La soledad en personas mayores es un fenómeno creciente que afecta a muchas personas en la vejez. Esta situación puede tener graves consecuencias en su salud mental y física, así como en su bienestar emocional. El aislamiento social y la falta de interacción pueden provocar un deterioro significativo en la calidad de vida de los ancianos.
En los países desarrollados, el descenso de la natalidad y el aumento de la esperanza de vida, causados por los progresos socio-sanitarios, han hecho del envejecimiento poblacional una realidad dominante. Se estima que, en unos 40 años, la población de personas mayores de 60 años se duplicará en el mundo. Este envejecimiento de la población se ha convertido en un serio desafío económico, social y sanitario. Además, se ha observado que este envejecimiento trae consigo condiciones bajo las cuales las personas se sienten más solas.
Prevalencia y Magnitud del Problema
En España, hay cerca de 4,7 millones de hogares unipersonales, de los cuales 2 millones (el 42,5%) están habitados por personas mayores de 65 años. La proporción de mujeres de edad avanzada que viven solas es significativamente superior a la de hombres: 1,4 millones frente a 0,6 millones, algo que se explica por la mayor mortalidad precoz de los varones.

Más allá de las cifras, desde el punto de vista cualitativo, se trata de “un tema muy oculto”, según Mari Carmen Martínez Altarriba, secretaria nacional de Semergen Solidaria. Un estudio de la Fundación 'la Caixa' reveló que el 64% de las personas mayores entrevistadas experimentaban en alguna medida sentimientos de soledad no deseada, y aproximadamente en una de cada seis la experiencia de soledad era muy grave.
En Chile, según el reporte del Observatorio del Envejecimiento UC-Confuturo, la soledad afecta al 49,2% de los adultos mayores y el 56% presenta un alto riesgo de aislamiento social, mientras que un 30,7% experimenta ambos problemas simultáneamente. Los resultados de la Encuesta de Bienestar Social 2023 del Ministerio de Desarrollo Social y Familia muestran que un 9,3% de la población mayor de 18 años en Chile se siente sola “siempre o casi siempre”, y un 25,4% lo experimenta “a veces”. El aislamiento tiende a aumentar con la edad, alcanzando su punto más alto en el grupo de 80 años o más, con una prevalencia 14 puntos porcentuales mayor que en el grupo de 60 a 69 años.
Diferenciación entre Soledad Objetiva y Subjetiva
Es crucial comprender la diferencia entre sentirse solo y estar solo, ya que no tienen igual significado ni están infaliblemente unidos. Se establece entonces una diferenciación entre soledad objetiva y soledad subjetiva. La primera hace referencia al aislamiento objetivo, la ausencia real de una red social de apoyo. Algunos autores afirman que no se trataría de una experiencia desagradable ni penosa, siempre que se trate de una elección propia, pudiendo convertirse incluso en “una experiencia buscada y enriquecedora”.
La soledad es una experiencia emocional, mientras que el aislamiento social hace referencia a una condición objetiva: la ausencia o escasez de relaciones significativas o contactos regulares con otras personas. La soledad en mayores no es una experiencia única ni homogénea, existen distintos tipos que afectan de forma diferente a cada persona, según su historia de vida, sus relaciones y su estado emocional:
- Soledad emocional: Se presenta cuando la persona mayor siente la ausencia de un vínculo profundo con alguien significativo, como una pareja, un hijo o un amigo íntimo. No se trata solo de estar acompañado, sino de tener con quién compartir pensamientos, emociones o preocupaciones.
- Soledad social: Ocurre cuando falta una red de apoyo sólida, es decir, la persona no mantiene contacto frecuente con amigos, vecinos o familiares, ni participa en actividades comunitarias.
- Soledad existencial: Más difícil de detectar, está relacionada con el sentido de la vida. Puede aparecer incluso en personas acompañadas, y se manifiesta como una sensación de desconexión con el entorno, percepción de inutilidad o de que ya no se es necesario para nadie.
Factores que Contribuyen a la Soledad
Las personas de edad avanzada se encuentran particularmente expuestas a eventos que suelen acarrear una enorme transformación en sus relaciones sociales, haciéndolas más vulnerables a la soledad. La soledad no aparece de la noche a la mañana, sino que es el resultado de diversos factores:
- Cambios sociales y familiares: El modelo de sociedad que se ha ido conformando ha favorecido el aumento de la soledad. “La familia, como base social, cada día está más desestructurada y es más difícil encontrar familias en las que vivan los padres, los hijos y los nietos”, afirma Mari Carmen Martínez Altarriba. La viudez, la muerte de amigos cercanos o incluso el distanciamiento de hijos o nietos son algunas de las causas más frecuentes. La incidencia por soledad temprana se da más en hombres, ya que al jubilarse se encuentran solos, separados o viudos.
- Jubilación: El final de la vida laboral marca una transición en la que muchas personas dejan de sentirse útiles o pierden el contacto con compañeros. Una vez jubilados, se puede empezar a echar en falta la rutina de levantarse con una motivación y con quehaceres, hecho que influye en el aumento de la depresión y del sentimiento de soledad.
- Limitaciones físicas y enfermedades: Las discapacidades físicas y las enfermedades mentales son desencadenantes del sentimiento de soledad, sobre todo si viven solas, lo que implica que salud y soledad están asociadas de forma negativa. Las enfermedades crónicas y las discapacidades pueden limitar significativamente las capacidades físicas y mentales de una persona mayor.
- Barreras de integración social: La falta de dominio del idioma local dificulta la comunicación y limita la posibilidad de interactuar en actividades comunitarias. Las percepciones negativas sobre la vejez en la sociedad pueden contribuir a la soledad, haciendo que estos individuos se sientan como una carga, lo que les lleva a evitar interacciones sociales.
- Género y estado civil: La proporción de mujeres de edad avanzada que viven solas es significativamente superior a la de hombres. Factores como ser mujer, no estar casado/a, vivir solo/a y poseer un nivel de estudios bajo son predictores de soledad. En Chile, las mujeres reportan una mayor prevalencia de soledad, aunque esto depende de si viven acompañadas o tienen pareja. En hombres sin pareja, el 65,5% se siente solo, frente al 33% con pareja. Respecto a la cohabitación, el 65,1% de los hombres que viven solos experimenta soledad, frente al 38,4% de quienes viven acompañados. En mujeres, estas cifras son 60,7% y 50,4% respectivamente.
- Percepción de salud: La salud también influye. En hombres, solo un 34,5% de quienes evalúan su salud como buena se siente solo, frente a más del 59% entre quienes la consideran regular o mala. Para las mujeres, estas cifras ascienden al 43,5% y 62,3%, respectivamente.
Consecuencias de la Soledad en la Salud del Adulto Mayor
La soledad, aunque no lo parezca, es peor que la obesidad en cuanto a muertes prematuras en personas mayores se refiere, ya que tiene graves consecuencias en la salud. El contacto con otras personas es vital para la salud física y mental del ser humano.
Salud Mental y Emocional
- Depresión y ansiedad: Afecta a la salud mental y se asocia “a mayor riesgo de depresión, sobre todo si la soledad es sobrevenida e inesperada”. La soledad crónica está directamente relacionada con un mayor riesgo de depresión, ansiedad e insomnio. Como sentimiento subjetivo de sufrimiento, provoca un estado de estrés prolongado en la persona que la padece, que puede manifestarse clínicamente como ansiedad, más frecuente por las noches. Lleva a una sensación de desesperanza, negatividad, pesimismo, inseguridad y falta de confianza, que provoca una mayor tendencia al aislamiento, a la tristeza y a la depresión.
- Deterioro cognitivo y demencia: Se ha comprobado que aumenta el riesgo de deterioro cognitivo y demencia, con peores puntuaciones en los diferentes test neuropsicológicos. La soledad no deseada influye en el desarrollo de la demencia, la pérdida de la memoria y la pérdida de las facultades sociales como el habla. El aislamiento social contribuye al deterioro cognitivo. Estudios recientes identifican la soledad como un factor predictor de deterioro cognitivo e incluso un síntoma neuropsiquiátrico relevante en la preclínica de la enfermedad de Alzheimer.
- Baja autoestima y cambio de humor: La soledad influye directamente en la autoestima y en el humor de la persona mayor, hasta el punto en que se pierden las ganas de interactuar con el entorno, de entretenerse y de relacionarse.
- Comportamientos de riesgo y suicidio: Las personas mayores que experimentan soledad a menudo adoptan comportamientos de riesgo, como el abuso de alcohol o medicamentos, para hacer frente a su sufrimiento emocional. El suicidio entre las personas mayores se incrementó el 8,8 % en los últimos 5 años en España, y en 2021, un total de 1.235 personas mayores de 65 años fallecieron por suicidio. El 75 % fueron hombres y el 25 %, mujeres. La mayoría de los adultos mayores que se suicidan viven solos, aunque la relación entre soledad y suicidio es compleja.
Impacto del aislamiento y soledad en la salud mental y física de las personas mayores con demencia
Salud Física
- Enfermedades cardiovasculares: Las personas mayores que sufren de soledad tienen un riesgo mayor de desarrollar enfermedades cardiovasculares, como infartos de miocardio o ictus. De hecho, muchos médicos consideran la soledad no deseada como un factor más de riesgo vascular modificable, al igual que el tabaco, el sedentarismo o la obesidad.
- Debilitamiento del sistema inmunológico: La soledad contribuye a debilitar el sistema inmunológico, aumentando el riesgo de enfermedades.
- Problemas óseos y accidentes domésticos: La reducción de las salidas a la calle por carecer de compañía se traduce en un empeoramiento de las enfermedades de tipo óseo, como la artrosis. Además, aumenta el riesgo de accidentes domésticos y, al estar solos, no ser atendidos rápida ni adecuadamente.
- Deficiencias nutricionales: Las personas mayores que viven solas a menudo no se preocupan por la preparación de comidas, lo que las lleva a comer menos y peor, aumentando las comidas fáciles y precocinadas (carbohidratos y grasas) y reduciendo las proteínas. Esto puede causar desnutrición, sobrepeso y obesidad, especialmente la obesidad sarcopénica, que conlleva una disminución de masa muscular y un deterioro funcional.
Impacto en los Sistemas Sanitarios
La soledad es un problema de salud pública, no solo por ser fuente de sufrimiento y por su influencia en la salud de las personas mayores, sino también por sus importantes repercusiones en los sistemas sanitarios. La soledad ha sido identificada como factor social predictor de un mayor número de visitas al médico, rehospitalizaciones y un aumento de la estancia hospitalaria. Además, la mortalidad en quienes la sufren es más elevada.
Estrategias para Combatir la Soledad
Aunque se trata de un problema complejo, son muchas las actuaciones que se pueden desplegar desde diferentes ámbitos, comenzando por los familiares y personas más cercanas. “Lo primero, y para mí más importante, es respetar la decisión de los estilos de vida que quieran tener sus seres queridos”, según Mari Carmen Martínez Altarriba, quien también considera fundamental potenciar las capacidades que les quedan y “evitar infantilizar a las personas mayores”.
Fomentar la Conexión Social y la Participación Comunitaria
- Actividades comunitarias: Fomentar la participación en actividades comunitarias proporciona a los mayores oportunidades para socializar y desarrollar nuevos intereses. Hay muchas actividades y talleres en espacios y casales para mayores, para mantenerlos activos y en constante relación con gente de su edad.
- Talleres y clases: Los talleres y clases en temas de interés, como manualidades, arte o música, representan espacios ideales para la interacción.
- Ejercicio en grupo: Las actividades físicas en grupo, como bailes, clases de tai chi o yoga, fomentan la socialización y, al mismo tiempo, ayudan a mantener una buena condición física. Es muy importante que una persona mayor no adopte una vida sedentaria.
- Voluntariado: Involucrarse en iniciativas de voluntariado puede proporcionar un sentido de propósito y nuevas interacciones sociales.
- Hobbies: Tener algún hobby para cubrir el tiempo libre y que, a su vez, sea beneficioso para la salud es esencial para disfrutar de una buena calidad de vida en la tercera edad.
Apoyo Familiar y Profesional
- Apoyo familiar y de amistades: Es importante que la familia y amistades apoyen a la persona y que la empujen a hacer ejercicio diario, a mantener una alimentación saludable y a realizar actividades con otras personas mayores. Establecer redes de apoyo con amigos y familiares es fundamental. La compañía también refuerza el cariño propio y logra que una persona mayor tenga más ganas de vivir, olvidándose de sus desdichas.
- Cuidados a domicilio: Cuando las familias no pueden prestar la atención que necesitan y desean sus familiares, los cuidados a domicilio pueden ayudar a paliar ese sentimiento de soledad. La persona cuidadora que atiende en el hogar es elegida según varios parámetros, entre ellos la personalidad para que encaje con la de quien debe cuidar. Los profesionales de cuidados a domicilio pueden proporcionar un ambiente de conversación y participación, contribuyendo al bienestar emocional del anciano.
- Uso de la tecnología: Las videollamadas son una excelente alternativa para que los ancianos en soledad mantengan el contacto visual con amigos y familiares. El uso de redes sociales permite a los mayores compartir momentos de su vida diaria y mantener conversaciones con personas de su entorno.
- Atención médica: La atención médica juega un papel fundamental en la identificación y gestión de la soledad en las personas mayores. Los profesionales de la salud deben realizar evaluaciones regulares del bienestar emocional de los ancianos. Implementar programas que integren atención médica y actividades sociales puede ser esencial. El equipo de atención primaria debería promover la autonomía de estos pacientes impulsando intervenciones con el objetivo de reestructurar pensamientos sociales desadaptativos, a fin de conseguir su participación en actividades desarrolladas dentro de la comunidad que favorezcan su socialización. Es importante, además, que reciban apoyo emocional.
Investigación y Estudios sobre la Soledad en la Vejez
Numerosas investigaciones abordan la compleja realidad de la soledad en la tercera edad. Un estudio descriptivo, de corte transversal, realizado en una muestra de 14 ancianos, mostró un predominio de sujetos del sexo femenino (85,7%), viudas (64,3%) y con edades entre los 70 a 80 años. La percepción de la salud prevaleció como regular, con redes de apoyo medianas y densas que percibían necesidad de apoyo social, siendo el apoyo instrumental el más demandado.

La soledad impacta subjetivamente a partir de la valoración de su realidad y está determinada por la relación entre las expectativas y lo que obtiene con su intimidad. El sentimiento de soledad es el resultado de una evaluación cognitiva del ajuste entre las relaciones existentes y los estándares personales.
Con respecto a la relación de las redes de apoyo social y el bienestar psicológico, variados estudios han mostrado la incidencia de la falta de redes y soporte social sobre la aparición de síntomas depresivos, tanto en el caso de los adultos mayores que viven en hogares particulares como en el de los que viven en residencias. Se encontró que los adultos mayores estaban satisfechos con la vida, determinado en gran medida por los logros alcanzados en el pasado, el ajuste de sus metas y proyectos según sus posibilidades, evitando las frustraciones y presentándose mayor satisfacción con las actividades que realizan; variable esta que está muy relacionada con los altos niveles de bienestar psicológico.
Estudios como los de Rosado-Mercado Karen enfatizan el enfoque sociocognitivo de las emociones en la teoría de la selectividad socioemocional, explicando que las personas mayores utilizan un proceso selectivo que les lleva a mantener las relaciones que para ellos tienen relevancia. Otros estudios abordan la relación existente entre emociones y bienestar psicológico al existir un incremento en los niveles de bienestar afectivo en las personas mayores, lo cual podría deberse a un mayor control sobre la regulación emocional durante la vejez.
En la muestra estudiada, la mayoría de los sujetos presentaron niveles altos de bienestar psicológico (78,6%), expresando tener la capacidad de manejar los problemas de la vida diaria, aceptación y satisfacción consigo mismos, el establecimiento de buenos vínculos interpersonales y poseer metas y un sentido de la vida.