El síndrome coronario agudo (SCA) es un término clínico que describe un grupo de afecciones caracterizadas por una reducción repentina o interrupción significativa del flujo sanguíneo al músculo cardíaco. Esta falta de oxígeno, causada habitualmente por la acumulación y ruptura de placa (depósitos de grasa, colesterol y otras sustancias) en las arterias, puede derivar en daños irreversibles en el tejido cardíaco, incluyendo infartos de miocardio y cuadros de angina inestable.

El SCA en la población de adultos mayores
El adulto mayor se encuentra en una etapa de la vida con cambios fisiológicos importantes que poseen repercusiones directas sobre su estado clínico, lo que exige un enfoque diagnóstico y terapéutico especializado. La cardiopatía isquémica es la principal causa de muerte a nivel mundial, y el SCA representa la manifestación más frecuente y retadora en personas mayores de 65 años.
Debido al envejecimiento del sistema endotelial y vascular, la población de adultos mayores es la más vulnerable. Sin embargo, existe una brecha en la evidencia científica: estos pacientes han sido excluidos sistemáticamente de muchos estudios clínicos, lo que dificulta la estandarización de algoritmos de tratamiento precisos.
Presentación clínica y síntomas atípicos
Aunque el dolor o la molestia intensa en el pecho es el síntoma más común del SCA, en los adultos mayores su presentación suele ser atípica, lo que retrasa el diagnóstico. Entre las manifestaciones menos habituales se encuentran:
- Fatiga extrema y astenia.
- Falta de aire (disnea) y edema agudo de pulmón.
- Accidentes cerebrovasculares.
- Arritmias y síncopes (desmayos).
- Infartos silentes (sin dolor torácico evidente).
Factores como la hipertensión arterial, la diabetes y la falla cardíaca, condiciones altamente prevalentes en la vejez, aumentan la probabilidad de estas presentaciones atípicas.

Evaluación y diagnóstico especializado
Ante la sospecha de SCA, el diagnóstico debe ser inmediato, ya que se trata de una emergencia médica. Los procedimientos habituales incluyen:
- Electrocardiograma (ECG): Prueba fundamental para medir la actividad eléctrica.
- Pruebas de sangre: Especialmente la medición de troponina, que indica daño en las células del músculo cardíaco.
- Ecocardiografía: Uso de ondas sonoras para visualizar daños estructurales en el corazón.
- Angiografía coronaria: Procedimiento con contraste para observar el flujo sanguíneo y determinar el nivel de obstrucción.
Consideraciones sobre el tratamiento y revascularización
El tratamiento del SCA en el adulto mayor debe ser individualizado, considerando las preferencias del paciente, sus comorbilidades, su estado funcional y su expectativa de vida. La evidencia actual sugiere que, a menudo, los ancianos se benefician de terapias agresivas similares a las de pacientes más jóvenes.
Manejo farmacológico e invasivo
La terapia farmacológica (aspirina, estatinas, beta bloqueadores y anticoagulantes) es crucial para estabilizar la placa y prevenir coágulos. Por otro lado, la revascularización -ya sea mediante angioplastia con colocación de stents o cirugía de derivación (bypass)- ha demostrado reducir significativamente la mortalidad y las rehospitalizaciones en comparación con el manejo médico conservador.
No obstante, la elección entre cirugía (CABG) o intervención percutánea (PCI) debe ser cuidadosa en pacientes con enfermedad multivaso, sopesando los riesgos quirúrgicos frente a los beneficios a largo plazo.
La fragilidad como factor pronóstico
En la cardiología geriátrica moderna, la fragilidad -entendida como una disminución de la reserva fisiológica- se ha convertido en un indicador clave. Un paciente frágil presenta mayor riesgo de complicaciones, recuperación prolongada y declinación funcional tras un evento coronario. Evaluar la fragilidad permite guiar un manejo personalizado y evitar intervenciones fútiles, optimizando la calidad de vida y el pronóstico del paciente.