Calidad de Vida y el Rol del Trabajo Social en Adultos Mayores

El acelerado envejecimiento poblacional en la sociedad actual plantea nuevos desafíos sociosanitarios significativos. Este proceso, caracterizado por cambios biopsicosociales, puede ser clasificado como sano o patológico, siendo este último a menudo asociado con la presencia de síndromes geriátricos. En este contexto, los profesionales de los establecimientos de larga estadía tienen la importante responsabilidad de centrar sus cuidados y atención en influir positivamente en la calidad de vida de los residentes.

El objetivo de este análisis es determinar la calidad de vida de los adultos mayores, tanto aquellos que residen en establecimientos de larga estadía como los que viven en la comunidad, y resaltar el papel fundamental que desempeña el trabajo social para fomentar una vida digna y plena en esta etapa. Para ello, se ha realizado una revisión bibliográfica que consultó bases de datos como PubMed, SciELO y EBSCO, filtrando estudios en personas mayores de 60 años relacionados con la calidad de vida, condiciones físicas y mentales que la influyen, y con una antigüedad máxima de 10 años. Aunque es importante definir los dominios para evaluar la calidad de vida, se reconoce que no existe un consenso único, considerándose un concepto dinámico e influenciado por la fragilidad y los síndromes geriátricos, entre otros aspectos físicos, mentales y sociales.

Se ha observado que los adultos mayores insertos en la comunidad suelen presentar una mejor percepción de su calidad de vida en comparación con aquellos institucionalizados. Por lo tanto, es crucial considerar aspectos físicos, mentales y sociales para definir, valorar y trabajar en la mantención o mejora de la calidad de vida de los adultos mayores, ya que existe una relación directa entre los factores individuales físicos y mentales y la percepción de una mala calidad de vida.

Infografía sobre el envejecimiento poblacional y sus implicaciones socio-sanitarias

La Adultez Mayor: Un Proceso de Cambios y Potencialidades

La etapa de vejez, también denominada adultez mayor o adultez tardía, representa el resultado del desarrollo del ciclo vital humano, enmarcado por las experiencias individuales y sociales, la historia de salud y sus determinantes (estilos de vida, biología, sistemas de salud, ambiente). Es esencial adoptar una visión positiva de la vejez, considerándola un proceso natural de desarrollo que incluye tanto pérdidas como ganancias.

En el ámbito biológico, esta etapa se caracteriza por una degeneración progresiva de las facultades físicas debido a la alteración producida por el paso del tiempo en los tejidos. Al disminuir las capacidades físicas, se incrementa la vulnerabilidad ante enfermedades y accidentes, y la tendencia natural del anciano a descompensarse con facilidad. A nivel psicológico, surgen alteraciones propias de esta etapa que influyen en la forma de establecer vínculos familiares y sociales. Erikson, desde su enfoque psicodinámico, se refiere al conflicto de la "integridad del yo vs desesperanza", donde la sabiduría es la virtud que puede desarrollarse, entendida como "una preocupación informada y desapegada por la vida al enfrentar la muerte".

Socialmente, la jubilación puede llevar a una disminución de las actividades laborales y responsabilidades anteriores, reduciendo las relaciones con los demás y dificultando la movilidad y la participación social. Sin embargo, las personas que transitan esta etapa no solo deben enfrentar la conciencia de que sus condiciones biológicas, físicas, intelectuales y psicoemocionales ya no son óptimas. El entorno social emerge como un factor fundamental para potenciar, desde el estímulo externo, las condiciones necesarias para promover la motivación, permitiendo que la edad adulta tardía ofrezca potencialidades para ser una etapa adecuada y plena, como destacan Meléndez, Tomás y Navarro (2009).

Estereotipos y Prejuicios sobre la Vejez

Las sociedades, a menudo, están atravesadas por una serie de prejuicios con respecto a la vejez, que terminan estereotipando la minusvalía que supone llegar a este momento de la vida. Estos estereotipos negativos incluyen:

  • Los ancianos son percibidos como enfermos y con grandes dosis de discapacidad. Esta percepción, asociada directamente con los términos de fragilidad y dependencia, ignora a la población de personas mayores capaces de realizar las tareas de la vida diaria de forma autónoma e independiente, que viven solas y que, a pesar de poder presentar diversas enfermedades crónicas, refieren un estado de bienestar satisfactorio.
  • Los ancianos son percibidos como carentes de recursos sociales, lo que los hace estar solos y deprimidos.
  • Los ancianos son percibidos con deterioro cognitivo y trastornos mentales. Es crucial no confundir el deterioro patológico con el declive intelectual propio del envejecimiento.
  • Los ancianos aparecen como psicológicamente rígidos e incapaces de adaptarse a los cambios.

Superar estos estereotipos negativos a nivel social permitirá un mayor grado de sensibilización en todos los actores sociales. De esta manera, las propuestas dirigidas a los adultos mayores estarán cada vez menos contaminadas con la visión tradicional hegemónica sobre la vejez, tal como lo expresa Ferrari (2015). Todo ello invita a reflexionar sobre la trascendencia del papel de los adultos mayores, así como la necesidad irrenunciable de brindarles respeto y apoyo para potenciar sus capacidades y generar un entorno social adecuado con trato y condiciones de vida que promuevan su independencia.

Imagen de personas mayores participando en actividades sociales y demostrando vitalidad

El Entorno Social: Un Factor Determinante en el Bienestar

El entorno social, también conocido como contexto social o ambiente social, es el lugar donde los individuos se desarrollan bajo determinadas condiciones económicas, sociales y culturales, y está estrechamente relacionado con los grupos a los que pertenecen. Abarca tanto la cultura en la que el individuo fue educado y vive, como las personas e instituciones con las que interactúa regularmente. En un sentido más amplio, el entorno social está constituido por todos los elementos creados por el ser humano que rodean a los individuos e interactúan con ellos, incluyendo la infraestructura, las relaciones sociales y el universo cultural.

Este entorno abarca dos aspectos principales: el material y el inmaterial. La dimensión material comprende la infraestructura, servicios públicos, remuneración del individuo y nivel educativo, entre otros. El hogar, los espacios de formación y trabajo constituyen los principales sitios donde se generan las interrelaciones del entorno social, y de ellos depende en gran parte la salud física y mental de las personas. El aumento del envejecimiento demográfico es un fenómeno universal que implicará adecuaciones ambientales para atender las crecientes necesidades y demandas de servicios, equipamientos e infraestructuras destinados a los millones de adultos mayores vulnerables, como señala Sánchez-González (2007).

Los elementos que conforman el entorno social pueden variar según el lugar y su importancia cambia con la cultura o los valores de cada grupo humano. La familia es la primera instancia de socialización, un eje transversal e irrenunciable. En este ámbito, el rol de abuelo suele ser uno de los más satisfactorios en la vejez, estableciendo relaciones sólidas y de confianza con los nietos. En familias donde ambos progenitores trabajan, los abuelos a menudo son los cuidadores principales. La posibilidad de desempeño de actividades en el hogar es clave para elevar el ánimo de los adultos mayores.

La escuela es el segundo contexto natural de socialización y tiene un papel fundamental en el desafío de romper con un imaginario social que segrega y excluye a la vejez, fomentando la tolerancia y comprensión hacia el adulto mayor. Finalmente, la sociedad es el contexto social macro donde el individuo crece y se desarrolla integralmente, asumiendo distintos roles. Los organismos internacionales, como el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), han enfatizado que el desarrollo humano se fundamenta en "la creación de un entorno en el que las personas puedan desarrollar su máximo potencial y llevar adelante una vida productiva y creativa de acuerdo con sus necesidades e intereses".

Fotografía de un grupo de adultos mayores interactuando en un entorno comunitario

Bienestar Emocional en la Vejez

El bienestar emocional, aunque pueda parecer sencillo, es un aspecto complejo y fundamental. Se relaciona directamente con las emociones, las cuales son la base que impulsa la conducta, las actitudes y las relaciones con el entorno. Goleman (1995) define las emociones como "impulsos para la acción", planes instantáneos para enfrentarse a la vida que la evolución ha inculcado. El bienestar en el estado emocional determina la disposición anímica para transitar los procesos de la vida y, aún más, para desarrollar la capacidad humana natural de enfrentar situaciones adversas o complejas, conocida como resiliencia.

Goleman (1995) identificó seis emociones básicas que mueven la dinámica del ser humano: miedo, aversión, sorpresa, alegría, ira y tristeza. Sin embargo, no pueden dividirse en "buenas" o "malas", ya que dependen de las experiencias previas y del momento presente. Además, existen emociones secundarias, aprendidas a lo largo de la vida y generalmente mezcla de dos o más emociones básicas, como la vergüenza (culpa y miedo) o los celos (amor y miedo). Estas emociones secundarias son sociales, aprendidas a partir de la interacción con la sociedad.

El bienestar emocional adquiere una particularidad especial en los adultos mayores, pues la tercera edad es una etapa en la que la emocionalidad cambia a partir de una serie de factores que determinan la sensación de bienestar. Según Carmona (2009), "el bienestar en la vejez se deriva de diversos factores, no solamente biológicos, sino también sociales y personales en su construcción". Las emociones cumplen la función de adaptarnos al entorno; no son buenas ni malas, sino señales e información sobre lo que nos rodea y sobre nosotros mismos. Lo que sí se califica como positivo o negativo es la valoración de las personas sobre lo vivido y las emociones ligadas a esas vivencias. En este sentido, Bisquerra (2006) propuso un "decálogo del bienestar" que ofrece indicadores de fácil observación para determinar un funcionamiento emocional adecuado.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha asegurado que la salud integral de los adultos mayores se puede mejorar mediante la promoción de hábitos activos y saludables. Esto implica crear condiciones de vida y entornos que acrecienten el bienestar y propicien que las personas adopten modos de vida sanos e integrados. En términos subjetivos, la calidad de vida se halla intrínsecamente vinculada al bienestar emocional. Glatzer y Zapf (citados por Palomba, 2003) definen el concepto de calidad de vida como un término multidimensional del bienestar que significa que las condiciones de vida objetivas son satisfactorias y que se tiene un alto grado de bienestar subjetivo, incluyendo la satisfacción individual de las necesidades y el bienestar colectivo.

Ser Adulto Mayor | Rodolfo Collado | TEDxYouth@NidodeAguilas

El Trabajo Social en la Tercera Edad: Fomentando una Vida Digna

El trabajo social es una disciplina profesional dedicada a promover el bienestar y la justicia social mediante el apoyo directo a individuos, grupos y comunidades. Su labor se centra en ayudar a las personas a enfrentar y superar situaciones de vulnerabilidad, exclusión o crisis, facilitando el acceso a oportunidades y fortaleciendo sus capacidades para mejorar su calidad de vida. Es un campo que contribuye a empoderar a las personas, promoviendo su autonomía e integración en la sociedad.

El trabajo social en la tercera edad es una rama específica enfocada en brindar apoyo a las personas mayores, ayudándolas a enfrentar los desafíos asociados con el envejecimiento. Los profesionales en este campo se dedican a identificar las necesidades de las personas de la tercera edad, conectarlas con recursos disponibles, proporcionar apoyo emocional y garantizar que vivan en un ambiente seguro y saludable. Su responsabilidad y competencia global es enriquecer y hacer realidad los principios y valores reflejados en la sociedad, brindando una ayuda técnica y organizada ejercida sobre las personas, grupos y comunidades.

Importancia del Trabajo Social en la Tercera Edad

La importancia del trabajo social en la tercera edad radica no solo en la resolución de problemas inmediatos, sino también en la mejora de la calidad de vida a largo plazo. Algunas razones clave de su relevancia son:

  • Apoyo en la transición a la jubilación: Los trabajadores sociales asisten a los adultos mayores a adaptarse a esta nueva etapa, ofreciendo orientación y apoyo emocional para enfrentar los cambios que implica dejar la vida laboral. Además, brindan asesoría sobre cómo gestionar recursos económicos, acceder a beneficios sociales y mantener una vida activa y saludable post-jubilación.
  • Promoción del envejecimiento activo: Este es un objetivo fundamental. Implica fomentar la participación de los adultos mayores en actividades físicas, sociales y culturales que les permitan mantenerse activos, comprometidos y conectados con su comunidad. El profesional facilita el acceso a programas de recreación, voluntariado y educación continua, lo que contribuye a prevenir el aislamiento social y la depresión.
  • Protección de los derechos de los adultos mayores: Actúan como defensores de los derechos de esta población, asegurándose de que tengan acceso a atención médica de calidad, viviendas adecuadas y servicios sociales esenciales. De igual manera, se enfocan en prevenir y denunciar cualquier forma de abuso, negligencia o maltrato.

“A través de su labor, los trabajadores sociales promueven la autonomía, el bienestar y la integración social de los adultos mayores, asegurando que tengan una vida digna y plena”.

Objetivos del Trabajo Social en la Tercera Edad

Los objetivos son amplios y se adaptan a las necesidades individuales, pero algunos generales guían esta práctica:

  • Fomentar la autonomía e independencia: Permitir a los adultos mayores vivir de forma digna y con el máximo nivel de autosuficiencia posible. Los trabajadores sociales diseñan planes de intervención personalizados que promueven la autoeficacia, apoyan la adaptación de viviendas y facilitan el acceso a tecnologías de asistencia.
  • Facilitar el acceso a servicios de salud y bienestar: Un trabajador social brinda información sobre los servicios disponibles, ayudando a las personas mayores a navegar por el sistema de salud y acompañándolos en los procesos de solicitud de subsidios.
  • Promover la integración social: Desarrollar programas y actividades que fomenten la interacción social y la participación comunitaria, contribuyendo a reducir la soledad y el aislamiento social, factores que afectan negativamente la salud mental y emocional.

Estrategias del Trabajo Social en la Tercera Edad

Las estrategias empleadas son adaptadas a las necesidades y características de cada individuo y contexto:

  • Evaluación y diagnóstico de necesidades: Realizan entrevistas, visitas domiciliarias y análisis de casos para identificar las necesidades específicas de cada adulto mayor, determinando qué servicios o recursos son más adecuados.
  • Intervención psicosocial: Los profesionales ofrecen apoyo emocional, facilitan grupos de autoayuda y trabajan directamente con los adultos mayores y sus familias para manejar el estrés, la ansiedad y otros problemas emocionales asociados con el envejecimiento.
  • Trabajo en red y coordinación de servicios: Colaboran con organizaciones de salud, instituciones gubernamentales, ONGs y redes comunitarias para garantizar una atención integral y multidisciplinaria, maximizando recursos y mejorando la efectividad de las intervenciones.

En Chile, el 16,2% de la población es de la tercera edad y se estima que para el 2050 los mayores de 60 años superen el 31,6%, según el informe del Servicio Nacional del Adulto Mayor (SENAMA) de diciembre de 2019. Esta realidad subraya la necesidad de un enfoque proactivo en el trabajo social. La académica, doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Deusto (España), destaca que "hemos construido colectivamente una representación social de la vejez como aquella que tiende a quedarse en casa y jubilar". Sin embargo, "hoy es distinta a lo que conocíamos antes. Las mediciones modernas de lo que se entiende por calidad de vida en la tercera edad incluyen dimensiones objetivas y, desde hace dos décadas, también subjetivas. Esta perspectiva "ha sido muy útil porque tiene que ver con la percepción que la persona tiene de su propia existencia, lo que a veces difiere de sus condiciones reales y nos habla de la resiliencia", subraya.

Esquema de las estrategias de intervención del trabajo social con adultos mayores

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