Apoyo Funcional en el Adulto Mayor

La funcionalidad en el adulto mayor es un pilar fundamental en la valoración geriátrica y gerontológica, cobrando cada vez mayor relevancia. Esta se entiende como la capacidad de los seres humanos para llevar a cabo de manera autónoma actividades de mayor o menor complejidad, siendo un indicador clave del estado de salud y bienestar en esta población. Para el equipo multidisciplinar y, en particular, para el personal de enfermería que atiende a los adultos mayores, comprender y evaluar la funcionalidad es esencial para ofrecer un cuidado adecuado.

El concepto de salud ha evolucionado de una noción negativa, centrada en la ausencia de enfermedades, a una concepción más positiva: "un estado de bienestar físico, mental y social y no solo la ausencia de enfermedad". En esta línea, la Organización Mundial de la Salud (OMS), a través de la Clasificación Internacional del Funcionamiento de la Discapacidad y de la Salud (CIF), define el funcionamiento como una relación compleja o interacción entre las condiciones de salud y los factores contextuales (ambientales y personales).

Evolución del Concepto de Funcionalidad y Discapacidad

La OMS, en 1975, ya intentó definir operacionalmente la salud considerando la función como "un estado o calidad del organismo humano que expresa su funcionamiento adecuado en condiciones dadas, genéticas o ambientales". Posteriormente, con la CIF, se enfatiza la interrelación compleja entre el estado de salud (trastorno o enfermedad) y factores contextuales, implicando la integridad funcional y estructural del hombre, sus actividades y participación. Esto culmina en la capacidad para realizar tareas o el desempeño en un entorno real, facilitado por factores ambientales, en contraposición a la existencia de deficiencia (funcional o estructural), limitación en la actividad o restricción en la participación que genera discapacidad, propiciada por barreras u obstáculos ambientales.

Esta complejidad implica que un sujeto puede tener deficiencia sin limitación en la actividad, o limitaciones en la actividad sin deficiencias evidentes. También puede presentar problemas de participación sin deficiencias o limitaciones en la actividad, o tener limitaciones en la actividad sin problemas de participación. Querejeta (2003) concuerda con esta idea, destacando el aspecto positivo de la interrelación de factores e involucrando los factores sociales en la funcionalidad, definiendo la discapacidad como un término genérico que incluye deficiencias, limitaciones en la actividad y restricciones en la participación, indicando los aspectos negativos de la interacción entre el individuo y sus factores contextuales.

Dimensiones de la Valoración Funcional

Diversos autores han abordado la funcionalidad desde una perspectiva holística e integral:

  • Hazzard (2007): Identifica el estado funcional del anciano involucrando aspectos cognitivos, afectivos, medioambientales, soporte social, económicos y espirituales, más allá de lo médico.
  • Pérez del Molino (2008): Refiere la inclusión de esferas física, mental y social en la valoración geriátrica, cuya integración resulta en la situación funcional de un sujeto, expresando su capacidad para vivir de forma independiente.
  • Kirk y Mayfield (1998): Consideraban los mismos aspectos, sumando la situación económica para evaluar el grado de actuación del individuo en las actividades de la vida cotidiana.
  • Pedrero y Pichardo (2009): Identifican la funcionalidad en geriatría holísticamente, integrando aspectos físico, mental, sociofamiliar y económico, para identificar no solo la funcionalidad sino también la discapacidad, descondicionamiento o grado de incapacidad.

Un anciano sano se considera aquel que se mueve y toma sus propias decisiones, independientemente de las enfermedades que tenga, mientras que un anciano enfermo es el que deja de moverse y de tomar sus propias decisiones, volviéndose dependiente y requiriendo mayor atención y gastos. La función también está ligada a la motivación por mejorar y las expectativas personales.

Funcionalidad Física

Para el aspecto particular de la funcionalidad física, Rikli R (en Lobo y cols., 2007) la define como la "capacidad fisiológica y/o física para ejecutar las actividades de la vida diaria de forma segura y autónoma, sin provocar cansancio". La funcionalidad o independencia funcional implica la capacidad de realizar acciones diarias para mantener el cuerpo y subsistir independientemente. Lazcano (2007) la define como "la capacidad para efectuar las actividades de la vida cotidiana", y Medina y cols. (2007) como "el grado de independencia o capacidad para valerse por sí mismo para la vida".

La capacidad funcional del adulto mayor es el conjunto de habilidades físicas, mentales y sociales que le permiten realizar las actividades que exige su medio y entorno. Estas habilidades incluyen las psicomotoras (ejecución de habilidades práxicas coordinadas muscularmente con un proceso cognitivo de intencionalidad) y las cognitivas y conductuales. Sosa Ortiz y cols. identifican la funcionalidad desde la capacidad del sujeto para movilizarse en su entorno, realizar tareas físicas de autocuidado, y mantener su independencia y relaciones sociales. Para medir esta funcionalidad se utilizan numerosos instrumentos en las esferas física, mental y social.

Infografía sobre la disminución de la capacidad funcional en el adulto mayor

Rodríguez y Alfonso (2006) destacan que la capacidad funcional también depende de la evolución de patologías múltiples, procedimientos diagnósticos y terapéuticos (como la polifarmacia y automedicación), y la presencia de afecciones crónicas e invalidantes, además de factores sociales y psicológicos. Es crucial diferenciar la disminución de la capacidad funcional debida a cambios propios del envejecimiento de aquella causada por patologías presentes, siendo estas últimas la principal causa según Rodríguez y Alfonso, coincidiendo con Pérez del Molino y cols.

Deterioro Funcional y su Impacto

El deterioro funcional es común en el adulto mayor, y sus causas potenciales incluyen cambios relacionados con la edad, factores sociales y/o enfermedades. Cerca del 25% de los adultos mayores de 65 años requieren ayuda para las Actividades Básicas de la Vida Diaria (ABVD), como bañarse, vestirse, alimentarse, trasladarse, continencia y aseo. El 50% de los mayores de 85 años necesitan ayuda para las ABVD.

Las Actividades Instrumentales de la Vida Diaria (AIVD), como transporte, compras, cocinar, usar el teléfono, manejar dinero, tomar medicamentos, limpiar el hogar y lavar ropa, también se ven afectadas. Estudios como el de Kasper (1990) han demostrado que el deterioro cognitivo severo conlleva dificultades de autocuidado.

Fernández-Ballesteros (2009) subraya la importancia de distinguir entre el declive cognitivo (normal en el envejecimiento) y el deterioro cognitivo de origen neuropatológico, lo que resalta la necesidad de integrar esta área en la evaluación geriátrica. Rubenstein y cols. (2007) consideran el estado cognitivo un dato clave en la discapacidad funcional del anciano, ya que orienta la exploración física.

Valoración Funcional del Adulto Mayor

Evaluación funcional y Valoración Geriátrica Integral

La funcionalidad es esencial en la evaluación geriátrica para definir el nivel de dependencia, establecer objetivos de tratamiento y rehabilitación, e implementar medidas preventivas. La capacidad funcional del paciente es una medida resumen de los efectos globales de las condiciones de salud, el entorno y el sistema de apoyo social, que debe integrarse en la práctica clínica habitual y ser el pilar del cuidado de enfermería.

La observación directa es el método más exacto para la evaluación funcional, pero en la práctica clínica, el autoinforme de ABVD y AIVD se utiliza, debiendo corroborarse, si es posible, con un informante o cuidador. Es crucial interrogar sobre la función social normal y anormal, ya que el deterioro funcional no debe atribuirse al envejecimiento sin investigar su verdadero origen. Cualquier cambio en el estado funcional requiere una nueva evaluación diagnóstica.

Hazzard y cols. evalúan el estado funcional en tres niveles:

  1. Actividades Básicas de la Vida Diaria (ABVD): Actividades orientadas al cuidado del propio cuerpo (bañarse, vestirse, asearse, continencia, alimentación, transferencias).
  2. Actividades Instrumentales de la Vida Diaria (AIVD): Capacidad para mantener un hogar independiente (compras, transporte, uso del teléfono, preparación de comidas, tareas domésticas, reparaciones, lavandería, medicación, finanzas).
  3. Actividades Avanzadas de la Vida Diaria (AAVD): Capacidad para cumplir roles sociales, comunitarios y familiares (participación en actividades recreativas u ocupacionales).

Según Lazcano (2007), la clasificación habitual para la función es:

  • Funcional o independiente: Capaz de cuidarse a sí mismo y mantener lazos sociales.
  • Inicialmente dependiente: Requiere algún tipo de ayuda.

Contexto Demográfico y Social del Adulto Mayor

Gráfico sobre la proyección de la población de adultos mayores a nivel mundial

El Plan de Acción Internacional de Madrid sobre el Envejecimiento 2002 destaca los retos del envejecimiento mundial. La planificación de servicios para ancianos debe responder a sus necesidades específicas, incluyendo servicios para el anciano relativamente sano e independiente, para aquellos con limitaciones que requieren apoyo, y para quienes necesitan cuidado institucionalizado (OPS, 1994).

El término "edaismo", acuñado por gerontólogos, se refiere a la visión tópica y despectiva sobre las personas de edad avanzada. La vejez es un proceso biológico y una construcción cultural. Las interacciones sociales y las expectativas de los demás influyen en la autoimagen del adulto mayor, por lo que los cuidados en salud deben evitar que las limitaciones se conviertan en factores que impidan el desarrollo de actividades y potenciar sus capacidades psicológicas, sociales, culturales y espirituales.

La capacidad funcional es el indicador más potente en la evaluación geriátrica, utilizándose desde fines de los años cuarenta y dando origen a instrumentos de medición como los índices de Katz y Barthel. Es un parámetro de salud y descriptor de resultados evolutivos relevantes:

  • Mortalidad: El riesgo aumenta con el grado de discapacidad.
  • Consumo de recursos: Aumenta con el grado de discapacidad (hospitalizaciones, visitas médicas, fármacos).
  • Institucionalización: El riesgo de ingresar a una residencia se incrementa con el deterioro funcional.
  • Utilización de recursos sociales: Los costos de cuidado personal y ayuda doméstica aumentan con la dependencia.
  • Futura discapacidad: Es un estado dinámico que puede mejorar, estabilizarse o empeorar, aunque las posibilidades de mejora disminuyen con la edad.

Clasificación de Adultos Mayores según Funcionalidad

En Chile, se identifican tres grupos principales de adultos mayores según su nivel de funcionalidad o autovalencia:

  1. Adulto mayor autovalente sin enfermedad crónica (57%): Viven generalmente en sus viviendas, con familiares, solos o allegados. Muchos están integrados en organizaciones de tercera edad.
  2. Adultos mayores frágiles (30%): Sufren ciertas limitaciones que requieren ayuda profesional para mantener su salud y apoyo de terceros para las ABVD.
  3. Adultos mayores dependientes (3% - 5%): Requieren ayuda para todas sus ABVD, su invalidez los mantiene postrados con deterioro de su calidad de vida y la de su grupo familiar. Generalmente, los cuidadores familiares carecen de preparación para estas tareas y necesitan mayores recursos y servicios especializados de cuidados continuos.

El Sistema Nacional de Servicios de Salud (SNSS) en Chile está evaluando la funcionalidad en adultos mayores atendidos en el nivel primario utilizando una escala modificada de la Cruz Roja Española, con el fin de aplicar un instrumento eficiente para su medición.

Aporte del Personal Sanitario y Medidas de Abordaje

El envejecimiento implica un cambio de paradigma en el sector salud. Los adultos mayores deben ser un objetivo primordial en la atención de todos los profesionales sanitarios, especialmente el personal de enfermería, quienes, con su orientación al cuidado, deben esforzarse por disminuir el nivel de dependencia y reducir la necesidad de ayuda asistencial.

El Ministerio de Salud ha implementado programas de capacitación para el mantenimiento de la funcionalidad, enfocados en la sensibilización de los diferentes niveles asistenciales y equipos de salud, promoviendo la interacción cordial, la amistad y la colaboración.

Evaluación funcional y Valoración Geriátrica Integral

Para aumentar los niveles de funcionalidad en los ancianos, es crucial detectar anticipadamente las situaciones de riesgo. Los programas educativos deben potenciar la funcionalidad, incluyendo actividades que fortalezcan capacidades en desuso como la creatividad, relación social, comunicación, aprendizaje, autorrealización, dar y recibir afecto, preocupación por otros, cultivar la espiritualidad y encontrar el sentido de la vida en esta etapa.

Estudio sobre Dependencia Funcional y Apoyo Familiar

Un estudio descriptivo y transversal realizado en la unidad de medicina familiar no. 21 del IMSS en la Ciudad de México, con 298 pacientes de 60 a 86 años, tuvo como objetivo asociar el grado de dependencia funcional y la percepción de apoyo familiar. Se utilizaron la Escala de Lawton Brody (para dependencia funcional) y el APGAR Familiar (para percepción de apoyo familiar).

Resultados del Estudio

La media de edad de la muestra fue de 70 +7.9 años. El 86.5% de los pacientes manifestaron alguna enfermedad, predominando la hipertensión arterial sistémica (28.4%) y la diabetes mellitus tipo 2 (28.1%). Las familias eran predominantemente urbanas (99%), tradicionales (86%) e integradas (85.6%), siendo nucleares el 53.7% y el 13% vivía solo.

En cuanto a la dependencia funcional (Escala de Lawton Brody), el 38.9% mostró independencia, el 47.3% dependencia parcial y el 13.8% dependencia total. Respecto al apoyo familiar (APGAR Familiar), el 84.6% percibió un apoyo alto, el 9.7% medio y el 5.7% bajo.

A pesar de que no se encontró asociación directa entre dependencia funcional y satisfacción familiar, el análisis por género reveló diferencias significativas:

  • Mujeres: Mayor independencia (p<0.0001) y mejor percepción de apoyo familiar (p<0.003). La media de puntuación de apoyo familiar fue 9 para mujeres y 8.3 para hombres. La puntuación de Lawton Brody fue 6.37 para mujeres (menor dependencia) y 5.38 para hombres (mayor dependencia).
  • Hombres: Mayor dependencia parcial y total.

Estos hallazgos sugieren que, aunque la dependencia funcional no está directamente asociada con el apoyo familiar de forma general, el género juega un papel importante. Se observó que una buena relación familiar se vincula con una mejor salud en la vida adulta, y las mujeres independientes en este estudio tuvieron una mejor relación familiar. Esto difiere de algunas investigaciones que sugieren mayor dependencia en hombres con buen apoyo familiar.

Tabla comparativa de dependencia funcional por género

La discusión también resalta que la dependencia funcional aumenta con la edad, y que factores como el estado civil (la viudez puede aumentar la vulnerabilidad en mujeres), la educación, la ocupación y la economía se interrelacionan para influir en la calidad de vida y la aparición de patologías que conducen a la dependencia. Las enfermedades crónico-degenerativas, como la hipertensión arterial y la diabetes, son causas principales de dependencia funcional. La necesidad de ser cuidados y convivir con familiares puede llevar a mayor dependencia si no se manejan bien los conceptos de cuidado.

Conclusiones del Estudio

El estudio concluyó que las mujeres presentan menor dependencia funcional y una mejor percepción de apoyo familiar, mientras que los hombres muestran mayor dependencia parcial. Es crucial detectar la dependencia funcional en sus inicios con escalas validadas y fáciles de aplicar en el primer nivel de atención. Esto permitirá implementar estrategias de continuidad asistencial y acciones que incrementen la autonomía e independencia del adulto mayor, así como fortalecer las redes de apoyo e involucrar a la familia en los seguimientos.

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