Figuras Mitológicas y Ancestrales del Bosque

Los bosques, con su aura misteriosa y mágica, han sido durante siglos el epicentro de creencias y supersticiones humanas. El paisaje define la vida y la mentalidad de las poblaciones que habitan en él, lo que ha llevado al desarrollo de una serie de mitos y creencias en torno a sí mismo y sus elementos. Para el hombre religioso, lo «sobrenatural» está indisolublemente ligado a lo «natural», y la Naturaleza expresa siempre algo que la trasciende. En la antigüedad, no conocer la realidad de fenómenos como tormentas, terremotos o erupciones volcánicas llevaba a recurrir a explicaciones sobrenaturales, respaldadas por creencias religiosas o míticas.

Bosque misterioso al amanecer con neblina

La Sacralización de la Naturaleza y el Bosque

Cuando se reflexiona sobre las relaciones históricas entre el ser humano y la naturaleza, surgen miles de preguntas sobre cómo actuaban los individuos con el medio que los rodeaba y cómo respondían a los debates e incógnitas que surgían de los cambios y desarrollos en los fenómenos físicos y climáticos. El concepto de wilderness, entendido como un lugar virgen que no ha sido mancillado por la actividad humana, puede asociarse fácilmente a conceptos como caos o naturaleza desbocada en el contexto de la historia de las religiones.

Del Animismo a las Grandes Divinidades

La sacralización de la naturaleza no ha sido un estadio único. La manera de percibir el medio de un habitante del Paleolítico no era igual a la de uno de la Alta Edad Media o, incluso, de la actualidad. En las sociedades primitivas, el corpus de creencias estaba muy cercano al animismo, un sistema de creencias basado en la relación entre el ser humano y ciertas fuerzas sobrenaturales o espirituales que habitan dentro de los elementos de la naturaleza. En un contexto animista, el ser humano primitivo reconoce, entiende y usa la naturaleza que lo rodea, relacionándose con ella a través de rituales con el fin de conseguir algún objetivo práctico, estableciéndose una relación más equilibrada.

Con el paso del tiempo, irían apareciendo las grandes divinidades, los creadores y su vasto árbol genealógico, a los que los fieles apelarían en busca de ayuda. Aunque algunas de estas divinidades se hicieron corpóreas y ascendieron hasta el cosmos, no abandonaron del todo el mundo terrenal. Toda una estructura de lo sagrado siguió viviendo, en este caso, entre la maleza. Por tanto, sabiendo que el medio natural está impregnado de esta aura sacra, no es de extrañar que muchos paisajes hayan quedado marcados de por vida por el trasiego de la maravilla.

Se cuenta que mucho tiempo atrás, cuando las diosas que hoy veneramos todavía estaban naciendo, hubo un arbolado primigenio. Los ancianos relatan que este fue el origen de los bosques actuales, tal y como los conocemos.

Todo en la Naturaleza Tiene un Espíritu: El Animismo

Rituales de Respeto hacia la Naturaleza

Las comunidades antiguas estaban mucho más conectadas con todo lo que les rodea, y este respeto se manifestaba en pequeños rituales que las personas seguían ante cualquier acto hacia la naturaleza:

  • Dejar una porción de trigo sin segar para que el espíritu del trigo habitara allí hasta la nueva cosecha.
  • Avisar a las encinas y otros árboles antes de podarlos, para que el espíritu de los árboles se moviera hacia otra parte.
  • Mostrar un gran agradecimiento hacia el espíritu del animal al sacrificarlo para comer, por ofrecer su alimento.

Guardianes del Bosque: Una Jerarquía Mitológica

Los bosques, selvas o junglas, todos estos paisajes tienen quien les guarde. Atendiendo a una jerarquía mitológica, podemos clasificar a los guardianes y guardianas en tres categorías de carácter descendente:

  • Divinidades mayores: Dioses y diosas de los panteones supremos.
  • Divinidades menores: Figuras cuyas funciones derivan de las mayores.
  • Seres elementales: Relacionados con un elemento natural o un lugar determinado.

Aunque todos tienen en común la tarea de proteger su hogar, hay diferencias en cuanto a su representación, sus asociaciones, su carácter, sus tareas y su culto.

Divinidades Mayores

Las divinidades mayores son los dioses y diosas de los panteones supremos, enraizados en los árboles genealógicos del mundo. Muchas de estas divinidades están relacionadas con la fertilidad, la vegetación y la fauna. No por ubicar a una divinidad en el bosque, esta tiene que ostentar obligatoriamente el título de “divinidad forestal”, aunque su conexión con este entorno sea profunda.

Artemisa / Diana

Este es el caso de la conocida diosa cazadora del ámbito grecorromano, Artemisa / Diana. Calímaco decía de ella en el Himno a Ártemis, que raro sería verla cerca de las ciudades. Se la describe como la augusta virgen cazadora de venados, lanzadora de dardos y hermana de Apolo, que por montes sombríos y cumbres batidas por los vientos tensa su áureo arco deleitándose en la caza y lanzando dardos que arrancan gemidos. El origen de esta divinidad cazadora se remonta a los primitivos cultos prehistóricos, donde Artemisa se rastrea hasta la figura de la Potnia Therón, una remota señora de las bestias a la que se acudía para asegurar la fecundidad de las especies animales aptas para el consumo humano. Esta diosa no solo cuidaba de la reproducción de los animales salvajes, sino que también comenzó a asociársela con los alumbramientos humanos, más visible en la figura de la Diana romana.

Escultura de Diana Cazadora

Tapio y Mielikki (Mitología Finesa)

La mitología finesa ofrece uno de los mejores ejemplos de dioses asociados al bosque: la pareja formada por Tapio y Mielikki. Tapio se representa como un ser alto y esbelto que porta una tabla de madera y cuya capa está hecha de musgo. Cubre su cabeza con hojas y ramas de abeto. Mielikki es su consorte, “la madre de la rica miel”. Los cazadores la describen de una u otra forma dependiendo del éxito de su actividad. Si la caza ha ido bien, se la describe bella, con la piel pálida, cubierta de relucientes joyas y con medias azules y cordones rojos; si por el contrario, el día no fue productivo, Mielikki se representará horrible, vestida de harapos y con paja en los pies. Tanto ellos como su prole tienen un carácter benefactor; ayudan a los cazadores y campesinos y cuidan del bosque.

Tane (Mitología Polinesia)

No solo Europa tiene sus protectores; las arboledas polinesias están protegidas por Tane. Hijo de Ranginui (cielo) y Papatuanuku (tierra), se le considera señor de la luz y de los territorios arbolados. Es también el protector de los fabricantes de canoas, pues la madera de sus árboles permite crear estos transportes para echarse al mar.

Divinidades Menores

Las divinidades menores habitan en el verdor del sotobosque. Sus funciones derivan de las anteriormente comentadas, como el cuidado de la fauna, los árboles, los montes o las corrientes de agua. Es muy habitual que su apariencia goce de rasgos animales, dando una imagen salvaje: cuernos, patas de cabra, pelo en abundancia o en su defecto musgo, corpulencia, entre otros. Como resultado de la evolución y transformación de la tradición oral y el folklore, podemos encontrar casos en los que estas figuras hayan cambiado de apariencia, describiéndoles como pastores y portando grandes y pesadas varas o bastones.

Pan y las Cortes de Dioniso/Baco

Con esta descripción, la imagen que aparece en la mente es la de Pan o las cortes selváticas de Dioniso. El dios del vino, conocido en su faceta romana como Baco, abarcará como sus dominios la vegetación en general.

Basajaun y Basandere (Península Ibérica)

En la Península Ibérica, concretamente en los bosques de Navarra y País Vasco, encontramos al basajaun y a su consorte, la basandere. Estos gigantes del monte siguen la línea de comportamiento de las figuras protectoras forestales, como el leshii eslavo. Según la conducta del ser humano en el bosque, así se comportará con él o ella el basajaun, aunque su carácter principalmente es amable.

Dríades y Yakhsinis

Las divinidades menores también tienen nombre de mujer. Las dríades clásicas o las yakhsinis hindúes también tendrán un papel destacado en la salvaguarda del bosque y sus aguas. Estas últimas se conciben como la manifestación de la diosa del bosque, la aranyani de los vedas.

Ilustración de una Yakshini bajo un árbol Asoka

Seres Elementales y Espíritus Locales

Las divinidades menores cubiertas de musgo y hojarasca han servido como base para la creación de nuevos mitos que, lejos de desaparecer, se han hecho un hueco dentro del imaginario colectivo. Estos genios del lugar, aunque también se hayan hecho corpóreos, son quizás los que mejor mantienen ese origen animista.

Aun con modificaciones en su carácter, los seres elementales -como su nombre bien indica- se relacionan con un elemento natural o un lugar determinado: corrientes de agua, cosecha, hogar, etc. Dentro de esta categoría encontramos a las hadas, elfos, duendes, gnomos y demás seres que pueblan el imaginario colectivo.

Kodama (Japón)

En Japón, los kodama son pequeños espíritus que habitan en los árboles de mayor tamaño y edad y, como suele ser habitual, son invisibles al ojo humano. No tienen una apariencia fija, sino que pueden modificarla a voluntad. La tradición cuenta que en su forma primitiva estos protectores de árboles eran considerados divinidades de la naturaleza que, gracias al paso del tiempo y a varias reinterpretaciones de su figura, pasaron a convertirse en espíritus de los árboles.

Representación de Kodama como un anciano

Sonidos del Bosque como Manifestación Espiritual

Los protectores del bosque no solo se asocian a los árboles, sino a todo lo que conforma el bosque, incluidos sus sonidos. Si se considera al árbol como un ser animado, todos los agravios que sufra los expresará como cualquier animal, es decir, a través de llanto, grito o súplica. Esto puede ser interpretado tanto como si es el propio árbol el que sufre o como si esos sonidos los produce el ser espiritual que lo habita. La tradición china recoge varios ejemplos de esta casuística.

Abiku y Bokwus: Espíritus Temibles

Cada ser elemental, genio o espíritu tiene su carácter, y es habitual encontrar a algunas de estas criaturas como las culpables de pequeñas desdichas en las tareas de los campesinos y demás trabajadores de la tierra. Pero estos “espíritus” o geniecillos no siempre se mueven entre la travesura y la burla, pues existen criaturas que provocan verdadero terror.

  • Los Abiku, de la tradición oral de los yorubas (Nigeria), son seres espirituales que moran en las zonas deshabitadas de los bosques, donde los espíritus malignos y demonios vagan con sed, hambre y frío. Por esta causa andan en busca incansable de niños recién nacidos para introducirse en sus cuerpecitos y hacerlos desfallecer poco a poco, “los predestinados a morir”. Nadie parece capaz de dar una descripción concreta de Abiku, de quien se dice que no tiene forma, como el humo y que puede filtrarse a través de los espinos más densos.
  • En Norteamérica encontramos al Bokwus, un espíritu cuyo hogar invisible se encuentra en lo profundo del bosque.
Ilustración de Bokwus en un bosque

El Fauno Romano: Protector y Amante Desdichado

El mito del Fauno es la versión romana del mito del dios Pan. En ambos casos, era la divinidad que regía los bosques y los campos, protector de los rebaños, a quienes salvaguardaba de los ataques de las bestias y concedía fertilidad. De hecho, también se le conocía como “Lupercus”, que significa ‘el que protege del lobo’. Se dice que tenía dones proféticos y que revelaba el porvenir a través de susurros en el bosque o en medio de los sueños. Aunque hay versiones en las que se le considera un dios con la capacidad para hacer maleficios a los campesinos, la mayoría lo consideraban un protector.

Representación del dios Fauno con patas de cabra y flauta

Origen y Apariencia

El mito del Fauno comienza con Pico, hijo de Saturno y un dios profético que se valía del pájaro carpintero para hacer sus vaticinios. Pico, de apariencia ruda pero de maneras sofisticadas, se casó con la ninfa Canente, con la que tuvo a su hijo Fauno.

Fauno tenía una apariencia extraña y desagradable. Sus piernas y sus pies eran de macho cabrío, también tenía cuernos y unas orejas puntiagudas de animal. En algunas versiones se dice que cuando nació, Mercurio lo llevó al Olimpo para divertir a los dioses y a cambio de permitir que otros se rieran de él, le concedió la inmortalidad. En torno al mito del Fauno existe cierta confusión, ya que en la versión griega se le asociaba con los sátiros, unos seres que también habitaban los bosques y tenían una apariencia similar a la del dios.

Desdichas Amorosas y Creación del Caramillo

Uno de los aspectos que más caracterizó al Fauno fue su tendencia a enamorarse y no lograr ser feliz. Siendo muy joven, se enamoró de la ninfa Sírinix, que no lo apreciaba en absoluto. El Fauno la persiguió tratando de conseguir su amor, y cuando estaba a punto de atraparla, los dioses se compadecieron de la joven y la convirtieron en caña. Desilusionado por lo ocurrido, este ser tomó dos tallos desiguales de la planta y los unió en paralelo. Así construyó una flauta con la que interpretaba bellas melodías. Este instrumento se conoce actualmente como caramillo.

Todo en la Naturaleza Tiene un Espíritu: El Animismo

El Amor con Pitis y Aquilón

El mito cuenta que Fauno habitaba en el bosque y estaba en contacto continuo con las ninfas. Ellas se sentían muy agradadas con el sonido de su flauta y se reunían a escucharlo. En medio de esas reuniones, este dios se enamoró de otra ninfa: Pitis. A diferencia de lo que había ocurrido en el pasado, ella sí le correspondió. Sin embargo, Aquilón, el dios de los vientos del Norte, también estaba enamorado de Pitis. Aquilón era un anciano con el cabello desordenado. El corazón de la ninfa le pertenecía al Fauno, pero Aquilón no lo aceptaba. Así que, en un arranque de celos, sopló fuerte y la arrojó por un acantilado. Los dioses, esta vez compadecidos por la suerte del Fauno, evitaron que la ninfa cayera y la transformaron en pino. Esta planta quedó consagrada al dios de los bosques.

Matrimonio y Legado

Después de tantas desdichas, Fauno se alistó en el ejército de Baco, donde se destacó como estratega militar. Según algunas versiones del mito, el dios de los bosques terminó casándose con Bona Dea, diosa de la fertilidad, la castidad y la salud, y un auténtico modelo de virtudes. En algunos autores, esta diosa también aparece como la hija o la hermana de Fauno, por lo que también se le conocía como “Fauna”. La versión más popular dice que Bona Dea, en principio, no era diosa, sino una mortal común y corriente. Era muy virtuosa, al punto en que permanecía encerrada en la casa y nadie más que Fauno podía verla, hablar con ella o conocer su nombre. Sin embargo, un día la mujer encontró una jarra de vino y la bebió hasta quedar borracha. Cuando Fauno la vio, se sintió tan indignado que la golpeó con una rama de mirto hasta matarla. Luego, con gran remordimiento, le tributó honores de diosa y estableció un culto en su honor.

Criaturas y Ancianos Mitológicos en los Bosques Ibéricos

En la Extremadura rural y sus zonas montañosas, la tradición oral ha dado vida a una rica variedad de seres mitológicos que habitan en bosques, montañas y cuevas, reflejando el profundo vínculo de las comunidades con su entorno natural.

Figuras Protectoras y Misteriosas

  • La Chancalaera: Es una diosa de la naturaleza, una guardiana de los arroyos, que parece estar hecha del mismo viento que susurra entre los árboles. Protege la naturaleza con fervor, y por eso, no siempre se lleva bien con los humanos. Tiene el don de la metamorfosis, pudiendo tomar la forma de cualquier animal del bosque, o bien aparecer como una joven de deslumbrante belleza o una anciana sabia y misteriosa. Es un ser salvaje y libre, profundamente conectado con los ritmos naturales.
  • El Entiznáu: Es una de las figuras más enigmáticas y temidas de la mitología extremeña, especialmente en la comarca de Las Hurdes. Este ser gigantesco, de aspecto negruzco como si estuviera cubierto de hollín, es descrito como un duende de proporciones descomunales, con una levita negra y un sombrero de copa. Se dice que habita en lo alto de la Sierra de La Gineta, y su presencia es capaz de desencadenar las tormentas más terribles. Según la leyenda, cuando el Entiznáu se enfada, se coloca con un pie en el Pico Mingorro y el otro en el Pico Solombrero, y comienza a agitar su sombrero de copa, desatando las nubes. Aparece al amanecer o atardecer, fumando puros que ofrece a los pastores, pero rechazar su generosidad puede traer tormentas y maldiciones.
  • Ser horrendo y diabólico de las cuevas: Se cuenta que un ser horrendo y diabólico habita en lo más profundo de las cuevas de las montañas. Detesta la presencia de cualquier persona, prefiriendo la soledad oscura y fría. Siempre está enfadado, deprimido, y su única compañía son los gruñidos que escapan de su boca: “gruñiuu, gruuu, ñuuuu”. Dicen que si tienes la desgracia de encontrarte con él, caerás bajo su maldición. Tu carácter cambiará por completo: si eras alguien alegre y radiante, pronto te convertirás en una persona triste, enfadada y melancólica, y te pasarás los días gruñendo, solo y apartado de los demás.

Monstruos y Seres Peculiares

  • La Serrana de la Vera: En lo alto de la Sierra de Tormantos, se cuenta la historia de La Serrana de la Vera, una mujer mitad humana y mitad yegua, cuya fuerza descomunal y belleza salvaje la convierten en una figura temida. Se dice que seduce a los hombres solo para sacrificarlos. Sin embargo, detrás de esta leyenda existe otra historia, menos sobrenatural, pero igual de poderosa: La Serrana era, en realidad, una mujer que, harta de las restricciones de la sociedad de su tiempo, huyó a las montañas en busca de libertad, lo que alarmó a los gobernantes del condado, quienes forjaron la terrible leyenda.
  • El Machu Lanú: En las sombras de los montes hurdanos, se oculta El Machu Lanú, una criatura con cuerpo de cabra y un rostro humano deforme. Su voz cavernosa se escucha entre los árboles, y quienes la oyen saben que es mejor no voltear. Aparece con un vendaval, levantando ráfagas que hacen temblar a quienes se cruzan en su camino. Este ser representa el lado seductor y prohibido que el ser humano teme aceptar, un reflejo del mundo de las sombras donde los secretos y las vergüenzas se mantienen a raya. Su figura, con un pie en lo humano y otro en lo salvaje, recuerda que todos llevamos dentro una bestia que lucha por salir.
  • El Escornáu: Era una criatura aterradora que sembraba el pánico en el pueblo de Ahigal. Con el cuerpo medio jabalí y medio caballo, un cuerno gigantesco en la frente, una piel impenetrable y un hambre insaciable, era un ser de lo más temible. Pero un día, las mujeres de Ahigal, decididas a poner fin a su reinado, se armaron de valor y subieron al monte con el estandarte de la Virgen. Al verlas, el Escornáu rugió y corrió hacia ellas, pero al encontrarse frente a esa fuerza, comenzó a hincharse hasta explotar en mil pedazos. Las mujeres regresaron al pueblo con el cuerno, un trofeo de su valentía.
  • El Pelujáncanu: En las oscuras profundidades de los montes hurdanos, habita el Pelujáncanu, un cíclope de gran tamaño, un gigante de un solo ojo. Su imponente figura, cubierta por un denso pelaje, lo distingue como un monstruo formidable, pero es su extraña cabeza calva, adornada por un único pelo, lo que verdaderamente aterroriza. Cuentan las viejas historias que el Pelujáncanu podía derribar árboles con un solo golpe y levantar piedras gigantescas como si fueran hojas secas. Poderoso y despiadado, el Pelujáncanu es una figura que recuerda a los aldeanos que la naturaleza salvaje siempre está cerca, esperando la oportunidad de desatar su furia.
Representación del Pelujáncanu, cíclope montañés

Ancestros y Mensajeros

  • La Genti de Muerti: En las noches más oscuras, se dice que La Genti de Muerti aparece, trayendo consigo el frío y el silencio de la muerte. Estos jinetes espectrales, un hombre y una mujer ancianos, surgen de la nada, montados en caballos pálidos que no emiten sonido al galopar. Los relatos cuentan que, si escuchas sus voces susurrando “somos Genti de Muerti”, el fin se aproxima para alguien en la comunidad. Los aldeanos los ven como heraldos de la muerte, y su aparición se asocia con el fallecimiento de alguien en el pueblo. La figura de estos jinetes se ha convertido en una advertencia, un recordatorio de la inevitabilidad de la muerte y del respeto hacia lo desconocido.
  • La Jáncana: La leyenda de La Jáncana habla de una criatura deforme que acecha en los bosques. Con una sola mirada, revela su rostro arrugado y su único ojo en la frente, mientras que otros dos pequeños ojos se esconden en la nuca. La Jáncana se aparece a aquellos viajeros que se han perdido, y lo hace en forma de una doncella cautivadora. Juega con ellos, haciendo que se extravíen más y más. Finalmente, cuando se cansa de su juego, les ofrece sus alhajas, diciéndoles que pueden elegir llevarse lo que deseen. Los viajeros eligen siempre las tijeras de oro, lo único que parece verdaderamente valioso. Esto enfurece a La Jáncana, pues se dice que está bajo el hechizo de un viejo maleficio, que solo se romperá cuando alguien, al elegir, diga que desea llevarse todas sus alhajas y a ella también. Es entonces cuando revela su verdadera forma, monstruosa y aterradora, y toma sus tijeras de oro para cortar la lengua de su desafortunada víctima.
  • El Jarramplas: Es el espíritu ancestral de Piornal, representado por una figura demoníaca que recorre las calles del pueblo el 19 y 20 de enero, recibiendo una tormenta de nabos lanzados por los habitantes. Vestido con cintas de colores y una máscara cónica con cuernos, Jarramplas recuerda a un antiguo ladrón de ganado, capturado y castigado por la comunidad. Su máscara, adornada con cuernos de macho cabrío, conecta la tradición con símbolos de fecundidad. Algunos estudios sugieren que Jarramplas tiene vínculos con la figura romana de Caco, castigado por Hércules, así como con ceremonias indígenas observadas por los colonizadores en América. Para el pueblo de Piornal, ser elegido Jarramplas es un honor, representa la resistencia ante el castigo y la purificación de la comunidad, uniendo el pasado pagano con la devoción a San Sebastián.

Todo en la Naturaleza Tiene un Espíritu: El Animismo

De Guardianes a Demonios: La Diabolización en la Historia

En los bosques se vive, se trabaja y se llevan a cabo actividades ociosas. Todas estas acciones conllevan un impacto, mayor o menor, en este ecosistema. El carácter dual que posee la naturaleza, la cara más amable y la más destructora, también será marca identitaria de sus guardianes. Algunos protectores del bosque eran muy celosos en mantener su hogar a salvo, al igual que muchos geniecillos pasaban el rato ilusionados con hacérselas pasar canutas a los moradores ocasionales.

Para intentar que el paso por la foresta tuviera el menor impacto posible, el individuo echaba mano de remedios fruto de la tradición oral y la superstición. En la Alta Edad Media, aun habiéndose aceptado el sacramento cristiano, no se dejó de acudir a los lugares que tanta importancia habían jugado en el paganismo, como los árboles sanctivi. Estas prácticas se recogen como malas praxis del pueblo en crónicas y vidas de santos altomedievales.

Uno de los motivos por los que se temía tanto entrar en el bosque obedece a estas transformaciones. En aquellos lugares donde el paganismo entró en contacto con el cristianismo, las anteriores divinidades asociadas a este espacio se diabolizaron. En algunos casos, se aprovecharon sus rasgos animalescos para definir esa imagen tan prototípica del demonio.

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