La transición a la vida adulta es una etapa crítica para cualquier joven, pero para aquellos que egresan del sistema de protección del Estado, como el ex-SENAME y ahora Mejor Niñez en Chile, esta fase se ve magnificada por una serie de desafíos estructurales, emocionales y sociales. A menudo, estos jóvenes se enfrentan a un desamparo institucional que los expone a riesgos elevados, incluyendo la situación de calle, la violencia y, de manera preocupante, el consumo problemático de alcohol y otras drogas.
El Egreso Abrupto y la Vulnerabilidad
La ley chilena establece que, a los 17 años, 11 meses y 30 días, un joven bajo la protección del Estado debe egresar. Esta norma, si bien permite la permanencia hasta los 24 años bajo ciertas restricciones -principalmente estar estudiando una carrera técnica o profesional en una institución certificada-, es ampliamente criticada. Ignacio Concha, director ejecutivo de María Ayuda, explica que "si el adolescente cumple 18 y no está estudiando, nosotros tenemos que egresarlo de la residencia". Este egreso significa abandonar el espacio protegido y empezar a valerse por sí mismo en el mundo, lo que para muchos es una experiencia abrupta y sin preparación previa.
Casos como el de Andrés, de 19 años, ilustran esta cruda realidad. Poco tiempo después de su "egreso", vivía sin techo, en la calle, y fue encontrado durmiendo en un albergue municipal. Él relata: “Cada persona que yo conocía me decía ‘tú debes exigirle al Sename, ellos son tus protectores, tienen que darte apoyo, ellos deben enseñarte a leer, a escribir, educarte’, pero a mí no me dieron nada de eso. Todo lo contrario. Cuando cumplí 18, me cantaron ‘feliz cumpleaños’, comimos torta y listo, chao.” Esta vivencia subraya la urgencia de una planificación adecuada para la transición a la vida independiente.
La historia de Damaris Troncoso, quien cumplió 18 años en una residencia y fue instada a irse a vivir con una hermanastra que apenas conocía, es otro ejemplo. La relación se deterioró rápidamente, y Damaris, sin trabajo ni apoyo, terminó en la calle, viviendo en un departamento abandonado. De manera similar, Birjinia Vixama, una joven dominicana, fue egresada del sistema a los 18 años, antes de terminar cuarto medio, y sin el apoyo familiar que necesitaba, ya que su madre emigró sin ella.
Un estudio de transición a la vida adulta de adolescentes en el sistema de protección en Chile (2021), elaborado por el Centro de Estudios Justicia y Sociedad de la Pontificia Universidad Católica de Chile, señala que "la adultez emergente es una etapa crítica para la expresión de la resiliencia, particularmente en el caso de los niños, niñas y adolescentes que además transitan desde las residencias a la vida interdependiente, y normalmente están inmersos en contextos de altos riesgos y adversidades." Sin embargo, a menudo, los recursos adaptativos como la orientación futura y la autonomía no son desarrollados en estos jóvenes, quienes carecen del apoyo social necesario y experimentan la transición como una experiencia abrupta y sin preparación.

Impacto en la Situación de Calle y Riesgos Específicos por Género
La triste realidad es que muchos jóvenes egresados del SENAME terminan en situación de calle. El Segundo Catastro de Personas en Situación de Calle (2011) reveló que el 46% de los jóvenes entre 18 y 28 años en esa condición había pasado por el Servicio Nacional de Menores. Daniela Moreno, jefa de la hospedería de Hogar de Cristo en la Región de Valparaíso, advierte sobre la creciente presencia de mujeres jóvenes en situación de calle, enfrentando "situaciones de extrema violencia hacia ellas, de abuso por el solo hecho de ser mujer y estar en calle."
Las consecuencias de este desamparo tienen matices de género significativos. Blanquita Honorato, ex-subsecretaria de la Niñez, explica que en los hombres, esta situación puede generar una "decisión de apurar su salida a la calle. De escapar antes que los egresen. Así que terminan en bandas delictuales, trabajando para narcos." Para las mujeres, "ocurre mucho que se quedan con cualquier persona que les ofrezca un techo. Y eso implica, casi todas las veces, mucha violencia de género."
La Crisis de Salud Mental en el Sistema de Protección
Los problemas de salud mental son una constante en la vida de los niños, niñas y adolescentes bajo el cuidado del Estado. Según la resolución 947 de la Cámara de Diputados (2023), "uno de cada dos niños, niñas y adolescentes (NNA) que viven en estas residencias, está afectado por algún problema de salud mental (55%)". Esta realidad se agrava por la carencia de servicios especializados y un déficit nacional de psiquiatras infanto-juveniles, como señala una funcionaria de ex-Mejor Niñez.
El Limbo Institucional: Niños Atrapados en Psiquiátricos
Un problema estructural alarmante es la permanencia forzada de NNA en centros psiquiátricos, no por necesidad médica, sino por falta de cupos en residencias especializadas o el rechazo de estas a recibirlos. Casos como el de Karen (16 años) y Valentina (17 años) lo evidencian. Ambas, dadas de alta médica, fueron retenidas en unidades psiquiátricas durante semanas o meses, "esperando un cupo en residencias".
La coordinadora regional del programa Mi Abogado, Pamela Canessa, explica que la situación es común. El caso de Martín, un menor de 12 años con Trastorno del Espectro Autista (TEA) y discapacidad mental moderada, ilustra el rechazo de las residencias: "No era la idea que estuviera tanto tiempo, porque finalmente el chiquillo terminó descompensándose al interior del hospital porque estaba aburrido, porque estaba encerrado."

Sobrecupo y Rechazo a Jóvenes con Perfiles Complejos
El sistema de residencias no da abasto. El Poder Judicial reveló que el 40% de las residencias colaboradoras y de administración directa de Mejor Niñez se encuentran en hacinamiento. Además, el cierre de seis residencias de Aldeas Infantiles SOS Chile, que afecta a 120 NNA, agrava la falta de cupos. Esta sobrepoblación lleva a "fórmulas absolutamente inaplicables" y al rechazo de menores considerados "problemáticos" debido a la complejidad de su salud mental o historial.
La negación de reingreso a Valentina por "no existirían en la actualidad plazas disponibles" es un ejemplo. En el caso de Karen, la residencia donde vivía solicitó su cambio de hogar después de que ella llegara en un presunto estado de consumo de drogas, amenazando con quemar la casa. Aunque no había inexistencia de plaza, "definitivamente no la querían recibir". La presidenta de la Fundación Focus, Teresa Izquierdo, relata un caso similar donde un menor con problemas de ira y antecedentes de abuso sexual a otros menores fue rechazado por una residencia que temía por la seguridad de otros jóvenes.
El Consumo Problemático de Sustancias: Una Realidad Ignorada
Paralelamente a estos desafíos, el consumo problemático de alcohol y otras drogas es una sombra constante sobre la población más vulnerable, incluidos los jóvenes que egresan del sistema. Carlos Vöhringer, director técnico nacional de apoyo terapéutico del Hogar de Cristo, subraya que, según datos de SENDA 2019, 649.160 personas entre 12 y 64 años presentan consumo problemático de alcohol y/o drogas en Chile. De estas, 131.943 manifiestan la necesidad de tratamiento.
Entrevista a psicologa de la Secretaría de Salud sobre Adicciones en Adolescentes y Jovenes
La oferta total de programas terapéuticos, incluyendo los del Estado y la sociedad civil, es de apenas unas 22 mil plazas anuales, lo que genera una brecha anual de más de 109 mil planes de tratamiento. Vöhringer también destaca el impacto de la pandemia -cuarentenas, incerteza, soledad, temor- en el consumo de sustancias, alterando el acceso, tipo y forma de consumo, e incrementando sentimientos de aislamiento, ansiedad y desamparo.
Hogar de Cristo, con programas como el Terapéutico Anawim en Tierra Amarilla, región de Atacama, se esfuerza por abordar esta brecha, a menudo siendo la única oferta especializada en una región completa para personas sin recursos y con problemas de adicción. Sin embargo, "existen tantas necesidades y demandas sociales en todos los flancos que uno ve que, en materia de consumo problemático de la población más vulnerable, como que el horno no está para bollos."
La evidencia actual muestra que los tratamientos de desintoxicación o rehabilitación no deben estar alejados de la ciudad. Se necesita "un tratamiento inserto en la comunidad y las redes locales, más flexible, combinando modalidades ambulatorias con periodos acotados residenciales, con una vinculación permanente con los equipos de ayuda." Es clave, según Vöhringer, contar con una oferta robusta y financiamiento del Estado en todas las regiones, priorizando a mujeres, personas en situación de calle y adolescentes, y desarrollando programas con bajo umbral de ingreso para acoger a poblaciones altamente invisibilizadas y estigmatizadas, prestando especial atención a la dimensión de género en los procesos terapéuticos.
Deudas del Servicio de Protección: Mejor Niñez y la Falta de Programas de Transición
El Servicio de Protección Especializada a la Niñez y Adolescencia (Mejor Niñez), que reemplazó al SENAME en octubre de 2021, fue lanzado con "demasiadas preguntas inconclusas", especialmente sobre la transición a la vida independiente de los mayores de edad. Si bien se anunció un programa complementario para el desarrollo de competencias para la vida adulta, su implementación ha sido postergada y obstaculizada por cambios de gobierno y la priorización de otras crisis.
Claudio Castillo, el tercer director del servicio en este gobierno, ha encontrado un historial de fallas y promesas incumplidas. "Lo que no puede ocurrir es que cuando cumplan 18 años los dejemos solos", afirma. Aunque ha manifestado la intención de licitar programas de tránsito a la vida independiente a 36 meses, Blanquita Honorato señala: "¿Y qué ha pasado con esto en tres años? Efectivamente todo quedó en cero. Eso de que las licitaciones van a salir a fines de este año, lo vengo escuchando desde el inicio de la administración."
El servicio atiende a 1.797 mayores de 18 años, pero carece de datos precisos sobre su situación una vez que egresan. Esto es un vacío crítico, ya que "muchas de las niñas que egresan vuelven a nosotros después de un par de años, a pedirnos apoyo, porque al corto tiempo no han logrado encontrar un lugar donde vivir y un trabajo", como indica Ignacio Concha.
A pesar de los desafíos, existen algunas historias de éxito. Marcela (18), a pesar de las dificultades tras un incendio en su residencia, con el apoyo de su liceo y la residencia Rimanakuy, que propende al desarrollo de las habilidades de las adolescentes, logró postular a la educación superior con la idea de dedicarse al diseño de vestuario, revisando becas y desarrollando habilidades manuales. De igual manera, adolescentes de residencias de protección y centros de justicia juvenil han accedido a carreras técnicas o profesionales, algunos con becas como Nuevo Milenio. Se han registrado 187 jóvenes del servicio que accedieron a la educación superior, el 81% con gratuidad y 15 con becas, incluyendo un puntaje nacional que estudia Medicina y otro Derecho.
Hacia un Futuro de Apoyo Integral: Propuestas y Recomendaciones
Ante la magnitud de los problemas, es imperativo establecer programas de apoyo integral. Ya en 2018, un estudio de Hogar de Cristo, "Del dicho al derecho: Estándares de calidad para residencias de protección de niños y adolescentes", señalaba el deber de asegurar servicios de soporte a los jóvenes en su transición a la vida adulta, al menos hasta los 25 años.
La Fundación Sentido, que trabaja con jóvenes egresados del sistema, destaca que "Chile es el único país de Latinoamérica que no tiene un programa de transición hacia la vida independiente de jóvenes que salen del sistema de protección." Urge la necesidad de implementar programas que incluyan:
- Alternativas habitacionales seguras: hasta que puedan arrendar o comprar su propia vivienda, con un subsidio de arriendo colectivo, emulando iniciativas como "Vivienda Primero".
- Beneficios financieros: para apoyar el inicio de su vida independiente.
- Soporte educacional: para acceso a capacitación y/o programas de educación superior. Se ha logrado que el nuevo Servicio Mejor Niñez acepte certificados de instituciones colaboradoras acreditadas, ampliando las oportunidades.
- Programas de apoyo al empleo.
- Acceso a asesoría legal.
- Acceso a servicios de salud: especialmente para aquellos jóvenes con trastornos de salud mental y consumo problemático de sustancias.
Es fundamental que la residencia cambie el enfoque de preparación para la vida "independiente", por preparación para la vida "interdependiente"; alejándose de la búsqueda de la autosuficiencia y promoviendo, en cambio, el desarrollo de habilidades sociales en los jóvenes y apoyando la construcción de una red social a la cual pertenecer. La funcionaria de Mejor Niñez que solicitó la reserva de su identidad, resume las múltiples carencias del sistema: "La realidad que tenemos en estos momentos es esa, en donde por un lado no tenemos cupo, por otro lado, tenemos un servicio que tampoco responde a las necesidades de los niños, y una falta de recursos también desde lo público."
La urgencia es clara: evitar que estos jóvenes lleguen a la situación de calle y puedan construir un futuro digno, dejando atrás un ciclo de vulnerabilidad y desamparo. La meta es contribuir en la implementación de una oferta pública robusta en el ámbito de consumo problemático, en particular para poblaciones específicas que hoy no cuentan con una oferta que responda a sus necesidades: mujeres, personas en situación de calle y adolescentes.