Desde España se ha viralizado un video con una historia conmovedora protagonizada por Hermann Schreiber, un octogenario alemán que reside en España y padece Alzheimer. Internado, al igual que su esposa Teresa, lo que no ha olvidado es cómo tocar la armónica, y ahora se emociona al creer que está actuando ante una gran audiencia.
Una "mentira piadosa" convertida en realidad
Todo fue idea de Tamara Sayar, su cuidadora en Vigo. Cuando en la ciudad los ciudadanos aplaudían desde sus balcones a los profesionales sanitarios, ella hacía que Hermann tocara la armónica ante la ventana. Al finalizar, Hermann recibía una gran ovación de parte de todos sus vecinos.
“Pedazo concierto, ¿eh, Hermann? ¿Ves? Te has puesto nervioso. Mucho público, yo entiendo”, se escucha decir a Tamara, su cuidadora, al finalizar el video que muestra al abuelo alemán practicando con su instrumento favorito. Tamara grabó a Hermann y sus vecinos conocieron su historia, por lo que lo que en un principio era una fantasía, se convirtió en realidad: los aplausos ya no solo fueron para el personal de salud, sino también para él.
El origen de los aplausos
Los aplausos a los sanitarios se iniciaron en España como una forma de reconocer el trabajo de los profesionales de la salud, pero se extendieron rápidamente a todo el mundo. Durante los meses de confinamiento en España, se hizo costumbre que todos los días a las 20:00 horas, los ciudadanos se asomaran en las ventanas o balcones de sus hogares para homenajear con un fuerte aplauso al personal de salud que luchaba contra el coronavirus.
A la misma hora en Vigo, Hermann Schreiber, un abuelo con Alzheimer, también salía a su balcón, pero no para aplaudir, sino para recibir el aplauso de sus vecinos por el maravilloso concierto de armónica que diariamente les ofrecía. Y es que Tamara Sayar, su cuidadora, así se lo hizo creer. “Fue una mentira piadosa”, señaló la mujer al diario ABC. “No fue intencionado”, agregó, explicando que Hermann también quería participar de los aplausos, pero no entendía por qué eran, “y cuando empezó a ‘jugar’ con la armónica, para él se volvió una ovación”.
La felicidad de Hermann a través de la música
Pero lo más entrañable de esta historia es que Teresa, la esposa de Hermann, todos los días a las 20 horas aprovechaba para abrir las ventanas y que Hermann tocara su armónica para todos los vecinos. Mientras estos, cada uno desde sus casas, aplaudían, y mucho y muy fuerte. Pero lo que Hermann no sabía es que esos aplausos no eran por su increíble recital, sino por un movimiento social de agradecimiento a los sanitarios, transportistas, militares, reponedores y demás héroes que luchan todos los días por nuestro bienestar. El hombre cree que los vecinos de las casas de al lado son su público y no duda en ofrecerles un auténtico recital con su instrumento.
En el video, vemos a Hermann muy concentrado con el instrumento, que aprendió a tocar a los 5 años, ante su público más fiel, sus vecinos. Un video que emociona a cualquiera solo por pensar que el músico está nervioso por su actuación. En él se escucha cómo Tamara le dice: "Pedazo concierto, eh, Hermann", "¿Ves? Te has puesto nervioso. Mucho público. Yo entiendo". A esa sensación, la de sentir que está ante el respetable, no ha llegado él por una ocurrencia cualquiera. “No sé si he creado un monstruo, porque ahora Hermann ensaya todo el día”, cuenta emocionada a Efe Tamara, y no duda en confesar el enorme cariño que siente hacia el intérprete al que el estado de alarma no frena. “Simpático, muy sensible, de emoción fácil”. Después, cómo no, ha de lavarse las manos.
Su cuidadora le piropea: «Qué gran concierto el de hoy. Les ha encantado porque sus palmas han sido más fuertes». Él sonríe, sigue soplando y al final bate sus propias palmas sobre la dulzaina, sumándose a la ovación. Hermann está algo mejor de la enfermedad que Teresa Domínguez, pero ya no recuerda el español ni ella el alemán que dominaban a la perfección. Sin embargo, lo que no ha olvidado es tocar su querido instrumento.
El fin del confinamiento y la música para sí mismo
Y a pesar de que el confinamiento en España ya se levantó, el abuelo todavía sale todos los días al balcón a tocar su armónica, aunque ya no recibe los aplausos. “Es un acto íntimo que él hace para sí mismo (...) Su enfermedad empieza a hacer que olvide ciertas cosas, pero hay muchas canciones que aún recuerda”, explicó Tamara.
La historia de Hermann en un cortometraje animado

El video de Hermann tocando su armónica que grabó su cuidadora, llegó a ojos del director Jordi García, quien se inspiró en su historia para hacer un corto animado. Así, escribió un guion, se lo mandó a su equipo de trabajo y de inmediato pusieron manos a la obra.
El resultado fue un video de casi tres minutos de duración, que comienza con la imagen de un joven violinista que practica antes de ofrecer un concierto en un gran teatro. Luego, el músico aparece sobre el escenario, ante la mirada encantada de su público. Hace su presentación y es ovacionado de pie.
Posteriormente, la historia se traslada a un departamento donde un abuelo toca el violín en su balcón. “Hermann, hoy te has lucido”, se escucha decir a una mujer, quien le pasa el teléfono para que hable con “una fan”.
“Hola papá, soy yo. ¿Cómo está mi violinista favorito? En cuanto nos dejen iré a verte”, dice una voz al otro lado del teléfono, mientras Hermann hace gestos de no saber con quién habla.
“Dedicado a todos los héroes de marzo de 2020”, se lee al final del corto creado por la productora 23Lunes. “Hermann” fue publicado el pasado 16 de junio y ya ha sido visto más de 76 mil veces. “Esperábamos que gustara, pero ha sido una sorpresa que haya explotado así”, dijo Jordi a El Mundo.
Detalles de la vida de Hermann y Teresa
Hermann Schreiber es octogenario, como su esposa, Teresa Domínguez. Los dos sufren Alzheimer. Ella, gallega, dominaba el alemán, pero ya no. Ni siquiera habla. Él, oriundo del país germano, no recuerda apenas el español que tanto controlaba. Aprendió la técnica de la armónica a los cinco años, en ello se entretenía mientras su madre preparaba mantequilla y ahora, cada día, cuando la gente aplaude a los sanitarios desde sus balcones, él acude presto a su ventana, en la ciudad de Vigo.

Encuentro y vida en pareja
Hermann y Teresa se conocieron en la Selva Negra meridional, en el pequeño municipio en el que él residía: Unterkirnach. Para ganarse la vida, en un momento dado tuvo que tomar la decisión de emigrar y dejar a la prole al cuidado de su suegra. Se conocieron, se casaron y allá se quedaron, aunque venían a España en los períodos vacacionales.
El impacto del Alzheimer
Esta unión la trastocó la salud. Los hijos de Teresa empezaron a darse cuenta de que ella estaba perdiendo su segundo idioma y de que se desorientaba mucho. Decidieron entonces que lo mejor era que estuviese en Galicia. Hermann se quedó en la casa alemana, que aún conservan, e iba y venía. Él, antes del obligado confinamiento, tenía que ir a Alemania donde le están tratando del Alzheimer, ya que pasaba temporadas allí. Iba y venía. Ahora ensaya a diario sin cesar.
El confinamiento y la labor de Tamara
Tamara Sayar, que en su domicilio gallego no les quita ojo, describe lo ocurrido de una manera tan sucinta como clarificadora: “Esta enfermedad los confinó. Hermann y un hijo de Teresa tenían previsto un viaje a Alemania, pues él sigue conservando a sus médicos allí y necesitaba seguimiento y hacerse con las medicinas que le han recetado. Por las restricciones que ha desencadenado la pandemia del Covid-19 en España y por ser él persona de alto riesgo, no pudieron tomar ese avión.”
Cuando se empezó a hablar del coronavirus en Wuhan, él hablaba mucho de China con Tamara. Hermann estuvo allí, con su armónica claro, y también deleitó con sus sones a los “chineses”, como él los llama. Teresa, Hermann y Tamara están en Vigo. Esta chica solamente tiene palabras maravillosas para ellos, y para los hijos de Teresa.
Tamara no desea tampoco que se hable de su caso, pero los mimbres de los que están hechos Hermann y Teresa no parecen diferir mucho de los suyos. ”Se quedó con mi padre, el de menor riesgo de los posibles”, detalla. Él vive en Sanxenxo, donde tiene su residencia permanente. ”Jugamos, bailamos, preparamos pizza... Pero, sobre todo, nos dimos millones de besos y muchos achuchones. Ahora llamadas, muchas con vídeo para vernos, varias veces al día. Y concluye: “A todos esos padres a los que se les está cayendo la casa encima, les digo que ¡qué envidia me dan!; no están alejados”. Ahora es Hermann el que aclama a Tamara.