Orígenes y Evolución del Determinismo Cultural
Los antecedentes del determinismo cultural se encuentran en el debate intelectual de finales del siglo XIX, centrado en las causas de la diversidad humana. Figuras clave como Ruth Benedict con "Patterns of Culture" (1934), Franz Boas con "The Mind of Primitive Man" (1911), y Margaret Mead con "Coming of Age in Samoa" (1928), sentaron las bases para esta corriente de pensamiento. Marvin Harris, con "The Rise of Anthropological Theory: A History of Theories of Culture" (1968), y George W. Stocking Jr., en "Race, Culture, and Evolution: Essays in the History of Anthropology" (1968), también contribuyeron al desarrollo de estas ideas.
El culturalismo, tal como lo describe José Sánchez Parga en su ensayo "El culturalismo: atrofia o devastación de lo social", es un fenómeno complejo que posiciona la cultura como una encrucijada de intereses ideológicos, sociales, económicos y políticos. Este enfoque asocia la cultura tanto a las actuales obsesiones etnicistas e identitarias, como a un relativismo que busca interpretar y justificar todos los hechos sociales en razón de las diferencias culturales.
El Culturalismo: Una Cultura sin Sociedad
Reducción de lo Social a lo Cultural
El culturalismo moderno, impulsado por una visión neoliberal, tiende a concebir una "cultura sin sociedad", o incluso a reducir lo social a lo cultural. Esta perspectiva contribuye a encubrir y neutralizar las lógicas sociales que atraviesan el mundo moderno. La "culturología", descrita como un discurso paranoico sobre la cultura, ha adoptado la interculturalidad como su principal ideario, pero a menudo se muestra incapaz de entender que la interculturalidad solo es posible cuando la "otra" cultura tiene sentido y valor para la propia.
En la sociedad actual, el culturalismo, con sus frenesíes étnicos y obsesiones identitarias, responde a una hipertrofia de lo cultural que busca ocultar y compensar la atrofia de lo social. Esto sugiere que los efectos destructivos y transformadores de la "sociedad societal" en una "sociedad de mercado" (como la exclusión social, la ruptura del vínculo social, y las desigualdades) podrían ser encubiertos o sustituidos por categorías culturalistas como la pertenencia, las identidades culturales, la interculturalidad, y las luchas culturales.
La pretensión de explicar la sociedad por la cultura, además de reforzar el relativismo, propicia el desconocimiento de la sociedad actual, facilitando su dominio y manipulación por los intereses del nuevo orden global. Bajo la ideología compensatoria de la "interculturalidad", el culturalismo encubre su incapacidad para un reconocimiento y unas identificaciones interculturales auténticas.
Determinismo cultural
La Inflación Social de lo Cultural
La cultura no solo se ha puesto de moda, sino que parece imponerse como la ideología dominante en la sociedad moderna. Tanto en el plano intelectual como en el político, el tema de la cultura tiende a convertirse en factor explicativo y razón última de todos los fenómenos y procesos sociales. Esta preocupación se asocia a otros fenómenos como lo étnico, la etnicidad, las etnogénesis, lo identitario, la identidad y los derechos culturales.
Lo que antes era objeto específico de la antropología, la cultura, hoy es tema de todas las ciencias humanas y sociales, y origen de todo tipo de discursividades, prácticas e instrumentalizaciones. La fuerte inflación social de lo cultural se observa en ámbitos académicos, políticas públicas, discursos y representaciones sociales.
Es paradójico que el culturalismo se haya convertido en un fenómeno sociológico al mismo tiempo que niega a la cultura sus fundamentos sociológicos. Esta obsesión culturalista podría ser un síntoma de que la sociedad actual, tan preocupada por la cultura, está "enferma de cultura", o busca subsanar profundas carencias culturales en la moderna sociedad de mercado. El actual culturalismo requiere una comprensión y explicación como fenómeno característico de la sociedad moderna y del nuevo modelo capitalista de desarrollo global. Una crítica interpretativa del culturalismo impone, a su vez, una redefinición de la cultura y sus significaciones en el mundo actual.

Impacto del Mercado en la Cultura
La insatisfacción generada por una versión cultural reducida a un "sistema de objetos" (Baudrillard) o a un mercado de prácticas y productos, lleva a una búsqueda de "antídotos culturalistas" para compensar no el "malestar en la cultura" (Freud), sino el "mal de cultura". Este síndrome culturalista está ligado a una sociedad de mercado que ha hecho de los objetos y prácticas culturales una de las mercancías más rentables, y a una geopolítica de la globalización que busca hacer de los conflictos culturales y entre civilizaciones un sustituto o encubrimiento de las reales luchas económicas y políticas mundiales.
Etnicismo e Identidad: Des-sociologización de lo Social
Otros fenómenos asociados al culturalismo son el síndrome etnicista y el identitario, ambos respondiendo a una lógica antisociológica o des-sociologizadora de los hechos sociales. Lo étnico busca atribuir a la cultura un arraigo biológico y hereditario, mientras que la identidad pretende subjetivar los referentes de identificación, desconociendo que tanto la cultura como la identidad son construcciones históricas y sociales. Touraine califica estas "búsquedas subjetivas de identidad", en ausencia de referentes sociales, como "identidades de repliegue" (1993:237).
La difusión de las ideas de etnia y etnicidad reside en su doble equívoco: sustituyen eufemísticamente a la idea de raza, invistiéndose de una supuesta legitimidad antropologista, y al mismo tiempo pretenden significar las raíces genéticas y hereditarias de la cultura, como si esta comportara un parentesco de sangre (Blutsverbandschaft) según Max Weber. El declive de un origen y pertenencia políticos, como el Estado-nación, obliga a buscar un origen y pertenencia metasociales y metahistóricos, no políticos sino parentales en lo étnico. Touraine incluso sugiere que el culturalismo puede ser visto como "la nueva figura del racismo que es también un antimovimiento social".
La vinculación inflexible de la identidad a una versión inmóvil (a-histórica y a-asociológica) de la cultura, convierte la identidad cultural en un referente de identificación basado exclusivamente en el reconocimiento-de-sí-mismo y en el des-re-conocimiento de cualquier otra alteridad. Las patologías de la identidad giran en torno a dos problemas: considerar la identidad humana como una identificación consigo mismo, sin reconocer la libertad y el cambio del ser humano; y pensar la identidad al margen de la referencia social a la alteridad, sin la posibilidad de ser diferente de sí mismo.
Tareas Críticas ante el Culturalismo
Ante la renovación de lo cultural, se imponen varias tareas críticas: estudiar la noción de cultura que presupone el culturalismo moderno, analizar las razones y factores de este fenómeno en la sociedad moderna, explicarlo desde dicha modernidad social y, finalmente, evaluar sus implicaciones y consecuencias. La cultura se ha convertido en un hecho social con autonomía sociológica, lo que ha impulsado el desarrollo de una sociología de la cultura y ha modificado la concepción y experiencia de la misma. Sin embargo, el culturalismo también ha sido consecuencia de antropologías vulgares y de una culturología sin soporte investigativo, generando una noción de cultura descriptiva, topológica, esencialista y cosificada, lo que ha contribuido a un enorme déficit conceptual en los discursos sobre la cultura.
La Cultura sin Sociedad y sus Disyunciones
Capitalismo y Disyunción Cultural
El modo de producción capitalista, desde sus inicios, introdujo una división fundamental entre la estructura económica y la superestructura ideológica, política y cultural, sentando las bases de "las contradicciones culturales del capitalismo". Daniel Bell señala que estas contradicciones derivan del "aflojamiento de los hilos que antes mantenían unidas la cultura y la economía; lo que desde hoy es una radical disyunción de la cultura y la estructura social".
En las últimas décadas, la disyunción social de la cultura ha llevado a una concepción de la cultura sin sociedad, al margen de lo social y a costa de ello. La cultura ya no se piensa como la cualidad de una sociedad o grupo humano que los diferencia significativamente de otros. Esta ruptura y creciente autonomía de la cultura respecto a la sociedad no solo complejiza sus relaciones, sino que también genera confusión en los discursos y experiencias culturales.
Bell denomina a esto "las escisiones del lenguaje cultural" (1997:91ss), señalando que el problema subyacente reside en una ruptura de los discursos mismos, de los lenguajes y su capacidad para expresar una experiencia, lo que confiere a la cultura su actual incoherencia. A esta disyunción entre cultura y sociedad, se suma la disyunción entre la racionalidad de los hechos culturales y todos los imaginarios, instrumentalizaciones y emotividades condensados en torno a lo cultural. Este fenómeno de inflaciones discursivas resulta de que cuando un discurso sobre la cultura no se construye desde la sociedad ni en sus referentes sociológicos, se vuelve un discurso delirante e ilimitado, fundamentado en su propio objeto. Por ello, el culturalismo moderno está asociado a un "desconcierto cultural" generalizado (Bell, 1997:52).
La Cultura como Esfera Autónoma
Al separar la sociedad de la cultura, el modo de producción capitalista convierte a esta última en una esfera tan diferente y autónoma de lo social que la cultura se identifica progresivamente con las artes, la literatura y la ciencia. Esta "sorprendente separación entre estructura social y cultura" hace que, para Bell, la cultura quede limitada al universo artístico, literario e ideológico. De ahí que se hable de una "clase cultural" poco numerosa pero distinguida del resto de la sociedad (Bell, 1997:51), o de una "mayoría (social) sin cultura propia intelectualmente respetable" (Bell, 1997:52).
Esta concepción capitalista de la cultura, compartida por Bell, no solo supone la existencia de clases con y sin cultura, o con poca cultura, sino que implica una visión reaccionaria de la historia y las sociedades humanas, según la cual siempre habría habido pueblos de "cultura elevada" (Bell, 1997:105), como las antiguas Grecia y Roma, y otros con culturas subalternas o infraculturas. Tal visión permite pensar la cultura sin sociedad (y la sociedad sin cultura), y valorarla al margen de esta, haciendo que la burguesía convierta la cultura en mercancía.
Determinismo Social y sus Implicaciones
El Concepto de Determinismo Social
El "determinismo social", según Mario Bunge, es la idea de que la sociedad determina las pautas de valoración y conducta. Esto significa que toda tabla de valores y todo código de conducta emerge, se desarrolla y desaparece junto con la sociedad en la que se inscribe. Aunque algunas personas rechacen la idea de estar socialmente determinadas en aras de la libertad humana, la noción de un "determinismo biológico" resulta aún más "odiosa", al sugerir que el destino está escrito en los genes, limitando la libertad individual.
Es innegable que los humanos somos animales sociales con necesidad de comunicarnos y cooperar (o competir, como en la sociedad capitalista, que es una posibilidad social, no algo determinado). Una paradoja es que si hay una obligación biológica, es la de vivir en sociedad (el aislamiento impide el verdadero desarrollo humano), y esta sociedad, con sus características variadas, conforma el carácter individual.
Existe otro determinismo similar al biológico: el psicológico, que postula que los actos del individuo están gobernados por valores subjetivos como la búsqueda de placer. Sin embargo, como señala Mario Bunge, los deseos son una cosa y la realidad otra, y rara vez podemos satisfacer plenamente nuestros deseos o necesidades. Esta teoría, que puede parecer cierta a priori, no ha sido confirmada por la psicología y ha sido refutada por las ciencias sociales, aunque pueda contener un ápice de verdad.

Relativismo y Potencialidades Humanas
Moverse en un terreno contrario al absolutismo favorece la indagación y el pensamiento crítico. Como animales con una psique desarrollada, no podemos escapar a ciertas leyes naturales, y las normas sociales deben tener esto en cuenta. Esto implica que no hay arbitrariedad en nuestros actos; la biología y la psicología pueden decir mucho sobre nuestro comportamiento. El argumento relativista, al creer en cierto determinismo social, sugiere que se pueden realizar potencialidades que no imaginan los partidarios de una visión absolutista. Es la sociedad la que propicia o no el desarrollo de esas potencialidades, no necesariamente los genes.
Aunque este razonamiento se realiza a menudo a favor de un mayor conocimiento individual, lo cual es positivo, también debe llevarse al campo de las normas y los valores sociales. Podemos aprender a ser mejores siempre que tengamos un contexto social que contenga y favorezca esos comportamientos. Esta visión sobre lo que es por naturaleza o por convención se remonta a la Antigua Grecia con la aparición de los sofistas, quienes propiciaron el librepensamiento.
Resulta muy atractivo pensar en la existencia de derechos naturales o universales, y es adecuado teorizar al respecto. Sin embargo, el determinismo social nunca puede verse de forma absoluta. La existencia de personas que desean reformar o transformar la sociedad lo evidencia, ya que el deseo de valores más elevados y el desarrollo de ciertas potencialidades explican que hay formas de escapar a las restricciones sociales, aunque solo podamos hacerlo viviendo en sociedad (es decir, tratando de cambiarla, no huyendo de ella). Mario Bunge propone integrar todo aquello válido que contengan las diversas doctrinas, ante la imposibilidad de adoptar una que satisfaga por completo.
Determinantes Sociales en la Antropología Latinoamericana
El concepto de "determinantes sociales" ha sido poco utilizado por la antropología social latinoamericana, salvo en algunas tendencias marxistas. A pesar de esto, la mayoría de los antropólogos entre 1940 y la actualidad han usado lo cultural como determinante, aunque sin explicitarlo. Investigadores como Eduardo Menéndez han abordado extensamente la relación entre poder, estratificación y salud, y la parte negada de la cultura, relativismo, diferencias y racismos.
Determinismo cultural
Pierre Bourdieu y la Distinción de Gustos
Influencia de "La Distinción" en la Sociología
En el XIV Congreso Mundial de Sociología, organizado por la Asociación Sociológica Internacional (ISA) en Montreal (1998), se publicó una encuesta realizada un año antes a sus miembros para identificar los diez libros más influyentes para los sociólogos en el siglo XX. El primer libro destacado de la lista fue la recopilación póstuma "Economía y sociedad" (Wirtschaft und Gesellschaft, 1921) de Max Weber, autor que también ocupaba la cuarta posición con su obra "La ética protestante y el espíritu del capitalismo" (Die protestantische Ethik und der Geist des Kapitalismus, 1905). En la sexta posición, destacó el ensayo del sociólogo francés Pierre Bourdieu: "La distinción. Criterio y bases sociales del gusto" (La distinction. Critère et bases sociales du goût, 1979).

En "La distinción", Bourdieu publica los resultados de una investigación sobre un concepto aparentemente poco sociológico: las diferencias de gusto entre las personas. Expresiones populares como "para gustos, los colores" o "de gustibus non est disputandum" sugieren que los gustos son subjetivos e indiscutibles. Sin embargo, Bourdieu demuestra lo contrario.
Estructura y Conclusiones de "La Distinción"
El libro de "La Distinción" está compuesto por tres grandes partes y una conclusión, con anexos metodológicos. La primera parte analiza datos de encuestas realizadas a la población francesa en las décadas de los sesenta y setenta sobre hábitos de consumo cultural. El estudio confirma una estrecha relación entre las prácticas culturales de las distintas categorías ocupacionales y su capital escolar, en primera instancia, y su origen social, en segunda. También resalta la importancia del origen social en la explicación de las prácticas culturales cuando el capital escolar es equivalente, especialmente al pasar de la pintura y la música a los muebles y los alimentos.
La segunda parte describe las relaciones entre las diferentes clases sociales, la identificación de los hábitus y sus apropiaciones en la sociedad francesa de la época. En esta clasificación, son importantes las diferencias entre consumos distinguidos, vulgares y pretenciosos, así como las distinciones entre gustos de libertad y gustos de necesidad. La tercera parte muestra detalladamente los distintos estilos de vida, analizando parámetros como la decoración de la vivienda, la comida, las diversiones, el vestido o la música, y exponiendo las características asociadas al sentido de la distinción (en las clases dominantes), de la buena voluntad cultural (en las clases medias) y a la elección de lo necesario (en las clases populares).
La Distinción en Formato de Novela Gráfica
En febrero de 2025, la editorial Garbuix Books ha publicado la novela gráfica "La Distinción" (La distinction, 2023), con guion y dibujo de Tiphaine Rivière y traducción al castellano de Marta Armengol. La autora francesa reinterpreta libremente el legado de Bourdieu, utilizando el potencial pedagógico del cómic para explicar de forma didáctica las conclusiones del ensayo clásico, actualizándolas a la sociedad actual y empleando una terminología accesible, especialmente para jóvenes que podrían rechazar la densa lectura del libro original.
La historia se centra en una clase de instituto donde un profesor explica las conclusiones de Bourdieu. Esta elección permite un caleidoscopio de la sociedad a través de los compañeros del aula, que aparentemente dejan de ser iguales al regresar a sus hogares. El profesor, un "tránsfuga de clase" cuyo padre es agricultor, recopila datos de sus estudiantes, incluyendo a un compañero de piso de clase alta. Los estudiantes, asombrados, analizan sus gustos y los de sus familias, e incluso una alumna lee el libro original de Bourdieu, descubriendo que el comportamiento de sus padres está literalmente explicado en él.
Los jóvenes reaccionan con enojo al identificar su comportamiento y el de sus familiares a través de las pautas explicadas por el profesor. Una viñeta impactante muestra a un alumno descubriendo que la madre de su amigo limpia la vivienda de otra compañera. El profesor explica: "Los humanos somos complejos y no se nos puede encasillar en una sola categoría, pero las teorías sociológicas se basan en estudios estadísticos: si el 80% de una categoría de gente se comporta de la misma manera, tiene sentido preguntarse por qué". El ejercicio propuesto es entender sus "determinismos sociales y cómo condicionan sus vidas".
Los estudiantes descubren que la opinión de que no les gusta el golf o la ópera, sin relación aparente con su coste, en realidad está vinculada al concepto de Bourdieu de "el gusto de la necesidad" en las clases populares. Este explica por qué no nos gusta lo que no podemos obtener: "Unos gustos libres implican distanciarse de la necesidad. Un gusto marcado por la necesidad es lo contrario, el resultado de interiorizar una serie de límites. Los gustos del proletariado se forman a través del aprecio a las cosas a las que están condenados, las que entran dentro de sus posibilidades... cantidad por encima de calidad, cosas útiles, prácticas, fáciles de limpiar y resistentes. Bourdieu escribe que la idea misma del gusto es típicamente burguesa, puesto que presupone una libertad absoluta de elección absoluta". Curiosamente, esta afirmación podría implicar que la lectura de cómics pudiera resultar clasista, aunque en ese caso, no existirían estrategias de conservación ni de limitación para entrar.
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