Carmelo Flores Laura, identificado como el hombre más longevo de Bolivia y posiblemente del mundo en su momento, fue un indígena aymara que vivió en una aislada aldea de los Andes bolivianos. Su historia capturó la atención global debido a su extraordinaria edad y su vida arraigada en las tradiciones del altiplano.

Una Vida en las Alturas: Costumbres y Entorno
Carmelo Flores Laura cumplió 123 años el 16 de julio, según los registros. Vivió en una aldea de los Andes bolivianos a 4.000 metros sobre el nivel del mar, un lugar aislado del mundo. Los reporteros pensaron encontrarlo tullido en una cama y con los extravíos mentales que trae la vejez, pero él bajó de la pendiente montañosa por un sendero pedregoso sin bastón, saludó con la mano alzada, se sentó en una roca y comenzó a conversar amigablemente. Su aspecto físico era notable, ya que "parece una momia viva".
Alimentación y Hábitos de Longevidad
Toda su vida comió alimentos naturales que él mismo cultivó al pie de los nevados. Declaró: "Estoy andando así nomás, solito ando con los animales (por el cerro). No comía ni fideo, ni arroz, sólo cebada; cultivaba papa, habas... ahora hay todo para comer". En su juventud, se alimentaba de carne de zorro que cazaba, un animal casi desaparecido en la región. También comía ovejas y le gustaba la carne de cerdo. El secreto de su larga vida, según él, se debía al consumo de agua mineral de deshielo, carnes sin grasa, y granos y cereales altoandinos, como la papa, quinua y cebada.
A veces sentía dolor de cabeza y estómago, sobre todo cuando comía fideos, y recordaba haber consultado un médico en su juventud. Como todos los indígenas de la región, masticaba hojas secas de coca todo el tiempo para despejar el cansancio y aguantar el hambre. Un detalle curioso que mencionó para su hasta entonces patente virilidad fue la ingesta aleatoria de "carne de zorrino". Para paliar los dolores de la artritis y otras enfermedades, se aplicaba friegas con un remedio casero compuesto por tres víboras conservadas en una botella con alcohol.
Vivienda y Comunidad
Carmelo Flores vivía en una choza de adobe con techo de paja y piso de tierra, un tipo de construcción que ya casi no existe en el altiplano. Bebía agua que baja de la cordillera. Aunque hace tres años tenía electricidad y letrina, él estaba habituado a usar el descampado. Algunas veces se cocinaba en un fogón, que atizaba con paja brava, y en ollas de barro, pensando que el kerosene era lo más moderno para cocinar, pese a que ya no se usa como combustible doméstico. Recordaba que "antes no había kerosene, sólo con la grasa de cordero cocinaba".
Su comunidad, Frasquía, es una aldea de una decena de casas dispersas de agricultores pobres, ubicada a dos horas de caminata de Warisata, el pueblo más cercano, que a su vez dista 80 kilómetros de La Paz. Desde su casa se podía ver en el horizonte el lago Titicaca, teñido de rojo al caer la tarde. A su alrededor, todo parecía detenido en el tiempo: campesinos hacían chuño (papa deshidratada y congelada) y otros roturaban la tierra con yuntas de bueyes para la próxima siembra, mientras asnos rebuznaban junto a vacas y ovejas. La mayoría de los habitantes eran ancianos y personas mayores, ya que los jóvenes preferían marcharse del lugar.

Familia y Legado Personal
Flores tuvo cinco hijos, de los cuales solo vivía el menor, Cecilio, de 67 años, en el momento de la atención mediática. Tuvo 16 nietos y 39 bisnietos. Sin embargo, su familia se hallaba dispersa. Su nieto Edwin Flores, de 27 años, albañil y agricultor, era el único que vivía con el anciano, junto a dos hijos suyos. Carmelo lamentaba la muerte de su esposa hace más de 10 años. A pesar de su avanzada edad, su voz era firme, aunque era analfabeto y solo hablaba aymara. Era menudo y no usaba lentes, aunque decía: "Un poco oscuro veo, antes tenía buena vista pero te veo caminando". Escuchaba poco, por lo que era necesario hablarle al oído.
Se veía descuidado, con la ropa sucia, la barba rala de meses y las uñas crecidas. Calzaba abarcas de goma de llanta y se cubría la cabeza con un sombrero y un gorro de lana con orejeras que lo protegían del sol intenso y seco y de los vientos gélidos que barren el altiplano.
La Verificación de su Longevidad y su Reconocimiento
Documentación Oficial y Reconocimiento Nacional
El Registro Cívico del Tribunal Supremo Electoral de Bolivia confirmó que Flores era el hombre más longevo del país y que sus documentos eran válidos. El registro biométrico del padrón nacional indicaba que Carmelo Flores nació el 16 de julio de 1890 en Frasquía. El director del Registro Cívico, Eugenio Condori, explicó que el Registro Civil se creó en 1940, y todas las personas nacidas antes se registraron con certificados de bautizo otorgados por el templo católico del poblado más cercano. Estos certificados, para el Estado, eran válidos porque en esos tiempos eran los curas quienes los otorgaban y eran personas letradas.
Cuando el caso de don Carmelo saltó a los medios, las autoridades de Bolivia lo consideraron el hombre más viejo del planeta. El presidente boliviano, Evo Morales, visitó al anciano en su casa de adobe en septiembre de 2013 y anunció que su Gobierno había iniciado los trámites para que el Libro Guinness de los Récords lo reconociera como el hombre más longevo del mundo. El gobernador de La Paz, César Cocarico, lo declaró entonces como patrimonio de La Paz y le rindió honores.
Desde el Altiplano (Bolivia)
Experiencias Históricas
Su nieto comentó que, de niño, su abuelo le contó que trabajaba para el patrón de las tierras, pastaba animales en los cerros y agrupaba el ganado a gritos. Bolivia realizó una reforma agraria en 1952, confiscando las tierras a los patrones y entregándolas a los campesinos. El anciano también se alistó como recluta en la guerra con Paraguay en 1933 en la región del Chaco. Él mismo decía: "debo tener cien años o más", aunque sus recuerdos eran a veces vagos.
Fallecimiento y Últimos Homenajes
Carmelo Flores Laura falleció el lunes por la noche en su aldea de Frasquía, a 75 kilómetros al noroeste de La Paz. Su hijo Cecilio Flores informó que "ya no comía, se quejaba de dolores de estómago y su salud se complicó con la diabetes". El médico Adalberto Segales, del centro de salud de la comunidad de Frasquía, informó a los medios que Flores murió a las 21:00 hora local (01:00 GMT), tras una semana de estar muy enfermo, debido a una diabetes tipo 2. Había regresado a su casa la semana anterior tras estar internado en un hospital de La Paz por problemas estomacales y diabetes.
Flores Laura salió del anonimato en agosto de 2013 cuando se conoció que era uno de los ancianos más longevos del mundo. Sin embargo, la información sobre su edad no llegó a ser verificada por organizaciones internacionales como el Libro Guinness de los Récords antes de su deceso. El martes siguiente a su muerte, autoridades locales le rindieron homenaje con una banda de música. René Flores, otro de sus nietos, confirmó a los medios bolivianos: "Mi abuelito murió en su viviendita, lo estaba cuidando mi papá".