La Experiencia de los Ancianos y la Generación de la Segunda Guerra Mundial

La Segunda Guerra Mundial, uno de los periodos más crueles de la historia entre 1939 y 1945, marcó profundamente a una generación que ya había nacido en una de las épocas más duras del siglo XX. Estos individuos vivieron las penurias económicas de la Gran Depresión y se enfrentaron a la guerra, pasando hambre y apenas disfrutando de comodidades.

Foto de personas mayores de la generación de la Segunda Guerra Mundial

La Resiliencia de la "Generación de la Guerra": Estudios sobre Longevidad

Curiosamente, esa forma de vida tan dura parece haber cincelado organismos humanos a prueba de graves enfermedades. Una investigación con ex militares, realizada en el Centro Médico de Veteranos de Washington, ofrece algunas pistas de esta paradoja.

El estudio incluyó a veteranos nacidos entre 1910 y 1915 que vivieron al menos hasta los 80 años. Se revisó el estado de salud y longevidad de 31.121 octogenarios, 52.420 nonagenarios y 3.351 centenarios. Curiosamente, los centenarios estudiados tenían menos incidencia de enfermedades crónicas que los octogenarios o nonagenarios. Cuanto más se acercaban al límite biológico de su vida, más saludables parecían. La mayor incidencia de problemas crónicos, como fibrilación, insuficiencia cardíaca, EPOC, hipertensión, diabetes o ictus, se halló en los octogenarios. Los que habían superado los 90 años también tenían más problemas crónicos, potencialmente letales, que los que habían superado la barrera de los cien años.

Los geriatras de la Universidad George Washington creen que una de las claves de la longevidad de los centenarios está precisamente en su pasado militar, en esa disciplina en la que se forjaron y que también les ha llevado a tomar buenas decisiones de salud, según explican en la revista «Journal of the American Geriatric Society». Por ejemplo, la mayoría no bebía ni fumaba. Este hallazgo es una "maravilla", considerando las condiciones de vida tan duras que han afrontado para alcanzar esta longevidad.

Kheirbek, uno de los investigadores, también cree que su trabajo avala la hipótesis de morbilidad por compresión para explicar una esperanza de vida tan prolongada y un buen estado de salud al final del límite biológico. Esta hipótesis, introducida en 1980 por el médico James Fries, sostiene que los costes de envejecimiento de una sociedad anciana podrían manejarse si la aparición de las enfermedades crónicas se posponen hasta los últimos años de la vida.

Infografía sobre la hipótesis de morbilidad por compresión o factores de longevidad en veteranos de guerra

Historias Personales de Supervivencia y Silencio

Las experiencias individuales de quienes vivieron la Segunda Guerra Mundial, ya sea como soldados o civiles, a menudo quedaron envueltas en un profundo silencio, un fenómeno común entre la "generación de la guerra" al envejecer.

Willi Merkel: Un Soldado Alemán en los Campos de Horror

Un relato familiar revela la historia de Willi Merkel, un abuelo que fue reclutado en el verano boreal de 1941. Aunque no fue enviado al sangriento frente oriental, sino a Grecia con las tropas de ocupación, su experiencia estuvo marcada por la cercanía a los horrores de la guerra. En el otoño de 1944 regresó sin haber participado en la batalla, y su unidad todavía se encontraba en Dresde pocos días antes de que esa ciudad fuera destruida por completo por las fuerzas aliadas.

En la primavera de 1945, Willi Merkel fue prisionero de guerra de EE. UU. Sin embargo, ser prisionero de guerra resultó ser lo mejor que le podía haber pasado, ya que, poco antes del intercambio de territorios el 1 de julio de 1945, los estadounidenses proveyeron a sus prisioneros de documentos que certificaban su liberación. Aconsejaron, en especial a los hombres del sur y del oeste de Alemania, desaparecer cuanto antes de la zona de ocupación soviética, pues de otro modo se verían amenazados por largas temporadas de cárcel en Rusia, lo cual despertaba el horror de todos los soldados.

Así terminó el servicio de casi cuatro años de Willi Merkel en la guerra, con una marcha a pie que duró tres semanas, desde Turingia hacia la Selva Negra. A mediados de julio de 1945 ya estaba de vuelta con su familia, sin haber sido herido ni una sola vez.

Foto del certificado de liberación de un prisionero de guerra alemán de la Segunda Guerra Mundial

Décadas después de su muerte, se descubrió la libreta militar de la Segunda Guerra de Willi Merkel y su certificado de liberación del 21 de junio de 1945. Este documento, con la firma de Raymond L. Gordon del Gobierno Militar H2 B9, autorizaba a Willi Merkel a viajar por cualquier medio posible desde Nordhausen hasta Rastatt para regresar a casa. Nordhausen, en el extremo sur de la región del Harz, fue el último lugar de la misión de la brigada 688 del Ejército del Tercer Reich, una ciudad tomada sin resistencia por las tropas de EE. UU. pero que quedó completamente destruida por las bombas británicas una semana antes del 21 de junio de 1945, causando la muerte de ocho mil personas.

En su camino, los exprisioneros también debieron toparse con otro de los lugares del horror nazi: el campo de concentración y exterminio de Mittelbau-Dora, a pocos kilómetros de Nordhausen. Mittelbau-Dora fue el último campo de exterminio que construyeron los nazis en suelo alemán, apenas dos años antes, y constaba de una inmensa instalación subterránea donde se montaban las llamadas "armas de venganza", la bomba aérea V1 y el misil V2. Ya en 1943, miles de prisioneros habían muerto en circunstancias espantosas fabricándolas.

Los veteranos de guerra estadounidenses describían a Mittelbau-Dora como el peor lugar que vieron en su estadía en Alemania, mucho más cruento que el campo de concentración nazi de Buchenwald, a 70 kilómetros de distancia, que también fue liberado el 11 de abril de 1945. Junto a cerca de 2.000 cadáveres en estado de putrefacción, encontraron a 1.200 sobrevivientes que estaban "más muertos que vivos". Los estadounidenses reaccionaron con medidas estrictas: los ciudadanos de Nordhausen fueron llevados a través de los campos de exterminio, lo que fue un ejemplo para otras acciones similares en las semanas siguientes. Se sepultó con honores a las personas asesinadas en esos campos de exterminio. Pero, sobre todo, se reunió al personal sanitario entre los soldados alemanes prisioneros en Mittelbau-Dora a fin de que cuidaran a alrededor de 1.300 exprisioneros de los centros de exterminio nazis.

Se descubrió que Willi Merkel había recibido una formación como "Ayudante en el transporte de enfermos" en 1944 y era uno de esos soldados. Un documento escrito en inglés y alemán, certificado por el Dr. W. A. Ousdhoorn, "ex prisionero político del campo de concentración Dora, médico jefe del hospital militar", el 12 de junio de 1945, lo prueba. En la parte de atrás del documento figura: "El cabo primero Willi Merkel pertenece desde el 15.04.1945 al personal sanitario del Hospital del Campo de Dora". Firma: Prof. Dr. von Hasselbach.

Foto de sobrevivientes del campo de concentración Mittelbau-Dora

La revelación de estos documentos generó una profunda reflexión: ¿por qué Willi Merkel nunca habló de Nordhausen ni de Mittelbau-Dora a sus hijas y nietos? ¿Acaso reprimió los escabrosos recuerdos de los días del final de la guerra, o simplemente se avergonzaba de los crímenes cometidos por los nazis, de los cuales fue testigo? O tal vez, como no pudo realizar su carrera debido a la profunda crisis económica, ¿había votado a Hitler? Este silencio no es un caso único; muchos de su generación nunca más hablaron de lo que vieron, vivieron y, sobre todo, hicieron. No quisieron o no pudieron hablar de ello, dejando a las generaciones siguientes con un conocimiento de los hechos solo a través de los libros de historia, a pesar de que estos sucesos tocaron mucho más de cerca a sus familias de lo que se suele creer.

Pincus Mansfield: Combate Aéreo y el Peso del Silencio

A los 18 años, Pincus Mansfield se ofreció como voluntario para las Fuerzas Aéreas del Ejército de EE. UU. en la Segunda Guerra Mundial, pero fue rechazado inicialmente por tener solo una buena mano. Sin embargo, regresó y convenció a la Fuerza Aérea de que no podían volar sin él. Sus padres pensaban que estaba loco, y así fue hasta el día de su muerte.

La razón por la que aceptarían a un chico de 18 años con una sola mano era que en 1943 estaban perdiendo el 75% de los hombres que entrenaban y enviaban a la batalla. La Octava Fuerza Aérea tuvo más muertes -26.000- que todo el Cuerpo de Infantería de la Marina. En su decimonovena misión, sobre Kassel, Alemania, Pincus Mansfield fue alcanzado por fuego antiaéreo, recibiendo disparos en las piernas, los glúteos y la cara.

ALIADOS (Guerreros del Aire) A-10 Thunderbolt II - Documentales

Toda esta historia permaneció oculta en su familia. Pincus Mansfield nunca habló sobre la guerra, y sus hijos aprendieron a no preguntar. "No voy a contar ninguna historia de guerra", solía decir. Al elegir el silencio, fue como la mayoría de los hombres de su generación, una regla para él y para millones de veteranos.

Poco antes de que Pincus Mansfield muriera, hace cinco años, se encontró la respuesta a la pregunta de su silencio. Mientras limpiaban su antiguo hogar, se halló un pequeño paquete de páginas dobladas que había estado guardado en un cajón durante 65 años. Era un breve diario de las misiones de bombardeo que había volado. Algunas de las misiones que voló fueron desgarradoras, marcadas por el ataque de aviones de combate, grandes cañones antiaéreos disparando desde tierra, abriendo agujeros en su bombardero e hiriendo a los tripulantes.

Frank Pugliano: Longevidad y Vida Activa de un Veterano

La vida de Frank Pugliano no solo está marcada por su participación en la Segunda Guerra Mundial, sino también por su increíble estilo de vida que lo mantiene activo y saludable a sus 103 años. Este hombre, oriundo de Italia, emigró a Estados Unidos cuando solo tenía seis años. Después de graduarse de Penn Hills High School en 1942, se alistó en el ejército estadounidense, donde permaneció por tres años. Durante su servicio, en plena Segunda Guerra Mundial, participó en una misión de convoy a Luzón, en Filipinas, donde sobrevivió a un ataque con torpedos japoneses.

Foto de Frank Pugliano celebrando su cumpleaños 103

Una vez que concluyó el conflicto bélico, regresó a casa y se casó con su novia de la secundaria, Mary Strough, quien lo esperó durante su ausencia. La pareja, que tuvo dos hijos, estuvo casada durante 65 años, hasta que ella falleció en 2011. Entre sus pasiones, Frank tiene una gran atracción por la música y toca cuatro instrumentos: órgano, armónica, guitarra eléctrica y saxofón. Su estilo de vida lo llevó a continuar con su labor incluso hasta los 98 años, trabajando en High View Acres, donde su tarea era realizar el mantenimiento en la casa club de esa comunidad residencial destinada a personas de al menos 55 años.

Frank Pugliano mantiene un aspecto y espíritu jovial, que según él se debe a varios motivos. "El médico me dijo: ‘Haz lo que estés haciendo’", comentó el veterano de guerra sobre su excelente salud. A sus 103 años, explicó que apenas sufre algunos problemas en las rodillas. Lejos de mantener una dieta estricta, asegura que come lo que quiere en todo momento. Su estado de ánimo y vitalidad son absolutamente increíbles. Todavía corta el pasto de su casa y realiza tareas domésticas.

Los Ancianos como Víctimas del Régimen Nazi: La "Aktion T4" y la Eutanasia

Desde los primeros años del régimen nazi circularon en Alemania rumores que afirmaban la existencia de planes de exterminio sistemático de la población "poco productiva". La eutanasia se constituyó así en entrenamiento y ensayo del que sería uno de los rasgos más atroces de la Segunda Guerra Mundial: las matanzas de prisioneros en las cámaras de gas.

Los Orígenes y Desarrollo del Programa de Eutanasia Nazi

En la primavera de 1944, la dirección de los Servicios de Seguridad (SD) nazis, en Berlín, solicitó a sus informantes que le proveyeran "informes" sobre el estado de la opinión pública acerca de un rumor muy especial: la ejecución prematura de las personas de edad. Los resultados revelaron una profunda desconfianza respecto del sistema de salud nacionalsocialista. Según ciertas versiones, algunos médicos se "deshacían" de personas de edad enfermas con métodos "apropiados" a fin de reducir los costos y ahorrar los medicamentos escasos. Muchos alemanes pensaban que las mismas autoridades habían invitado a los funcionarios de la salud a interrumpir los tratamientos de los pacientes de edad más avanzada y a no prescribirles más prótesis ni medicamentos de circulación limitada como la insulina.

En ciertos distritos, las personas mayores evitaban ir al médico y preferían dirigirse a su farmacéutico o a un curandero; otros no tomaban lo que les recetaba su médico, temiendo ser envenenados. Estos rumores iban a la par con las quejas de que en la distribución de alimentos de alto valor nutricio -como frutas, verduras o leche- y en las evacuaciones para huir de los bombardeos aliados, los jóvenes y especialmente las mujeres fecundas se habrían visto privilegiados.

Estas versiones persistían obstinadamente desde hacía años debido al recuerdo vívido de las últimas experiencias de eliminación clínica de los "inútiles" a pedido del Estado. En relación con los nuevos rumores, se evocaba con indignación el asesinato de los pacientes de los asilos y hospitales en forma casi abierta. La gente pensaba que, después de los discapacitados, les llegaría a los viejos el turno de ser sometidos a las "inyecciones de la Ascensión", que los enviarían al más allá. Sin embargo, el conocimiento de la política de eutanasia de los nazis suscitó más resignación que rebeldía.

ALIADOS (Guerreros del Aire) A-10 Thunderbolt II - Documentales

La "Aktion T4" y su Legado

Entre enero de 1940 y agosto de 1941, alrededor de 70.000 internos de establecimientos psiquiátricos alemanes, muchos de ellos ancianos o vulnerables, habían sido sistemáticamente asesinados. Esta obra, de una institución disimulada bajo el nombre T4, fue un asesinato masivo encubierto administrativamente y decretado secreto de Estado. A comienzos de la guerra, el mismo Hitler había redactado una autorización en tal sentido, formulada voluntariamente de modo vago, para dejar en manos de los expertos médicos y administrativos la organización del programa criminal y la definición de los grupos de víctimas. Aunque los médicos implicados exigieron una garantía legal, el mandatario se negó, so pretexto de confidencialidad, a recurrir a una ley de eutanasia.

La liquidación de los enfermos mentales enseñó al régimen algo esencial: ese genocidio no había quebrantado esencialmente la lealtad de la población, una experiencia decisiva para la aplicación del programa de exterminio de los prisioneros de los campos, judíos y gitanos romas y sintis. Además, las estructuras y el personal que había pasado la "prueba" del asesinato de los minusválidos participaron acto seguido en el judeocidio. Los preparativos del "test" que representó la eutanasia venían de lejos: incluso antes de la guerra, el ministerio del interior pensaba, en caso de conflicto, reducir drásticamente las raciones de los ocupantes de los asilos y hospitales psiquiátricos.

Durante el verano de 1939, el médico personal de Hitler, Theo Morell, había redactado un informe en el mismo sentido. Basándose en una encuesta realizada a principios de los años 20 entre los padres de niños con discapacidades importantes, concluía que la mayoría de ellos aceptaban que "la vida de su hijo se abreviara sin sufrimiento". Algunos decían incluso preferir no decidir ellos mismos la suerte de su hijo, dejando que un médico tomara las decisiones necesarias. A partir de lo cual Morell preconizó, en caso de eutanasia, la renuncia al consentimiento explícito de la familia, el mayor disimulo posible del asesinato del enfermo y, en términos más generales, la utilización del "prefiero-no-saberlo".

Las víctimas fueron rápidamente transferidas de un establecimiento a otro, a fin de hacer más difíciles las búsquedas de allegados inquietos, y luego asesinadas en los centros de ejecución. Las familias recibían entonces el anuncio del deceso, imputado a una causa inventada, así como la incineración del difunto. Pese a estas precauciones, el secreto del asesinato de los enfermos se divulgó, en especial entre el personal de los asilos y en los alrededores de los lugares de ejecución. El frágil tabú quedó públicamente expuesto en agosto de 1941, cuando el obispo de Munster, conde Clemens August von Galen, repudió abiertamente el crimen en un sermón. Las protestas procedían más que nada de los medios católicos.

Continuación de los Crímenes y su Impacto

Semanas antes del escándalo público de von Galen, Hitler había ordenado detener el programa de eutanasia. Pero eso no significó de ningún modo el cese de actividades de los centros de matanza. El número de víctimas correspondía aproximadamente, en ese momento, al objetivo fijado por los organizadores en 1939: uno de cada diez pacientes de hospital psiquiátrico debía ser "tomado por la acción", es decir, entre 65.000 y 70.000 personas en total. Y los expertos en estadística calcularon incluso el ahorro realizado así en materia de alojamiento, vestimenta y alimentación ¡hasta 1951! Sin contar el personal médico "liberado" para otras tareas y los lugares disponibles para enfermos curables.

Ya durante la Primera Guerra Mundial, la división de la población en distintas categorías destinadas a ser mejor o peor aprovisionadas -en función de su "valor"- había conducido a una subalimentación drástica de los pacientes de los hospitales psiquiátricos, provocando un fuerte aumento de su mortalidad. Pero con la Segunda Guerra Mundial, la selección sistemática, combinada con medidas estatales coercitivas, se convirtió en la base de la política social. Y no cambió nada la interrupción, en 1941, del programa de eutanasia: el asesinato de los enfermos prosiguió, de forma descentralizada y con otras técnicas. Las autoridades locales ya no deportaban a los condenados a las cámaras de gas de los centros de exterminio: los mataban en distintos hospitales y asilos mediante inyecciones letales.

Al mismo tiempo, el círculo de los participantes directos en el asesinato y el de las personas informadas se ampliaron considerablemente. Los expertos en eutanasia, que antes elegían los pacientes a ser eliminados, desplazaron su actividad hacia otros grupos de víctimas. A partir de la primavera de 1941, seleccionaron prisioneros de los campos de concentración -sobre todo minusválidos y judíos- para ser llevados a la cámara de gas. Más adelante, los asesinos del "Aktion T4" operaron en los centros de exterminio de Belzec, Sobibor y Treblinka, cuyos comandantes sacaron provecho de su experiencia en materia de utilización de las cámaras de gas para la destrucción de los judíos. Aparte de sus conocimientos prácticos y organizativos, los "T4" transfirieron de la eutanasia a la "solución final" su experiencia en el manejo de la opinión pública. Tan es así que en abril de 1941, el consenso en torno al asesinato de los enfermos se confirmó favorable: "En el 80% de los casos los allegados están de acuerdo, el 10% protesta y el 10% es indiferente".

Esquema de la organización de la Aktion T4 o centros de eutanasia nazis

Los informes de las SS de la primavera de 1944 pueden leerse entonces como signos de una prudente moderación: sondean la atmósfera general, dan indicaciones sobre las posibles causas de los rumores y aconsejan a las autoridades en cuanto a su reacción, lo que demuestra la continua preocupación del régimen por la percepción pública, incluso mientras continuaban sus crímenes descentralizados.

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