Analfabetismo en Adultos Mayores y Comunicación en la Era Digital

El analfabetismo en la vejez: una problemática social en México

Uno de los problemas sociales que se encuentran en México es el analfabetismo, de una manera más remarcada, en adultos que ya se encuentran en la vejez. A pesar de haber trabajado toda su vida, deben enfrentar su vejez con el analfabetismo. Existen muchas causas, posiblemente económicas y sociales, que han llevado al adulto sin educación básica o al menos, sin aprender a leer y escribir. El analfabetismo en la vejez es el resultado de la falta de acceso a la educación durante las primeras etapas del desarrollo, debido a diversas desigualdades que atraviesan el curso de vida de las personas.

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), la alfabetización se define como la capacidad de leer y escribir, identificar, entender, interpretar, crear, comunicarse y calcular, utilizando materiales impresos y escritos, así como la capacidad de resolver problemas (UNESCO, 2016).

Gráfico o infografía sobre las causas del analfabetismo en adultos mayores

La Brecha Digital y la Exclusión Social

Aun con el problema del analfabetismo tradicional, los adultos mayores se enfrentan ahora a una era digital donde el uso de las tecnologías es muy marcado y ya es parte de nuestras vidas. La brecha digital es más presente ya que, por su condición, ya sea por marginación, pobreza o abandono, son excluidos de una participación más activa en la sociedad.

La creciente digitalización y la expansión de las redes sociales y del uso de Internet configuran una sociedad digital actual caracterizada por la rápida difusión de diversos volúmenes de información, que facilitan el acceso al conocimiento, pero que también suscitan la desinformación a través de publicaciones fraudulentas o noticias falsas (fake news) (Choudrie et al., 2021).

El término desinformación engloba la difusión no intencional de información falsa o engañosa (misinformation) y también la difusión deliberada de información incompleta, inexacta o mentirosa, a fin de engañar a otros (disinformation) (Fetzer, 2004b). La diferencia entre misinformation y disinformation radica, entonces, en que el primer concepto se define como información errónea y el segundo como información falsa intencionada o mentiras (Fetzer, 2004a). Por lo tanto, la desinformación comprende ambos desórdenes informativos (Del Fresno-García, 2019), caracterizados por ser difíciles de detectar, ya sea por la falta de competencias informacionales y mediáticas de los receptores, porque se ocultan las reales motivaciones de quienes publican o por la rapidez con que hoy se puede difundir un rumor.

Esto ha quedado al descubierto durante la actual pandemia del COVID-19 y la proliferación de noticias falsas en redes sociales, que representan una seria amenaza para la salud pública. Los expertos plantean diversas soluciones, tales como mejorar las estrategias de comunicación (Gallotti, Valle, Castaldo, Sacco & de Domenico, 2020) y comprender la dinámica social entre el consumo de contenido y las plataformas de redes sociales para diseñar nuevas tácticas en tiempos de crisis (Cinelli, et. al., 2020).

Alerta con las fake news: Adultos mayores son más propensos a caer en desinformación

Vulnerabilidad de los Adultos Mayores ante la Desinformación

En esta era de la infodemia y la desinformación, principalmente en América Latina y el Caribe como región, uno de los grupos menos investigados son las personas mayores, aun cuando el envejecimiento de la población es el principal fenómeno demográfico de esta época (González, Sosa & Reboiras, 2021).

Especialmente en el contexto actual, donde se constituyen como parte de la población con mayor riesgo de enfermarse y desarrollar complicaciones graves por COVID-19 (Osuagwu et al., 2021) y donde el distanciamiento social puede ser particularmente dañino, dado que los niveles de soledad preexistentes se acentúan si las personas no poseen habilidades para socializar a través de tecnologías y medios digitales. Además, una vez estando operativos tecnológicamente, deben enfrentar estafas, informaciones erróneas y otros ataques que abundan en contexto de pandemia (Moore & Hancock, 2020).

Osuagwu et al. (2021) plantean que la edad y la educación son dos de los factores que caracterizan a las víctimas de la desinformación respecto a COVID-19. Sin embargo, cabe destacar que las personas mayores poseen algunas ventajas respecto a las más jóvenes, ya que tienden a confiar más en los medios tradicionales que en los nuevos medios, disminuyendo las probabilidades de desinformarse y abrumarse por la sobrecarga de información en línea.

Estrategias y Programas de Alfabetización Digital para la Vejez

Es elemental garantizar entornos que permitan a las personas mayores acceder a planes y programas de alfabetización y de formación continua de acuerdo al principio de educación a lo largo de toda la vida, el cual se refiere a la integración del aprendizaje en la vida cotidiana y abarca actividades de aprendizaje para personas de todas las edades, en todos los contextos vitales (hogar, escuela, lugar de trabajo, comunidad, etc.) y en modalidades de enseñanza formal e informal, que juntas satisfacen una gran variedad de necesidades y demandas (UIL, 2014), permitiendo a las personas su plena participación en la sociedad y el mundo del trabajo durante todas las etapas de su vida.

Para mitigar el daño y contrarrestar la desinformación digital, la Comisión Europea (2018) destaca como medida crucial la alfabetización mediática e informativa, instrucción que no solo ayuda a navegar por medios digitales, sino que fomenta el comportamiento responsable y el pensamiento crítico en todas las personas, volviéndose una solución preventiva (no reactiva), que propicia el surgimiento masivo de ciudadanos digitales informados, cuyas habilidades de pensamiento crítico son cruciales en el siglo XXI.

Marco Internacional para la Educación de Adultos Mayores

Como antecedente, la Organización Mundial de la Salud (1999) en su 52ª Asamblea Mundial de la Salud, declaró la necesidad de crear conciencia del desafío que plantea el envejecimiento demográfico de las sociedades, e insta a todos los estados miembros a que apliquen medidas que aseguren el grado máximo de envejecimiento activo, lo que significa una participación continua de la persona mayor en cuestiones sociales, económicas, culturales, espirituales y cívicas (Salazar-Barajas et al., 2018).

Posterior a la Asamblea, el derecho a la educación de las personas mayores fue ratificado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (2004) a través del documento “Estrategia regional de implementación para América Latina y el Caribe del Plan de Acción Internacional de Madrid sobre el Envejecimiento”. Aquí se menciona la importancia de la promoción de la igualdad de oportunidades y de acceso a la educación a lo largo de toda la vida, a través de programas para el desarrollo de habilidades laborales y de otro tipo (incluyendo las tecnologías de la información), que les faciliten su permanencia en el mundo laboral, así como la creación y el fortalecimiento de actividades generadoras de proyectos e ingresos.

Recientemente, la Organización de los Estados Americanos (2015) en la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores, especifica que la educación y formación de la persona mayor en el uso de las nuevas tecnologías de la información y comunicación se requiere para minimizar la brecha digital, generacional y geográfica e incrementar la integración social y comunitaria.

Sin embargo, los programas de alfabetización digital tradicionales solo entregan una de las competencias (habilidades prácticas) para el uso tecnológico y no solucionan la multiplicidad de problemas que aquejan a las personas mayores en ambientes virtuales. Por su parte, la falta de conocimiento sobre la manera en que las herramientas digitales satisfacen necesidades cotidianas puede ser una barrera importante para que las personas mayores usen las TIC (Sunkel & Ullmann, 2019).

La autonomía de las personas mayores depende en gran medida del acceso al aprendizaje durante toda la vida (Organización Mundial de la Salud, 2016). Por consiguiente, se debe procurar la sostenibilidad de los sistemas de apoyo y el acceso a la educación continua (Naciones Unidas, 2003).

Esquema de las políticas y recomendaciones internacionales sobre el envejecimiento activo y la educación

Iniciativas y Desafíos en Chile

En Chile, los habitantes que tienen más de 60 años suman casi 3 millones y medio de personas (Cepal, 2021). Esto representa prácticamente el 20% de la población y seguirá creciendo. En su mayoría, se mueven con total autonomía y quieren estar conectados con el uso de un teléfono inteligente. "Quedarse fuera de esta tecnología es estar fuera de la vida social."

En Chile múltiples instituciones de educación superior han incursionado en la alfabetización digital de personas mayores, mediante la ejecución de cursos y talleres, entre ellas: la Universidad de Santiago de Chile, la Universidad de Concepción, la Universidad del Bío-Bío, la Universidad de Valparaíso (de la mano de FabLab y de su Centro Interdisciplinario para el Desarrollo del Adulto Mayor - Gerópolis) y la Universidad de Playa Ancha de Ciencias de la Educación. No obstante, se trata de iniciativas o proyectos aislados que no forman parte de una política o estrategia de capacitación sistemática dentro de las instituciones y solo buscan el desarrollo de competencias computacionales básicas.

A nivel gubernamental sucede lo mismo, un ejemplo de ello es el plan Adulto Digital procedente del programa Adulto Mejor del Gobierno de Chile (2019), donde a través de un teléfono celular se enseñó el uso básico del equipo y la realización de algunos trámites (por ejemplo, en el Registro Civil).

La fundación Conecta Mayor logró llevar un smartphone o teléfono inteligente, con una interfaz de fácil uso, a casi 80 mil personas mayores de 70 años en situación vulnerable. El balance de la fundación sobre su primera etapa es muy positivo, sobre todo porque involucró un esfuerzo conjunto con alcaldes y alcaldesas de 336 comunas del país, académicos y académicas de la UC, organizaciones ciudadanas (Voces Mayores) y empresas, como Entel. Así quedaron conectados 78.864 usuarios, a través de una tecnología touch, y aprendieron por primera vez a usar un celular diseñado con íconos grandes en pantalla, lo que les abrió un mundo: pudieron hacer llamadas a sus familiares, al consultorio, al municipio y al call center de la fundación, a un solo clic, para escuchar una voz al otro lado de la línea y así poder sentirse acompañados.

Hoy la comuna de Curacaví, que tiene un 30% de población rural, participa en un plan piloto de talleres de capacitación digital, que la fundación Conecta Mayor preparó para quienes tenían más dificultades en el manejo del dispositivo y un menor tráfico de llamadas. A medida que entienden cómo funciona esta tecnología, los mayores van ganando un espacio de autonomía e independencia. Una señal es que solo 17 mil de las casi 80 mil personas llaman hoy con frecuencia al servicio de acompañamiento que ofrece la fundación. "Es una buena noticia que no sean todos, porque no queremos generar dependencia."

En esa línea, hace nueve meses debutó 60+digital, una iniciativa que desarrolló la fundación Conecta Mayor en conjunto con Coopeuch y el Centro de Estudios de Vejez y el Envejecimiento (CEVE-UC). Para 60+digital, el profesor Otaegui hizo una propuesta de guías, con una metodología "paso a paso", porque ha comprobado que las personas mayores prefieren manuales con explicaciones sucesivas. Todo eso se complementó con la mirada del Programa Adulto Mayor del CEVE y se probó con grupos de posibles destinatarios que ayudaron a los ajustes. Esta transferencia de conocimientos, abierta a todo público en la Web, permite a los mayores superar desventajas y descubrir los beneficios de entender mejor su teléfono celular. El desafío es aumentar el número de usuarios, asegura la directora del CEVE UC.

El antropólogo Alfonso Otaegui, cuyo foco de estudio es comprender la experiencia y el impacto de los smartphones en personas de avanzada edad, ha realizado trabajo de campo desde 2018. Según explica, los 80 mil beneficiarios de Conecta Mayor recibieron un "launcher", que es una aplicación que simplifica el acceso al uso del teléfono, en un sistema Android. Ahora se busca extender esa experiencia a todo público, en una segunda versión que tendrá "accesos directos con íconos grandes que se puedan configurar para personas mayores con distintos niveles de alfabetización digital".

Mapa de Chile con las instituciones educativas y programas de alfabetización digital para adultos mayores

Desafíos Pendientes y Necesidades de Programas Integrales

Este primer acercamiento al mundo digital no permite el desarrollo de una competencia digital integral ni de habilidades basadas en los intereses y necesidades reales y específicas de las personas mayores. Al no ser programas permanentes, tampoco aseguran un correcto aprendizaje. Es relevante, entonces, reflexionar respecto a los desafíos que tienen por delante los gobiernos locales, los generadores de políticas públicas, los educadores, los profesionales de la información (dentro y fuera de las bibliotecas) y las universidades al momento de idear soluciones que eleven el número de personas mayores críticas, autónomas y competentes en el uso de la información proveniente de diversas fuentes.

La American Library Association (2008) recomienda desde el mundo de las bibliotecas la recopilación de datos sobre las necesidades e intereses de información específicos y diversos de las personas mayores, considerando variables como el idioma, cultura, educación, ingresos, habilidades, acceso a Internet, identidad/expresión de género, orientación sexual y edad. Dichos datos deben analizarse junto a las necesidades informativas básicas de las personas mayores en su vida cotidiana, tales como salud, atención médica, seguridad social, planificación financiera, vivienda, vida independiente, derechos, cuidado de nietos, aprendizaje permanente (alfabetización de adultos y habilidades informáticas), servicio comunitario, compromiso cívico y voluntariado.

En la actualidad, el Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA) realiza campañas de alfabetización en toda la República Mexicana, además de contar con diversos cursos en línea y materiales de apoyo para las personas mayores que estén interesadas en iniciar el proceso de alfabetización. Más del 50% de las personas mayores encuestadas, manifiestan que no saben utilizar internet, mientras un 25% afirma que ya no está en edad de aprender. Otros datos relevantes arrojan que el 79% de los encuestados solo cuenta con un celular básico para hacer llamadas, mientras solo un 31% tiene acceso a un computador. En el ítem "servicios de comunicación", un 48% cuenta con internet en el hogar, mientras un 76% dispone de internet en el celular.

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