El Envejecimiento Global y sus Desafíos
Como efecto del desarrollo del conocimiento y del avance tecnológico en temas de salud, en la actualidad los adultos mayores (AM) son más longevos. De acuerdo con las estadísticas internacionales, se estima que a nivel mundial entre los años 2015 y 2050 las personas mayores de 60 años pasarán de 12% al 22%.

Estas cifras representan para los años venideros un desafío para la salud pública de cualquier país, debido a que durante esta fase del ciclo vital los AM suelen ser más vulnerables como efecto de los diversos cambios propios de la edad. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el envejecimiento es el resultado acumulado de una variedad de daños moleculares y celulares que se da a lo largo del tiempo. Esto inevitablemente conduce a una disminución paulatina de un conjunto de capacidades físicas, sociales, cognitivas y psicológicas, aumentando al mismo tiempo las posibilidades de riesgo de patologías diversas.
El estudio de las distintas etapas en la vida de los seres humanos ha permitido varios aportes científicos acerca de la longevidad. Actualmente, varias ramas de la ciencia estudian los cambios que atraviesa el ser humano al llegar a la tercera edad, incluyendo el impacto del envejecimiento, la jubilación y la calidad de vida de los adultos mayores.
En Europa, España es uno de los países con el índice más alto de personas de la tercera edad, donde la población femenina de adultos mayores supera en un 32% a la población masculina. La mayor concentración de personas de la tercera edad se sitúa en el sector urbano, llegando al millón en ciudades como Madrid y Barcelona. El continente europeo posee índices altos de población gerontológica, marcando significativamente aspectos psicológicos y sociales, lo que incrementa la percepción de temas importantes como la calidad de vida, el autoconcepto y la autoestima, así como su correlación.
En América, Estados Unidos, Cuba, Puerto Rico y Uruguay presentan un mayor porcentaje de población gerontológica, aunque su índice de población adulta mayor es menor que los presentados en Europa, con 76 millones de personas mayores de 60 años. A nivel regional, en Colombia se determinó que la proporción de este grupo etario también crece, siendo la principal barrera para un envejecimiento de calidad el acceso a los servicios sanitarios e inclusión social, aspectos que influyen en la percepción de calidad de vida. Un crecimiento considerable de la población de adultos mayores se observa también en Ecuador, con una representación del 7.4% del total, y se estima que para el 2054 sean el 18% de la población, en su mayoría mujeres.
Salud Mental en la Tercera Edad: Depresión y Autoestima
Está documentado que en los AM los padecimientos neuropsiquiátricos representan un 6.6% de la discapacidad total y que la prevalencia de depresión en estas edades es de alrededor de un 15%. Diversos estudios han revelado que la depresión es un padecimiento multifactorial, definido como un trastorno afectivo caracterizado por sentimientos de tristeza y desesperación acompañado de cansancio constante, y puede afectar a cualquier grupo de edad. Sin embargo, en el AM específicamente se ha encontrado la predominancia de factores influyentes tanto genéticos, biológicos, ambientales y psicológicos.
Las diversas transiciones psicosociales que los AM enfrentan, relativas a la disminución de actividades laborales, muerte de amigos y pareja, y la presencia de enfermedades crónicas degenerativas, suelen ser factores relacionados con la aparición de síntomas depresivos. Por otro lado, una adecuada calidad de vida, el buen funcionamiento psicológico y una actitud positiva frente a los cambios transcendentes acaecidos en su última etapa de vida ayuda a que los AM puedan mantener una óptima salud mental en este contexto.

Desde el punto de vista psicológico, los cambios que produce la llegada de la vejez influyen en la percepción de sí mismo en cuanto a la autorrealización y las actividades de ocio que le permiten percibirse como una persona activa, así como en su nivel de autonomía e independencia. Estos factores incluyen la capacidad de alimentarse, proveerse vestuario y atención sanitaria adecuada, tomando en cuenta que se produce un enlentecimiento de las funciones mentales. Estas habilidades básicas y su desempeño cotidiano determinarán el nivel de calidad de vida que el adulto mayor percibe y cómo se valora a sí mismo.
Esta autoevaluación y juicios afectivos se conocen como autoestima; puede ser positiva o negativa y se vincula con el sentido de estimación, capacidad y merecimiento. Una adecuada autoestima favorece el bienestar psicológico y una percepción más positiva de forma general. En el adulto mayor, esto permite un envejecimiento saludable y de calidad para afrontar los ajustes del ciclo vital. Socialmente repercuten fenómenos como la viudez, la pérdida de amigos, la pérdida de rol social y la jubilación por vejez.
Una interpretación inadecuada de la jubilación, entendida como el cese de la vida laboral por vejez, puede afectar al adulto mayor, sobre todo a aquellos que consideraban el trabajo como una fuente de identidad personal. La autoestima, al ser un eje central en la forma en cómo se interpretan y se asumen las vivencias, debe posicionarse como una prioridad de sanidad, sobre todo en el sector de adultos mayores, ya que una buena autoestima permite generar estrategias emocionales que facilitan la adaptación a esta etapa y, por ende, una mejor calidad de vida.
Investigaciones sobre Depresión y Autoestima en Adultos Mayores
Estudios de Depresión en América Latina
Como se ha señalado, la depresión es un trastorno frecuente en los AM, con consecuencias conocidas en el ámbito de la salud mental, de ahí su importancia y seguimiento. En América Latina, diversas pesquisas han revelado una prevalencia significativa del fenómeno en diferentes poblaciones de AM. Una investigación llevada a cabo en 2020 con un grupo de ancianos ecuatorianos reveló que de los participantes evaluados, un 35.3% presentó depresión leve y un 11.0% depresión moderada. En otro estudio de enfoque cualitativo realizado en una muestra de ciudadanos colombianos, los resultados indicaron que la mayoría de los participantes al momento de ser valorados mostraron índices de depresión en nivel moderado.
En lo que respecta a las investigaciones llevadas a cabo en poblaciones mexicanas, un estudio realizado en residentes del Estado de Yucatán en una muestra de 86 AM de diferentes contextos sociales reveló que un 49.0% de los participantes no mostró índices de depresión, un 20.0% depresión moderada y un 31.3% depresión grave. En otro estudio similar realizado en 2020 con habitantes de Hidalgo, los autores reportaron que un 52.9% de la población encuestada manifestó presentar depresión en el nivel leve y un 5.8% en nivel moderado.
Estudios de Autoestima y su Relación con la Depresión
Una autoestima alta es una variable subjetiva con una vinculación directa con una adecuada calidad de vida y una correcta funcionalidad psicológica en el AM. Contrariamente, cuando sus índices son bajos, suele ocasionar diversos malestares psicológicos como trastornos del sueño, del apetito, cansancio y falta de concentración, generando un deterioro general en la salud mental. De ahí que su estudio haya sido de gran interés para ser investigada en diversas poblaciones.
En una investigación llevada a cabo con un grupo de 319 AM ecuatorianos, los autores reportaron encontrar en los participantes niveles bajos de autoestima en un 9.7%, medio en un 65.8% y alta en un 24.5%. Contrariamente, en un estudio similar en este mismo país se reportó para el nivel bajo de autoestima un índice mucho mayor, de un 69.0%, para el nivel medio un 17.2% y para el nivel alto solo un 13.1%.
En México, un estudio llevado a cabo en 2019 en un grupo de AM habitantes del Estado de Hidalgo, reportó que un 48.0% de los participantes manifestó un nivel de autoestima medio, un 40.0% índices altos y un 12% restante baja. Estudios previos realizados con el propósito de medir la relación entre depresión y autoestima en AM no han sido del todo concluyentes. Un estudio específico utilizó el coeficiente de correlación de Pearson, arrojando que entre las variables existe una relación estadística negativa moderada; esto puede representar que para la población estudiada, si la variable autoestima aumenta, la variable depresión disminuye. Esta estimación es únicamente matemática, revelando la medida de la intensidad de la relación entre estas dos variables inversamente.
Un estudio cuantitativo no experimental, descriptivo y correlacional, realizado en una colonia urbana de Ciudad del Carmen, Campeche, México, contó con una muestra de 50 adultos mayores de entre 65 y 90 años (media de edad de 71.38 años), de los cuales un 62% eran mujeres (31) y un 38% hombres (19). Para la depresión, el nivel "sin síntoma" fue el de mayor frecuencia con un 56% (n=28) y para la autoestima, el nivel "alto" fue el más recurrente con un 54.0% (n=27). Al analizar los resultados por género, se encontró que un 32% (n=16) de las encuestadas femeninas no revelaron sintomatología depresiva, siendo este resultado relativamente menor al reportado por los colaboradores del género masculino, que fue de 24% (n=12). En cuanto a los resultados del nivel de autoestima según el género, se encontró que los participantes femeninos y masculinos obtuvieron resultados porcentuales relativamente similares en el nivel "alto".
Autoestima en Adultos Mayores Institucionalizados: Un Foco de Investigación
El objetivo de este trabajo es evaluar el grado de autoestima del adulto mayor institucionalizado en la ciudad de Morelia, Michoacán, México. Se trata de una investigación basada en una metodología cuantitativa, de tipo descriptiva-correlacional, con un diseño no experimental y de corte transversal. Por medio de un muestreo no probabilístico, seleccionado por conveniencia, se alcanzó la participación de 48 adultos mayores, cuya edad oscilaba entre los 69 y 93 años y quienes se encontraban en situación de institucionalización en el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) de la capital michoacana. Los principales hallazgos reportan que dos de cada tres adultos mayores presentan una autoestima de regular a alta. Asimismo, se encontró relación con la escolaridad, la decisión de la institucionalización y con el hecho de que la pareja se encuentre en situación de institucionalización.

La calidad de vida es un fenómeno que acarrea transformaciones en la sociedad y considera factores relacionados con la salud de las personas, las modificaciones en la estructura familiar y el crecimiento poblacional de adultos mayores. El enfoque actual para el envejecimiento activo y saludable es la calidad de vida, la cual se define en términos de la valoración subjetiva (percepción) que tenga la persona de su estatus en la vida. La calidad de vida se puede evaluar desde indicadores dimensionales como el bienestar físico y emocional, la inclusión y participación social, el desarrollo personal, las relaciones interpersonales y el acceso y goce de los derechos, incluidos los que garanticen el bienestar en el trabajo.
Un estudio en adultos mayores ecuatorianos evidenció que la calidad de vida de los participantes en su mayoría se manifestó con niveles bajos (77%); mientras que el 23% restante contaba con calidad de vida media. Sobre la variable de autoestima, predominaron las categorías diagnósticas de autoestima baja con el 76%, seguida por la categoría de autoestima media (24%), sin presentarse casos que evidenciaran autoestima alta. Esto con una mayor afectación en los hombres y menor presencia en las mujeres, así como en el rango de edad de 81-85 años. Al analizar variables sociodemográficas y los índices de calidad de vida, se evidenció que los hombres presentaron índices más bajos en todas las dimensiones de calidad de vida que las mujeres. Adultos mayores con rangos de edades de 81-85 años percibieron índices más bajos de calidad de vida que otros grupos de edades, reflejando una disminución significativa de la calidad de vida a mayor edad.
Las dimensiones que se percibieron con índices más bajos fueron: relaciones interpersonales (amistad, actividades, redes de apoyo), bienestar físico (estado de salud) y derechos (goce de derechos y participación social). Estos resultados se vieron permeados por la variable contextual de pandemia, presente al momento de recabar la información, dado que esta condición repercutió negativamente en la salud mental de los adultos mayores ecuatorianos, con privación de la socialización, del rol social y amenaza para la salud física y mental, sin mencionar el constante duelo por pérdidas de amigos, familiares y personas cercanas.
Metodologías y Herramientas de Medición
Se lleva a cabo una investigación de enfoque cuantitativo no experimental, descriptivo y correlacional. Para la recolección de datos sobre la variable depresión se aplica la Escala de Depresión Geriátrica de Yesavage (EDG), utilizando la versión de 15 ítems validada en AM mexicanos, que después de los análisis estadísticos presentó un coeficiente de confiabilidad general de 0.82. La prueba es autoadministrada y el tiempo para responderla es de 5-7 minutos. Se le pide al participante que responda con "Sí" o "No" a las preguntas relativas a cómo se ha sentido durante la última semana; 10 de los ítems indican la presencia de síntomas depresivos si se responden afirmativamente, mientras que otros 5 indican síntomas depresivos cuando se les da una respuesta negativa. Se utiliza el punto de corte estándar (< ó 5) para clasificar a los pacientes en 2 subgrupos: depresivo (5 puntos en 15) y no depresivo (<5 puntos en 15).
En cuanto a la medición de la variable autoestima se emplea la Escala de Autoestima de Rosenberg en su versión validada en México, que después de realizar el análisis estadístico de confiabilidad el instrumento mostró un índice de fiabilidad de 0.73. Este instrumento ha demostrado ser válido y confiable en poblaciones clínicas, incluyendo pacientes con diagnóstico de psicosis y depresión. La prueba es autoadministrada, con una duración para su contestación de aproximadamente 5 minutos, y consta de 10 preguntas que se responden en una escala tipo Likert de puntuaciones entre 1 y 4 puntos, lo que permite obtener una calificación mínima de 10 y máxima de 40. Las preguntas exploran cómo se valora la persona y qué grado de autosatisfacción tiene.
El proceso de muestreo y recolección de datos incluye la identificación de una comunidad con nivel socioeconómico medio-bajo y posteriormente una instancia gubernamental ("Módulo de Bienestar"). Se solicita acceso a una lista de direcciones, edad y sexo de la potencial población objetivo, asegurando que los datos personales recabados fueron obtenidos, cuidados y protegidos después de la aprobación por parte de un Comité de Ética, esto con base en la Guía Ética Internacional para la Investigación Relacionada con Salud que Involucra Humanos (CIOMS, 2016). Posteriormente, se realizan visitas domiciliares para una primera entrevista voluntaria, explicando el objetivo y alcances del estudio y obteniendo una carta de consentimiento informado para su posterior firma. Con aquellos que deciden participar, se agenda una segunda visita en su domicilio para la aplicación de los instrumentos. La captura y el análisis de los datos se lleva a cabo en el paquete Statistical Package for the Social Sciences (SPSS).
Para el estudio de la calidad de vida, se ha utilizado la Escala FUMAT, diseñada para evaluar los aspectos asociados a la calidad de vida y comúnmente utilizada en poblaciones de tercera edad. Este instrumento cuenta con buenos indicadores de fiabilidad de consistencia interna y dimensiones con niveles adecuados de confiabilidad.
Factores Asociados y Necesidad de Investigación Continua
Hasta el momento, en el sureste mexicano, región donde se llevó a cabo un estudio específico, existe un número limitado de investigaciones que se enfoquen en estas variables (depresión y autoestima) y consideren a esta población. Los pocos estudios existentes se realizaron mucho tiempo antes de la pandemia por COVID-19. Adicionalmente, los resultados expuestos cobran mayor relevancia toda vez que las variables estudiadas no han demostrado comportarse de modo homogéneo en los diferentes grupos poblacionales y, por lo tanto, aún no existe un consenso común acerca de ello en la comunidad científica. Esta circunstancia invita a continuar investigando a fin de poder generar evidencia que permita profundizar acerca del conocimiento de este fenómeno en el país.
Si se toma en cuenta que el acceso a salud es percibido como un indicador de calidad de vida en el adulto mayor, unido a los otros factores, se puede inferir que todas estas consecuencias generan, a nivel individual, afectaciones en la autoestima del adulto mayor; y a nivel político-social, una disminución en los recursos públicos que contribuyan a un envejecimiento de calidad. Los resultados de diversas investigaciones son similares a los hallazgos en población cubana, donde la baja autoestima se asocia con la insatisfacción con la vida.
En el aspecto bibliográfico, estudios a nivel mundial demuestran que la población gerontológica está creciendo considerablemente debido a cambios sociales y culturales. La demanda del sector laboral ha resultado en más familias que deciden no tener más de dos hijos, entre otros factores. Al existir esta diferencia, se enfocó el estudio de la población gerontológica en su calidad de vida, en los aspectos a mejorar y en las posibles dificultades que se presenten ante el crecimiento poblacional de la tercera edad.