Artritis y Artrosis en el Adulto Mayor

La artrosis y la artritis son dos de las patologías más frecuentes en la tercera edad, impactando significativamente en la movilidad, la autonomía y la calidad de vida de los adultos mayores. Aunque a menudo se confunden, presentan diferencias cruciales en su origen y manifestaciones. Ambas afecciones musculoesqueléticas son una de las principales causas de discapacidad funcional en los países desarrollados, ocupando el cuarto lugar en morbilidad de los ancianos.

La Artrosis: Desgaste Articular

¿Qué es la Artrosis?

La artrosis, también conocida como osteoartritis, es la enfermedad articular más común. Es un trastorno reumático crónico caracterizado por la desintegración del cartílago articular, que conduce a la deformidad y el dolor. Afecta principalmente a personas mayores, aunque no son las únicas afectadas. Es una enfermedad degenerativa que debilita articulaciones como las caderas, las rodillas, la columna vertebral y los dedos, y que puede resultar en la pérdida de autonomía en las actividades diarias.

La artrosis se origina por una lesión del cartílago articular, que ocasiona dolor y, en ocasiones, la pérdida de su movimiento normal. Es uno de los reumatismos más frecuentes y puede aparecer en cualquier articulación del organismo, pero por lo general afecta a las de los dedos de las manos, las rodillas, las caderas y la columna cervical y lumbar. La artrosis de otras articulaciones como los hombros, los codos o las muñecas es poco frecuente y, cuando aparece, suele ser consecuencia de un traumatismo, otra enfermedad articular anterior o por un uso indebido de la misma.

En la artrosis, se altera la articulación y luego los tejidos que la rodean. A medida que envejecemos, nuestras articulaciones experimentan un desgaste natural, y la artrosis puede intensificar este proceso, limitando la funcionalidad y alterando la calidad de vida de los ancianos.

Causas y Factores de Riesgo de la Artrosis

Las causas de la artrosis son múltiples y varias de ellas suelen estar presentes en una misma persona, lo que aumenta sus posibilidades de desarrollar la enfermedad:

  • Envejecimiento: La artrosis es una enfermedad de personas mayores, y la edad es el principal factor de riesgo. Suele comenzar a edades comprendidas entre los 40 y los 50 años y afecta en algún grado a casi todas las personas a partir de los 80 años de edad.
  • Herencia: En algunos casos, existe una predisposición hereditaria.
  • Exceso de uso: Ciertas ocupaciones que implican forzar repetidamente una articulación o grupo de articulaciones (como obreros de fundición, granjeros, mineros del carbón y conductores de autobús) pueden producir un desarrollo temprano de artrosis o en lugares no habituales. El principal factor de riesgo para la artrosis de rodilla es dedicarse a una ocupación que implique flexionar con frecuencia la articulación.
  • Lesión articular previa: Un golpe fuerte o una lesión mal tratada en el pasado también pueden ser la causa.
  • Ser mujer: Antes de los 40 años, los varones presentan artrosis con más frecuencia que las mujeres, a menudo a consecuencia de traumatismos o deformidades. Sin embargo, entre los 40 y los 70 años de edad, las mujeres presentan este trastorno con una frecuencia superior a la de los varones. Después de los 70 años, el trastorno se desarrolla en ambos sexos por igual.
  • Obesidad: El peso extra fuerza las articulaciones, en especial las rodillas, las caderas y la columna, y puede ser uno de los principales factores en el desarrollo de la artrosis, particularmente en la rodilla y especialmente en las mujeres.
  • Trastornos metabólicos: Por ejemplo, el exceso de hierro en el organismo (hemocromatosis) o el exceso de cobre en el hígado (enfermedad de Wilson).
  • Trastornos que han lesionado el cartílago articular: Como la artritis reumatoide o la gota.

Normalmente, el cartílago reduce el grado de fricción de las articulaciones y las protege del desgaste. Sin embargo, en la artrosis, un intento del organismo por reparar una articulación dañada puede llevar a que el cartílago se hinche, se vuelva blando, comience a romperse y desarrolle grietas. El intento de los tejidos de reparar el daño conduce a un nuevo crecimiento de hueso y otros tejidos, formando excrecencias óseas (osteofitos) que se pueden ver y palpar. Finalmente, la superficie lisa y regular del cartílago se vuelve áspera y porosa, dificultando el movimiento suave de la articulación.

Síntomas de la Artrosis

Los síntomas de la artrosis se desarrollan gradualmente y al principio afectan solo a una o pocas articulaciones. La característica más debilitante para los ancianos es el dolor constante en las articulaciones afectadas. Son habituales el dolor, la hinchazón y el excesivo crecimiento óseo, así como rigidez al despertarse o tras un periodo de inactividad, que desaparece al cabo de 30 minutos, sobre todo si se mueve la articulación.

  • Dolor: Frecuentemente descrito como intenso y profundo, es el primer síntoma. En las articulaciones de carga (rodillas, caderas), suele empeorar con actividades que implican soportar peso. Con el paso del tiempo, el dolor se vuelve más continuo y no desaparece con el reposo.
  • Rigidez: La articulación puede estar rígida después de dormir o de cualquier otro periodo de inactividad, aunque la rigidez suele desaparecer pasados 30 minutos, especialmente si la articulación se moviliza.
  • Pérdida de movilidad: A medida que el trastorno progresa, la articulación pierde movilidad y la capacidad de estirarse y doblarse por completo.
  • Crecimiento óseo: El nuevo crecimiento de hueso u otros tejidos puede agrandar las articulaciones. En la mano, las excrecencias óseas habitualmente se desarrollan en las articulaciones próximas a las puntas de los dedos (nódulos de Heberden) o en las articulaciones de la parte media de los dedos (nódulos de Bouchard). Cuando la deformación se completa, suelen desaparecer todas las molestias.
  • Sonidos articulares: Las superficies irregulares de los cartílagos hacen que las articulaciones rechinen, chirríen y crujan al movilizarlas.
  • Debilidad muscular: Los músculos que rodean la articulación pueden atrofiarse debido al reposo y la falta de ejercicio.
  • Inestabilidad: En algunas articulaciones (como la de la rodilla), los ligamentos pueden estirarse, volviendo la articulación inestable.
  • Afectación de la columna vertebral: El dolor de espalda es el síntoma más frecuente. La artrosis en el cuello o en la zona lumbar pueden provocar entumecimiento, dolor y debilidad en un brazo o una pierna si el excesivo crecimiento óseo comprime algunos nervios (estenosis raquídea lumbar).
  • Dificultad para las actividades diarias: Las actividades que antes eran parte de la rutina diaria, como subir escaleras o salir a pasear, se vuelven desafiantes. La artrosis puede llevar a una disminución gradual de la movilidad y la autonomía.

La artrosis puede permanecer estable durante muchos años o bien evolucionar muy rápidamente, aunque lo más frecuente es que progrese de forma lenta después de la aparición de los síntomas. Muchas personas presentan algún grado de invalidez.

Foto de una mano con nódulos de Heberden visibles en las articulaciones de los dedos

En la imagen, se aprecian los nódulos de Heberden, que son agrandamientos óseos en las articulaciones más externas de los dedos, característicos de la artrosis de la mano.
DR P. MARAZZI/SCIENCE PHOTO LIBRARY

Diagnóstico de la Artrosis

El diagnóstico de la artrosis es esencialmente clínico. Su médico puede advertir la artrosis con una simple exploración de las articulaciones afectadas. En ocasiones, solicitará una serie de pruebas para confirmar el diagnóstico y determinar la severidad de la enfermedad.

  • Síntomas y exploración física: El diagnóstico se basa en los síntomas y en la evaluación de las articulaciones. Los sujetos que tienen episodios de enrojecimiento, calor e inflamación articular deben ser evaluados por un médico, ya que estos episodios por lo general no son producidos por la artrosis y podrían indicar una infección o gota.
  • Radiografías: Pueden mostrar signos de artrosis, aunque no son muy útiles para la detección precoz, ya que no muestran los cambios iniciales en los cartílagos. Además, los cambios radiográficos a menudo no correlacionan estrechamente con los síntomas.
  • Resonancia magnética nuclear (RMN): Puede revelar cambios precoces en los cartílagos, pero rara vez es necesaria para establecer el diagnóstico.
  • Análisis de sangre: No existen análisis de sangre específicos para el diagnóstico de la artrosis, aunque pueden ser útiles para descartar otros trastornos.
  • Análisis de líquido sinovial: Si una articulación está inflamada, se puede extraer una muestra de líquido sinovial para determinar si se trata de artrosis u otros trastornos articulares como infecciones o gota.

Tratamiento de la Artrosis

Actualmente no existe ningún tratamiento que pueda curar la artrosis, pero sí para el alivio de los síntomas, el retraso de la evolución y para mejorar la calidad de vida de los pacientes. Los principales objetivos del tratamiento son aliviar el dolor, mantener la flexibilidad articular y optimizar la función articular general. El tratamiento de la artrosis se basa en medidas físicas, fármacos y cirugía.

Medidas Físicas y Estilo de Vida

Estos objetivos se logran principalmente mediante actividades físicas que implican ejercicios de fuerza, flexibilidad, resistencia y rehabilitación (fisioterapia y terapia ocupacional). Es esencial hacer hincapié en la importancia de la movilización de las personas afectadas por artrosis. Especialmente en los ancianos se recomienda un estilo de vida saludable porque es lo más indicado en el manejo de esta enfermedad.

  • Ejercicios apropiados: Incluyen estiramiento, fortalecimiento y posturales, que ayudan a mantener los cartílagos en buen estado, aumentar la amplitud de movilidad de la articulación y fortalecer los músculos circundantes. El ejercicio puede mejorar los síntomas articulares, la movilidad y la calidad de vida. Los médicos a menudo recomiendan ejercicios acuáticos para personas con dolor más intenso. Los ejercicios de estiramiento deben hacerse a diario.
  • Reposo: El ejercicio debe equilibrarse con el reposo de las articulaciones doloridas durante unos minutos (cada 4 a 6 horas a lo largo del día), aunque la inmovilización de una articulación es probable que empeore la artrosis.
  • Protección articular y ajustes ergonómicos: Los síntomas empeoran con el uso de sillas, tumbonas, colchones y asientos de automóvil demasiado blandos. Se recomienda adelantar el asiento del automóvil, utilizar sillas de respaldo recto con asientos relativamente altos, dormir en colchones firmes y calzar ortesis, zapatos con buen apoyo o zapatillas deportivas. Los elevadores del asiento del inodoro pueden facilitar ponerse de pie.
  • Fisioterapia y termoterapia: La fisioterapia, a menudo junto con la termoterapia (como la aplicación de compresas calientes) y la terapia ocupacional, pueden ser beneficiosas. La realización delicada de ejercicios de amplitud de movimiento en agua caliente es beneficiosa porque el calor mejora la función de los músculos al reducir la rigidez y el espasmo muscular.
  • Dispositivos de asistencia: Siempre que sea necesario se deben utilizar dispositivos especiales (bastones, muletas, andadores, collarines para el cuello o soportes elásticos de rodilla) para proteger las articulaciones o facilitar las actividades diarias (por ejemplo, un asiento en la bañera).
  • Pérdida de peso: Puede aliviar parte de la presión sobre las articulaciones y mejorar la mecánica articular.
  • Salud mental: Reconocer y abordar los efectos emocionales de la artrosis es esencial. La artrosis no solo afecta el cuerpo, sino también la mente y las emociones, pudiendo llevar a la pérdida de interés en las actividades diarias y al aislamiento social.
  • Apoyo en el hogar: Los cuidados a domicilio permiten que las personas con artrosis permanezcan en la comodidad de su hogar, rodeadas de sus pertenencias y seres queridos, lo cual puede mejorar el bienestar general.

5 ejercicios para aliviar el Dolor de la Artrosis de Rodilla

Medicamentos

Los fármacos se utilizan como complemento del ejercicio y de la fisioterapia. Se usan para reducir los síntomas y permitir una actividad diaria más normal.

  • Analgésicos y antiinflamatorios: Se recetan analgésicos e incluso antiinflamatorios para aliviar el dolor asociado a la artrosis. Un antiinflamatorio no esteroideo (AINE) puede administrarse para disminuir el dolor y la hinchazón. Algunos medicamentos en forma de parches o geles aplicados en la articulación afectada contribuyen a aliviar el dolor.
  • Fármacos tópicos: Algunos medicamentos en forma de parches o gel que se aplican a la articulación afectada por la osteoartritis ayudan a aliviar el dolor.

El manejo de la medicación puede ser complicado para las personas mayores con artrosis.

Cirugía

Los reumatólogos también proponen tratamientos quirúrgicos o la colocación de prótesis articulares, como en el caso de la osteoartritis de la cadera o rodilla, para solucionar el problema y evitar una pérdida definitiva de la movilidad. Eventualmente, si la articulación está muy desgastada, puede reemplazarse con una prótesis.

La Artritis: Inflamación Articular

¿Qué es la Artritis?

La artritis es una afección inflamatoria que compromete las articulaciones. Es la hinchazón y la sensibilidad de una o más articulaciones. Los principales síntomas de la artritis son dolor y rigidez de las articulaciones, que suelen empeorar con la edad. La artritis causada por la afectación del cartílago articular y los tejidos circundantes se vuelve muy frecuente con el envejecimiento.

A diferencia de la artrosis, que es por desgaste, la artritis es provocada por inflamación. La artrosis tiene un inicio y una gravedad variables y no presenta características inflamatorias, como articulaciones calientes o hinchadas. Si existe inflamación, una de las alternativas más plausibles podría ser la artritis inflamatoria.

Con el envejecimiento de la población, las diferentes formas de prevalencia e incidencia de la artritis inflamatoria están aumentando en las personas de edad avanzada.

Tipos Comunes de Artritis en Adultos Mayores

  • Artritis Reumatoide (AR): Es una enfermedad autoinmune crónica que afecta sobre todo a las pequeñas articulaciones (manos, muñecas, pies) de forma simétrica. Se asocia a inflamación persistente, rigidez y fatiga, y puede provocar deformaciones articulares si no se trata. La AR puede iniciarse con 60 años o más, pero puede comenzar en la juventud y persistir hasta la edad avanzada. En los ancianos, el predominio femenino es más bajo.
  • Gota: Los cristales de ácido úrico, que se forman cuando hay demasiado ácido úrico en la sangre, pueden causar gota. La gota se asocia tanto con afecciones comórbidas, cuya prevalencia aumenta con la edad, como con medicamentos comúnmente recetados a personas mayores.
  • Artritis Inflamatoria de Aparición Tardía: Existe un grupo de enfermedades reumáticas inflamatorias que comienza casi exclusivamente en los ancianos. Las dos afecciones más comunes son la seudopoliartritis rizomélica y la artritis reumatoide en los ancianos (a partir de los 65 años).

Síntomas de la Artritis

En el adulto mayor, la artritis suele presentarse como dolor persistente, rigidez y dificultad para moverse, especialmente por la mañana o tras periodos de reposo. Los síntomas de la artritis en adultos mayores pueden variar según el tipo de artritis y el estado de salud general de la persona.

En la artritis reumatoide, el sistema inmunitario del cuerpo ataca el revestimiento de la cápsula de las articulaciones (membrana sinovial), que se inflama y se hincha. En la seudopoliartritis rizomélica y la artritis reumatoide de los ancianos, predomina la afectación de la columna cervical y el hombro, con un inicio rápido, a veces explosivo, acompañado de una alteración del estado general y un síndrome inflamatorio significativo.

Diagnóstico de la Artritis

Una vez que el médico ha confirmado que los dolores pertenecen a la articulación, debe confirmar su origen, es decir, la causa de la enfermedad. El primer paso para una gestión eficaz de la enfermedad es un diagnóstico temprano y correcto.

  • Estudio del factor reumatoide (FR): Puede estar presente en un nivel bajo en la seudopoliartritis rizomélica como en la población anciana en general, pero está presente en 8 de cada 10 casos en la artritis reumatoide.
  • Antígeno peptídico anticitrulinado (ACPA): Ayuda a diferenciar la AR de la polimialgia reumática.
  • Hallazgos ecográficos: En la AR comprenden sinovitis, tenosinovitis y erosiones.

Las dificultades para establecer el diagnóstico e introducir nuevas modalidades de tratamiento en este grupo de pacientes representan un gran desafío para los clínicos, debido a que las manifestaciones clínicas imitan los cambios relacionados con la edad.

Tratamiento de la Artritis

La artritis no tiene cura, pero se puede convivir con ella. El tratamiento de la artritis en el adulto mayor debe ser siempre individualizado y multidisciplinar. Los tratamientos propuestos ayudan a obtener la remisión o una reducción significativa de los síntomas y los signos clínicos.

  • Fármacos: Los más utilizados son los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs), analgésicos, corticosteroides o fármacos modificadores de la enfermedad en casos autoinmunes.
    • Metotrexato: Fármaco de elección en el tratamiento de la AR, tiene una eficacia equivalente en los ancianos, pero requiere vigilancia estrecha por toxicidad.
    • Leflunomida: Relativamente bien tolerada por los ancianos.
    • Sulfasalazina e hidroxicloroquina: Tienen un perfil menos tóxico y se prescriben para pacientes con baja actividad de la enfermedad o comorbilidades significativas.
    • Inhibidores del factor de necrosis tumoral (TNFi): Pueden usarse en los ancianos, aunque tienen más contraindicaciones (insuficiencia cardiaca congestiva y malignidad).
    • Glucocorticoides y AINEs: Se asocian con un mayor riesgo de efectos adversos en ancianos, por lo que deben usarse en la dosis más baja posible por el menor tiempo permisible.
  • Terapias con corticoesteroides: En la seudopoliartritis rizomélica, existe una sensibilidad extrema a la terapia con corticoesteroides del orden de 20 mg/día durante los primeros 10 a 15 días, seguida de una desaparición a veces completa de los síntomas.
  • Adaptación del entorno: Puede facilitar la vida diaria y reducir el riesgo de caídas o esfuerzos innecesarios.

El tratamiento de la artritis inflamatoria en los ancianos requiere una consideración especial con respecto a las comorbilidades y el aumento de la frecuencia de los eventos adversos, ya que con el envejecimiento de la población las diferentes formas de prevalencia e incidencia de la artritis inflamatoria están aumentando en las personas de edad avanzada.

Otras Afecciones Reumatológicas en el Adulto Mayor

Además de la artrosis y la artritis, existen otros trastornos musculoesqueléticos que afectan a los adultos mayores:

  • Osteoporosis: La prevalencia de la osteoporosis es casi exponencial con la edad. Casi el 30% de las mujeres mayores de 65 años sufre una fractura vertebral.
  • Dolor de espalda crónico.
  • Polimialgia Reumática (PMR): Es una enfermedad reumática inflamatoria no tan rara que puede afectar a los ancianos. Los síntomas principales son dolor muscular de origen inflamatorio a nivel de la cintura de la escápula y la pelvis, que aparece con mayor frecuencia en la noche y madrugada, acompañados de rigidez y debilidad muscular. El diagnóstico se basa en dolores típicos, el aumento de signos inflamatorios en la sangre y la exclusión de otras enfermedades.
  • Camptocormia: Una enfermedad muscular poco frecuente, de aparición tardía, que consiste en lumbalgia crónica asociada a una cifosis secundaria a la debilidad de la musculatura paravertebral lumbar. Provoca una grave discapacidad y no existe tratamiento farmacológico, basándose en la fisioterapia y el uso de un corsé.
  • Artritis por microcristales.

Los epidemiólogos confirman que la prevalencia de muchas enfermedades reumáticas comunes, como la osteoartritis, la AR y la osteoporosis, aumenta significativamente con la edad. Ha pasado más de una década desde que se argumentó la necesidad de un servicio geronto-reumatológico dirigido a pacientes de la tercera edad con afecciones musculoesqueléticas, debido a la discapacidad relacionada con la artritis que puede convertir a las personas mayores en discapacitadas. Se impone más colaboración y coordinación entre la reumatología y la geriatría para abordar estas necesidades insatisfechas.

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