regular.

Comparación con Otras Investigaciones

Un estudio realizado por Munela Ruiz encontró predominio de pacientes con edades entre los 35 y 69 años (42 %), coincidiendo con la presente investigación. Por su parte, Avilés Silva et al. encontraron predominio de pacientes entre 60 y 70 años de edad, lo cual se atribuye a factores como la conformación de las poblaciones determinada por la esperanza de vida.

En cuanto a comorbilidades, Munela Ruiz encontró predominio de pacientes con hipertensión arterial (22 %), diabetes mellitus (14 %) e hipercolesterolemia (14 %), coincidiendo parcialmente con el estudio de Priorato. La Roche Lino et al. también identificaron predominio de pacientes con hipertensión arterial y con diabetes mellitus, lo que corrobora la importancia de estas enfermedades crónicas en la población adulta mayor.

Sobre la convivencia, Bendezú-Sarcines et al. en su estudio encontraron que el 43 % vivía con sus cónyuges y solo el 13 % vivía solo, lo cual difiere del alto porcentaje (72.94%) de adultos mayores viviendo solos en el estudio de Priorato. Por otro lado, Andino et al. reportaron que el 5 % de sus encuestados no pueden cuidar su higiene personal sin ayuda, un porcentaje inferior al 71% hallado en el estudio de Priorato.

La investigación resalta la necesidad de investigación constante en este grupo poblacional para mejorar la calidad de la atención en las instituciones de salud, reconociendo que no solo las personas con patologías crónicas o incapacitantes requieren atención. El hecho de que los participantes de un estudio tuvieran acceso a una institución de salud muestra los beneficios de contar con servicios que garanticen el acceso a información valiosa sobre prácticas saludables, monitoreo médico y educación de enfermería.

Factores Clave que Influyen en el Autocuidado

Comorbilidades y Conocimiento de la Enfermedad

La presencia de enfermedades crónicas no transmisibles como la hipertensión, diabetes mellitus u osteoporosis requiere de un conocimiento de los pacientes sobre sus enfermedades y, por ende, sobre el autocuidado. Estas enfermedades requieren de un tratamiento, ya sea farmacológico o no farmacológico, y una serie de actividades que favorezcan la disminución de sus complicaciones, evitando su progresión o secuelas. Muchas enfermedades no están en relación directa ni dependen de la edad, y pueden ser el resultado de cómo se vive y de los hábitos.

Impacto del Entorno Social y Familiar

Las condiciones socioeconómicas, culturales, políticas y de género influyen en el estado de salud y bienestar de las personas. La percepción del adulto mayor sobre su calidad de vida puede estar influida por su salud física, psíquica, su nivel de independencia y sus relaciones sociales. Los adultos mayores ven en su familia (microsistema) un pilar fundamental para la práctica de su autocuidado, también en sus cuidadores. En su mesosistema, consideran a los vecinos como parte de su familia, mostrando vínculos emocionales entre ellos que les permiten encajar en la sociedad y potenciar la práctica del autocuidado.

Un factor relevante para el cuidado de la salud es contar con alguien que los pueda apoyar, como, en este caso, cónyuges o hijos. Para resumir esta categoría es necesario citar a Bertalanffy, que define el entorno como el contexto en el cual se encuentra inmerso el ser humano; como parte de este, el microsistema es su contexto más próximo y en él está la familia, el cuidador y la pareja; el mesosistema abarca las relaciones sociales entre individuos, y el exosistema engloba las influencias del país, la región y la cultura. Todos estos sistemas se encuentran en un estado de interacción e interdependencia y su influencia es mutua, dinámica y continua.

Hábitos de Vida y Deficiencias en el Autocuidado

La presencia de conductas sedentarias representa un riesgo para la salud de los adultos mayores, pudiendo incluso deteriorar su capacidad funcional. La falta de higiene personal y ambiental también es un problema significativo. El 71 % de los adultos mayores encuestados destacaron que no pueden mantener su higiene personal y confort sin necesidad de ayuda, esto en vista del poco conocimiento sobre las normas de autocuidado, lo que ayuda a mantener una buena salud física y psicológica, así como a prevenir enfermedades. Esto representa un serio problema ya que, si se toma en cuenta que previamente manifestaron vivir solos, se hace necesario la educación sobre el autocuidado en este grupo poblacional.

Asimismo, el 47 % de los adultos mayores encuestados manifestaron que no se bañan diariamente, lo que se evidencia como un factor de riesgo para su autocuidado, ya que la higiene en el adulto mayor es importante para que este pueda asegurar su bienestar, permitiendo eliminar gérmenes y bacterias que puedan originar infecciones o enfermedades nocivas para el sistema inmunológico. De igual forma, el baño diario ayuda a estimular la circulación sanguínea, recordando que en esta etapa de la vida se necesita mayor atención.

Estrategias para Fomentar la Capacidad de Autocuidado y un Envejecimiento Saludable

Pilares del Bienestar Integral

Uno de los factores clave para tener una vejez saludable es el bienestar integral. Si bien el proceso de envejecimiento no es igual para todos, puesto que intervienen distintos factores biológicos, psicológicos y sociales, existen hábitos que permiten tener una vida más saludable y un envejecimiento exitoso. Algunas recomendaciones fundamentales incluyen:

  1. Prevenir enfermedades: Una de las causas que puede comprometer la autonomía son las enfermedades crónicas, no tratadas o no controladas.
  2. Alimentarse adecuadamente: Es necesario tener una alimentación equilibrada para asegurar un óptimo aporte de nutrientes. Además, es recomendable elegir texturas de alimentos que faciliten la ingesta (sopas, huevos, lácteos, pescados, verduras o frutas blandas). Se aconseja comer por lo menos cinco raciones de frutas y verduras por día, evitar el consumo excesivo de sal y azúcar y tomar abundante agua, entre otras sugerencias para una buena nutrición.
  3. Realizar ejercicio: Practicar un deporte o mantenerse activo es esencial para tener un buen estado físico y un estilo de vida saludable. Es fundamental realizar elongaciones previo y posterior al ejercicio para evitar lesiones.
  4. Asegurar un descanso adecuado: Aunque es común que los adultos mayores disminuyan sus horas de sueño, lo ideal es que se tenga un descanso de al menos 7 horas continuas, lo que les permitirá funcionar con energía durante el día.
  5. Participar en actividades sociales: Se recomienda asistir a eventos sociales o actividades recreativas para aliviar la ansiedad, reducir el estrés y alejar la depresión.
  6. Mantener un propósito o meta: Establecer metas o propósitos para la vida es una importante forma de mantenernos motivados, felices, optimistas y activos.
  7. Cuidar el aspecto mental: Al igual que nuestros músculos y articulaciones, la mente juega un papel primordial en el bienestar integral. La memoria se puede ejercitar con consejos como evitar la rutina, hacer palabras cruzadas y leer.

Rutina de Ejercicios de CALENTAMIENTO para Adultos Mayores Activos (10 minutos)

Rol de la Atención Primaria de Salud y las Intervenciones Educativas

Es necesario fortalecer y fomentar en el adulto mayor, mediante la educación e intervenciones, las herramientas necesarias para afrontar y vivir un envejecimiento exitoso. En este sentido, el escenario de elección es la Atención Primaria de Salud (APS), en la que el autocuidado debería considerarse un pilar fundamental en las estrategias de salud. Esto permite lograr que las personas se vuelvan capaces de cuidarse, sean conscientes de su estado de salud y propicien actividades que ayuden al mejoramiento de su calidad de vida y la de los demás.

Las estrategias de autocuidado ayudan al mejoramiento de la autonomía en la realización de las actividades diarias, contribuyendo a la capacidad de toma de decisiones y, por ende, a su capacidad psicomotriz y autonomía. Las intervenciones que promueven hábitos saludables, la adaptación a cambios y la conexión social parecen ser particularmente efectivas. El significado que los adultos mayores tienen del autocuidado es el resultante de un proceso de transición mental originado por influencias situacionales, ya sean internas o externas, ligadas al proceso de salud-enfermedad y al hecho del conocimiento que estos poseen sobre su cuidado. Este proceso cognoscitivo ha modificado la concepción del autocuidado y de salud que poseen, y estas emociones son positivas, lo que les ayuda y origina una conciencia de cuidado.

En el proceso de autocuidado, la participación que el entorno tiene en el adulto mayor es importante, un entorno dinámico y en constante interacción. Los adultos mayores ven en su familia (microsistema) un pilar fundamental para la práctica de su autocuidado, también en sus cuidadores. En su mesosistema, consideran a los vecinos como parte de su familia, mostrando vínculos emocionales entre ellos que les permiten encajar en la sociedad y potenciar la práctica del autocuidado. Asimismo, en su exosistema identifican lazos culturales que ligan su conducta de autocuidado, especialmente en la alimentación.

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