Las guardianas de semillas: El legado vivo de la soberanía alimentaria

Las semillas son fundamentales para el desarrollo y la conservación del planeta. No solo representan el primer eslabón para la propagación vegetal, sino que son esenciales para la humanidad como fuente de alimento. En este contexto, la labor de las campesinas cuidadoras de semillas -también conocidas como guardianas, custodias o curadoras- se erige como un pilar vital para preservar nuestra biodiversidad y garantizar la soberanía alimentaria frente a las lógicas del mercado y la deforestación.

Esquema que ilustra el ciclo de vida de la semilla: selección, conservación, intercambio y siembra en la huerta familiar.

¿Qué significa ser una guardadora de semillas?

Ser guardadora de semillas no es lo mismo que ser coleccionista. El objetivo de guardarlas reside en la distribución posterior, en un ciclo de permanente intercambio. Quien ocupa este rol se dedica a cultivar, reproducir, conservar e intercambiar semillas para que el pueblo disponga de su patrimonio genético. Es un cargo honorífico que no tiene retribuciones económicas; es una responsabilidad que nace de la agricultura ancestral.

Muchas de estas mujeres, como Patricia o Zunilda Lepín, han heredado este conocimiento de sus abuelas y madres. Para ellas, estar en contacto con la tierra es algo que llevan en sus genes. Como bien expresa Zunilda: “La semilla para mí es vida. Alimento, salud… es todo. ¿Sin semillas qué somos?”.

La importancia de las semillas de custodio

Las guardadoras trabajan principalmente con dos tipos de semillas:

  • Semillas de custodio: Son las más complejas y difíciles de conseguir. Se comparten solo con personas que aseguren su resguardo hasta el final de los tiempos.
  • Semillas de intercambio: Variedades destinadas a circular constantemente entre comunidades para evitar su extinción.
Infografía: Consejos prácticos para el almacenamiento de semillas: secado, uso de bolsas herméticas, etiquetas con origen y trucos como el uso de tiza para absorber humedad.

Redes de resistencia y soberanía alimentaria

A nivel mundial, la Vía Campesina estima que el 90% de los campesinos sigue produciendo la mayoría de sus semillas. Organizaciones como la Asociación Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas (ANAMURI) en Chile o la Asociación Hueichafe Domo en la Araucanía, trabajan incansablemente para sistematizar este conocimiento ancestral. El Trafkintu, por ejemplo, es una ceremonia mapuche de intercambio donde no hay dinero de por medio, solo el compromiso de mantener viva la especie.

Amenazas actuales

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) calcula que durante el último siglo se perdió el 75% de la diversidad agrícola mundial. Factores como el cambio climático, la modificación de hábitos alimenticios y la expansión de cultivos transgénicos, protegidos por acuerdos como el UPOV 91, ponen en riesgo las variedades locales.

Desafío Respuesta de las guardianas
Privatización y patentes Creación de bancos de semillas libres y comunitarios
Contaminación transgénica Cultivos orgánicos a distancia de la agroindustria
Pérdida de variedades Catastros, trueque y rescate de especies casi extintas

El valor de la memoria genética

Las semillas tienen una memoria que reconoce el lugar donde han crecido. Por ello, las cuidadoras insisten en que las semillas deben estar activas. Refrigerarlas en bancos industriales puede ser una forma de matarlas lentamente, ya que pierden su capacidad de adaptarse al territorio. La semilla tradicional es sabia, valerosa y resistente; es una "guerrera innata" que, en manos de las mujeres campesinas, continúa evolucionando y alimentando a las futuras generaciones.

CELEBRAN UN INTERCAMBIO DE SEMILLAS DE VARIEDADES LOCALES

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