Una caída se define como un evento que ocurre cuando una persona cae inadvertidamente al suelo u otro nivel inferior. Las caídas son sucesos involuntarios que hacen perder el equilibrio y dar con el cuerpo en el suelo o en otra superficie firme que lo detenga. Aunque la mayoría de las caídas no resultan mortales, las lesiones causadas por ellas pueden ser mortales. Finalmente, también pueden producir problemas socioeconómicos, porque hay circunstancias en las que el adulto mayor no puede seguir viviendo solo y requiere de cuidados permanentes en su casa o ser trasladado a un hogar.
Sin bien las caídas no suelen tener mayores consecuencias en la vida cotidiana, en ocasiones estas pueden ser graves e, incluso, fatales. El riesgo de caídas crece a medida que se va envejeciendo. Cada año, miles de adultos mayores se caen y se lastiman. Las caídas son una de las principales causas de lesiones y pérdida de independencia en personas de 65 años o más. En personas ≥ 65 años de edad, las caídas son la causa principal de muerte relacionada con lesiones y la séptima causa principal de todas las muertes (1).
Magnitud del Problema de Caídas en Adultos Mayores
Las caídas son un problema importante para la salud pública en todo el mundo. Se calcula que anualmente se producen 684 000 caídas mortales, lo que convierte a este problema en la segunda causa mundial de defunción por traumatismos involuntarios, por detrás de las colisiones de tránsito. Más del 80% de las defunciones relacionadas con caídas se registran en países de ingresos medianos y bajos; de ellas, el 60% se producen en las regiones del Pacífico Occidental y de Asia Sudoriental. Las mayores tasas de mortalidad por esta causa corresponden a los mayores de 60 años en todas las regiones.
En Estados Unidos, anualmente más de 14 millones de adultos ≥ 65 años informan de caídas, lo que representa un total de aproximadamente 36 millones de caídas (2). Un gran número de caídas resultan en una lesión, con aproximadamente el 37% de las personas que caen informando una lesión que requirió tratamiento médico o que restringió su actividad durante al menos 1 día, lo que resulta en un estimado de 9 millones de lesiones por caídas cada año. La tasa de muerte por caídas ajustada por edad aumentó un 41% de 55,3 cada 100.000 adultos mayores en 2012 a 78,0 cada 100.000 adultos mayores en 2021 (3). Las caídas también son más comunes en mujeres que en hombres y más en aquellos que viven en un entorno rural comparado con los que viven en un entorno urbano.
Aunque no resulten mortales, cada año cerca de 37,3 millones de caídas revisten suficiente gravedad como para requerir atención médica. En conjunto, las caídas causan anualmente la pérdida de 38 millones de años de vida ajustados en función de la discapacidad (AVAD) (2). La incidencia de las caídas aumenta de manera constante después de los 60 años. Aproximadamente la mitad de todas las caídas producidas en la comunidad ocurren en el domicilio. Además, un 5% de las caídas en el adulto mayor (AM) necesitarán hospitalización, principalmente por fractura de cadera, aumentando la mortalidad ya que en 1 de cada 3 de estos casos, los pacientes fallecerán en el plazo de un año. En Chile, un estudio del año 2001 mostró que el 64% de los 571 entrevistados presentó 1 caída y el 36% tuvo 2 o más caídas en los últimos 6 meses (3).

Etiología de las Caídas en Adultos Mayores
El predictor más consistente de una caída es una caída previa. Sin embargo, las caídas en las personas ancianas rara vez tienen una sola causa o factor de riesgo. Una caída suele ser el resultado de una interacción compleja multifactorial entre los siguientes elementos:
- Factores intrínsecos: deterioro de la función relacionado con la edad, trastornos y efectos adversos de fármacos.
- Factores extrínsecos: riesgos ambientales.
- Factores situacionales: relacionados con la actividad específica o las circunstancias de una actividad, p. ej., apresurarse para ir al baño en plena noche.
Factores Intrínsecos
Los cambios relacionados con la edad pueden afectar los sistemas comprometidos en mantener el equilibrio y la estabilidad (p. ej., mientras el paciente está de pie, camina o está sentado) y aumentar el riesgo de caídas. Es clave corregir aquellos problemas físicos que aumentan el riesgo de caídas. Algunas caídas pueden estar relacionadas con los efectos del envejecimiento, como la debilidad muscular o el retraso de los reflejos. También pueden estar relacionadas con los resultados de un ataque cerebral.
De tipo fisiológico, propios del envejecimiento:
- Pérdida de masa muscular, lo que le ocurre a todas las personas con la edad.
- Disminución de la percepción de sensibilidad profunda.
- Reducción de rango articular, especialmente en los tobillos.
- Problemas de visión.
- La agudeza visual, la percepción de los contrastes y la profundidad y la adaptación a la oscuridad se reducen.
- La pérdida o los trastornos sensitivos y la disfunción cerebelosa pueden disminuir los reflejos posturales y afectar el equilibrio.
- Los cambios en los patrones de activación muscular y la capacidad de generar suficiente potencia y velocidad muscular pueden afectar la habilidad de mantener o recuperar el equilibrio en respuesta a los cambios (p. ej., dar pasos sobre una superficie irregular, recibir un golpe). De hecho, la debilidad muscular de cualquier tipo es un importante predictor de caídas.
- A medida que el deterioro cognitivo aumenta con la edad, también lo hace el riesgo de caídas, en parte porque los adultos mayores con deterioro cognitivo pueden no recordar que deben tomar medidas de seguridad para reducir las caídas.
De tipo patológico, es decir, enfermedades que favorecen las caídas:
- Enfermedad de Parkinson.
- Alteraciones de la visión.
- Secuelas de un accidente vascular cerebral.
- Demencia.
- Déficit de algunas vitaminas.
- Patologías que puedan afectar el equilibrio.
- Arritmias.
- Hipotensión ortostática (baja de la presión arterial al ponerse de pie).
- Los trastornos crónicos y agudos y el uso de fármacos son los principales factores de riesgo de experimentar caídas.
El riesgo de una caída traumática que provoca una fractura se incrementa debido a:
- Osteoporosis y cambios en la calidad ósea relacionados con la edad, que aumentan la fragilidad ósea.
- Pérdida de músculo (sarcopenia), que reduce las respuestas protectoras a las perturbaciones.
Factores Extrínsecos
Los factores ambientales pueden aumentar el riesgo de caídas en forma independiente o, lo que resulta más importante, a través de la interacción con los factores intrínsecos. El riesgo es máximo cuando las condiciones del medio requieren un mayor control postural y del movimiento (p. ej., al caminar sobre una superficie resbaladiza) y cuando el entorno no resulta familiar (tras una mudanza a un nuevo domicilio). Los adultos mayores que usan dispositivos de asistencia para la movilidad tienen más probabilidades de informar un historial de caídas (1), lo que refleja las limitaciones de movilidad subyacentes y comorbilidades que llevaron a la prescripción del dispositivo en lugar de que los dispositivos sean inherentemente promotores de caídas.
Condiciones ambientales que favorecen estos accidentes:
- Alfombras sueltas.
- Iluminación insuficiente.
- Objetos o cables en los pasillos.
- Piso en mal estado o superficies irregulares.
Factores Situacionales
Algunas actividades o decisiones pueden aumentar el riesgo de caídas y de lesiones relacionadas. Algunos ejemplos son:
- Estar distraído (p. ej. caminar mientras se habla o se mira un teléfono inteligente) y no notar un peligro ambiental (p. ej. un bordillo o un escalón).
- Correr al baño (especialmente por la noche cuando no se está completamente despierto o cuando la iluminación puede ser inadecuada).
- Usar una escalera.
La demencia puede exacerbar muchas de estas situaciones peligrosas que causan caídas. El deterioro de la cognición, el juicio y la conciencia de los peligros puede hacer que los adultos mayores se distraigan, se apresuren y no noten los peligros ambientales, lo que aumenta significativamente el riesgo de caídas.
Impacto en la Salud Física y Mental
Las caídas pueden causar desde lesiones costales, de columna y cadera, hasta otras más graves como un hematoma subdural, que es un coagulo que se forma entre el hueso del cráneo y el cerebro, comprimiéndolo. Pero también tienen efectos psicológicos, como el miedo a volver a caer. Las caídas ponen en riesgo la independencia de los ancianos y causan una cascada de problemas individuales y socioeconómicos.
Evaluación de los Riesgos de Caídas
Los médicos deben preguntar sobre caídas previas, así como sobre las condiciones, los medicamentos y los factores situacionales que aumentan el riesgo de caídas. En el examen físico o de salud periódico, se les debe pedir a los ancianos información sobre caídas en el último año y dificultades con el equilibrio o la deambulación (1). La evaluación del riesgo de caídas tiene como objetivo identificar adultos mayores que pueden presentar alto riesgo de caídas para implementar estrategias preventivas. Esta evaluación no es un examen físico sino una revisión estructurada usando cuestionarios, observación y herramientas de detección dirigidas.
Después del tratamiento de las lesiones agudas, la evaluación debe intentar identificar los factores de riesgo y las intervenciones apropiadas para reducir la incidencia de futuras caídas y de lesiones relacionadas (1). Sin embargo, puede ser imposible eliminar por completo el riesgo de futuras caídas.
Muchas personas ancianas se muestran reticentes a informar una caída porque la atribuyen al proceso de envejecimiento o porque tienen miedo de que limiten sus actividades o las internen. Es necesario informar las caídas a los médicos para prevenir futuras caídas. Cuando no se informan caídas y no se instituyen medidas preventivas, los pacientes presentan alto riesgo de volver a caer, lo que supone una carga significativa para el sistema de salud. Se espera que esta carga aumente dado el crecimiento proyectado de la población que envejece. Por lo tanto, resulta imperativo implementar intervenciones como educación para la prevención de caídas y ejercicios funcionales (p. ej., para aumentar la fuerza de las piernas y el equilibrio) así como estrategias de mitigación de lesiones.
Anamnesis y Examen Físico
A los adultos mayores se les deben formular preguntas abiertas sobre su caída o caídas más recientes, seguidas de preguntas más específicas sobre cuándo y dónde se produjo la caída y qué estaban haciendo (factores de riesgo situacionales). A continuación, deben realizarse las mismas preguntas a testigos. Asimismo, los pacientes deben informar si percibieron síntomas premonitorios o asociados (p. ej., palpitaciones, disnea, dolor torácico, vértigo, mareos), y si perdieron la consciencia. Se debe preguntar también al paciente si pueden identificar factores extrínsecos o situacionales evidentes. La anamnesis debe incluir preguntas sobre enfermedades pasadas y presentes, consumo de fármacos que se adquieren bajo prescripción médica y de venta libre, y consumo de alcohol o medicamentos psicoactivos. Debe preguntarse a los pacientes si pudieron volver a levantarse sin ayuda después de caer y si se produjo alguna lesión; el objetivo es reducir el riesgo de complicaciones debido a futuras caídas.
El examen físico debe ser bastante completo para excluir causas intrínsecas evidentes de caídas. Debe medirse la temperatura, la frecuencia y el ritmo cardíaco. La presión arterial debe medirse con los adultos mayores en decúbito supino y después de que permanezcan de pie durante 1 y 3 minutos para excluir hipotensión ortostática. La agudeza visual debe examinarse con lentes correctoras y, si es necesario, remitir a un especialista. El cuello, la columna vertebral y los miembros (en especial, las piernas y los pies) deben evaluarse para identificar debilidad, deformidades, dolor y limitación de la amplitud del movimiento.
Un examen neurológico debe comenzar con un examen del estado mental para controlar el deterioro cognitivo. También comprende pruebas de la función motora, la sensibilidad, la coordinación, el equilibrio estacionario y la marcha. El control postural básico y los sistemas propioceptivo y vestibular se evalúan con la prueba de Romberg. Las pruebas para examinar el equilibrio son la permanencia en un pie y la marcha en línea recta. Si el paciente puede permanecer parado en un pie durante 10 segundos con los ojos abiertos y lograr caminar en línea recta a través de una distancia de 3 metros (10 pies) sin tambalear, lo más probable es que la deficiencia del control postural intrínseco sea mínima.
Pruebas de Desempeño
Una variedad de pruebas estandarizadas basadas en el rendimiento están disponibles para evaluar la marcha, el equilibrio y la fuerza de los miembros inferiores en adultos mayores con riesgo elevado de caídas. Una prueba inicial comúnmente utilizada es la prueba básica de levantarse y andar (2). Esta prueba consiste en la observación del paciente mientras se levanta de un sillón común, camina 3 metros (alrededor de 10 pies) en línea recta, gira, vuelve a caminar hacia la silla y vuelve a sentarse. La evaluación puede identificar debilidad de los miembros inferiores, trastornos de equilibrio al pararse o sentarse o marcha inestable.
Para adultos que tienen dificultad para hacer la prueba básica de levantarse y caminar, se puede realizar una versión cronometrada de la prueba (3). Un tiempo de > 12 segundos indica un aumento significativo del riesgo de caídas. La Evaluación de la Movilidad Orientada al Desempeño permite identificar problemas de equilibrio y estabilidad durante la marcha y otros movimientos que pueden indicar un mayor riesgo de caídas. Las puntuaciones bajas predicen un mayor riesgo de caídas.
Pruebas de Laboratorio
La evaluación diagnóstica de laboratorio debe basarse en la anamnesis y en los resultados del examen y ayuda a descartar varias causas. Algunas pruebas incluyen:
- Hemograma completo para excluir anemia o leucocitosis.
- Medición de glucemia para excluir hipoglucemia o hiperglucemia.
- Medición de electrolitos para excluir la deshidratación.
- En caso de neuropatías periféricas, solicitar hemograma completo, nivel de glucosa en sangre y electrolitos, así como niveles de folato, B12 y TSH.
Estrategias de Prevención de Caídas
Los expertos coinciden en que algunas caídas en adultos mayores se pueden prevenir. Considerando que en las caídas influyen factores físicos y externos, es importante tomar medidas en ambos ámbitos.

1. Mantenerse en Movimiento: Actividad Física y Ejercicio
La actividad física puede ayudar mucho a prevenir las caídas. Con la aprobación del profesional de atención médica, considere hacer actividades como caminar, hacer ejercicios acuáticos o practicar taichí, un ejercicio suave que involucra movimientos lentos y elegantes similares a los de un baile. Estas actividades reducen el riesgo de caídas al mejorar la fuerza, el equilibrio, la coordinación y la flexibilidad. La actividad física mejora la fortaleza, el tono muscular y la estabilidad. Si evita la actividad física porque teme que aumente la probabilidad de que se caiga, infórmelo al profesional de atención médica. El profesional de atención médica le puede recomendar programas de ejercicio cuidadosamente monitoreados o remitirlo a un fisioterapeuta. El fisioterapeuta puede crear un programa de ejercicio personalizado destinado a mejorar su equilibrio, flexibilidad y fuerza muscular. Realizar ejercicio reduce el riesgo de caídas y previene las lesiones relacionadas con ellas. En una revisión sistemática de Cochrane9 la terapia que incluye múltiples tipos de ejercicios disminuye la tasa de caídas con un RaR 0,71 (IC 95%0,63 a 0,82) y el riesgo de caídas con un RR 0,85.
Ejercicios para personas mayores. Equilibrio estático (Telegerontología®)
2. Gestión de Medicamentos y Salud
- Conozca los efectos secundarios de los medicamentos que toma: Pregúntele a su médico o su farmacéutico si los medicamentos que toma pueden afectar su equilibrio. Las pastillas para dormir o los sedantes pueden afectar su equilibrio. El consumo de medicamentos que se asocian a mayor riesgo de caídas, como antihipertensivos, diuréticos, tranquilizantes, antidepresivos e inductores de sueño, deben ser posibles los medicamentos que no son esenciales, tratar la hipotensión ortostática, y normalizar los niveles de vitamina B12 y vitamina D, ya que su carencia puede producir problemas de fatiga y pérdida de equilibrio.
- Exámenes de visión y audición: Hágase un examen de la visión y la audición cada año o cada vez que note un cambio. Si tiene dificultades para ver y oír, es posible que no pueda evitar objetos y podría perder su equilibrio. Si usa anteojos bifocales o trifocales, es posible que tenga problemas al bajar escalones o subir escaleras. Averigüe cómo obtener anteojos con una sola receta que pueda usar cuando camine.
- Cuidado de los pies: Pregúntele a su médico si los callos o las callosidades deben ser eliminados de sus pies. Si usa un calzado holgado a causa de los callos o las callosidades, podría perder el equilibrio y caerse. Hable con su médico si tiene entumecimiento en los pies. Cuide sus pies de heridas o cortes.
- Hidratación adecuada: Es posible que se maree si no bebe suficiente agua. Beba mucho líquido para prevenir la deshidratación. Opte por tomar agua y otros líquidos claros. Si tiene una enfermedad renal, cardíaca o hepática y tiene que restringir los líquidos, hable con su médico antes de aumentar la cantidad de líquido que bebe.
- Alcohol: Limite la cantidad de alcohol que bebe. El alcohol puede alterar su equilibrio y otros sentidos.
3. Modificaciones en el Entorno del Hogar
Es importante modificar las condiciones del hogar para hacerlo más seguro.
- Eliminación de obstáculos y superficies irregulares: Quite escalones en la puerta de entrada, alfombrillas y obstáculos. Fije las alfombras sueltas o repare las áreas levantadas del piso. Mueva los muebles y los cables eléctricos para que no estén en los pasillos. Utilice cera antideslizante para pisos, y seque de inmediato cualquier derrame que se produzca, sobre todo si el piso es de baldosas de cerámica.
- Iluminación adecuada: Mantenga la casa bien iluminada, sobre todo las escaleras, los porches y los pasillos exteriores. Utilice lamparitas nocturnas en áreas como vestíbulos y baños. Ponga interruptores de luz adicionales o utilice interruptores a distancia (como los que se encienden o apagan al aplaudir) para que sea más fácil encender las luces si tiene que levantarse por las noches.
- Pasamanos y barras de apoyo: Instale pasamanos o barandillas sólidos en las escaleras. Habilite barras anticaídas en cama y baños, y al costado del excusado. Marque escaleras y desniveles con puntos de sujeción y luz en la noche.
- Almacenamiento: Ponga los artículos que más utiliza en los estantes bajos de los gabinetes (aproximadamente a la altura de su cintura).
- Comunicación y seguridad personal: Tenga un teléfono inalámbrico y una linterna con baterías nuevas cerca de su cama. Si es posible, coloque un teléfono en cada una de las habitaciones de su casa, o lleve siempre un celular en caso de que se caiga y no pueda llegar al teléfono. O puede usar un dispositivo en el cuello o la muñeca en el que presione un botón para enviar una señal pidiendo ayuda.
- Seguridad en el baño: Instale agarraderas y tapetes antideslizantes dentro y fuera de la ducha o la tina, así como cerca del inodoro y el lavabo. Utilice una silla para la ducha y un banco para la bañera. Use una cabeza de ducha portátil que le permite sentarse mientras se ducha. Cuando vaya a entrar en la tina o la ducha, coloque primero la pierna más débil. Cuando vaya a salir de la ducha o la tina, hágalo primero con el lado más fuerte. Repare los asientos de inodoro sueltos y considere instalar un asiento de inodoro elevado para que sea más fácil sentarse y levantarse del inodoro. No cierre con llave la puerta del baño mientras se ducha.

4. Seguridad al Aire Libre y Hábitos Personales
- Calzado adecuado: Use zapatos de tacón bajo que le queden bien y le den buen apoyo a sus pies. Use calzado con suelas antideslizantes. Revise los tacones y las suelas de sus zapatos antes de usarlos. Repare o reemplace los tacones o las suelas desgastados. No camine en calcetines sin zapatos sobre suelos lisos, como de madera.
- Atención a superficies exteriores: Camine por la hierba cuando las aceras estén resbaladizas. Si vive en una zona donde hay nieve y hielo en invierno, eche sal en aceras y escalones resbaladizos. O pídale a un familiar o amigo que lo haga por usted. Mantenga las entradas y los senderos exteriores bien iluminados. Mire dónde pisa.
- Manos libres: Cuando salga al aire libre, mantenga las manos libres usando una cartera bandolera, una riñonera o una mochila.
- Servicios de envíos: Averigüe sobre farmacias y tiendas de comestibles cerca de usted las 24 horas que pueden tomar pedidos por teléfono y hacer entregas a su hogar. Utilice estos servicios, especialmente cuando el clima es malo.
- Dispositivos de asistencia: Si usa una andadera o un bastón, colóquele un revestimiento de goma en las puntas. Si utiliza muletas, limpie la base regularmente con un paño abrasivo, como un estropajo de acero.
- Comunicación al aire libre: Lleve consigo un teléfono o un dispositivo de alerta médica cuando salga al aire libre. Así podrá llamar rápidamente para pedir ayuda en caso de necesitarla.
Qué Hacer en Caso de Caída
Si se cae y necesita levantarse, debe ayudarse doblando una pierna y haciendo fuerza con el codo que queda pegado al suelo. Después adelantar la pierna más fuerte dejando una rodilla en el suelo y levantarse usando la fuerza de manos y piernas. Si requiere ayuda, la persona que asista se colocará frente a usted con la pierna contraria a la suya apoyada en el suelo.