Introducción: Una Condición Frecuente y Subestimada en la Tercera Edad
La anemia es una alteración común en los ancianos, una condición médica que afecta a millones de personas en todo el mundo, y su prevalencia es especialmente alta entre los adultos mayores. Se sabe que aproximadamente el 13% de los individuos de 70 años o más tienen anemia, una cifra que para algunos investigadores constituye una verdadera crisis en el sistema de salud pública.
Desafortunadamente, su presencia con frecuencia se considera inocua y parte del proceso normal de envejecimiento. Sin embargo, es necesario rechazar tal tipo de conclusión, ya que en ningún individuo de este grupo de edad y bajo ninguna circunstancia la presencia de anemia carece de importancia. La anemia se define como una disminución en la cantidad de glóbulos rojos o hemoglobina en la sangre. La hemoglobina es la proteína responsable de transportar oxígeno a los tejidos del cuerpo. Clínicamente, puede manifestarse por debilidad, cansancio, mareo o irritabilidad, entre otros síntomas, y su presencia puede tener efectos deletéreos y causar graves repercusiones, o por el contrario, obedecer a una condición totalmente curable.

Definición y Prevalencia de la Anemia en Ancianos
Desde un punto de vista práctico, en la mayoría de sujetos la medición de la hemoglobina (Hb) es un instrumento excelente y fácilmente reproducible para estimar la masa de eritrocitos. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la cifra de Hb para establecer la existencia de anemia en ancianos es igual o menor a 12 g/dL para las mujeres y 13 g/dL en los hombres. La anemia en ancianos afecta al 12-15% de los mayores de 60 años y supera el 20% en quienes tienen 85 años o más.
Se calcula que en los Estados Unidos afecta a 3 millones de personas. Se ha informado que las tasas de anemia son mayores en individuos hospitalizados y entre aquellos de edad muy avanzada. La prevalencia de la anemia en ancianos no se relaciona con la edad, ya que el envejecimiento exitoso no se acompaña de su instalación.
Además, las cifras de Hb para definir la existencia de anemia varían según las circunstancias. Por ejemplo, cuando se la implica como un factor de pronóstico, puede hallarse en niveles incluso más altos que los señalados por la OMS y relacionarse con mayor morbilidad, mortalidad, duración de la hospitalización y deterioro funcional. En contraste con la anemia que se observa en individuos jóvenes, la anemia en ancianos es ligeramente más común en hombres (11%) que en mujeres (10.2%); también se sabe que tiene mayor prevalencia en afroamericanos que en caucásicos.
Impacto y Repercusiones de la Anemia en Ancianos
La anemia tiene diferentes consecuencias en los ancianos, afectando significativamente su calidad de vida. Diversos estudios han demostrado que en ancianos con anemia disminuyen la capacidad física y la fuerza muscular. Un estudio demostró que la mortalidad era el doble en pacientes ancianos con anemia en comparación con aquellos que tenían niveles normales de Hb, y el riesgo de mortalidad entre tales pacientes aumentaba a medida que la Hb disminuía. Igualmente importante es que la anemia se correlaciona con aumento de la mortalidad cuando los ancianos tienen otras condiciones patológicas, como se observó claramente, por ejemplo, en individuos con insuficiencia cardíaca congestiva.
También son importantes las observaciones de que los ancianos con anemia tienen 150% más probabilidades de ser hospitalizados y 200% de que se les recluya en una casa de cuidados para individuos seniles. No hay que olvidar, por ejemplo, que los ancianos con una cardiopatía que tienen niveles bajos de Hb tienen más síntomas y de mayor intensidad, un estado hemodinámico muy inestable y, como consecuencia, mayor morbimortalidad.
La anemia se le relaciona con mayor incidencia de trastornos cardiovasculares de graves repercusiones, trastornos cognoscitivos y conductuales, disminución de la capacidad física y aumento del riesgo de caídas y fracturas. Todas estas anomalías se han informado tanto en individuos con anemia moderada como en aquellos con anemia intensa.
Anemia en adultos mayores: ¿Cómo prevenirla y tratarla eficazmente?
Causas Principales de Anemia en el Adulto Mayor
La anemia en los ancianos es un trastorno más común de lo que habitualmente se reconoce y se debe asumir que con frecuencia es de origen multifactorial. Más de dos terceras partes de los casos de anemia en ancianos se pueden atribuir a dos grandes grupos de causas: las deficiencias nutricionales y la anemia de la enfermedad crónica. Es crucial tener presente que, en 30% o más de los ancianos con anemia, no se logra identificar la etiología y su fisiopatogenia es prácticamente especulativa.
Deficiencias Nutricionales y su Vínculo con la Falta de Apetito
Las deficiencias nutricionales son responsables de aproximadamente el 34% de los casos de anemia en pacientes geriátricos y encabezan las causas reversibles de anemia. El cuerpo necesita folato, vitamina B12 y hierro para producir suficientes glóbulos rojos sanos. La deficiencia de hierro por sí sola, o combinada con disminución de vitamina B12 o de ácido fólico, corresponde aproximadamente al 20% de todos los casos de anemia. Los adultos mayores enfrentan un riesgo mayor debido a la disminución de la acidez gástrica, factor que compromete la absorción del hierro alimentario.
Es muy importante tener presente que en un elevado porcentaje de pacientes ancianos con anemia por deficiencia de hierro, la causa de esta es la pérdida de sangre mínima, a veces inadvertida pero crónica, relacionada con condiciones tales como esofagitis, gastritis, úlceras intestinales y, lo más grave, enfermedades malignas del tubo digestivo. O bien es de origen iatrógeno, como resultado del empleo prolongado de aspirina, clopidogrel o inhibidores de la acidez gástrica.
Por su parte, la deficiencia de vitamina B12 adquiere especial importancia en ellos, pues los síntomas neurológicos aparecen antes que los hematológicos, dificultando el diagnóstico precoz. La carencia de folato, aunque menos frecuente, persiste en adultos mayores con dietas restrictivas o consumo excesivo de alcohol.
La falta de apetito en el adulto mayor, a menudo debido a medicación continua o problemas neurológicos como demencia senil y Alzheimer, puede llevar a una ingesta inadecuada de nutrientes esenciales, exacerbando o provocando estas deficiencias nutricionales y, por ende, la anemia. La malnutrición es un factor significativo que incrementa el riesgo de sufrir otras enfermedades vasculares y neurológicas.
Anemia de la Enfermedad Crónica
En virtud de que los ancianos a menudo sufren de varias, incluso múltiples enfermedades concomitantes (comorbilidades) de evolución crónica, no sorprende que las enfermedades crónicas sean una causa común de anemia. Las deficiencias nutricionales son responsables de aproximadamente el 34% de los casos de anemia, mientras que las enfermedades crónicas, con y sin insuficiencia renal, responden al 33% de los casos de anemia en sujetos de edad avanzada. La anemia en la enfermedad crónica se relaciona sobre todo con condiciones inflamatorias y en general se instala cuando se tiene como condiciones subyacentes enfermedades infecciosas crónicas, trastornos autoinmunes o malignos.
Los fenómenos inflamatorios subyacentes inhiben la eritropoyesis por mecanismos tales como anomalías en el transporte y movilización del hierro, disminución de la secreción de eritropoyetina o eritropoyesis intramedular inefectiva. En la instalación de tales cambios fisiopatogénicos participan el factor de necrosis tumoral-alfa (FNT-a), el interferón-gamma (IFN-g) y la interleucina-6 (IL-6), y hace poco tiempo se reconoció que la hepcidina puede ser el mediador principal.
Insuficiencia Renal Crónica (IRC)
La insuficiencia renal crónica (IRC) leve o grave es muy frecuente en sujetos ancianos, pues la función renal experimenta cierto grado de deterioro con la edad. La IRC por lo general provoca anemia y debe tomarse en cuenta entre sus causas en este grupo poblacional. Existe clara relación entre la prevalencia de anemia y la función renal, pues a medida que esta declina, aumenta la incidencia de anemia. En estos casos, la causa principal es la disminución en la producción de eritropoyetina (EPO), una hormona que ayuda a formar glóbulos rojos.
Pérdidas de Sangre y Trastornos de la Médula Ósea
Las hemorragias, tanto manifiestas como ocultas, son uno de los principales desencadenantes de la anemia en la tercera edad. El sangrado gastrointestinal crónico, vinculado frecuentemente al uso de antiinflamatorios no esteroideos o aspirina, encabeza las fuentes de pérdida sanguínea. A este respecto, conviene mencionar que la cuantificación de los índices del hierro del suero y de la ferritina permitirá un diagnóstico inequívoco.
Cuando los riñones no funcionan bien, dejan de producir eritropoyetina. A su vez, existen trastornos de la médula ósea (donde se fabrican los glóbulos rojos) que son más comunes en adultos mayores, como la mielodisplasia o leucemia, que pueden afectar al proceso de producción de sangre.
Anemia de Etiología Inexplicada
Existe un numeroso grupo de ancianos en los que no es posible establecer la fisiopatología de la anemia, lo que ha permitido a algunos autores afirmar que cierto número de ancianos, los más viejos, tienen anemia en cuya instalación no se reconoce una etiología específica. Es probable que lo anterior pudiera ser representativo de un espectro de etiologías aún no tomadas en cuenta, o de una fisiopatogenia caracterizada de forma incompleta.
Tipos Específicos de Anemia en la Tercera Edad
Conocer los diferentes tipos de anemia en personas mayores de 80 años ayuda a los médicos a elegir el mejor tratamiento para cada caso:
- Anemia ferropénica: Causada por una falta de hierro. En ancianos, casi siempre se debe a pérdidas de sangre más que a no ingerir suficiente hierro. Se reconoce cuando los análisis muestran poco hierro almacenado.
- Anemia asociada a enfermedades crónicas: Es la más frecuente. El hierro está presente, pero no se aprovecha correctamente. Aparece con enfermedades que causan inflamación continua, impidiendo que el hierro llegue a los glóbulos rojos.
- Anemia megaloblástica: La falta de vitamina B12 o ácido fólico causa este tipo de anemia, donde los glóbulos rojos son más grandes de lo normal. A veces se manifiesta con síntomas neurológicos.
- Anemia aplásica idiopática: Poco frecuente. Ocurre cuando la médula ósea no produce suficientes glóbulos rojos. En personas de edad avanzada, puede originarse por ciertos medicamentos, sustancias tóxicas o problemas del sistema inmunológico.
- Anemia hemolítica: Se produce cuando los glóbulos rojos se destruyen antes de tiempo. Las personas mayores la desarrollan principalmente por problemas del sistema inmunológico, infecciones o reacciones a medicamentos.
- Anemia drepanocítica: Esta anemia hereditaria altera la forma de los glóbulos rojos. En personas mayores de nuestro entorno es poco habitual, pero puede aparecer si la persona ya convive con esta enfermedad desde su juventud.

Síntomas de Alerta: Cómo Reconocer la Anemia en Ancianos
Muchas veces, los síntomas de anemia severa en ancianos se confunden con algunos cambios normales del envejecimiento, lo que retrasa el diagnóstico. Un nivel bajo de la proteína de los glóbulos rojos que transporta el oxígeno, llamada hemoglobina, es el principal signo de anemia. Si la causa de la anemia es otra enfermedad, esta puede enmascarar los síntomas de la anemia. Aquí te ayudamos a identificar las señales de alerta:
- Fatiga constante: El agotamiento es el síntoma más frecuente y se diferencia del cansancio normal, pues no mejora aunque la persona descanse.
- Debilidad muscular: Aparece porque los músculos no reciben suficiente oxígeno, dificultando actividades cotidianas.
- Somnolencia diurna: La falta de oxígeno hace que la persona tenga mucho sueño durante el día y cambie sus patrones de descanso.
- Mareos: Son una de las consecuencias de la falta de oxígeno suficiente en el cerebro, especialmente frecuentes al levantarse o hacer actividad física mínima, aumentando el riesgo de caídas.
- Palidez: La piel y mucosas se ven más pálidas, aunque puede ser difícil de notar. La palidez en los ojos, uñas y boca es más fácil de detectar.
- Dificultad para concentrarse: Aparecen problemas de concentración, memoria a corto plazo y dificultad para procesar información, a menudo confundidos con deterioro cognitivo relacionado con la edad.
- Riesgo de caídas: La anemia aumenta mucho el riesgo de caídas por debilidad muscular, mareos, problemas de equilibrio y reacciones más lentas. A su vez, las caídas pueden provocar fracturas graves y pérdida de independencia.
- Deterioro funcional: Se manifiesta como necesidad de ayuda para tareas que antes hacía solo, menos movilidad y dificultades para cuidarse a sí mismo.
- Baja resistencia al frío.
Cuando se detecta alguno de estos síntomas, se recomienda consultar con un médico para confirmar o descartar el diagnóstico. El riesgo de fragilidad en personas mayores aumenta cuando la anemia no se trata.
Cuándo la Anemia se Vuelve Peligrosa en el Adulto Mayor
La anemia puede pasar de ser un problema menor a convertirse en una emergencia médica. Es importante reconocer las situaciones de alarma para actuar rápidamente y evitar complicaciones. La anemia grave, cuando la hemoglobina baja de 8 g/dL, necesita atención médica inmediata y posible ingreso hospitalario. En estos niveles, el riesgo de problemas del corazón aumenta notablemente. A su vez, la anemia que no mejora con el tratamiento también es preocupante porque puede indicar causas ocultas como sangrado continuo o trastornos complejos de la médula ósea.
La anemia afecta mucho la capacidad de hacer las tareas diarias, la independencia y la calidad de vida. El cansancio extremo y la reducción de la capacidad de ejercicio crean un círculo vicioso: menos actividad lleva a pérdida de músculo, peor estado físico y mayor fragilidad. Necesitan ingreso hospitalario los casos con anemia sintomática grave, sangrado activo, problemas cardiovasculares o cuando la persona no puede mantener sus funciones vitales.
Las transfusiones de sangre se reservan para cuando la hemoglobina está por debajo de 7-8 g/dL o cuando hay síntomas graves, independientemente del nivel. En adultos mayores, las decisiones sobre transfusiones consideran cuidadosamente los riesgos y beneficios, incluyendo el estado del corazón, otras enfermedades y los objetivos de cuidado. Las transfusiones tienen riesgos específicos en esta edad: sobrecarga de líquidos, reacciones alérgicas e infecciones. La anemia puede derivar en latidos del corazón irregulares o acelerados, lo que se denomina arritmia. En caso de anemia, el corazón debe bombear más para compensar la escasez de oxígeno en la sangre.
Estrategias para la Prevención y el Tratamiento de la Anemia
Como es de suponer, no existen lineamientos generales para el tratamiento de la anemia en este grupo de individuos. Su selección puede ser entorpecida aún más por el hecho de que no se identifique la etiología del trastorno, lo que, como ya se mencionó, puede ocurrir hasta en un 30% de los casos. A pesar de lo mencionado, se deben realizar todos los esfuerzos por reconocer la fisiopatogenia y la etiología de la anemia bajo cualquier circunstancia.
Prevención
Prevenir la anemia en ancianos requiere cuidar varios aspectos a la vez: la alimentación, la salud general y los medicamentos. Con las estrategias adecuadas, se puede reducir mucho el riesgo de que el adulto mayor la desarrolle:
- Dieta equilibrada rica en hierro y vitaminas: Los alimentos con más hierro que mejor se absorben son las carnes magras, pollo y pescado. Los alimentos vegetales con hierro incluyen vegetales de hoja verde oscura (espinacas, acelgas), legumbres (lentejas, garbanzos, judías), frutos secos y cereales enriquecidos. Para que el cuerpo absorba mejor el hierro de los vegetales, combínalos con alimentos ricos en vitamina C como naranjas, kiwis, pimientos rojos o fresas. Además, las vitaminas B12 y ácido fólico también son imprescindibles y se encuentran en carnes, pescados, huevos, lácteos y verduras de hoja verde.
- Controles médicos regulares: Las revisiones médicas periódicas permiten detectar la anemia antes de que cause síntomas graves. Se recomienda hacer análisis de sangre cada año en mayores de 65 años, o más frecuentemente si hay factores de riesgo.
- Revisión de fármacos que pueden afectar la absorción: Muchos medicamentos interfieren en la asimilación de nutrientes. Los protectores gástricos, ciertos antidiabéticos o anticonvulsivos, reducen la absorción de B12. Es clave revisar con el médico qué fármacos está tomando el paciente.
- Una buena hidratación y el ejercicio suave diario contribuyen al bienestar general y a mantener estables los valores de hemoglobina.
Tratamiento
El tratamiento de la anemia en personas mayores depende siempre de la causa que la produce. Los pacientes en los que se identifica carencia de algún hematínico deben recibir el elemento específicamente faltante. Si, por otro lado, se reconoce una deficiencia en la secreción de EPO, una condición inflamatoria o una enfermedad maligna que dificulta la eritropoyesis, pero además el tratamiento de la condición subyacente no se puede llevar a cabo de manera satisfactoria, entonces la terapia debe tener objetivos concretos, entre ellos, permitir al paciente una vida tranquila mientras sea posible, utilizar todos los avances terapéuticos y emplear las medidas de sostén más enérgicas.
En el caso del tratamiento del cáncer con quimioterapia, se puede aplicar EPO para corregir la anemia. Esta debe administrarse en dosis que eleven moderadamente la hemoglobina a niveles cercanos a 13 g/dL, ya que cifras mayores pueden aumentar de manera inconveniente la viscosidad sanguínea y dar lugar a trastornos potencialmente graves.
Un enfoque integral y personalizado es crucial. Esto incluye una valoración geriátrica completa que va más allá de los análisis de sangre tradicionales, evaluando cómo funciona la persona en su día a día, su estado mental, su nutrición y su situación social. Un equipo multidisciplinario trabaja en conjunto para identificar causas tratables de anemia y poner en marcha estrategias terapéuticas adaptadas a cada residente. Los planes de alimentación individualizados deben tener en cuenta las preferencias alimentarias, restricciones dietéticas y capacidades de la persona mayor, incluyendo alimentos ricos en hierro, vitaminas B12 y ácido fólico, asegurando una ingesta adecuada de nutrientes esenciales. La educación nutricional se extiende a las familias y cuidadores, proporcionando herramientas prácticas para optimizar la absorción de nutrientes.
Se deben establecer protocolos de seguimiento regular que abarquen análisis de sangre periódicos, control de síntomas y ajustes del tratamiento según evoluciona cada caso. Esta vigilancia activa permite detectar cambios tempranamente y prevenir recaídas o complicaciones. La coordinación con especialistas externos garantiza acceso a estudios diagnósticos avanzados y tratamientos especializados cuando son necesarios.
La anemia es bastante frecuente en individuos de edad avanzada, pero no debe aceptarse como una consecuencia del envejecimiento. Detectar a tiempo la anemia en ancianos permite frenar su impacto antes de que afecte a la independencia y bienestar de quien la padece. Con una buena detección y seguimiento adecuado, se puede tratar de forma eficaz y prevenir muchas de sus complicaciones. Los clínicos deben tener presente que la anemia en ancianos se relaciona con una pobre calidad de vida y mayor morbimortalidad, de ahí la urgencia de su reconocimiento y tratamiento oportuno y adecuado. No hay que olvidar que incluso la anemia muy leve es un factor de riesgo que provoca disminución de la capacidad de los ancianos para participar con plenitud en las actividades cotidianas. Sin duda, investigaciones posteriores permitirán definir si el tratamiento adecuado y oportuno de la anemia puede prevenir la declinación funcional progresiva que eventualmente conduce a la incapacidad.