Cuando oímos hablar de Japón y sus costumbres sexuales, solemos pensar en los fetiches (si es con cuerdas y tentáculos mejor, pero por hoy lo dejaremos de lado), las geishas y una creciente crisis demográfica originada por una represión que tan solo puede conducir al sexo extremo. O al menos eso creemos. Son tópicos, pero como suele ocurrir con los lugares comunes, no están totalmente desencaminados. La tradición sexual nipona no solo es muy diferente a la occidental, sino también a la de otros países orientales. Para entenderla un poco mejor resulta muy útil leer un artículo recientemente publicado en 'The Conversation' por la antropóloga de la Universidad de Michigan Jennifer Robertson, y que aunque se centra en el conocido como 'gender-bending', dice mucho de sus prejuicios y audacias.
Conceptos de género y orientación en la historia japonesa
Aunque muchos samurais tenían una esposa para procrear y firmar alianzas políticas, disfrutaban de relaciones con jóvenes. No se trata de una cuestión de simple homosexualidad, transexualidad o bisexualidad, sino que va mucho más allá y afecta profundamente la cultura del país del sol naciente. Como indica la autora, “hasta hace muy poco, los actos sexuales no estaban vinculados con la identidad sexual”. Una concepción muy diferente a la occidental, aunque no tan lejana de la de la Grecia clásica, donde tampoco se consideraba a la orientación sexual como un identificador social. Los japoneses no se consideraban gais, heterosexuales o bisexuales por sus costumbres sexuales, al menos hasta los años 90 cuando la orientación sexual se politizó.
En otras palabras, en Japón fue relativamente común durante siglos que los aristócratas tuviesen amantes de ambos sexos. “Para ellos, el sexo biológico de sus conquistas era a menudo menos importante que su objetivo, la belleza trascendente”, explica la autora, que publicará este año 'Robo sapiens japanicus: Robots, Gender, Family and the Japanese Nation' (University of California Press). “Aunque muchos samurais y shugun tenían una esposa para procrear y firmar alianzas políticas, disfrutaban de muchas relaciones con hombres más jóvenes”.
La situación cambió a finales del siglo XIX, cuando la formación del nuevo ejército japonés provocó que la nueva ética castrense prohibiese y persiguiese la homosexualidad. Sin embargo, esta vieja tradición cultural llega hasta nuestros días, en la que muchos jóvenes presentan una apariencia andrógina. Al contrario que en Occidente, el objetivo no es pasar por una persona del género opuesto, sino más bien, no tener género. Una concepción que se encuentra en la base de algunas de estas peculiares tendencias.
Shunga y otros géneros eróticos históricos
La tradición pornográfica japonesa se remonta a la época Edo, entre 1603 y 1868. Es en este tiempo cuando se desarrolla de manera paralela el conocido como 'shunga', imágenes eróticas que se pintaban en madera. 'Shunga' significa “primavera”, a su vez, un eufemismo de “sexo”. Muchas de las consumidoras de esta clase de dibujos eran mujeres. Se trata un subgénero de la técnica de grabado xilografía 'ukiyo-e', muy popular a pesar de ser prohibido por el shogunato. Aquí se encuentra por primera vez la exageración del tamaño de los genitales, y se llegó a atribuir características supersticiosas a los libros, como que protegían a los samuráis que los portaban. Los temas eran variados, desde la consumación de un amor tradicional entre marido y mujer hasta relaciones entre hombres ('nanshoku') y la fetichización lujuriosa de la ropa.
El popular anime 'Ranma 1/2' presentaba una versión 'light' del Futanari. En Europa o en EEUU, “futanari” suele utilizarse casi como un sinónimo de transexual; sin embargo, su origen va mucho más allá. La palabra significa realmente algo parecido a “doble” o “forma dual”. Es erótica, interesante, divertida y conecta con la fascinación masculina por el cuerpo de mujer con atributos de hombre. Es una leyenda semejante a la de Hermafrodito, y aparece también en las 'Metamorfosis' de Ovidio. A menudo era entendido como un protector del matrimonio, ya que juntaba en un mismo ser los órganos sexuales del marido y la esposa, pero el uso moderno no es médico, sino cultural.
Otra idea clave es Meganekko, literalmente “gafas”. Es un arquetipo del hentai erótico japonés en el que las lentes se vuelven un atributo erótico. Las gafas pueden considerarse como signo de vulnerabilidad, pero también de inteligencia, y existen variantes masculinas como el 'megane'.
Representaciones femeninas y el Yuri
Yuri es otro subgénero popular entre mujeres… y hombres. Consiste en historias de amor lésbico entre dos mujeres, con erotismo o emoción. Muchas veces, como indica TV Tropes, se trata de un retrato idealizado y poco realista de las relaciones lesbianas, con una fuerte presencia de personajes femeninos apreciados por el público masculino en algunas versiones.
Enjo kosai y la realidad social
Ya sabíamos que los japoneses pueden disfrutar de una larga serie de producciones eróticas, pero ¿qué pasa con la vida real? El frustrado adulto japonés puede recurrir al conocido como 'Enjo kosai' (“citas asistidas”), uno de los programas más polémicos de los últimos años. En este sistema, los hombres adultos pagan a jóvenes, incluso estudiantes de bachillerato, una cantidad para salir con ellas; a veces implica servicios sexuales. Aunque existe, es probable que sea menos frecuente de lo que se piensa. Puede ser complemento salarial, rito de paso o una experiencia con la sexualidad en la juventud.
Como recuerda la Encyclopedia of Prostitution and Sex Work, la sexualización de las jóvenes es un elemento extendido en Japón, y la industria del sexo ha sido y es una de las más florecientes. La Ley Anti-Prostitución de 1956 criminalizó el coito, pero dejó abiertas formas de contacto sexual que no implicaran penetración, dando lugar a negocios como soaplands, imekura, clubs de teléfono y deriheru, regulados para evitar cloaking policial. El resultado es un mosaico de prácticas donde la legalidad y la ética social conviven con un turismo sexual y una cultura de entretenimiento para adultos.
Seguridad, acoso y regulación
La sociedad japonesa, pese a una imagen de permisividad, aborda el sexo con prudencia y con límites marcados por la ley. Los trenes tienen coches exclusivos para mujeres para reducir acoso; el término chikan se refiere al acoso sexual deliberado en transporte público. Las autoridades insisten en denunciar públicamente y actuar contra estos delitos. La edad mínima para relaciones sexuales consentidas en el Código Penal es de 13 años, aunque las prefecturas pueden fijar límites de 18 años para menores, acercando un marco de protección que no siempre ha logrado erradicar conductas inapropiadas.
Género, danza histórica y vida contemporánea
Desde el kôshoku ichidai otoko hasta el libro Nanshoku ōkagami, la literatura japonesa ha explorado el amor entre hombres, distinguiendo entre danshoku y joshoku, y mostrando un mundo de relaciones entre adultos y jóvenes que, aunque ya no se reproduce plenamente en la sociedad actual, dejó huellas profundas. En el siglo XVII, la cultura del danshoku y las prácticas homosexuales entre hombres coexistían con un código ético propio y representaciones artísticas en ukiyo-zōshi. Hoy, obras modernas y culturales, como ciertos mangas BL y shōjo, continúan explorando estas temáticas, conectando pasado y presente sin reducir la complejidad a un único estereotipo.
La exhibición A Third Gender explora cómo el wakashu, joven que representa una etapa de transición, fue retratado en pinturas y textos, y cómo su presencia influenció la percepción del género. A la vista de estas exploraciones, comprender la historia de la cultura del danshoku no debe reducirse a un simple pasatiempo, sino a un intento de entender las transformaciones sociales, artísticas y morales que han moldeado la forma en que Japón piensa el sexo y las relaciones entre adultos.

¿Cómo era La vida en Japón durante el shogunato Tokugawa?
La historia de la sexualidad japonesa es compleja y no puede reducirse a un único relato. Su riqueza está en la interacción entre costumbres, artes, leyes y la vida cotidiana de distintas épocas, que han configurado una cultura donde el sexo ha sido tanto entretenimiento como arte y tema de reflexión social.