Los niños y adolescentes están expuestos anualmente a acontecimientos catastróficos y otras experiencias traumáticas. La forma en que los adultos responden a estos eventos puede influir fuertemente en cómo reaccionan los menores. Crear un entorno seguro y comprensivo, mantener la calma y reducir los factores estresantes son acciones clave que cuidadores y familiares pueden implementar para ayudar.
Esta guía, elaborada por psiquiatras, psicólogos y especialistas en salud mental en situaciones de crisis, ofrece consejos simples sobre qué esperar, qué hacer y qué buscar para brindar apoyo psicológico a niños vulnerables.
La Vulnerabilidad Infantil ante Eventos Traumáticos
Las crisis, ya sean desastres naturales como incendios o terremotos, o brotes de enfermedades infecciosas como pandemias, ponen a prueba nuestra capacidad de adaptación. En estos contextos, los niños y adolescentes son especialmente vulnerables, ya que sus entornos habituales se ven alterados. La psicología juega un papel relevante para predecir cómo estos cambios afectarán a las personas y para reducir el impacto emocional promoviendo conductas adaptativas.
Entre los principales riesgos para los menores se encuentran el estrés psicosocial y los problemas psicológicos. Condiciones como la cuarentena en el hogar o la hospitalización de un familiar pueden generar altos niveles de estrés. La limitación del acceso a los servicios de salud mental durante estas situaciones puede agravar problemas psicológicos preexistentes o dar lugar a nuevas dificultades, especialmente en niños con necesidades especiales (diversidad funcional, autismo).

Principios Generales para Apoyar a Niños en Crisis
Crear un Entorno Seguro y Calmado
- Haz que tus hijos se sientan a salvo: El contacto físico, como caricias, abrazos o una palmada reconfortante en la espalda, brinda una sensación de seguridad, fundamental después de un evento aterrador o perturbador.
- Actúa con calma: Los niños buscan un refugio reconfortante en los adultos después de que han ocurrido eventos traumáticos. Su capacidad de afrontamiento depende en gran medida de la reacción de los cuidadores.
- Mantén las rutinas tanto como sea posible: En medio del caos y del cambio, las rutinas les aseguran a los niños que la vida volverá a estar bien. Trata de tener horarios regulares para comer y dormir. Si están sin hogar en este momento o acaban de mudarse, establece nuevas rutinas. La pérdida de hábitos y rutinas es un factor que puede afectar negativamente su bienestar físico y psicológico.
Comunicación y Comprensión
- Comparte información honesta: Siempre es mejor conocer los detalles de un evento traumático de parte de una persona de confianza y en un ambiente seguro. Sé breve, habla con honestidad y permite que los niños hagan preguntas.
- Elige buenos momentos para hablar: Busca momentos de tranquilidad donde puedan expresar sus inquietudes sin presiones.
- Limita la exposición a las noticias: Evita o limita la exposición a las noticias sobre el evento. Esto es especialmente importante con niños pequeños y en edad escolar, ya que ver o escuchar recuentos perturbadores puede hacer que parezca que los eventos continúan sucediendo.
- Escucha atentamente: Es importante entender cómo ven tus hijos la situación, y qué es confuso o inquietante para ellos. No es necesario dar un discurso, tan solo muéstrales tu comprensión. Hazles saber que es normal sentir enojo, culpa y tristeza, así como expresar sus sentimientos de maneras diferentes.
- Acepta el "no sé": Está bien responder “no sé” a ciertas preguntas. Lo que más necesitan los niños es alguien de confianza que escuche sus preguntas, acepte sus sentimientos y esté ahí para ellos. Ten en cuenta que las preguntas pueden seguir, ya que las consecuencias de un desastre pueden incluir situaciones que cambian constantemente. Hazles saber que estás disponible para hablar en cualquier momento.
- Promueve las conversaciones familiares: Especialmente acerca de la muerte de una persona querida, utilizando un lenguaje real y concreto.
Herramientas para el Bienestar Emocional
- Ayúdalos a relajarse con ejercicios de respiración: Cuando sentimos ansiedad, nuestra respiración se torna más superficial. Las respiraciones profundas pueden ayudar a los niños a calmarse. Por ejemplo, puedes pedirles que soplen una pluma lentamente o inhalar/exhalar contando hasta tres.
- Reconoce y nombra sus sentimientos: Si un niño confiesa una preocupación, no respondas “No te preocupes”, porque eso puede hacer que se avergüence o sienta que lo estás criticando. Ayúdalos a nombrar cómo se sienten (miedo, enojo, tristeza) y hazles saber que está bien sentirse así.
- Fomenta el juego y las actividades: Ayuda a los niños a divertirse. Anima a tus hijos a realizar actividades y jugar con otros niños. La distracción es algo bueno para ellos a esta edad.
- Encuentra esperanza: Habla acerca de cosas que están yendo bien. Aun en los momentos más difíciles, es importante identificar algo positivo y expresar esperanza en el futuro para ayudar a los niños a recuperarse. Puedes decir algo como: “Todavía nos tenemos el uno al otro. Estoy aquí contigo y me quedaré contigo”.
Consideraciones Especiales
- No les asignes demasiada responsabilidad: Es muy importante no sobrecargar a los niños con tareas o darles tareas de adultos, ya que esto podría ser muy estresante para ellos.
- Proporciona ayuda especial a niños con necesidades especiales: Estos niños podrían requerir más tiempo, apoyo y guía que otros. Es posible que tengas que simplificar el vocabulario, repetir las cosas con frecuencia y adaptar la información según sus fortalezas.
- Presta atención a señales de trauma: Es común que los niños parezcan estar relativamente bien durante el primer mes después de un evento traumático. Sin embargo, debes estar atento a signos como tristeza intensa, miedo, enojo o cambios de comportamiento persistentes que interfieran con su funcionamiento diario.
- Reconoce cuándo se necesita pedir ayuda: Si los síntomas persisten o impiden el funcionamiento normal del niño, es crucial buscar apoyo profesional.
Apoyo Psicológico según la Edad del Niño
La respuesta psicológica a una crisis dependerá en gran medida de la edad y el nivel de desarrollo del niño. Es fundamental adaptar el apoyo a sus necesidades específicas.

Bebés y Niños Muy Pequeños (0-2 años)
Los bebés perciben lo que estás sintiendo y reaccionan en consecuencia. Si estás en calma, tu bebé sentirá seguridad. Intenta actuar de manera calmada lo más que te sea posible. Responde de manera consistente a las necesidades de tu bebé. Continúa amamantando si lo has estado haciendo; el mito de que el estrés de la madre afecta la leche materna es falso, y la lactancia es importante para su salud y vínculo contigo. Mira a tu bebé a los ojos, sonríele y tócalo.
Niños en Edad Preescolar (3-5 años)
A esta edad, los niños tienen grandes avances en el desarrollo, pero todavía dependen de sus padres para que los cuiden. Generalmente responden a las situaciones según la reacción de sus padres. Si demuestras calma y confianza, sentirán mayor seguridad. Cárgalos, abrázalos y acurrúcalos tanto como puedas. Diles que los cuidarás si se sienten tristes o tienen miedo. Fíjate en lo que dices. Mantén las rutinas tanto como sea posible y bríndales apoyo extra a la hora de dormir, dedicando más tiempo a conversar o contar historias, ya que la ansiedad nocturna es común tras un trauma. No los expongas a las noticias, ya que los niños pequeños tienden a confundir los hechos con los temores, y pueden no darse cuenta de que las imágenes no están sucediendo una y otra vez. Anímalos a compartir sus sentimientos preguntándoles: “¿Cómo te sientes hoy?”. Permite que te cuenten la historia de lo sucedido; esto los ayudará a asimilar el evento. Hacer dibujos es una excelente manera para que los niños pequeños expresen sus emociones. Si se portan mal, puede ser una señal de que necesitan más atención.
Niños en Edad Escolar (6-12 años)
A esta edad, los niños pueden hablar más acerca de sus pensamientos y sentimientos y manejar mejor las dificultades, pero todavía buscan consuelo y orientación en sus padres. Al escucharlos, les demuestras tu compromiso. Asegúrales que están a salvo, usando hechos concretos y palabras de la realidad, como huracán, terremoto o inundación. Mantén la normalidad tanto como sea posible con rutinas de comida y acostarse. Si la vivienda ha cambiado, establece nuevas rutinas y dales voz en ellas, por ejemplo, permitiendo que elijan una historia para la hora de dormir.
Limita la exposición a la televisión, periódicos y radio; mientras más se expongan a malas noticias, mayor será su preocupación. Si ven o escuchan noticias, siéntate con ellos para poder hablar al respecto. Dedica tiempo a conversar, haciéndoles saber que está bien hacer preguntas y expresar preocupaciones o tristeza. Puedes usar los momentos juntos, como la cena, para hablar sobre lo que sucede en la familia y la comunidad. Responde a sus preguntas de manera breve pero con honestidad. Cuando planteen un tema, pregúntales primero qué piensan para entender su preocupación, y dales una respuesta que les dé tranquilidad. Si no sabes la respuesta, está bien decirlo. Promueve que los niños que no hablan saquen su voz compartiendo tus propios sentimientos, como: “Esto fue algo muy aterrador. A veces me despierto en la noche pensando en ello. ¿Cómo te sientes tú?”. Esto los ayuda a sentir que no están solos en sus miedos.
Mantén ocupados a los niños, incluso si sus actividades diarias se han interrumpido. Calma las preocupaciones sobre la seguridad de sus amistades y habla sobre la recuperación de la comunidad. Anímalos a ayudar, lo que les dará una sensación de realización y propósito. Ayúdalos a encontrar esperanza, apreciando cosas específicas, por ejemplo: “Personas de todo el país están enviando materiales médicos, comida y agua. Han construido lugares nuevos donde se atenderá a los heridos y construirán casas nuevas”. En caso de una pérdida, usa palabras reales y concretas sobre la muerte, evitando eufemismos que pueden confundirlos. Prepara a tus hijos con anticipación para cambios en la rutina. Promueve conmemoraciones significativas, como orar juntos o encender una vela. Sé paciente, ya que hasta los 11 años pueden tener problemas para aceptar que la muerte es irreversible.
Adolescentes (13-18 años)
La adolescencia es una época de grandes cambios y búsqueda de independencia, donde a menudo sienten que nada les puede hacer daño. Los eventos traumáticos pueden hacerlos sentir fuera de control, incluso si parecen fuertes. Esfuérzate para que tu adolescente se sienta a salvo. Aunque pueden resistirse a los abrazos, el contacto contigo puede darles seguridad. Ayúdalos a sentirse útiles asignándoles tareas pequeñas y responsabilidades en el hogar, y felicítalos por sus logros. Abre la puerta para la conversación, aunque es típico que digan que no quieren hablar. Considera los grupos de jóvenes de su edad, ya que algunos adolescentes se sienten más cómodos hablando en grupo.
Limita la exposición a las noticias. Aunque pueden manejarlas mejor que los niños pequeños, una exposición excesiva puede generar ansiedad. Ayúdalos a actuar y a canalizar su energía; querrán ayudar en la comunidad. Presta atención a un posible consumo de sustancias, ya que los adolescentes están en riesgo de recurrir al alcohol o las drogas para calmar la ansiedad. Si notas signos de consumo, busca ayuda médica y habla con ellos amablemente sobre los riesgos. Sé paciente, ya que pueden sentir miedo de expresar sus emociones acerca de la muerte. Anímalos a hablar compartiendo tus propios sentimientos. Muestra apertura y flexibilidad. Involúcralos en conmemoraciones significativas. Retoma la rutina escolar tanto como sea posible, esto les ayudará a sentir que los eventos traumáticos no han tomado control de sus vidas. Mantén las expectativas académicas y presta atención a señales de que un adolescente necesita ayuda adicional. Aquellos que no puedan funcionar debido a tristeza intensa, miedo o enojo deben ser referidos a un profesional de la salud mental.
La Intervención Psicológica Profesional y el Rol de los Adultos
Muchas de las reacciones de niños y adolescentes a los acontecimientos traumáticos son normales y disminuirán con el tiempo. Sin embargo, en algunas ocasiones, se requiere de un apoyo más estructurado y profesional.

Cuidados para el Cuidador
Puedes ayudar mejor a tus hijos cuando te ayudas a ti. Habla acerca de tus preocupaciones con tus amistades y familiares; formar un grupo de apoyo puede ser útil. Si formas parte de un grupo comunitario, continúa participando. Trata de comer bien, tomar suficiente agua, mantener rutinas de ejercicio y dormir suficiente. La salud física protege contra la vulnerabilidad emocional. Para reducir el estrés, realiza ejercicios de respiración profunda. Si tienes ansiedad severa que interfiere con tu capacidad para funcionar de la forma habitual, busca ayuda de un médico o profesional de la salud mental. Reconoce tu necesidad de ayuda y consíguela.
El Impacto de las Crisis Sanitarias: El Caso de las Pandemias
En tiempos de pandemia, los niños y adolescentes son especialmente vulnerables. La pérdida de hábitos y rutinas, junto con el estrés psicosocial derivado del confinamiento, puede tener un impacto negativo. Los cambios en el desarrollo y las reacciones a situaciones de estrés varían según la edad. Por ejemplo, los niños en edad escolar pueden preocuparse por su seguridad y la de sus cuidadores, mientras que la ansiedad en adolescentes puede manifestarse con conductas desafiantes o el uso de pantallas.
Tras una cuarentena, si se mantienen rutinas y hábitos saludables y se proporcionan los apoyos necesarios, es esperable que la mayoría de los niños y adolescentes recuperen su funcionamiento normal. Sin embargo, una minoría puede necesitar tratamiento psicológico, especialmente aquellos con problemas psicológicos previos (traumas, ansiedad, depresión), trastornos del desarrollo o cuidadores con inestabilidad económica o psicopatología.
Algunos niños con predisposición a ciertos problemas, como apego ansioso o rasgos de introversión, pueden experimentar una exacerbación de sus síntomas tras el confinamiento, manifestando ansiedad por separación o timidez intensificada.
Evaluación e Intervención Psicológica Especializada
La psicología preventiva puede detectar tempranamente casos de riesgo, paliar los efectos de un contexto estresante y reducir síntomas leves antes de su agravamiento. Es crucial detectar y prevenir problemas derivados del impacto en niños y adolescentes en la etapa posconfinamiento.
La evaluación psicológica infanto-juvenil requiere de procedimientos y técnicas adaptadas al nivel evolutivo del menor. Se recomienda el uso de instrumentos de amplio espectro junto con entrevistas de detección en las primeras fases, para luego aplicar herramientas más específicas (autorregistros, cuestionarios, escalas de puntuación). Es aconsejable combinar varias fuentes de información, incluyendo la del propio menor (para información interiorizada) y la de los padres (para información exteriorizada). Los autoinformes deben usarse solo con niños mayores de 8 años con buenas competencias de comprensión lectora. Una historia clínica semiestructurada y un instrumento multidimensional, seguidos de herramientas específicas, permiten delimitar el problema y estimar el deterioro funcional. Además de la sintomatología, conviene evaluar rasgos de personalidad, acontecimientos vitales relevantes, afrontamiento, resiliencia, apoyo social, estilo educativo familiar y psicopatología de los padres.
Los principios generales de la intervención psicológica profesional son aplicables, asegurando que el profesional esté entrenado en la atención a población infanto-juvenil, conozca la psicopatología evolutiva y adapte todas las etapas del proceso terapéutico al nivel del menor. La elaboración de guías para padres y cuidadores es fundamental para orientarlos adecuadamente.
Recursos de Apoyo y Ayuda Profesional
Existen organizaciones y líneas de ayuda dedicadas a brindar apoyo psicológico a niños y familias en situaciones de vulnerabilidad.
Línea de Ayuda de SAMHSA para Afectados por Catástrofes
La Administración de Servicios de Salud Mental y Abuso de Sustancias (SAMHSA, por sus siglas en inglés) ofrece una línea de ayuda para los afectados por catástrofes. Esta línea brinda consejería inmediata en casos de crisis para personas que están pasando por angustia emocional relacionada con cualquier desastre, ya sea natural o causado por humanos. La línea de ayuda es gratuita, multilingüe, confidencial y está disponible las 24 horas del día, los 7 días de la semana.
Programas de Atención de Save the Children
Save the Children prioriza la detección y atención de niños, niñas y adolescentes que sufren o han sufrido violencia, y sus necesidades psicológicas y psicosociales. Los niños en riesgo de exclusión social y sus familias son quienes más dificultades tienen para acceder a estos servicios de salud mental.
- Programa “Búho” de Atención Psicológica Especializada: Presta atención psicológica especializada a niños y niñas que presentan sintomatología de trauma, con un elevado nivel de malestar en áreas importantes de su vida (escolar, familiar, relaciones con adultos o entre iguales), cuya causa puede relacionarse con situaciones de violencia (negligencia, maltrato físico o emocional, o abusos). Su objetivo es mitigar o reducir el trauma a través de una adecuada atención psicológica, identificar tratamientos innovadores y visibilizar el problema de la insuficiente atención en la sociedad. El programa se organiza en fases de detección, valoración y atención psicológica, llevada a cabo por una red estatal de psicólogos sanitarios o clínicos colegiados, especializados en intervención infanto-juvenil con formación y experiencia acreditada en violencia y trauma.
- Línea Telefónica y Chat “Contigo” de Detección y Atención Psicosocial: Es un servicio gratuito para niños, niñas y adolescentes que forman parte de los programas de Save the Children. Más de 3.500 niños y adolescentes vulnerables reciben apoyo emocional, primeros auxilios psicológicos, asesoramiento y evaluación de necesidades y situaciones de violencia. También apoya a más de 2.000 familias. El servicio permite el anonimato y garantiza la confidencialidad. El personal está compuesto por psicólogas preparadas para proporcionar el apoyo emocional y las herramientas necesarias, con un enfoque en la detección de situaciones de violencia. Cuando se detecta una situación de violencia, se activa un protocolo unificado para el seguimiento y, si es necesario, la comunicación a las autoridades competentes, así como la derivación al Programa “Búho”.
Save the Children-Conociendo el Programa HEART
Si te enteras de alguna vulneración de derechos, es fundamental realizar una denuncia al órgano competente para asegurar la protección del menor.
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