La interconexión entre la gordofobia y el machismo es un tema ampliamente reconocido y analizado por quienes han investigado o experimentado ambos fenómenos.
La Gordura en la Sociedad y el Estándar de Belleza Femenino
En una sociedad donde el valor de los hombres a menudo se mide por su éxito profesional y el de las mujeres por su proximidad a un estándar de belleza, ser una mujer joven y gorda puede ser percibido como un gran estigma. La autora, quien mide 1,65 y tiene un peso de tres cifras, describe cómo la genética le ha otorgado una cara atractiva y proporciones corporales que distribuyen uniformemente la grasa, manteniendo una cintura marcada y una silueta de reloj de arena, aunque de tamaño considerable. A pesar de estas características, la percepción social persiste.

Insultos y Estigmas en Redes Sociales
Los términos "gorda", "puta" y "malfollada" conforman la tríada de insultos más utilizados por los trolls en redes sociales, especialmente dirigidos a mujeres. Si además una mujer se identifica como feminista, los ataques pueden intensificarse. La autora cita ejemplos de comentarios recibidos en su canal de YouTube, como: "Una pregunta: ¿tiene algo que ver que seas gorda con que seas feminista?", "Mira que eres gorda, pero más mala aun", y "Una patà en el culo! Te daba. Seguro que no iba a fallar... que tienes un culo como para jugar ¡al béisbol!". Estos comentarios reflejan la misoginia y gordofobia presentes en el discurso en línea.
Acabemos con la gordofobia ya | Magda Piñeyro | TEDxTarragona
Relaciones Personales y Discriminación por el Peso
Tras dieciocho años de matrimonio y una posterior separación, la autora confesó haber dudado de su capacidad para encontrar nuevas relaciones. Sin embargo, al crear un perfil en Tinder, se sorprendió al descubrir que no solo le resultaba fácil conseguir encuentros sexuales, sino que también podía elegir a sus parejas. Buscando únicamente sexo casual y sin ataduras, encontró que sus opciones eran abundantes.
La Discriminación en la Intimidad y en Público
La situación tomó un giro peculiar cuando la autora notó que, a pesar de la aparente satisfacción de sus parejas, casi ninguna repetía y la mayoría desaparecían. Al indagar sobre la razón, recibió respuestas evasivas o, en raras ocasiones, sinceras. Algunas de estas respuestas incluían: "Sí es por lo de la gordura, pero de verdad que fue un polvazo", "De corazón que eres una mujer interesante, en otras circunstancias me hubiera gustado seguir adelante", "Me suelen atraer más delgadas. Entiéndelo, es que yo hago deporte y cuido mi alimentación", y "Solo para sexo me vales, no me resultas desagradable".
Estos testimonios revelaron una clara distinción: una cosa era tener relaciones íntimas con una mujer gorda y atractiva en la privacidad del hogar, y otra muy diferente considerar una relación más seria en público. La idea de que una mujer gorda no es una pareja "presentable", un "trofeo" para mostrar ante amigos, llevaba a muchos a huir. A pesar de su atractivo facial, cultura, inteligencia y conversación interesante, era vista como "material defectuoso" que no permitía el orgullo social.