La arterioesclerosis es una enfermedad vascular crónica que afecta a las paredes de las arterias de gran y mediano tamaño, caracterizándose por el endurecimiento y pérdida de elasticidad de estos vasos. En este proceso, se van depositando colesterol, grasa, calcio y otras sustancias, formando depósitos denominados placas. Con el tiempo, estas placas pueden estrechar u obstruir completamente las arterias, dificultando el flujo sanguíneo y causando problemas en todo el cuerpo.
Aunque a menudo los términos arterioesclerosis y ateroesclerosis se usan para hacer referencia a lo mismo, la ateroesclerosis se refiere específicamente a la acumulación de placa en las paredes arteriales. Representa la enfermedad vascular más frecuente y grave en la población adulta mayor, siendo una afección que evoluciona de forma silenciosa durante años antes de manifestar síntomas clínicos.

El proceso de envejecimiento y las arterias
El proceso de envejecimiento conlleva numerosas modificaciones en la estructura y función del sistema arterial. Este deterioro, conocido como envejecimiento arterial, se asocia a:
- Disfunción endotelial, considerada el proceso inicial del desarrollo arteriosclerótico.
- Proliferación y cambios fenotípicos de las células de músculo liso vascular (CMLV).
- Desarrollo de calcificaciones y alteraciones en la composición proteica (menos elastina y más colágeno).
- Rigidez arterial progresiva, que reduce la distensibilidad de la pared arterial.
El estudio de Framingham demostró que el envejecimiento es la correlación independiente más importante de la disfunción endotelial. Factores como el estrés oxidativo y la inflamación crónica exacerban este proceso, acelerando la formación de placas incluso en individuos sin otros factores de riesgo evidentes.
Factores de riesgo en la tercera edad
En el adulto mayor suelen acumularse factores que aceleran el problema. Estos se dividen en dos grandes grupos:
| Factores No Reversibles | Factores Modificables |
|---|---|
| Edad avanzada | Hipertensión arterial |
| Antecedentes familiares | Dislipemia (colesterol elevado) |
| Sexo masculino | Diabetes o alteraciones de la glucemia |
| Predisposición genética | Tabaquismo y consumo de alcohol |
| - | Sedentarismo y obesidad (especialmente abdominal) |
El tabaco tiene un impacto directo, ya que daña el revestimiento interno de las arterias y estimula la contracción arterial. Asimismo, la hematopoyesis clonal (CHIP) ha sido identificada recientemente como un posible factor de riesgo independiente para el desarrollo de enfermedad aterosclerótica en edades avanzadas.
Síntomas según la localización
La arterioesclerosis no causa síntomas hasta que el flujo sanguíneo se vuelve lento o se bloquea. Dependiendo de la arteria afectada, pueden presentarse distintos cuadros:
- Corazón: Angina de pecho (dolor torácico), dificultad para respirar o infarto de miocardio.
- Cerebro: Riesgo de ictus (accidente cerebrovascular), debilidad repentina, dificultad para hablar o trastornos visuales.
- Extremidades: Claudicación intermitente (dolor al caminar), debilidad en brazos o piernas, y en fases avanzadas, úlceras o necrosis.
- Riñones: Hipertensión secundaria y deterioro progresivo de la función renal.
Angioplastia y colocación de stents | Animación médica
Diagnóstico y tratamiento
El diagnóstico precoz es fundamental para tratar los factores de riesgo antes de que la obstrucción sea severa. Los especialistas utilizan diversas técnicas de imagen para evaluar la circulación:
- Exámenes Doppler: Utilizan ultrasonido para medir el flujo.
- Arteriografía por resonancia magnética (ARM) o TC: Permiten visualizar la anatomía arterial con gran precisión.
- Angiografía: Uso de rayos X y material de contraste para ver el camino del flujo sanguíneo.
Abordajes terapéuticos
El objetivo fundamental es reducir el riesgo de complicaciones y evitar la progresión de la enfermedad. El tratamiento incluye cambios en el estilo de vida, control de la tensión y medicación para niveles de colesterol. Cuando los síntomas son severos, las intervenciones endovasculares son actualmente la primera opción terapéutica. Estos procedimientos mínimamente invasivos permiten una recuperación más corta, menor dolor y una eficacia comparable a la cirugía abierta tradicional.
Prevención y cambios en el estilo de vida
Llevar una vida saludable es la mejor herramienta para frenar la enfermedad. Las recomendaciones principales son:
- Dieta: Optar por el Plan DASH, incluyendo frutas, verduras, granos enteros y limitando grasas saturadas, sal y azúcares.
- Actividad física: Realizar al menos 150 minutos semanales de actividad moderada.
- Control de peso: Perder entre un 3% y un 5% del peso actual puede mejorar notablemente los factores de riesgo.
- Sueño y Estrés: Dormir de 7 a 9 horas diarias y controlar los niveles de estrés.
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