La sarcopenia es uno de los principales síndromes geriátricos, asociada con limitación en las actividades de la vida diaria, discapacidad y mortalidad en la población adulta mayor. Su definición, criterios diagnósticos y puntos de corte son diversos en la literatura, lo que dificulta su diagnóstico.
Esta condición se ha definido como un síndrome o enfermedad caracterizado por la pérdida de la masa y función muscular asociada al proceso de envejecimiento. Debido a su impacto funcional, la sarcopenia debería ser diagnosticada precozmente en adultos mayores por terapeutas ocupacionales, kinesiólogos y fisioterapeutas, para prevenir y tratar futuras complicaciones clínicas y funcionales en esta población.
Etiología y Progresión de la Sarcopenia
El envejecimiento se relaciona con cambios en la composición corporal, siendo la sarcopenia uno de estos cambios. Es considerada la pérdida de masa muscular esquelética que se produce con la edad, uno de los principales factores que inducen un deterioro en la calidad de vida de los individuos afectados, provocando una inactividad física progresiva que acelera la pérdida de músculo.
El descenso de la masa muscular que acontece a lo largo del proceso de envejecimiento no es un fenómeno aislado, sino que está fuertemente ligado a un paralelo aumento de la masa grasa. Tras alcanzar la edad adulta, los seres humanos y la mayoría de los mamíferos sufren un declive progresivo de la fuerza y masa muscular a medida que transcurre el tiempo. Dicho declive comienza progresivamente alrededor de los 30 años de edad, con una pérdida especialmente acelerada después de los 60 años. Esta situación es acompañada por una pérdida de capacidad funcional y un aumento de la grasa en el músculo. Estos factores tienen repercusiones negativas sustanciales en la calidad de vida de las personas mayores, siendo causa de debilidad, dependencia y un aumento de la morbi-mortalidad.
Este progresivo proceso degenerativo de la función muscular, en su estructura y función, es conocido como sarcopenia (del griego sarco: músculo, y penia: pérdida).
Factores Fisiopatológicos
La sarcopenia asociada a la edad parece depender del proceso de inflamación crónica que afecta a la mayoría de personas mayores, agravado por la infiltración de grasa en el músculo y la obesidad sarcopénica. El paso de los años no afecta por igual a todos los tipos de fibras musculares, siendo las fibras tipo II las que más se ven afectadas. Este hecho conlleva una importante incapacidad funcional por la mayor capacidad de este tipo de fibras de producir fuerza explosiva y potencia, debido a su menor resistencia a la denervación, a las deficiencias en la expresión genética de miosina tipo II, y a la menor resistencia frente al estrés oxidativo.
La reducción en la cantidad de fibras musculares también se debe a factores intrínsecos en los miocitos. Igualmente, en las personas mayores la disfunción de las mitocondrias musculares está acelerada. Dicho efecto perjudicial es causado por la acumulación de daño al ADN, que a su vez, afecta negativamente al ritmo metabólico, la síntesis proteica y la producción de ATP. Todos estos efectos culminan en la muerte de la fibra muscular.

Criterios Diagnósticos y Evaluación de la Sarcopenia
A pesar de tener una definición similar en los consensos internacionales, no hay una total concordancia entre los criterios y evaluaciones diagnósticas de la sarcopenia. La tendencia actual incluye en el cuadro sarcopénico no solo la pérdida de masa muscular por debajo de unos valores de referencia de sujetos jóvenes sanos, sino también otros parámetros relacionados con la fuerza, la capacidad funcional y la cantidad de grasa corporal.
Métodos de Evaluación
La sarcopenia puede ser detectada utilizando evaluaciones funcionales de fuerza muscular, velocidad de la marcha y equilibrio, que son frecuentemente utilizados por profesionales del área de la rehabilitación. Adicionalmente, el riesgo de sarcopenia puede ser identificado utilizando los cuestionarios SARC-F y SARC-CalF.
El diagnóstico es probable si se demuestra una pérdida de fuerza muscular, ya sea mediante la prueba de fuerza de agarre manual (handgrip) o la prueba de levantarse de una silla sin apoyo de las manos (chair stand test). Se confirma el diagnóstico si a esto se le añade una prueba que demuestre baja masa muscular, para lo cual la absorciometría fotónica dual de rayos X (DXA) es el método más recomendado, o una baja calidad muscular.
Puntos de Corte
Los principales puntos de corte usados en la mayoría de los estudios para definir la sarcopenia vienen determinados por autores como Baumgartner et al. (1998) y Janssen et al. (2002). Baumgartner definió la sarcopenia como la masa muscular esquelética apendicular dividida por la altura al cuadrado en metros (índice de masa muscular) dos desviaciones estándar o más por debajo de los valores de referencia para individuos jóvenes y saludables, medida con DXA. Por su parte, Janssen propuso convertir la masa muscular esquelética absoluta (kg) en porcentaje del peso y definir sarcopenia como más de una desviación estándar por debajo de los valores de referencia para individuos jóvenes y saludables determinada mediante impedancia bioeléctrica. El hecho de que todavía no exista un consenso en el nivel de masa muscular por debajo del cual diagnosticar la sarcopenia, hace que la prevalencia de esta patología pueda tener grandes variaciones entre estudios.
La Velocidad de la Marcha como Indicador Clave
La velocidad de la marcha es un indicador crucial de la capacidad funcional. Concretamente, la debilidad muscular en las extremidades inferiores es un colaborador primario independiente de la reducción de la velocidad de la marcha (Buchner et al., 1997), las caídas y la discapacidad funcional. Un caso severo de sarcopenia se presenta al demostrar una prueba de la marcha menor a 0.8 m/s.
Test de la velocidad de la marcha
Sarcopenia y Obesidad Sarcopénica
Existe una buena razón para sospechar que la sarcopenia y la obesidad se refuerzan mutuamente a distintos niveles, tanto en lo comportamental como en lo biológico. A medida que la persona envejece, sus niveles de actividad física se reducen, disminuyéndose así el efecto trófico más importante sobre el músculo, mientras que simultáneamente se predisponen a las personas a tener un balance calórico positivo y, por tanto, a ganar peso graso. Debido a esta actuación sinérgica del tejido graso y muscular, en personas mayores aparece un nuevo concepto de vital importancia: la obesidad sarcopénica.
Debido a la relativa novedad de este concepto, todavía no existe un consenso en cuanto a su cálculo y, por ello, actualmente existen diferentes definiciones de la misma que pueden hacer variar los resultados encontrados entre estudios. Evidencias disponibles indican que cuando la obesidad y la disfunción muscular coexisten actúan sinérgicamente sobre el riesgo de desarrollar múltiples problemas de salud relacionados. Por ejemplo, Baumgartner et al. (2004) observaron que los sujetos mayores con obesidad sarcopénica al inicio de un programa tuvieron 2 veces más riesgo de presentar discapacidad o limitación funcional en las actividades instrumentales de la vida cotidiana que aquellos que no presentaban obesidad sarcopénica. El uso de la masa muscular como indicador de sarcopenia, en vez de una baja fuerza muscular o capacidad contráctil, podría explicar parcialmente por qué algunos estudios no encuentran una asociación negativa entre obesidad sarcopénica y rendimiento físico.
Implicaciones Clínicas de la Sarcopenia
Sarcopenia en el Adulto Mayor Hospitalizado
Un estudio realizado en adultos mayores hospitalizados (Chávez-Moreno, Infante-Sierra y Serralde-Zúñiga) tuvo como objetivo evaluar la prevalencia de sarcopenia y su asociación con la funcionalidad para realizar las actividades básicas de la vida diaria (ABVD). Se incluyeron 102 pacientes (41 mujeres, 61 hombres) con una edad media de 71±8.6 años. La prevalencia global de sarcopenia fue del 27.5%, siendo mayor en los hombres (RR 1.33; IC95% 1.06-1.67 p<0.05). A mayor edad se observó disminución significativa de la fuerza prensil (r=-.341) y la masa muscular esquelética apendicular (r=-.231). La sarcopenia se asoció a mayor dependencia en ambos géneros (p<0.05). Las conclusiones indicaron que la sarcopenia es una condición frecuente en los adultos mayores hospitalizados, asociada con el deterioro de la funcionalidad, y que identificarla permite realizar su prevención primaria o secundaria y tratarla oportunamente.
Sarcopenia en el Paciente Oncológico y Toxicidad a la Quimioterapia
El interés sobre el envejecimiento ha crecido exponencialmente, con la discapacidad y la fragilidad de los tejidos como foco de investigación. La fragilidad, asociada a un estado de reserva fisiológica disminuida, implica una mayor vulnerabilidad. La sarcopenia juega un papel determinante en la fisiopatología de la fragilidad, predisponiendo a caídas, deterioro funcional, discapacidad, uso de recursos hospitalarios y sociales, peor calidad de vida y, finalmente, la muerte.
La prevalencia de la sarcopenia es muy alta: 30% en la población por encima de los 65 años de edad y más del 50% en los individuos por encima de los 80 años de edad. En el campo de la Oncología Médica, la administración de quimioterapia representa una situación de estrés significativa para el anciano. En distintas series de pacientes con cáncer, la sarcopenia se asocia a una peor supervivencia global, así como a un mayor riesgo de toxicidad de la quimioterapia.
El proyecto ONCOSARCO se planteó con objetivos primarios como la creación de un índice predictor de toxicidad a la quimioterapia en ancianos oncológicos basado en la presencia de sarcopenia, y evaluar cuál es el mejor parámetro asociado a la tolerancia a la quimioterapia en ancianos con cáncer: la sarcopenia o la fragilidad. Los objetivos secundarios incluyen conocer la prevalencia de sarcopenia y fragilidad en ancianos oncológicos, su relación y establecer límites de normalidad de parámetros como la fuerza prensora palmar cilíndrica, esférica, de pinza, la fuerza de flexión de extremidades inferiores y el índice de masa muscular esquelética.
El estudio ONCOSARCO es un estudio descriptivo longitudinal de series de casos, de seguimiento de una cohorte. Los pacientes son mayores de 70 años con diagnóstico de cáncer, pendientes de iniciar quimioterapia, con capacidad para realizar las pruebas (movilidad de extremidades superiores e inferiores, bipedestación para impedanciometría) y con consentimiento informado. Se recogen datos sociodemográficos, variables asociadas a la toxicidad del tratamiento (hospitalización, suspensión de tratamiento, institucionalización), tipo y estadio tumoral, y variables relacionadas con el tratamiento con quimioterapia (régimen adaptado, dosis, duración). Las variables de masa muscular (índice de masa muscular esquelética mediante impedanciometría con el impedanciómetro Tanita BC-418 Segmental y fórmula de Jannsen) y fuerza muscular (fuerza de prensión palmar cilíndrica con dinamómetro Jamar, fuerza de prensión palmar esférica con vigorímetro, fuerza de pinza con Jamar Pinch Gauge, fuerza de flexión de cadera y extensión de rodilla con Manual Push-Pull Dynamometer de Jamar) son evaluadas rigurosamente.
Se espera que del análisis definitivo de este proyecto puedan encontrarse factores predictores de toxicidad a quimioterapia en ancianos oncológicos.
Estrategias de Prevención y Tratamiento de la Sarcopenia
Tanto el ejercicio físico como la nutrición y los tratamientos farmacológicos han sido propuestos como mecanismos de prevención y tratamiento de la sarcopenia. Sin embargo, hasta la fecha, los procedimientos farmacológicos no han demostrado ser eficaces en la prevención de la sarcopenia en seres humanos. Por el contrario, las medidas preventivas consistentes en la práctica regular de ejercicio físico y una dieta equilibrada durante toda la vida parecen ser los únicos medios de enlentecer y paliar el deterioro muscular y funcional que supone la sarcopenia.
El Papel del Ejercicio de Fuerza
Se han visto incrementos de masa muscular (hipertrofia muscular), fuerza y capacidad funcional tras la realización de programas de ejercicio con diferentes protocolos. El ejercicio de mayor intensidad está generalmente considerado como el enfoque preferido para contrarrestar el declive muscular asociado con la edad, frente a las modalidades de actividades físicas de baja a moderada intensidad como el andar.
Es en especial el ejercicio de fuerza o contra resistencias el que ha demostrado mayor eficacia en el tratamiento y prevención de la sarcopenia, y al que mayor atención se está prestando desde la comunidad científica en los últimos años. Puesto que la fuerza muscular y la masa magra son predictores de invalidez y déficit funcional, el entrenamiento de fuerza está considerado habitualmente como la mejor modalidad de ejercicio para preservar la capacidad funcional del sistema muscular, sin menospreciar los beneficios emanados del entrenamiento de otros componentes (resistencia aeróbica, equilibrio, flexibilidad).
El entrenamiento de fuerza no solo ha demostrado ser particularmente efectivo para aumentar la fuerza y el tejido muscular magro, sino que también es seguro para el adulto mayor. Aunque ha existido poco consenso científico sobre la apropiada estrategia de prescripción y/o progresión de la dosis de entrenamiento de fuerza para el adulto mayor, las recomendaciones actuales sugieren que la dosis de entrenamiento debe progresar en el tiempo al igual que en sujetos jóvenes y adultos. Esto implica una manipulación sistemática de todos los componentes de la dosis de ejercicio: volumen, intensidad, frecuencia de entrenamiento, intervalo de recuperación, velocidad de ejecución, tipo de ejercicio, etc.
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