San Antonio: Incidente con Quemaduras y Revelaciones Históricas sobre Tejas Verdes

La comuna de San Antonio, en la Región de Valparaíso, ha sido recientemente escenario de un violento suceso que involucra a un hombre con graves quemaduras. Paralelamente, la memoria histórica de la región se revisita con nuevas revelaciones sobre el centro de detención y tortura Tejas Verdes, un sitio emblemático de la represión durante la dictadura chilena.

Investigación por Homicidio Frustrado en San Antonio

Detectives de la Brigada de Homicidios (BH) de San Antonio investigan un homicidio frustrado ocurrido en la comuna. La tarde del jueves, un hombre de 38 años ingresó de urgencia al Hospital Clínico de Valparaíso con el 50% de su cuerpo quemado y dos heridas cortopunzantes. A pesar de la gravedad de las lesiones, se encuentra fuera de riesgo vital.

De acuerdo con los antecedentes preliminares, las heridas habrían sido provocadas luego de una discusión con personas cercanas, quienes presuntamente lo rociaron con un líquido acelerante y le prendieron fuego. Según informó el comisario Luis Quiroz, jefe de la BH San Antonio, los detectives, junto al Ministerio Público, están “realizando diligencias para esclarecer las circunstancias del hecho y dar con los responsables de esta violenta agresión”.

El Regimiento Tejas Verdes: Centro de Tortura y Experimentación

Historia y Funcionamiento del Campo de Concentración

El Campo de Concentración “Tejas Verdes” funcionó en el Campo de Prisioneros Nº 2, al interior de la Escuela de Ingenieros Militares «Tejas Verdes», ubicado en la Avenida El Arrayán s/n, Población Tejas Verdes, en la Provincia de San Antonio. Este lugar fue parte de la infraestructura de represión del Ejército y uno de los más paradigmáticos centros de tortura, relacionado directamente con la formación y centro de operaciones de la DINA desde 1973.

De acuerdo con el Informe Rettigg, “Tejas Verdes” correspondía al Campamento Nº 2 de Prisioneros de la Escuela de Ingenieros Militares "Tejas Verdes". Dicho recinto de detención, que llegó a tener más de 100 prisioneros en ciertas épocas, funcionó como tal desde el mismo 11 de septiembre de 1973, existiendo testimonios de su uso sistemático para tales efectos hasta mediados del año 1974. Los presos políticos que estuvieron detenidos en Tejas Verdes señalan que, inmediatamente después del golpe de Estado, eran trasladados desde San Antonio y Melipilla a Tejas Verdes, en arrestos realizados por carabineros. Desde principios de 1974 y hasta el año 1976, se concentraron aquí prisioneros venidos de otros puntos del país, especialmente de otros recintos de la DINA de Santiago.

Esquema o mapa del Campo de Prisioneros Tejas Verdes

Métodos de Tortura Documentados

A su llegada a este campo de concentración, los presos y presas políticas eran trasladados a la Secretaría de Estudios y el subterráneo del Casino de Oficiales para ser sometidos a torturas. En este recinto de tortura también se entrenaba a agentes de los diferentes servicios de inteligencia en métodos de tortura y represión, entre los “profesores” se encontraba el entonces Alcalde de Providencia (Santiago) Cristián Labbé Labbe.

Testimonios entregados por ex presos políticos señalan que en este recinto de detención se utilizó shocks eléctricos, vejaciones y violaciones como práctica diaria en los interrogatorios. Estas declaraciones también señalan que en muchas ocasiones se utilizó a médicos y enfermeras para cuidar a los presos que quedaban en mal estado físico después de los interrogatorios, los cuales, después de recuperarse, eran trasladados a nuevas sesiones de torturas.

Los presos políticos permanecían en el Campamento N° 2 y en la Cárcel Pública, en tanto los interrogatorios se realizaban en la escuela. Hay testimonios que relatan que a este lugar, desde la cárcel, eran trasladados en camiones frigoríficos pertenecientes a una empresa pesquera, siempre amarrados, con los ojos vendados o encapuchados. Eran llevados a distintas dependencias de la escuela, entre las que se menciona el subterráneo del casino de oficiales y un segundo piso; en el intertanto eran mantenidos en una celda húmeda.

Numerosos testimonios entregados a la Comisión Valech señalan que transcurridas algunas horas se los llevaba a una sala en la que permanecían desnudos, atados a una silla o a un somier metálico. Allí se les propinaban golpes, se les aplicaba electricidad, sufrían colgamientos, quemaduras, extracción de uñas, estiramiento del cuerpo con cuerdas, simulacros de fusilamiento, vejaciones y situaciones de violencia sexual. Como efecto inmediato sufrieron fracturas y pérdida de conciencia. Después de los interrogatorios eran devueltos al campamento o la cárcel.

Consta en las denuncias que otra forma de humillación y castigo fue la reclusión en una pieza de madera de aproximadamente 5 ó 6 metros cuadrados de superficie, sin ventanas, con fisuras en sus paredes, muy helada, donde permanecían hacinados, con restricciones de alimentos, agua, abrigo, sueño y sin baños. Adicionalmente, se torturaba a los detenidos arrojándolos en unos contenedores, donde permanecían días incomunicados; otros eran llevados a los nichos, un pequeño espacio que inmovilizaba a la persona, ubicados bajo las torres de vigilancia, como consta en las declaraciones hechas ante la Comisión Valech.

Foto histórica o recreación de una sala de interrogatorios

La Investigación de Javier Rebolledo y "El Despertar de los Cuervos"

El periodista Javier Rebolledo ha profundizado en la historia del Regimiento Tejas Verdes, considerado la cuna de los experimentos de tortura en Chile. En 2005, mientras investigaba temas de abuso infantil en organismos del Estado, Rebolledo encontró cinco cédulas de identidad abandonadas en un centro del Servicio Nacional de Menores (Sename) en San Joaquín, que había sido el centro de detención Tres Álamos de la DINA. Aunque no encontró las identidades de ese olvido de la dictadura, una de ellas correspondía a un torturado. Este hallazgo lo acercó a organizaciones de derechos humanos y a los peores silencios de la tortura en Chile.

Rebolledo tuvo acceso a las declaraciones sumarias de Tejas Verdes y a la barbarie de la dictadura, que incluyó: quemados con cera hirviendo, ratones y arañas en los genitales, mordeduras de perro en la vagina, ingestión de sus propios excrementos, violaciones y embarazos. “Conejillos de Indias, eso pensaban también ellos”, afirma Rebolledo, “nunca había leído tormentos tan rebuscados y crueles como los que se dieron en Tejas Verdes. Con los años y la experiencia nada se comparó en intensidad. Esta brutalidad fue la que me llevó a querer escribir sobre este tema pasado tanto tiempo. Siempre me he preguntado si es que la gente que justifica la tortura o morigera su daño, realmente sabe qué es”.

En su libro El despertar de los cuervos (Ceibo), el periodista ahonda en esta historia y recoge testimonios que sitúan en Tejas Verdes a Cristián Labbé y al diputado Rosauro Martínez. Ocho años después de conocer los testimonios de Tejas Verdes, Rebolledo, autor de La danza de los cuervos (Ceibo Ediciones, 2012), lanzó El despertar de los cuervos (Ceibo Ediciones) el sábado 31 de agosto. Este libro, que funciona como precuela de su ópera prima, fue presentado por el ex ministro de la Corte de Apelaciones, Alejandro Solís, la premio nacional de periodismo Faride Zerán y el periodista Jorge “Gato” Escalante.

Rebolledo explica que “En Tejas Verdes está la semilla de Simón Bolívar, de Villa Grimaldi, de la Venda Sexy, de toda la represión en Chile, de todos los detenidos desaparecidos, de todas las torturas. En Tejas Verdes se ensayaron los tormentos por primera vez. De ahí su importancia histórica y mostrarlo a través de la voz de sus víctimas o sobrevivientes”. A través del testimonio de dos mujeres del MIR, Ana Becerra y Olga Letelier, del dirigente socialista Anatolio Zárate y del trabajador Feliciano Cerda, todos detenidos en Tejas Verdes, junto a la narración de Héctor Salvo Pereira, un joven militar destinado en Tejas Verdes para el 11 de septiembre, el libro entrelaza sus historias y la de este centro de torturas y exterminio, mostrando así cómo se fue encendiendo el infierno en Chile, documentado en decenas de declaraciones judiciales a las que tuvo acceso.

El periodista añadió que en su investigación se incluyeron “las adopciones de niños por la DINA, el verdadero rol de Cristián Labbé y el del diputado Rosauro Martínez Labbé, como también el papel de profesionales de la salud, confesos judicialmente de haber enterrado gente dentro de sus predios y y participado del fraude electoral de 1980”.

Javier Rebolledo: "No sólo en Tejas Verdes se realizaban torturas"

Las Adopciones Ilegales Durante la Dictadura: Casos y Testimonios

Una de las hebras que sigue el libro desde Tejas Verdes hasta el apogeo de la DINA es el rol de doctores, enfermeras y violaciones que desembocaron en embarazos, desapariciones y abortos en la clandestinidad. Tempranamente, Rebolledo confirmó que en Chile no existe un registro de los niños nacidos en cautiverio, ya sea porque sus madres fueron detenidas estando embarazadas o porque nacieron de las violaciones de sus verdugos. Recién en 2009, el ministro Solís abrió un cuaderno reservado dentro de la causa Villa Grimaldi para investigar posibles adopciones ilegales por parte de agentes de Estado.

Rebolledo tuvo acceso a la información y en el libro revela que varios hombres y mujeres que hoy bordean los cuarenta años se han acercado al tribunal para que se investiguen sus casos. Sus muestras de ADN se han contrastado solo con material genético de familiares de diez mujeres, hoy desaparecidas, pero embarazadas al momento de su detención en Villa Grimaldi. Sin embargo, los resultados han sido negativos y algunos otros están en estudio aún.

En su libro, Rebolledo revela que un agente de la DINA, brazo derecho de Contreras, adoptó al menos dos bebés entre 1975 y 1976, los años duros de la dictadura. Lo hizo amparado en la estructura legal de la DINA, que le sirvió de testigo y aval, documentos que se detallan al interior de la narración. Uno de los bebés, una mujer, posteriormente fue entregada por el agente de la DINA a una funcionaria del hospital militar, quien la adoptó de manera definitiva.

Caso de Ana María Luna Barrios

Ella es Ana María Luna Barrios. Llegó al tribunal en 2010, luego que su madre le confesara que no era su progenitora. Su certificado de nacimiento indicaba que había nacido en 1976, pero la habían inscrito recién en 1979. Interrogada por funcionarios de la Dirección de Inteligencia de Carabineros, su madre adoptiva, Marta Adriana Barrios Barrios, una antigua auxiliar de enfermería del Hospital Militar, dijo que la niña había llegado al recinto en estado de desnutrición y que al darla de alta llamaron a su abuelo y este les dijo que la llevaran al Sename. Luego ella, encariñada, inició los trámites de adopción. Lo que no contó es que había perdido a su hijo: Agustín Luna Barrios, cabo de Ejército, murió el 11 de septiembre de 1973 en los enfrentamientos cuando intentaban sitiar La Moneda.

La justicia logró dar con la identidad del militar que había entregado a Ana María a sus actuales padres adoptivos: Hernán Valle Zapata, teniente de Ejército, fallecido. También se encontró su expediente de adopción, donde se da cuenta que originalmente Valle Zapata la inscribió solo, sin la madre. En el casillero que debe indicar su nombre señala: “no compareciente”. El documento, donde figuran como testigos la dactilógrafa Sylvia Pérez Ortúzar y el abogado Hernán Blanche Sepúlveda, ambos del área jurídica de la DINA, es parte del material inédito del libro. También se revela la hoja de vida de Valle Zapata en la DINA, donde indica que fue parte del círculo íntimo de Manuel Contreras entre 1975 y 1977. Además, se relata que Valle Zapata también “se hizo” padre de Carmen Gloria Valle Valle, nacida según el documento el 8 de marzo de 1975, de “madre NN, chilena, soltera, sin antecedentes penales”. Actualmente ella está viva.

Por su parte, la hoja del abogado Hernán Blanche, quien firmaba los documentos, señala que luego, en 1979 fue “director jurídico” de la CNI. Actualmente tiene una notaría ubicada en la comuna de Pudahuel.

Otros Casos y Desafíos

Junto al caso de Ana María Luna, El despertar de los cuervos también detalla cuatro casos más, algunos desechados por la justicia y otros actualmente en investigación. El que más llama la atención es el de Juan Ramón Painepe Melivilu, nacido dos veces: el 13 de enero según su acta de nacimiento y el 23 de abril de 1974 según el Registro Civil. Según la declaración policial, su propia madre adoptiva, Marta Melivilu Ancavil, la visitadora social que vio su adopción le dijo que había nacido en el Hospital Félix Bulnes y que su madre había sido llevada por militares.

El problema para encontrar a sus padres es, según Rebolledo, que el sistema antiguo no permite que se investigue fuera de una causa, en este caso, Villa Grimaldi que es donde hay denuncia. “La única solución es que se tomara una decisión nacional con las personas detenidas desaparecidas, torturadas, y ejecutadas, de hacer un banco nacional de ADN para que se puedan contrastar con familiares de todas las mujeres que pasaron por centros de inteligencia”, propone Rebolledo.

Infografía sobre el proceso de adopciones ilegales en la dictadura

La Formación de la DINA y "La Escuelita"

Para el 11 de septiembre de 1973, el Regimiento de Ingenieros Tejas Verdes estaba dotado de unos 550 soldados divididos en cinco compañías. La máxima autoridad ahí era el teniente coronel Manuel Contreras Sepúlveda. Bajo él, una plana mayor dispuesta a poner en marcha el plan de formar la DINA que el mismo Pinochet le había encomendado. Esto se detalla en el libro paso por paso, incluida la influencia de Estados Unidos a través de la Escuela de las Américas y también el “aporte” de la “Escuela Francesa”, en rebuscados tormentos que los comandos germanos aprendieron en Argelia y luego enseñaron en América Latina.

Los conejillos de Indias comenzaron a ser utilizados por los agentes de la DINA, recién comenzada la dictadura, según las propias confesiones judiciales que se repiten en el libro. Uno de los casos de tortura más escalofriante es el de Feliciano Cerda. Feliciano era portero de Vía Sur, la empresa de buses que la UP había hecho estatal. No tenía militancia política, pero lo culparon de que el día 11 de septiembre mató un grupo de carabineros en la población La Legua. Se le sumó el tener un hermano mirista.

La primera sesión de torturas en Tejas Verdes, fue sobre una cama mojada y partió con golpes con lo que, cree, era un machete envuelto con ropas, subió con manotazos en la ingle, luego el estómago y el esófago, hasta dejarlo sin respiración. El epílogo fue un golpe de culata en el rostro que le quebró dos piezas dentales. No confesó nada porque no sabía nada.

Su segunda salida a la sala de torturas en Tejas Verdes, ubicada en el subterráneo del casino de oficiales, acondicionado ya con las famosas parrillas y otros adminículos del infierno, fue como una regresión a la Edad Media. Los militares esta vez lo amarraron con correas de una muñeca y un tobillo, y lo estiraron hasta suplicar por su muerte. De vuelta a la cabaña, con sus compañeros de Vía Sur también detenidos, torturados y amenazados con la violación de sus hijas, eran ya las sombras de unos seres humanos.

Javier Rebolledo: "No sólo en Tejas Verdes se realizaban torturas"

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