El mercado laboral chileno enfrenta una transformación profunda debido al acelerado envejecimiento de la población. Según datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), la proporción de personas de 60 años o más alcanzó el 19,8% en 2024, casi el doble de lo registrado en 1992. Este fenómeno demográfico ha puesto en evidencia la precariedad, la alta informalidad y las brechas de género que caracterizan el trabajo de este grupo etario.

El panorama actual del empleo en la tercera edad
De acuerdo con informes de la Oficina de la OIT para el Cono Sur y el INE, aproximadamente el 24% de las personas mayores en Chile continúa vinculada al mundo laboral. Sin embargo, esta inserción es a menudo una respuesta a la necesidad de subsistencia. Un 62% de los trabajadores mayores declara que sigue activo por motivos económicos, cifra que asciende al 71% en el caso de las mujeres.
La inserción laboral se concentra principalmente en sectores como el comercio, la agricultura, la industria manufacturera y la construcción. Las condiciones de trabajo a menudo se alejan de los estándares de "trabajo decente", enfrentando desafíos como:
- Salud y riesgos ocupacionales.
- Necesidad de reconocimiento de experiencia y conocimientos.
- Brechas en el alfabetismo digital.
- Persistencia de estereotipos sociales.

Informalidad y brechas de género
La informalidad es una característica persistente y significativa en la participación laboral de los adultos mayores. Datos del INE (2021) revelan que la tasa de informalidad en mayores de 65 años alcanza un 51,8%, siendo superior en mujeres (58,7%) que en hombres (48,6%).
| Categoría | Tasa de informalidad |
|---|---|
| Mujeres (65+) | 58,7% |
| Hombres (65+) | 48,6% |
| Total (65+) | 51,8% |
Esta precariedad se acentúa con la edad. A medida que las personas envejecen, aumentan las probabilidades de salir del mercado formal. En el tramo de 65 a 69 años, la desigualdad es notable: mientras que en el quintil de mayores ingresos solo el 36% trabaja de forma informal, en el quintil de menores ingresos esta cifra llega al 79%.
Factores que influyen en la permanencia laboral
La decisión o posibilidad de seguir trabajando en la vejez está condicionada por múltiples variables. La investigadora Valentina Jorquera, del Observatorio del Envejecimiento UC-Confuturo, señala que el nivel educativo y la salud autopercibida juegan un rol clave. Las personas que califican su salud como buena tienen una tasa de ocupación significativamente mayor (31,1%) en comparación con quienes la perciben como regular o mala (18,6%).
Asimismo, el desempleo en este grupo ha mostrado una tendencia al alza. Entre los 60 y 64 años, la tasa de desempleo pasó de 2,1% en 2010 a 4% en 2024, superando los niveles previos a la pandemia. Expertos advierten que estas cifras pueden ser engañosas, ya que muchos adultos mayores, ante la falta de opciones, optan por la informalidad o el trabajo por cuenta propia en lugar de registrarse como desempleados.
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Hacia una respuesta integral
Para abordar la dependencia demográfica creciente -donde la relación de personas no activas frente a la fuerza laboral se ha incrementado progresivamente desde 1992-, el Estado y los organismos internacionales proponen diversas medidas:
- Mejora de la protección social.
- Políticas de activación y retención de empleo.
- Promoción del retiro parcial.
- Formación profesional y capacitación continua.
Actualmente, se discuten iniciativas como el Subsidio Unificado al Empleo, que busca incentivar la contratación formal de grupos con mayores dificultades, incluyendo específicamente a los mayores de 55 años. El objetivo es transitar de un modelo donde el trabajo es una carga de necesidad a uno donde se valore el aporte activo y la experiencia de los adultos mayores en la sociedad.