En Punta Arenas, las personas con discapacidad enfrentan barreras constantes que dificultan su integración plena en la vida cotidiana. Estas dificultades abarcan desde la infraestructura urbana y el transporte público hasta la realización de trámites y el acceso a la tecnología, evidenciando una falta de consideración en el diseño y la planificación de la ciudad.
Desafíos en la infraestructura y el espacio público
Accesibilidad en edificios y rampas
El acceso a los espacios públicos es uno de los mayores problemas, especialmente para las personas con discapacidad visual. A pesar de algunos esfuerzos en infraestructura, las rampas son escasas o están mal diseñadas, con inclinaciones que no cumplen con los estándares de accesibilidad universal. La situación se agrava en edificios patrimoniales, donde las modificaciones suelen ser limitadas, perpetuando barreras físicas significativas.
Calles y cruces peatonales

Las constantes obras en las calles de la ciudad a menudo no consideran medidas de protección para quienes dependen del uso de bastones para moverse. Incluso en áreas renovadas del centro, donde se han realizado inversiones para mejorar su apariencia, las personas con discapacidad visual no han sido consideradas adecuadamente. La falta de detalles como guías podotáctiles y señales claras crea un entorno hostil para quienes no pueden ver. Los cruces peatonales, por su parte, carecen de sistemas auditivos que indiquen cuándo es seguro cruzar, lo que aumenta considerablemente los riesgos de accidentes.
Casos específicos: Plaza Muñoz Gamero y calle Bories
Las personas con discapacidad visual y los socios de la Agrupación de Amigos de los Ciegos (Agaci) definen la Plaza Muñoz Gamero como un "campo minado". El tipo de baldosa utilizada en su construcción y los "molos de tensión" resultan tremendamente peligrosos para alguien que es ciego. Ester Andrade Oyarzo, presidenta de Agaci, detalla que en construcciones nuevas como esta plaza y la remozada calle Bories, no se diferencia claramente entre la calle y la vereda, dificultando la orientación y el cruce seguro.
Problemas en la movilidad y el transporte
Locomoción pública inaccesible
La locomoción pública presenta serios desafíos. Para personas como Diana, quien ha sufrido caídas en el pasado, movilizarse en taxi se convierte en la principal opción, lo que implica un costo considerable. La falta de paraderos accesibles, equipados con señalización táctil o avisos sonoros, hace que el uso de autobuses o colectivos sea poco seguro para las personas ciegas.
Transporte con accesibilidad a personas con discapacidad visual
Dispersión de oficinas y trámites
La realización de trámites en la ciudad es una tarea compleja para las personas ciegas. La dispersión de oficinas municipales obliga a trasladarse de un edificio a otro, algo especialmente desafiante en una ciudad como Punta Arenas, donde las condiciones climáticas son adversas durante gran parte del año.
Barreras económicas y tecnológicas
Costos de la tecnología de asistencia
La tecnología ha sido una herramienta invaluable para facilitar la vida de las personas con discapacidad visual, sin embargo, también pone de manifiesto las desigualdades existentes. Los celulares con software de accesibilidad, fundamentales para realizar tareas cotidianas, tienen costos prohibitivos para muchos. Diana considera que estos dispositivos deben ser catalogados como ayudas técnicas y ser subsidiados por el Estado para garantizar un acceso equitativo.
Cursos de orientación y movilidad
A pesar de estas dificultades, Diana ha encontrado en los cursos de orientación y movilidad una herramienta esencial para recuperar cierta autonomía. Estos programas, que enseñan a usar el bastón y a reconocer el entorno, requieren dedicación y práctica. En su caso, además, ha tenido que aprender a manejar una condición que afecta su equilibrio, lo que hace que caminar en línea recta sea un desafío constante. "No es sólo tomar el bastón y salir", enfatiza.
La visión de las autoridades y organizaciones
Falta de cambio de mentalidad
Tanto el Servicio Nacional de la Discapacidad (Senadis) como Agaci señalan que para lograr una inclusividad universal falta un "buen trecho", siendo el principal el cambio de mentalidad en la sociedad. La directora regional del Senadis, Cecilia Goldzweig, subraya que los cambios necesarios parten desde lo más básico, es decir, el lenguaje, el cual construye realidades y actualmente solo victimiza o invisibiliza a las personas con discapacidad.
Compromiso y normativa
Desde que Chile firmó la Convención Internacional de Derechos de las Personas con Discapacidad, existe un compromiso internacional que dio origen a la ley que crea el Senadis, implicando velar por estos derechos humanos. Goldzweig explica que "acá cuesta mucho que entendamos que las personas con discapacidad son eso: personas".
Propuestas y desafíos
Senadis ha presentado proyectos a la municipalidad, como la instalación de barreras en la Plaza Muñoz Gamero para brindar seguridad contra el viento, beneficiando no solo a personas con discapacidad sino también a otros grupos vulnerables. La intención "no es hacer infraestructura especial para ellos", sino más bien una infraestructura inclusiva y amigable que le sirva a todos. Sin embargo, estas propuestas no han sido consideradas, lo que demuestra que "nos falta mucho en la región para avanzar en una sociedad más inclusiva".
Para Arturo Saldivia, miembro de Agaci, hace falta una mejor educación y preparación a la ciudadanía respecto a qué es la inclusión universal y las diversas capacidades que tienen todos. Además, existe una lentitud por parte de los organismos del Estado a la hora de implementar proyectos que hagan la ciudad más amable y accesible.
Impacto económico de la falta de inclusión
Estudios como los del Banco Interamericano de Desarrollo arrojan cifras de alrededor del 6% de impacto en el Producto Interno Bruto (PIB) debido a la falta de aporte de las personas con discapacidad, que se origina por la carencia de oportunidades.