Los golpes en la cabeza pueden ser un motivo de preocupación, sobre todo si ocurren en personas mayores. Es importante saber cuándo estos incidentes requieren atención médica para evitar complicaciones graves. Por ello, este artículo detalla cómo identificar y manejar los golpes en la cabeza en personas mayores, destacando los síntomas, signos de advertencia y cuándo buscar ayuda profesional para garantizar su bienestar y seguridad.
¿Qué es un golpe en la cabeza y sus implicaciones en adultos mayores?
Un golpe en la cabeza ocurre cuando una fuerza externa impacta el cráneo, lo que puede causar daños en el cerebro. A menudo suceden como consecuencia de caídas, pérdida de equilibrio, accidentes o colisiones. Aunque no todos los golpes resultan en lesiones graves, algunos pueden provocar problemas serios que requieren atención médica inmediata. Es importante reconocer la gravedad potencial de estos golpes para garantizar la salud y seguridad de los adultos mayores.
Un golpe en la cabeza en personas mayores puede tener consecuencias mucho más graves que en otros grupos de edad. El envejecimiento cerebral, la fragilidad ósea y la posible toma de anticoagulantes aumentan el riesgo de sufrir una fractura de cráneo con hemorragia interna o un traumatismo craneoencefálico (TCE) con secuelas importantes. Los adultos mayores tienen más probabilidades de ser hospitalizados o incluso de morir a causa de una LCT en comparación con los demás grupos de edad, según datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).
Traumatismo craneoencefálico (TCE) en adultos mayores
Un traumatismo craneoencefálico es una lesión que se produce cuando un impacto directo o una sacudida violenta afecta al cráneo y, en consecuencia, al cerebro. Puede provocar desde una leve conmoción hasta una situación crítica como el estado comatoso en ancianos.
Un traumatismo craneoencefálico es un daño que se produce en el cerebro por un golpe o movimiento repentino de la cabeza. En este caso, el cerebro rebota o se retuerce en el cráneo y lesiona las células cerebrales, rompiendo los vasos sanguíneos y creando cambios químicos. Estas LCT pueden ser de leves a graves. En algunos casos, las señales de la lesión en el exterior pueden ocultar la historia completa de lo que está pasando en el interior. Para algunas lesiones, el daño es inmediato.
Las fracturas de cráneo en adultos mayores pueden ser de varios tipos: lineales, hundidas o conminutas (cuando el hueso se fragmenta en varias partes). Estas lesiones pueden ir acompañadas de una hemorragia interna, que incrementa la presión intracraneal y compromete el funcionamiento del cerebro.
Grados de traumatismo craneoencefálico
- Leves: Suponen más del 70% de los casos. Aunque puede haber una breve pérdida de conciencia (menos de 30 segundos), la recuperación suele ser completa. El traumatismo craneoencefálico leve o conmoción cerebral es de los más frecuentes y representa el mayor número de traumatismos que se producen. Aunque la mayoría de las personas que sufren un traumatismo craneoencefálico leve se recupera de forma completa en los días o semanas posteriores al traumatismo, un porcentaje de estos pacientes pueden presentar problemas persistentes.
- Moderados: Requieren observación hospitalaria y, en algunos casos, intervención quirúrgica. En este tipo de traumatismos, el periodo de pérdida de conocimiento es mayor a 30 minutos, pero no sobrepasa un día y el periodo en el que el paciente que lo sufre tiene dificultades para aprender información nueva es inferior a una semana.
- Graves: Suelen implicar pérdida de conciencia prolongada, entrada en estado comatoso y presencia de fractura de cráneo con hemorragia intracraneal. En estos casos, el ingreso en UCI es inmediato. Los golpes en la cabeza en personas mayores son graves cuando el periodo de pérdida de conocimiento es mayor a un día y/o el periodo en el que el paciente que lo sufre tiene dificultades para aprender información nueva es mayor de una semana. En los peores casos, pueden ocasionar la muerte de la persona que lo ha sufrido. Para los pacientes que sobreviven, el proceso de recuperación es lento y complejo, con riesgo de complicaciones tras pasar mucho tiempo en cama, como pérdida de masa muscular, úlceras por presión o infecciones respiratorias.
Síntomas y signos de advertencia tras un golpe en la cabeza
Tras un golpe en la cabeza, es necesario prestar atención e identificar algunos de los siguientes síntomas, ya que pueden indicar un problema que requiere atención médica.
Señales inmediatas tras el golpe
Es importante observar las señales inmediatas que pueden aparecer después del impacto, como mareos, confusión, dolor de cabeza agudo y hematomas visibles. También se pueden presentar náuseas, vómitos y pérdida de conciencia breve. Reconocer estos signos cuanto antes puede prevenir complicaciones mayores.
Conmoción cerebral: Todo lo que tienes que saber
Síntomas que pueden aparecer más tarde
Después de un golpe en la cabeza, algunos síntomas pueden no ser evidentes de inmediato. Es vital estar atento a los siguientes signos que podrían manifestarse con el tiempo:
- Pérdida de conciencia: Puede ocurrir horas o incluso días después del golpe, indicando un posible daño cerebral que requiere atención médica inmediata.
- Confusión y desorientación: Estos síntomas pueden desarrollarse lentamente, afectando la capacidad de la persona para recordar eventos recientes o ubicarse en tiempo y espacio.
- Dolor de cabeza persistente: Un dolor de cabeza que no desaparece o que se intensifica con el tiempo puede ser señal de una lesión interna y debe ser evaluado por un profesional.
- Náuseas y vómitos repetidos: Estos síntomas, especialmente si ocurren varias horas después del golpe, pueden indicar una presión intracraneal aumentada y necesitan atención urgente.
- Cambios en la visión y el habla: Dificultades para ver claramente, hablar con coherencia o encontrar palabras pueden ser signos de daño neurológico y deben ser monitoreados de cerca.
- Dificultades para moverse o coordinarse: Problemas con la movilidad, como debilidad en las extremidades o falta de coordinación, pueden surgir después de un tiempo y son motivos para buscar ayuda médica.
- Síndrome postconmocional: Puede presentar síntomas físicos como fatiga, dolores de cabeza, problemas de conciliación del sueño, sensación de vértigo o mareos; problemas en la esfera cognitiva, sobre todo problemas de atención, concentración o memoria; problemas emocionales como la presencia de ansiedad o de cambios de humor; y finalmente problemas conductuales como la aparición de irritabilidad, apatía u otros cambios en su comportamiento habitual.
Lesiones cerebrales comunes
Las lesiones cerebrales pueden variar en gravedad y tipo. Conocer las más comunes puede ayudar a entender los posibles riesgos tras un golpe en la cabeza, sobre todo si se trata de una persona mayor.
Tipos de lesiones
- Conmoción cerebral: Es una lesión leve pero a la que hay que darle importancia. Ocurre cuando un golpe o sacudida hace que el cerebro se mueva bruscamente dentro del cráneo. Los síntomas incluyen dolores de cabeza, mareos y confusión, que pueden durar desde unas pocas horas hasta varias semanas.
- Hemorragia intracraneal: Significa que hay un sangrado dentro del cráneo, lo que puede aumentar la presión intracraneal y poner en riesgo la vida del paciente. Los síntomas pueden incluir dolor de cabeza severo, vómitos y pérdida de conciencia. Es una condición grave que requiere atención médica inmediata. Un hematoma intracraneal es una acumulación de sangre dentro del cráneo, generalmente por la ruptura de un vaso sanguíneo en el cerebro. Los signos y síntomas de un hematoma intracraneal pueden aparecer inmediatamente después de una lesión en la cabeza o pueden tardar varias semanas o más en aparecer.
- Hematoma subdural: Es una acumulación de sangre entre el cerebro y su membrana exterior. Puede desarrollarse lentamente, causando síntomas como dolores de cabeza, confusión y somnolencia progresiva. Es fundamental identificarlo y tratarlo a tiempo.
- Hematoma epidural: Ocurre cuando se acumula sangre entre el cráneo y la duramadre, provocando rápidamente síntomas graves como pérdida de conciencia, dolores de cabeza intensos y debilidad en las extremidades.
- Hemorragia subaracnoidea: Es el sangrado en el espacio entre el cerebro y la membrana que lo cubre. Suele presentar un dolor de cabeza repentino y muy severo, conocido como "dolor de cabeza en trueno". También puede causar náuseas, vómitos y pérdida de conciencia.
- Hemorragia parenquimatosa: Implica que existe un sangrado directamente en el tejido cerebral. Los síntomas varían según la ubicación y el tamaño del sangrado, pero pueden incluir debilidad en un lado del cuerpo, dificultad para hablar y cambios en la visión. Es una condición grave que requiere tratamiento inmediato.
- Ruptura de una arteria o vena cerebral: La ruptura de una arteria cerebral puede provocar daño directo a las células de alrededor, y el sangrado puede dañar o matar otras células. Al igual que la ruptura de una arteria, la de una vena es muy peligrosa y puede llegar a producir la muerte si no se trata de manera inmediata.
Cuándo buscar atención médica y cómo actuar
Tras conocer los síntomas y las posibles lesiones que puede causar un golpe en la cabeza, ahora es importante saber cómo evaluar la situación para determinar si la atención médica es o no necesaria.
Evaluación de la gravedad del golpe
La gravedad del golpe debe evaluarse observando los síntomas inmediatos y tardíos. Si la persona presenta dolor de cabeza intenso, mareos o cualquier cambio en el estado mental, es importante buscar asistencia médica. Una evaluación temprana puede prevenir complicaciones serias. La Dra. Raquel Gardner aconseja que cualquier persona mayor que se caiga y se golpee la cabeza debe ir a la sala de emergencias, incluso si no tiene síntomas inmediatos. Este consejo es especialmente importante para las personas mayores que toman anticoagulantes como aspirina, warfarina o apixabán.
Indicaciones para acudir a urgencias
Debe acudirse a urgencias si, tras el golpe, se observan síntomas como pérdida de conciencia prolongada, vómitos persistentes, convulsiones o debilidad en alguna parte del cuerpo, porque estos signos pueden estar indicando una lesión cerebral grave. También es necesario acudir si hay dificultades para hablar o moverse, ya que pueden ser señales de un daño neurológico significativo. Ante cualquier sospecha de TCE, es fundamental acudir a urgencias. Si una persona mayor entra en estado comatoso tras un golpe hay que llamar al 112 de forma urgente.
En el hospital, un paciente que reporta un posible trauma en la cabeza por lo general se somete a un examen neurológico y posiblemente a una tomografía computarizada de la cabeza para buscar sangrado en el cerebro. El examen puede incluir un análisis de sangre que mide dos biomarcadores en la sangre, que, cuando están elevados, pueden indicar una lesión cerebral.
Primeros auxilios tras un golpe en la cabeza
Antes de tocar la herida, lávate bien las manos con agua y jabón. Usa guantes de látex o una bolsa de plástico para ejercer presión sobre la herida. Recuesta al herido. Extrae cualquier objeto visible de la herida, pero no intentes limpiarla. Presiona firmemente sobre la herida con una gasa, un paño limpio o con el material más limpio que tengas. Si hay algo en la herida que no se puede sacar, ejerce presión alrededor y no directamente sobre él. Ejerce presión durante 15 minutos. Es importante que no lo levantes para mirar el estado del sangrado. Si el paño está empapado con sangre, aplica otro sin levantar el primero. En caso de que el sangrado no se detenga durante este tiempo, continúa ejerciendo presión directa mientras pides ayuda médica. Es importante que prestes atención a las señales de shock, ya que es una situación que pone en riesgo la vida, siendo la pérdida de conocimiento una de ellas.

Causas y prevención de caídas en personas mayores
Las caídas son frecuentes en la edad avanzada. En Estados Unidos, cada año aproximadamente una de cuatro personas de 65 años o más refieren haber sufrido una caída, lo que da lugar a un total de más de 14 millones de caídas cada año, según los Centers for Disease Control and Prevention (CDC). Una persona que se ha caído una vez es más propensa a volver a caerse. No todas las caídas causan lesiones. Sin embargo, más de un tercio de las personas que caen reportan una lesión que requirió tratamiento médico o que restringió su actividad durante al menos un día. Eso se traduce en una estimación de 8 millones de lesiones por caídas cada año. Las personas de edad avanzada son más propensas a sufrir fracturas en las caídas debido a que muchas tienen los huesos porosos y frágiles (un trastorno denominado osteoporosis). Algunas lesiones causadas por una caída son mortales.
Muchas personas de edad avanzada temen caer. El miedo a caerse puede ocasionar problemas. Las personas de edad avanzada se preocupan por la realización de sus actividades habituales y pierden la confianza en sí mismas y hasta su independencia. Hay medidas para superar los temores y reducir el riesgo de caída. Reconocer las causas de las caídas puede ser eficaz. Muchos adultos mayores son reacios a informar de una caída porque creen erróneamente que caerse forma parte del envejecimiento de manera normal. O temen que sus actividades sean restringidas o que sean ingresados en una institución. Sin embargo, las personas deben informar de las caídas a su profesional de la salud, incluso si él o ella no se lo pregunta, porque su profesional de la salud puede sugerir formas de ayudarles a prevenir futuras caídas. Aunque muchos adultos mayores se caen, las caídas no son necesariamente una parte normal del envejecimiento y con frecuencia se pueden prevenir.
La mayoría de las caídas ocurren cuando interaccionan varios factores, que incluyen afecciones físicas que alteran la movilidad o el equilibrio, el uso de ciertos medicamentos, peligros en el medio ambiente y situaciones potencialmente peligrosas. La condición física de una persona se ve afectada por los cambios debidos al envejecimiento, la buena forma física, los trastornos presentes y los fármacos utilizados. Probablemente, el estado físico tiene un efecto más importante sobre el riesgo de caídas que el entorno y las situaciones peligrosas.
Factores de riesgo de caídas
- Afecciones físicas que alteran la movilidad o el equilibrio: Por ejemplo, las personas con enfermedad de Parkinson y problemas de visión (discapacidades físicas que alteran la movilidad o el equilibrio) pueden tropezar con un cable eléctrico (riesgo del entorno) cuando se apresuran a contestar al teléfono (situación potencialmente peligrosa). Las limitaciones en la condición física no solo aumentan el riesgo de caídas, sino que también influyen en cómo responde la persona a los peligros y a las situaciones de riesgo.
- Uso de ciertos medicamentos: Pueden aumentar el riesgo de caídas aquellos que afectan la atención (como los analgésicos opioides, los ansiolíticos y algunos antidepresivos) o los que reducen la presión arterial (como los antihipertensivos, los diuréticos y algunos medicamentos para el corazón).
- Peligros en el medio ambiente: Muchas caídas se deben a los riesgos del entorno. Las caídas pueden darse cuando una persona no percibe un peligro o no responde con la rapidez necesaria después de haberlo percibido.
- Situaciones potencialmente peligrosas: Cualquier movimiento puede ser peligroso, pero el peligro aumenta si la persona se mueve apresuradamente o está distraída. Por ejemplo, andar de prisa para ir al baño (en especial por la noche cuando no se está completamente despierto o cuando la iluminación no es buena) o para contestar al teléfono, o caminar mientras se habla por un teléfono móvil, hace más peligroso el movimiento.
Condiciones físicas que aumentan el riesgo de caídas
- El equilibrio o el caminar
- La visión
- La sensibilidad, en especial en los pies
- La fuerza muscular
- Las capacidades cognitivas
- La tensión arterial o la frecuencia cardíaca
Por ejemplo, la pérdida de fuerza muscular puede impedir que los adultos mayores mantengan o recuperen el equilibrio cuando pisan una superficie irregular o se golpean. Con el envejecimiento, las personas se vuelven menos capaces de calibrar la separación entre los objetos y pueden necesitar una luz más brillante para ver bien. El deterioro cognitivo puede impedir que los adultos mayores recuerden tomar medidas de seguridad al caminar, por ejemplo, aferrarse a la barandilla al subir y bajar escaleras. La presión arterial baja o los latidos cardíacos lentos pueden causar mareos o pérdida de la consciencia. La razón es que los problemas cardíacos pueden reducir la cantidad de sangre que llega al cerebro.
Riesgos del entorno que aumentan el peligro de caídas
- La iluminación inadecuada
- Las alfombras que no están fijadas
- Los suelos resbaladizos
- Los cables eléctricos y alargadores u otros objetos que se encuentran en las zonas de paso
- Las aceras irregulares y los bordillos rotos
- Entornos desconocidos
Prevención de caídas y golpes en la cabeza
Para proteger la salud y bienestar de las personas mayores, se deben implementar medidas para prevenir los golpes en la cabeza. Aquí hay algunas recomendaciones prácticas para minimizar los riesgos:
- Instalar pasamanos en escaleras y baños: Los pasamanos brindan apoyo adicional y reducen el riesgo de caídas en áreas donde los resbalones son comunes.
- Mantener áreas bien iluminadas: Una buena iluminación ayuda a prevenir accidentes al permitir que las personas vean claramente su entorno y eviten obstáculos.
- Utilizar alfombras antideslizantes: Colocar alfombras antideslizantes en áreas propensas a la humedad, como baños y cocinas, reduce el riesgo de resbalones.
- Realizar ejercicios que mejoren el equilibrio: Actividades como el tai chi o ejercicios de equilibrio pueden fortalecer los músculos y mejorar la estabilidad, disminuyendo las caídas.
- Supervisar actividades: Supervisar a las personas mayores durante actividades que implican un mayor riesgo de caída, como subir escaleras o caminar en terrenos irregulares.
- Utilizar cascos protectores en actividades deportivas: Si las personas mayores participan en actividades deportivas o recreativas, el uso de cascos puede prevenir lesiones graves en la cabeza.
- Evitar colocar objetos en zonas altas: Asegurarse de que no haya objetos que puedan caerse y golpear al adulto en la cabeza.
- Sentar a la persona ante cualquier malestar: Si la persona presenta algún malestar que pueda implicar una caída o desmayo, sentarla inmediatamente.
- Proteger la cabeza en casos de patologías graves: En casos donde exista una patología grave de desorientación o que implique autolesiones, proteger su cabeza con un casco.
- Tener lo necesario a mano: Procurar que todo lo que necesiten en el día a día lo tengan a mano para que no tengan que subirse a altillos y que se dé una posible caída.
- Hacer ejercicio con regularidad: La resistencia o el entrenamiento con pesas pueden ayudar a fortalecer las piernas débiles y así mejorar la estabilidad al caminar. El tai chi y los ejercicios de equilibrio, como aguantarse sobre un solo pie, ayudan a mejorar el equilibrio corporal.
- Utilizar calzado apropiado: Los mejores calzados son los que tienen suelas firmes y antideslizantes, tacones bajos y cierto apoyo para el tobillo.
- Incorporarse lentamente: Después de haber estado sentado o acostado, incorporarse lentamente y esperar unos segundos antes de comenzar a moverse. Esta precaución puede ayudar a prevenir mareos, ya que da tiempo al organismo a adaptarse al cambio de posición.
- Aprender una maniobra simple de la cabeza: La maniobra de Epley puede ayudar a algunas personas mayores que tienen un tipo de vértigo llamado vértigo posicional paroxístico benigno.
Síndrome de la cabeza caída en ancianos
El síndrome de la cabeza caída se caracteriza por cifosis cervical reductible de «mentón en tórax» secundaria a la debilidad severa de los músculos extensores de la cabeza. Se denomina síndrome de cabeza caída plus cuando existe debilidad más extensa que además de afectar a la cabeza implica afectación de la cintura escapular.
Se ha descrito fundamentalmente en enfermedades neuromusculares: polimiositis, polineuropatía desmielinizante inflamatoria crónica, miastenia gravis, esclerosis lateral amiotrófica, miositis por cuerpos de inclusión. Existen descripciones en enfermedades metabólicas como hipotiroidismo e hiperparatiroidismo. En personas ancianas sin otra afección, también se ha descrito este síndrome como una miopatía no inflamatoria aislada de los músculos extensores del cuello. Pueden parecer una cabeza caída, la enfermedad de Parkinson y otros parkinsonismos por rigidez de la musculatura flexora cervical, así como la espondilitis y la hiperostosis anquilosantes que presentan una cifosis irreductible.
Un caso interesante fue el de una mujer de 85 años con antecedentes de hipertensión arterial y vasculopatía periférica, sin deformidad cifótica previa, que consultó por debilidad progresiva de la musculatura extensora cervical hasta llegar a la cabeza caída en pocos meses. La exploración evidenció paresia grave de la extensión cervical con cabeza caída reducible sin resistencia. El electromiograma (EMG) mostró ciertos rasgos miógenos en musculatura paravertebral cervical. Tras el diagnóstico de variante localizada de polimiositis, se inició tratamiento con inmunoglobulinas iv, objetivando rápida y completa mejoría.
La cabeza caída, bien por debilidad muscular, rigidez o anquilosis, no es infrecuente en el anciano. Muchas veces es difícil llegar al diagnóstico etiológico, siendo importante descartar la afección más frecuente en este grupo etario.
Conmoción cerebral: Todo lo que tienes que saber
Tratamiento de las lesiones por caídas
La prioridad fundamental es el tratamiento de las lesiones, como las lesiones en la cabeza, las fracturas, los esguinces y las heridas musculares. La siguiente prioridad consiste en prevenir posteriores caídas tratando las enfermedades que pueden haber contribuido a la caída. Por ejemplo, en personas con un ritmo cardíaco muy lento acompañado de sensación de mareo, se podrá considerar la opción de instalar un marcapasos. Si es posible, se interrumpe el tratamiento con cualquier fármaco potencialmente perjudicial, se reduce la dosis o se sustituye por otros fármacos.
Los fisioterapeutas y terapeutas ocupacionales pueden ayudar a mejorar la marcha y el equilibrio, así como la confianza en uno mismo después de una caída. Pueden dar consejos sobre cómo evitar las caídas. Además, los terapeutas pueden animar a la persona para que siga activa. La fisioterapia, los ejercicios supervisados de equilibrio y los estiramientos ayudan a reducir el riesgo de caídas.