Sabiduría ancestral y calidad de vida: ancianos en comunidades de la selva

La vida en las comunidades indígenas de la selva amazónica ofrece una perspectiva única sobre la sabiduría, las costumbres y el bienestar de las personas mayores. En estos entornos, el conocimiento ancestral y la conexión con la naturaleza no solo definen su día a día, sino que también juegan un papel crucial en su salud y longevidad.

La cosmovisión indígena y las profecías de los ancianos

Marciano, líder de la comunidad Aché Chupa Pou en Villa Ygatimí, Canindeyú, compartió una frase que capturó la esencia de la visión indígena ante los desafíos actuales: "Las profecías de los ancianos se están cumpliendo. Ellos ya nos hablaron de esto hace años". Esta afirmación subraya la profunda conexión que tienen con el pasado y la sabiduría transmitida oralmente de generación en generación.

Según Marciano, el motivo ancestral detrás de eventos como enfermedades, sequías e incendios es claro y concreto: "La explicación es el enfrentamiento o peleas entre las personas. Esa es la razón por la cual se dan estas cosas. Desde siempre los djamo nos hablan que cada vez se dan más peleas entre las personas, eso afectará al país". Esta perspectiva revela cómo las tensiones sociales y los conflictos humanos son percibidos como causas fundamentales de los desequilibrios en el mundo.

Interpretación de las señales de la naturaleza

Las costumbres místicas ancestrales permiten a estas comunidades estar preparadas para lo que se avecina. "El sol, el viento, los pájaros... con eso sabemos lo que se viene y nos preparamos. Lastimosamente no nos tienen en cuenta. El espíritu de la selva debe resurgir en la sociedad, hay que luchar y defender, que eso pase porque la sociedad necesita de esto", asegura Marciano Chevugi con voz firme y cargada de autoridad. Este líder indígena destaca la importancia del conocimiento de las culturas indígenas como un recurso fundamental que debe ser promovido para respaldar los medios de vida y la seguridad, que a menudo se ven amenazados.

Chevugi explicó cómo identifican las señales de que un mal se acerca, observando el sol, los pájaros o sintiendo el viento. Estas interpretaciones no son producto del azar, sino del destino y de una sabiduría profundamente arraigada:

  • "Si el sol se pone rojo fuerte significa sangre, que algo le va a pasar a un hermano indígena, y si el rojo no es tan fuerte pasará algo, pero a alguien que no es indígena".
  • "El canto de los pájaros avisan siempre. Se nota cuando cantan tristes, eso significa que habrá un enfrentamiento o algo malo pronto".
  • "Y sabemos cuando el viento nos habla y nos dice al soplar kaigue guasú que habrá sequía".

Todos estos presagios, según Marciano, se hicieron realidad durante la pandemia, confirmando las advertencias de los ancianos. "La vida en la selva nos da sabiduría y entendimiento", afirma.

Más Allá de la Técnica: La Cosmovisión Ambiental y Espiritual de las Culturas Prehispánicas

Los tsimanes de Bolivia: un modelo de envejecimiento saludable

Martina Canchi Nate, una mujer tsimane de Misión Fátima en la Amazonía boliviana, es un ejemplo vivo del vigor y la salud que caracterizan a los ancianos de esta etnia. Martina cultiva yuca, maíz, plátano y arroz en su chaco, desenterrando arbustos y cortando racimos con sus propias manos, cargándolos hasta su casa sin temor a herirse, pues, como ella misma dice con naturalidad: "No sé qué es eso".

Aislamiento y prácticas preindustriales como clave de salud

Los tsimanes, una de las 36 naciones indígenas de Bolivia, son una comunidad seminómada de aproximadamente 16.000 miembros. Su aislamiento ha sido fundamental en su particular forma de envejecer, atrayendo la atención de científicos durante décadas. El antropólogo Hillard Kaplan, quien lidera una investigación de más de 20 años, ha revelado que los tsimanes tienen las arterias más sanas estudiadas hasta ahora en el planeta y que su cerebro envejece a un ritmo mucho más lento que el de personas en sociedades industrializadas. Este vigor se repite en numerosos ancianos tsimanes del departamento del Beni, su territorio ancestral.

Kaplan explica que este aislamiento, a menudo buscado para encontrar la "Loma Santa" (una especie de Jardín del Edén tsimane) o huyendo de la influencia de la conquista, les ha permitido mantener prácticas preindustriales de agricultura, pesca y caza como medios de subsistencia en pleno siglo XXI.

Mujer tsimane tejiendo un techo de jatata en su comunidad.

Actividad física y dieta saludable

La vida tsimane es sinónimo de actividad física constante. Martina, al igual que otras mujeres, dedica tiempo a tejer los techos de las casas con jatata, una planta que crece en lo profundo de la selva. Esta tarea implica caminar seis horas (ida y vuelta) descalza, cargando ramas en la espalda, una o dos veces al mes. El médico boliviano Daniel Eid Rodríguez, parte del equipo de investigación, señala que "los tsimanes más ancianos dependen de ellos mismos para comer porque, más allá del apoyo que existe entre familias e incluso de la comunidad, lo cierto es que cada persona responde por los suyos y muchas veces los descendientes de estos ancianos deben pensar primero en alimentar a sus propios hijos". Esto los obliga a realizar actividades diarias que les exigen a todos los niveles, físico y mental.

El estilo de vida de los tsimanes, con un promedio de 17.000 pasos diarios frente a los 6.000 de una persona occidental, y la práctica constante de caza y recolección, contribuyen a su envidiable salud arterial y general. Juan Gutiérrez Rivero, un tsimane de 78 años con un físico prodigioso y sin canas, ejemplifica este vigor, moviéndose con la agilidad de un joven cazador.

La alimentación es otro pilar fundamental de su excelente salud. Los investigadores han encontrado que solo el 14% de lo que comen contiene grasa (ninguna trans), y sus alimentos son ricos en fibras, a pesar de que el 72% son carbohidratos. Su dieta se basa en arroz, plátano, yuca y proteínas de la caza o pesca (sábalos, surubís). Nada se fríe ni se procesa; todo proviene directamente de la tierra o el agua de la selva. "Todo eso termina siendo determinante en los bajos índices de colesterol en nuestro cuerpo", apunta Eid.

Grupo de tsimanes compartiendo chicha, la bebida fermentada tradicional.

Salud cardiovascular y cerebral excepcional

En 2017, un estudio publicado en la revista The Lancet, resultado de la colaboración entre Kaplan, Gurven y el cardiólogo estadounidense Randall C. Thompson, confirmó que el 87% de los tsimanes mayores de 70 años presentaban un riesgo mínimo de cardiopatía arteriosclerótica. Una segunda fase de investigación, dada a conocer en 2023 en Proceedings of the National Academy of Science, reveló otro hallazgo sorprendente: los ancianos tsimanes tenían hasta un 70% menos de atrofia cerebral que sus pares en países industrializados. En palabras de Kaplan, un tsimane de 80 años goza de la misma salud cardiovascular y cerebral que un adulto de 55 años en Nueva York o Londres.

Eid Rodríguez destaca la ausencia de casos de Alzheimer en toda la población adulta tsimane, lo cual es "muy notable en medio del mundo que vivimos". Fermín Nate, otro tsimane de 78 años, es un ejemplo de esta agudeza mental, recordando perfectamente las enseñanzas de sus ancestros sobre música y subsistencia, y transmitiendo a los jóvenes el arte de fabricar y cuidar las flechas para la pesca. Los estudios han sido ampliamente corroborados por otros investigadores, consolidando los tsimanes como una revelación en medicina y antropología.

La importancia de los ancianos en las comunidades amazónicas

En el mundo indígena amazónico, los ancianos y ancianas son "bibliotecas vivientes", guardianes de la memoria histórica, el conocimiento médico y los secretos de la selva. Su rol es insustituible y fundamental para la cohesión y supervivencia cultural de sus pueblos.

Narradores de historias y maestros de cantos

Los ancianos indígenas son maestros en el arte de contar historias, pudiendo recordar y repetir la historia de su grupo con una profundidad que abarca quince a veinte generaciones, centenares de años. A diferencia de las sociedades modernas, donde es fácil olvidar a los tatarabuelos, ellos mantienen viva una vasta genealogía y relatos de origen, transmitidos oralmente en decenas de horas. Asimismo, dominan cientos de cantos, desde los de cuna hasta los rituales y chamánicos, entrenando a los jóvenes especialistas en su significado en lenguas ancestrales. Un error en una palabra podría causar el enfado de los espíritus y enfermedades, lo que demuestra la sacralidad y precisión de esta transmisión.

Chamanismo y medicina tradicional

En cuanto al poder de curar, los ancianos poseen la mayor formación y dominio del chamanismo, a través del manejo de una lengua primigenia que les permite comunicarse con los dueños espirituales de la naturaleza y del tiempo. Con ellos negocian para restablecer el orden del mundo, el equilibrio energético entre la naturaleza y los humanos, y evitar la sobreexplotación de recursos, que consideran causa de enfermedades.

Artesanos y constructores

La maestría de los ancianos se extiende a la elaboración de la cultura material, tanto cotidiana como ritual. Son los más expertos en construir la maloca, conociendo los detalles de su arquitectura, las especies de madera, la ubicación en el monte, los bejucos para amarres y la calidad de las palmas para techar.

El rol fundamental de las ancianas

El papel de las ancianas es igualmente vital en la comunidad. Son la madre de la abundancia y la cuidadora del bienestar. Además de acompañar las actividades masculinas, dominan la agricultura y la alimentación. Poseen el conocimiento para transformar alimentos, como la yuca brava, en algo sano mediante la extracción de componentes tóxicos, usando instrumental sofisticado de cestería y cerámica. Además, tienen un vasto saber sobre las plantas medicinales y acompañan con sus prácticas las dietas establecidas por los chamanes para curar enfermedades o formar el cuerpo, desde el embarazo y el parto hasta el desarrollo de la persona y el aprendizaje de los jóvenes.

Yumelis Tovar, una joven del pueblo Warao, enfatiza la importancia de escuchar los consejos de los mayores: "Nosotros, los jóvenes, tomemos los consejos de los mayores para nuestras vidas, para mejorar nuestro futuro. Si ponemos en práctica los conocimientos ancestrales que nos transmiten los ancianos, creo que no perderemos las enseñanzas culturales en el futuro".

Desafíos y la respuesta indígena: el “Comando Matico”

La pandemia de COVID-19 puso en tela de juicio la diversidad cultural del Perú, revelando la dificultad de llegar a los confines de los pueblos indígenas amazónicos y la incomprensión de su diversa cosmovisión. Ante la inacción gubernamental, surgió por iniciativa de los propios indígenas shipibos y conibos en Yarinacocha, el "Comando Matico".

Miembros del Comando Matico, brigada indígena de salud, atendiendo a pacientes.

Sabiduría ancestral en acción

Este Comando, formado por especialistas, atendió a más de mil personas durante la primera ola de la pandemia. Lo notable de su proceso fue la combinación de medicina tradicional, usando las bondades de la planta matico, con farmacopea clínica. El "Comando Matico" nació del amor a la familia y al pueblo, y del espíritu de sus antepasados, basado en principios como la reciprocidad, la solidaridad y la complementariedad, recuperando y aplicando conocimientos ancestrales.

La sabiduría de los ancianos, que guardan la memoria histórica, el conocimiento médico y los secretos de la selva, se volvió crucial. Perder un anciano es perder una biblioteca, una maestría, una tradición y una cultura, como bien señala la reflexión sobre la importancia de los ancianos en el mundo amazónico. En un contexto humanitario, los adultos mayores indígenas sufren una doble vulnerabilidad, lo que hace aún más importante incorporarlos y valorar su conocimiento ancestral, lengua, cultura, danza y comida que comparten con los más jóvenes.

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