El infarto de miocardio (IM) es, junto a la angina de pecho, un tipo de cardiopatía isquémica, es decir, una enfermedad provocada por el deterioro y la obstrucción de las arterias del corazón (arteriosclerosis coronaria). Las células cardiacas de la zona afectada mueren como consecuencia de la falta de riego sanguíneo. En las personas mayores, este riesgo es particularmente elevado debido a que, con la edad, los vasos sanguíneos tienden a endurecerse y perder flexibilidad.

Causas y factores de riesgo
La mayoría de los ataques cardíacos son provocados por un coágulo que bloquea una de las arterias coronarias. Una sustancia llamada placa, compuesta de colesterol y otras células, se acumula en las paredes arteriales. Cuando esta placa se rompe, las plaquetas forman un coágulo que impide el paso de sangre oxigenada al miocardio.
En el caso de los adultos mayores, la acumulación de factores de riesgo incrementa la vulnerabilidad:
- Enfermedades crónicas: La diabetes, la hipertensión y el colesterol alto dañan los vasos sanguíneos.
- Estilo de vida: El sedentarismo y una alimentación con alto contenido de azúcares, grasas trans y sal.
- Factores diversos: Estrés crónico, antecedentes familiares, consumo de tabaco y condiciones como la obesidad.
Síntomas: la importancia de la detección precoz
Uno de los principales problemas es que muchas personas confunden los síntomas con patologías de menor gravedad. El dolor torácico es el síntoma más común, descrito como una presión aplastante, sensación de peso o indigestión intensa que puede irradiarse a brazos, mandíbula, cuello o espalda.
Es fundamental tener en cuenta que en adultos mayores, mujeres y personas con diabetes, los síntomas pueden ser atípicos:
- Dificultad para respirar.
- Fatiga extrema y debilidad.
- Infarto silencioso: Episodios que ocurren sin los síntomas tradicionales, siendo más frecuentes en la población de edad avanzada.

Actuación ante una emergencia médica
Un ataque cardíaco es una emergencia médica. El tiempo es un factor vital. Si presenta síntomas, llame al 911 o a su número local de emergencia inmediatamente.
- No intente conducir usted mismo hasta el hospital.
- No espere: el riesgo de muerte súbita es más alto en las primeras horas.
- Si la persona está inconsciente, verifique si respira y, de ser necesario, inicie reanimación cardiopulmonar (RCP) solo con las manos, presionando de 100 a 120 veces por minuto en el centro del pecho.
Diagnóstico y tratamientos
El personal médico utilizará herramientas como el electrocardiograma (ECG), análisis de sangre para detectar daño tisular y, en muchos casos, una angiografía coronaria para visualizar el flujo sanguíneo.
Intervenciones y procedimientos
- Angioplastia y Stent: Consiste en introducir un catéter para colocar una malla metálica (stent) que mantiene la arteria abierta. Los modelos farmacoactivos liberan fármacos para evitar nuevas obstrucciones.
- Cirugía de revascularización: Conocida como "puente", se utiliza para esquivar el bloqueo arterial.
- Terapia trombolítica: Medicamentos para disolver coágulos, efectivos si se administran poco después del inicio de los síntomas.
Tratamiento farmacológico a largo plazo
Tras el alta, es probable que el paciente deba seguir un tratamiento estricto que suele incluir:
| Medicamento | Función |
|---|---|
| Betabloqueantes | Reducen la presión arterial y mejoran la circulación. |
| Diuréticos | Eliminan el exceso de líquidos y sodio. |
| Antiagregantes | Previenen la formación de nuevos trombos. |
Prevención y estilo de vida activo
A pesar de la mortalidad asociada, la esperanza de vida tras un infarto ha crecido gracias a la identificación precoz. Para prevenir futuros eventos, se recomienda:
- Llevar una dieta sana, baja en grasas saturadas y colesterol.
- Mantener una vida activa: se aconseja realizar al menos tres sesiones de actividades aeróbicas a la semana.
- Controlar estrictamente el estrés y las afecciones médicas subyacentes.
- Participar en programas de rehabilitación cardíaca para retomar las actividades normales de forma gradual y segura.