Boris Becker es, sin duda, una de las figuras más emblemáticas y legendarias del tenis mundial. Durante sus quince años de carrera profesional, alcanzó la cima de este deporte, acumulando 49 títulos, entre los que destacan seis prestigiosas coronas de Grand Slam: dos Australian Open, tres Wimbledon y un US Open. Fue un pionero, un campeón con un estilo de juego demoledor que le valió el apodo de "Bum-bum Becker". Sin embargo, su vida no ha sido solo una sucesión de victorias, sino también un camino marcado por intensos desafíos personales y legales que lo han llevado del estrellato a situaciones complejas.

Controversias Legales y Sentencia de Prisión
A pesar de su éxito en las canchas y de haber amasado una fortuna considerable (más de 25 millones de dólares por sus 49 trofeos), la vida fuera del tenis de Becker estuvo plagada de dificultades. En 2017, el exdeportista se declaró en bancarrota ante un tribunal británico. La situación escaló drásticamente en abril de 2022, cuando fue condenado a dos años y medio de cárcel por ocultar casi 3 millones de euros, además de activos y préstamos, tras haberse declarado en bancarrota por el impago de un préstamo de 3,7 millones. Esta condena fue por cuatro de los 29 delitos de los que fue acusado: sustracción de propiedad, dos cargos de no revelación de su patrimonio y encubrimiento de deuda.
La Condena y su Impacto
La sentencia impactó al mundo del tenis y fue un duro golpe para el exdeportista. La jueza Deborah Taylor, en el momento de dictar sentencia, reprochó su actuar, señalando: “Ha perdido usted su carrera y su reputación, así como todo su patrimonio. Resulta notable que no haya mostrado ninguna señal de arrepentimiento o de reconocimiento de su culpabilidad”. La magistrada añadió: “Entiendo la humillación que usted ha podido sufrir durante todo este proceso, pero ha sido incapaz de mostrar nada de humildad”.
Becker mismo reflexionó sobre este período, afirmando que había "perdido al 95% de mis amigos" durante su estancia en prisión, y que ahora que vive una buena vida en Milán, ha rechazado a muchos que quieren "volver a ser mis amigos". El proceso fue largo, de 2019 a 2022, y Becker se despidió de su familia antes de escuchar la sentencia, sin saber cuándo volvería a verles. Describió el sistema como "brutal", donde "si te declaran culpable, pasas directamente a un sótano” y de ahí a prisión.
La Vida en Prisión: De Wandsworth a Huntercombe
Inicialmente, Becker, quien también fue exentrenador de Novak Djokovic, cumplió parte de su condena en la cárcel de Wandsworth, uno de los mayores penales del Reino Unido, a solo dos kilómetros de la pista donde alcanzó la gloria deportiva. Sin embargo, los primeros meses fueron difíciles, ya que se quejó por el encierro y el espacio reducido de su celda. Posteriormente, fue trasladado al penal de Huntercombe en Inglaterra, una prisión de categoría C, conocida por sus condiciones abiertas y por albergar a delincuentes procedentes del extranjero. Allí compartió espacio y cotidianeidad con "asesinos, pedófilos y todo tipo de criminales", aunque finalmente solo tuvo que cumplir ocho de los 30 meses de su condena.
Este cambio tampoco estuvo exento de polémica. Parientes de otros reclusos reclamaron por un supuesto trato preferencial para Becker, ya que escaló rápidamente en el rango interno de la prisión. Se le asignó trabajo como asistente de clase de ciencias deportivas e instructor de un “tipo especial de yoga y meditación”. Según el tabloide británico The Sun, Becker también dedicó tiempo a enseñar filosofía, en particular la antigua filosofía griega que alienta a vivir virtuosamente para soportar las desgracias de la vida, lo que no solo le benefició a él sino también a otros presos. Este nuevo panorama habría mejorado ostensiblemente el estado de ánimo del alemán.
El abogado de Becker, Christian-Oliver Moser, consignó que “Mi cliente está bien dadas las circunstancias y se ha integrado constructivamente en la vida diaria. Puede llamar por teléfono cuando quiera y comunicarse con el mundo exterior”, una situación que fue refrendada por la prensa.
En su libro Inside (“Dentro”), Becker decidió contar su propia verdad sobre esta experiencia. "En lugar de dejar que escriba sobre mí gente que nunca me ha conocido, me parecía importante contar mi propia verdad", explicaba en su llegada a La Revuelta. Reflexionó que fuera de las pistas, su vida ha sido "una auténtica montaña rusa", y que tras el éxito deportivo "te acostumbras a un cierto nivel de vida y te vuelves demasiado cómodo", lo que junto a dos divorcios y malas decisiones profesionales le llevó a la "insolvencia" y a cometer un "error técnico" con los plazos.
Boris Becker, a la cárcel por evasión
Reflexiones de Vida y Nacionalidad
La vida de Becker, especialmente después de sus experiencias legales, lo ha llevado a una profunda reflexión. Al cumplir 50 años, el ex tenista hizo un balance de su vida, marcando este medio siglo como una edad para mirar hacia atrás y hacia adelante. Los 50 es una edad donde uno puede hacer balance de su vida y mirar todo el camino que recorrió y ver hacia dónde quiere llegar.
El Camino a la Gloria y el Precio del Éxito
Desde sus inicios, Becker tuvo que luchar arduamente para llegar a la cima. Günter Bosch, su mentor de la infancia, recordaba que Boris era un niño "muy débil", con "barriga y sus piernas eran gruesas y pesadas". La Federación alemana incluso llegó a dudar de su potencial, sugiriéndole jugar con niñas, una experiencia que Becker transformó en fuente de inspiración y fuerza. Como afirmó Paul Zimmer, amigo de infancia, "Cuando ganó Wimbledon, ese día, nació una leyenda".
Sin embargo, la gloria temprana tuvo un alto precio. Becker reconoció que aún padece las secuelas físicas del profesionalismo: "Todavía estoy pagando el precio. Sufro del llamado codo de tenista y tengo problemas en la rodilla. También tengo daños en la cadera y una articulación del tobillo rota". El propio Becker, años después, confesó que hubiera preferido ganar Wimbledon no con 17 sino con 23 o 24 años, debido al inmenso peso de la fama y el escrutinio público que lo convirtieron en "propiedad pública". El acoso de los medios se hizo insoportable y su vida privada prácticamente había terminado, necesitando protección y guardaespaldas. Tras una derrota, le abucheaban o le insultaban por la calle.
Una Identidad Compleja: Alemán de Nacimiento, Inglés de Corazón
Una de las revelaciones más personales de Becker ha sido su compleja relación con su identidad nacional. "No me siento alemán", afirmó en un documental, "probablemente, nunca regrese a Alemania. Aunque mi pasaporte diga que soy alemán, me siento inglés. Mi casa está en Londres". Este sentimiento se arraigó desde aquel 1 de julio de 1985, cuando con solo 17 años y 7 meses se convirtió en el jugador más joven en ganar Wimbledon. Su deseo, si no está en este mundo, es ser enterrado "en el viejo cementerio de Wimbledon", a pocos pasos de donde hizo sus grandes hazañas. Él se siente inglés desde aquel día.
A sus 50 años, Boris afirma "ser hombre por primera vez", después de dejar atrás todo lo que le había "ahogando". No niega sus problemas económicos, pero asegura que no son tan graves como los ha pintado la prensa, viéndolos como una forma de comenzar y volver a vivir una vida nueva.
En 2024, Becker volvió a contraer matrimonio con "la mujer que me salvó" y, a sus 58 años, ha vuelto a ser padre de una niña. Un reflejo de su madurez es su comprensión de la frase que siempre le decía su madre: “Tu vida es feliz si tu mujer está feliz. Tardé en entenderlo, pero ahora lo entiendo”.
El Legado en el Tenis y su Influencia
Becker fue un pilar en la transformación del tenis. Su juego, caracterizado por la potencia y la fuerza, marcó un antes y un después, especialmente con el auge de las raquetas de metal sobre la madera. De algún modo, representó mejor que nadie el cambio que se estaba produciendo a mediados-finales de los años 80 del siglo pasado, continuando la senda iniciada por Lendl, pionero del fitness en el tenis. Fue uno de los primeros "bombarderos", jugadores con un saque devastador capaz por sí solo de desequilibrar cualquier partido. Poseedor de un físico fenomenal y una actitud intimidante en la cancha (McEnroe lo describe como "Chaval, tienes suerte de que no ganáramos la Segunda Guerra Mundial"), también fue un exponente del tenis pasional, un jugador emocional en contraste con la frialdad de otros campeones como Lendl o Steffi Graf. Quizás por ello, su agente Ion Tiriac, en su momento, dijo que Becker debió haber ganado tres veces más títulos de los que obtuvo.
Pionero del Tenis Moderno y su Fama Precoz
A una edad en que ni siquiera podía sacarse el carné de conducir, con solo 17 años y 227 días, se convirtió en el campeón más joven de la historia en ganar Wimbledon, un récord aún imbatido. Además, fue el primer jugador no cabeza de serie y el primer alemán en lograrlo, volviendo a ganar en 1986 y 1989. Este hito lo catapultó a la fama, siendo descrito por la cadena americana CBS como “el primer héroe nacional alemán desde la derrota de Alemania en la Segunda Guerra Mundial”. El mismo McEnroe, quien se enfrentó a él en no pocas ocasiones, confiesa en su autobiografía que Becker ha sido probablemente el tenista que más ha tenido que soportar el peso de la fama, quizás solo comparable a Borg.

Su Influencia en las Grandes Figuras
Su estatus de leyenda le permitió interactuar directamente con las generaciones posteriores de tenistas dominantes. Novak Djokovic lo llamó en 2012 para que fuera su entrenador, buscando superar a Rafa Nadal, a quien conoció desde muy pequeño. Su tío Toni pidió opinión a la leyenda alemana en los inicios de Rafa, y este aconsejó al de Manacor que jugara con una mano y no con dos. Con Roger Federer, a quien también conoció de niño, incluso intentó convencerlo para que representara a Alemania en lugar de Suiza, dada su procedencia de Basilea, una ciudad fronteriza entre ambos países.
La Controversia por la Inmunidad Diplomática
En medio de sus problemas financieros, Becker protagonizó otra singular controversia al anunciar en abril de 2018 que iniciaba una carrera en la diplomacia. Declaró haber sido nombrado "Agregado de Asuntos Deportivos/Humanitarios/Culturales de la República Centroafricana (RCA) en la Unión Europea".
Nombramiento como Agregado
La intención detrás de este nombramiento, según él mismo, era reclamar inmunidad diplomática para evitar ser juzgado en Reino Unido por sus presuntas deudas. Becker aseguraba que su cargo le otorgaba protección ante cualquier demanda legal, buscando así "poner fin a esta farsa" y defendiendo que los procedimientos en su contra eran "injustificados e injustos" y que haber sido declarado en bancarrota "me infligía una gran cantidad de daño". Pese a la sorpresa general, una foto del extenista apareció en la página de la embajada de la RCA en Bruselas, describiéndolo como agregado para deporte, cultura y asuntos humanitarios.
La Disputa por la Inmunidad
La defensa de Becker presentó sus alegaciones en la Alta Corte de Reino Unido, declarando: "Esto significa que (Becker) no puede ser sometido a un proceso legal en las cortes de ningún país mientras siga siendo un agente diplomático reconocido". Sin embargo, este reclamo generó confusión. Paul Adams, corresponsal de asuntos diplomáticos de la BBC, reportó que el gobierno de la RCA parecía no tener claro el cargo de Becker, y un funcionario de ese país aseguró no saber que tal puesto existiera.
La República Centroafricana: Un Contexto Complejo
La República Centroafricana es uno de los países más pobres del mundo, sumido en un conflicto civil y una crisis humanitaria, a pesar de ser rica en diamantes, oro, petróleo y uranio. Su inestabilidad se remonta a la independencia de Francia en 1960; su crisis se renovó cuando los rebeldes tomaron el poder en 2013. Actualmente, el 27% de la población (1,2 millones de personas) ha huido de sus hogares, y 2 millones necesitan ayuda alimentaria, el 45% de la población. El gobierno solo controla la capital, y en el país están desplegados 14.000 soldados de paz de la ONU. La esperanza de vida es de 48 años para los hombres y 51 para las mujeres. Este contexto de profunda crisis hizo aún más llamativo el nombramiento de una figura internacional como Becker en un rol diplomático.