Orígenes y Fundamentos de la Teoría del Apego
La tendencia a formar vínculos emocionales estrechos con otras personas es una parte fundamental de la naturaleza humana, presente desde el nacimiento y que persiste hasta la edad adulta y la vejez. En la infancia, estos vínculos se forman con el progenitor o cuidador principal, a quien los niños recurren en busca de protección, consuelo y apoyo. El psicoanalista británico John Bowlby desarrolló la teoría del apego a mediados del siglo pasado, buscando entender los efectos que la separación de los padres tiene en los niños, y sigue siendo uno de los mayores referentes para el estudio de las relaciones humanas.
La idea fundamental de esta teoría es que los niños necesitan desarrollar una relación de apego segura con al menos un cuidador principal para poder desarrollarse emocional y socialmente de manera adecuada. En palabras del mismo Bowlby, este apego es importante “desde la cuna hasta la tumba”. Los psicólogos explican que el vínculo con nuestros padres en la etapa temprana de nuestra vida crea una plantilla con base en la cual construimos e interpretamos nuestras relaciones durante el resto de la vida. Según Marinus van IJzendoorn, investigador del University College de Londres, las primeras relaciones de apego se interiorizan en representaciones mentales o esquemas cognitivos a lo largo de la infancia, configurando las expectativas de los niños sobre las relaciones posteriores con sus iguales, sus parejas sentimentales y sus propios hijos.
Bowlby observó que los niños y otros mamíferos evitan a toda costa ser separados de sus padres, un comportamiento con una razón evolutiva: los padres proporcionan la protección y el cuidado necesarios para la supervivencia de los hijos.

La Situación Extraña de Mary Ainsworth
La psicóloga Mary Ainsworth puso a prueba esta teoría mediante un experimento denominado la "situación extraña". Este consistía en separar a niños de un año de sus padres y luego reunirlos. Ainsworth encontró que los niños se comportaban de tres maneras diferentes, lo cual dependía de la calidad de la relación con sus padres en casa:
- La mayoría se molestaba al ser separados de sus padres, pero al reunirse con ellos se sentían consolados fácilmente. Estos niños tendían a provenir de hogares donde los padres estaban atentos a sus necesidades.
- Otros se sentían extremadamente incómodos al ser separados y, al reunirse con sus padres, mostraban comportamientos que sugerían que no solo buscaban consuelo, sino también castigarlos por haberse ido.
- Un tercer grupo no parecía muy angustiado por la separación y, al reunirse con sus padres, evitaba el contacto con ellos.
Las diferencias en la calidad de las relaciones de apego de los niños dependen, en parte, de si la forma en que los cuidadores interactúan con ellos es más o menos sensible y receptiva a sus señales de angustia. Si un niño se siente amado y seguro en su relación con el cuidador principal, es más probable que explore el mundo, sea sociable y juegue con los demás. De lo contrario, es probable que experimente ansiedad y desarrolle comportamientos como buscar permanentemente a sus padres con la mirada o llorar hasta conseguir un nivel de cercanía físico y psicológico deseable.
Tipos de Apego en la Infancia y su Replicación en la Adultez
Años después de los trabajos de Bowlby y Ainsworth, la teoría del apego se extendió a los adultos. Los psicólogos Phillip Shaver y Cindy Hazan encontraron que otras relaciones, más allá de las de los niños con sus padres, como las románticas, forman parte del mismo “sistema conductual de apego”. Concluyeron que el amor romántico es un proceso de apego que las personas experimentan de manera diferente debido a variaciones en sus historias de apego. La forma en que una persona se relacionó con sus padres en la infancia tiende a replicarse en sus relaciones románticas, dando lugar a relaciones amorosas más o menos saludables. Por tanto, los tipos de apego identificados por Ainsworth aplican también a las parejas amorosas.

Los Tipos de Apego en Adultos
- Apego Seguro: Las personas con apego seguro expresan sus emociones abiertamente, buscan apoyo cuando lo necesitan y tienen una buena autoestima. Muestran capacidad para resolver conflictos, comunicarse eficazmente y sentirse cómodas con la cercanía sin miedo a quedar atrapadas. No temen dar ni pedir, ni tampoco estar solas, ya que no dependen excesivamente de la aprobación externa.
- Apego Ansioso: Se caracteriza por buscar altos niveles de intimidad y aprobación de sus parejas, hasta el punto de sentirse extremadamente dependientes. Suelen sentir temor a ser abandonados o rechazados, buscando intensamente una sensación de seguridad y estabilidad. La idea de dejar de estar con su pareja les genera altos niveles de ansiedad, aliviados por la atención y el cuidado del otro. Cuando perciben una falta de atención, suelen preocuparse, sentirse indefensos, aferrarse aún más o castigar a su pareja. Valoran mucho las relaciones íntimas, pero permanecen en un estado de hipervigilancia ante posibles amenazas.
- Apego Evitativo: Estas personas buscan un alto nivel de independencia y evitan la intimidad. Se ven a sí mismas como autosuficientes emocionalmente y poco vulnerables, sintiendo que no necesitan relaciones cercanas con otros y no les interesa construirlas o mantenerlas. Suelen sentirse amenazadas cuando otra persona se les acerca emocionalmente y tienden a basar su valor en sus logros personales en lugar de buscar la aceptación de otros. No creen que una pareja pueda brindarles apoyo emocional.
- Apego Desorganizado: Definido posteriormente, las personas con apego desorganizado alternan rasgos del apego ansioso y el evitativo dependiendo de las circunstancias. Tienen sentimientos encontrados respecto a las relaciones cercanas, mostrando comportamientos confusos y ambiguos. Desean intimidad y cercanía, pero a la vez se sienten incómodos con ello, pudiendo alternar momentos de aferramiento a su pareja con momentos de distanciamiento.
Los tipos de apego ansioso, evitativo y desorganizado son considerados apegos inseguros y pueden ocasionar dificultades para cultivar y mantener relaciones sanas. Sin embargo, identificar el tipo de apego en una persona es más complejo que autoidentificarse con una categoría, pues el profesor Marinus van IJzendoorn recalca que no es cuestión de percepción propia ni de llenar un cuestionario, sino que el enfoque de la entrevista es la mejor forma de medirlo en grupos de adultos para predecir su comportamiento. Además, el apego no es inamovible; puede cambiar a lo largo de la vida, ya que las experiencias con cuidadores alternativos, parejas, compañeros o terapeutas pueden modificar la forma en que recordamos nuestras experiencias de apego en la infancia y ponernos en un camino distinto al esperado, para bien o para mal.
Bases Neurobiológicas del Vínculo de Apego
El apego es un elemento esencial del ser humano, con factores biológicos y sociales que justifican su existencia y mantenimiento. La interacción de estos factores con el ambiente determinará el predominio de un tipo u otro de apego.
Hormonas y Neurotransmisores
- Oxitocina: Juega un papel nuclear en el sistema afectivo. Se ha investigado su relación con los comportamientos de cuidado materno, además de su función tradicional en el útero y la lactancia. Influye en el comportamiento sexual y social, en el reconocimiento facial familiar y no familiar, y facilita el comportamiento maternal. En la interacción madre-hijo, se han evidenciado datos significativos en relación con la oxitocina y la dopamina en áreas de recompensa. La disponibilidad de oxitocina en el cerebro modera la relación entre la evitación del apego y la cognición, así como los comportamientos cooperativos.
- Opioides endógenos: Permiten calmar el dolor y producen placer. El funcionamiento químico del vínculo social se compara con la adicción a las drogas, donde la presencia de la figura de apego produce placer y su ausencia genera síntomas negativos, análogos a la abstinencia.
- Cortisol (hormona del estrés): Afecta la expresión de conductas de apego y la crianza. Cuando un bebé muestra una conducta más temerosa, insegura y desorganizada, tiene una mayor reactividad al cortisol que aquellos que se muestran más seguros. La privación temprana de apego puede provocar una desregulación de esta hormona, observándose niveles más elevados en niños post-institucionalizados que sufrieron negligencias en sus cuidados.

Neuroanatomía del Apego
El cuerpo humano se desarrolla como un mecanismo de adaptación y supervivencia. En las madres, se producen ciertos procesos y cambios estructurales en el cerebro durante el embarazo que pueden pronosticar la calidad del apego y la falta de hostilidad hacia el recién nacido. Una mayor activación de las regiones frontales de las madres ante el llanto del bebé correlaciona positivamente con una mejor calidad de apego y una mayor sensibilidad. Cuando la madre tiene una percepción favorable del bebé, se genera un aumento en la cantidad de su materia gris, específicamente en regiones como el hipotálamo, la sustancia negra y la amígdala.
En madres primerizas con una activación reducida en la corteza cingulada anterior y la corteza prefrontal medial, este hecho se ha asociado con una mayor reactividad del cortisol, lo que conlleva deficientes comportamientos de cuidado materno en la atención y la afectividad. El sistema motivacional de la madre, que comprende el área preóptica medial y el núcleo de la estría terminal, activa el circuito neural de recompensa para facilitar la liberación de dopamina en el núcleo accumbens.
En el desarrollo cerebral del bebé, se producen cambios para una buena adaptación al entorno, muchos de ellos relacionados con la figura de apego. El aprendizaje inicial comienza con la activación del bulbo olfatorio y su modificación estructural, debido al desarrollo postnatal de las proyecciones noradrenérgicas. La madurez de la amígdala y el funcionamiento del eje hipotalámico-hipofisario-suprarrenal (HPA) son relevantes; un déficit en el condicionamiento del olor materno puede relacionarse con una inmadurez en la amígdala o un limitado funcionamiento del HPA.
Un hallazgo significativo es el relacionado con la mentalización, la capacidad de reflexión sobre los pensamientos, emociones y conductas propias y de los demás. La funcionalidad de las conexiones neuronales puede variar según el tipo de apego experimentado. La amígdala, parte del sistema límbico, participa en las reacciones de miedo, lucha, huida y parálisis psicológica ante experiencias traumáticas controladas por el eje HPA. La emergencia de estas situaciones y su impacto a largo plazo pueden impedir el funcionamiento de la capacidad de mentalización.
El Apego en Contextos de Vulnerabilidad: Pobreza Transgeneracional
Todo progenitor sueña con una buena relación con sus hijos, pero las condiciones de vida estresantes a raíz de la pobreza, la enfermedad o las tempranas experiencias conflictivas de los propios padres pueden impedir que el niño cree una relación segura de apego. Una relación de apego seguro desde un inicio es la base para brindarle al niño las mejores posibilidades de desarrollo saludable en distintos aspectos de la vida.
El libro "Vínculos protectores. Apego en padres e hijos en vulnerabilidad" de Greet Geenen y Jozef Corveleyn, con la colaboración de Pierina Traverso Koroleff, se basa en el estudio doctoral de Greet Geenen sobre el apego en madres y niños belgas que viven en situación de extrema pobreza. Durante esta investigación, se visitó en sus hogares a madres con hijos pequeños (entre 0 y 3 años) en situación de riesgo. Esto permitió aprender de cerca cómo se desarrolla el apego en condiciones de pobreza extrema y qué permite que un niño se apegue de manera segura o insegura.
A pesar de que los ejemplos citados en este estudio provienen de madres y niños en situación de pobreza, la dinámica entre ellos incluye las características de cualquier relación madre-hijo. Es decir, las vicisitudes de precariedad extrema no anulan los paradigmas que rigen en general las relaciones entre padres e hijos en esa etapa de la vida. Por tanto, los hallazgos y recomendaciones son aplicables a todo niño pequeño entre 0 y 3 años de edad y también a sus padres, incluidos aquellos que provienen de sectores más favorecidos.
La introducción de dicho estudio plantea los riesgos que presenta la pobreza tanto para los padres como para sus hijos, y esboza los elementos del estudio sobre la pobreza transgeneracional. A lo largo del libro, se exploran conceptos importantes de la teoría del apego aplicados a la realidad concreta de niños y padres en situación de riesgo, ilustrando la situación de madres e hijos en pobreza transgeneracional y los distintos tipos de apego que se establecen y transmiten de padres a hijos.

Factores Determinantes del Apego en Contextos de Riesgo
Los factores determinantes de esta transmisión del apego incluyen el comportamiento entre padres e hijos, es decir, la capacidad de sensibilidad y la disponibilidad emocional. Además, se enfatiza la base de dicho comportamiento: la capacidad de mentalización de los padres. Las primeras relaciones de apego, especialmente las experiencias en la infancia con cuidadores primarios, moldean la capacidad de regular las emociones, establecer relaciones saludables y manejar el estrés en la vida adulta. Un apego seguro se asocia con una mejor salud mental, mientras que un apego inseguro puede dar lugar a dificultades en la regulación emocional, problemas de ansiedad, depresión e incluso trastornos de personalidad.
Las relaciones en la vida adulta también se ven influenciadas por los patrones de apego anteriores. Las personas con un apego seguro suelen establecer relaciones más estables y satisfactorias, mientras que aquellos con un apego inseguro pueden enfrentar dificultades para confiar en los demás o para establecer conexiones íntimas. El apego juega un papel esencial en la salud mental, mediando en la forma que las personas perciben y gestionan las relaciones interpersonales y se autorregulan.
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Estrategias para Fomentar el Apego Seguro en Situaciones de Riesgo
La fase inicial de desarrollo se caracteriza por su gran elasticidad, lo que brinda grandes posibilidades para el cambio. A partir de los descubrimientos sobre el apego, se proponen pautas para el fomento temprano del apego seguro entre padres e hijos, que pueden aplicarse incluso durante el embarazo. El profesor van IJzendoorn dice que lo que está más firmemente establecido en la comunidad científica es que tres características del cuidado de los padres impactan en la vida social de los hijos hasta la etapa adulta: que sea seguro, que sea estable y que sea compartido.
Los niños se desarrollan de forma adaptativa cuando crecen en un entorno seguro, sin malos tratos ni violencia familiar, en estructuras de cuidado estables y continuas, y en una red de figuras de apego que comparten sus cuidados, en la que los niños que se convierten en adultos jóvenes pueden confiar en circunstancias estresantes. Estar disponible para atender las necesidades de los hijos, validar sus emociones, involucrarse en sus intereses y pasar tiempo con ellos son algunos de los consejos que los psicólogos dan para forjar un apego seguro con los hijos. En el contexto de la vulnerabilidad, como en el caso de las madres adolescentes de zonas urbano marginales, comprender y aplicar estos principios es aún más crucial.