Ver televisión es una actividad común y a menudo reconfortante para muchas personas mayores. Sin embargo, la experiencia de una anciana frente al televisor puede ser profundamente diferente a la de una persona más joven. Esto se debe a la interacción compleja entre los cambios sensoriales naturales asociados al envejecimiento y las alteraciones cognitivas, como la agnosia, que pueden afectar drásticamente su capacidad para interpretar lo que ve y oye en la pantalla. Comprender estos desafíos es crucial para apreciar el verdadero significado y el impacto de la televisión en su vida diaria.
Agnosia: Cuando lo Familiar en la Pantalla se Vuelve Desconocido
La agnosia es una alteración cognitiva que se define como la dificultad o incapacidad para reconocer cosas familiares, a pesar de que los sentidos que perciben la información estén preservados. El término proviene del latín, donde "gnosis" significa "conocimiento" y el prefijo "a" indica negación o "falta de". Es uno de los síntomas de la enfermedad de Alzheimer y puede aparecer a consecuencia de distintas alteraciones cerebrales.
A causa de esta alteración, la persona no puede reconocer y asociar lo que se percibe a través de alguno de los sentidos (vista, oído, tacto, olfato y gusto) de manera adecuada con su significado. La agnosia afecta al día a día de las personas con Alzheimer y de quienes conviven con ella, incluyendo su interacción con medios como la televisión.
Tipos de Agnosia y su Relevancia para la Televisión
En función del canal de entrada de la información, existen diferentes tipos de agnosia:
- Agnosia visual: Dificultad para reconocer objetos o personas a través de la vista. Al ver la televisión, esto podría significar no identificar objetos en la pantalla o a los personajes.
- Agnosia auditiva: Incapacidad de reconocer sonidos, incluso cuando la audición está intacta. Una persona con agnosia auditiva puede oír perfectamente los sonidos, pero no reaccionar adecuadamente a ellos en la televisión porque no los relaciona con su significado (por ejemplo, el timbre de una puerta o una voz familiar).
- Agnosia táctil, olfativa y gustativa: Aunque menos directamente relacionadas con la televisión, estas agnosias reflejan la desconexión entre la percepción sensorial y el reconocimiento, afectando la interpretación general del mundo.
En función de la fase de procesamiento de la información, la agnosia puede considerarse aperceptiva o asociativa. Hay, además, otras formas más complejas de agnosia, que tienen que ver con la falta de reconocimiento de las propias sensaciones o señales internas del cuerpo. En este último grupo estaría la anosognosia, que es la falta de reconocimiento de la propia enfermedad y de las alteraciones que se padecen, muy característica en el Alzheimer.
Agnosia Facial (Prosopagnosia) y la Televisión
Una forma específica de agnosia visual es la prosopagnosia, que es la dificultad para reconocer caras familiares. La persona con Alzheimer puede llegar a ser incapaz de reconocer caras familiares o no reconocerse a sí misma en el espejo. Esta falta de reconocimiento de caras familiares e incluso de la propia, puede darse también al observar fotografías o, crucialmente, al ver personajes en la televisión. Incluso puede no reconocer el concepto de “fotografía” o “espejo” y hablar con las imágenes que está viendo en la pantalla.

Las agnosias no suelen responder bien a las intervenciones o estrategias para revertirlas, puesto que son debidas a la atrofia en determinadas áreas del cerebro. Los progresivos problemas de memoria que suceden con la evolución de la enfermedad añaden dificultad a la interpretación de la percepción, dando lugar a falsos reconocimientos.
Es importante recordar que el hecho de que una persona con Alzheimer no reconozca las facciones de sus familiares en una fotografía o en la televisión no significa que haya olvidado la relación con su pareja o con sus hijos. Simplemente, ya no puede reconocer sus caras, porque la conexión entre la imagen que percibe y la correspondencia con la persona en cuestión está alterada. En consecuencia, puede interpretar una imagen en la televisión como alguien que viene hacia él o ella, o como si hubiera un extraño en casa, siendo posible causa de ansiedad, preocupación o miedo. Si esto sucede con los espejos, suele ser de ayuda cubrirlos o retirarlos durante un tiempo.
Reconocimiento de Espacios y Contextos en la Televisión
Para reconocer un espacio, hay que percibir e integrar la información conjunta de muchos objetos y su distribución, y después emparejarlo con los espacios conocidos que tenemos en la memoria. En el caso del Alzheimer, sabemos además que los recuerdos más antiguos están mejor preservados que los presentes. Por todo ello, el recuerdo de su casa de la infancia o de la juventud será mucho más vívido que el de la actual. Al ver escenarios en la televisión, esto podría llevar a confusiones o a no poder contextualizar lo que sucede.
Puede suceder que la persona afectada confunda a su hija/o con su esposa/o cuando era joven, o a su pareja con su madre o su padre, incluso si aparecen en un programa o en una foto. Ante estas situaciones, hay que evitar corregirle constantemente y no avergonzarle, algo que sería contraproducente. Es aconsejable tratar de orientarla con cosas familiares. Por ejemplo, indicándole que “este es tu sillón favorito” o “aquí está la foto que tanto te gusta”, etc.
El Envejecimiento y los Sentidos: Un Umbral Elevado de Percepción al Ver Televisión
A medida que se envejece, la forma en que los sentidos (gusto, olfato, tacto, vista y oído) pueden proporcionar información acerca del mundo cambia. Dichos sentidos se vuelven menos agudos, lo que puede dificultar la capacidad para notar los detalles. Estos cambios sensoriales pueden afectar el estilo de vida, llevando a problemas para comunicarse, disfrutar actividades y permanecer involucrado con las personas, lo que a su vez puede llevar al aislamiento, incluso al ver la televisión.
Los sentidos reciben información del ambiente en forma de sonido, luz, olores, sabores y tacto. Esta información sensorial se convierte en señales nerviosas que son transportadas al cerebro, donde se transforman en sensaciones significativas. Se requiere una cierta cantidad de estimulación antes de que se haga consciente de la sensación; este nivel mínimo se denomina umbral. El envejecimiento eleva este umbral, necesitando más estimulación para percibir una sensación. El envejecimiento puede afectar todos los sentidos, pero normalmente la audición y la visión son los más afectados, lo que impacta directamente la experiencia televisiva. Dispositivos como anteojos y audífonos o cambios en el estilo de vida pueden mejorar la capacidad de oír y ver.
CAMBIOS EN GUSTO Y OLFATO RELACIONADOS A LA VEJEZ (VIDEO 04)
Audición: El Desafío de Escuchar la Televisión
Los oídos tienen dos funciones principales: oír y mantener el equilibrio. La audición se produce después de que las vibraciones sonoras cruzan el tímpano hacia el oído interno, donde se convierten en señales nerviosas y son transportadas al cerebro por el nervio auditivo. El equilibrio también se controla en el oído interno.
Con la edad, las estructuras dentro del oído comienzan a cambiar y sus funciones disminuyen. La capacidad para captar los sonidos, especialmente los de alta frecuencia, disminuye. Esta pérdida de audición relacionada con la edad se denomina presbiacusia y afecta a ambos oídos por igual. Una anciana podría tener problemas para notar las diferencias entre ciertos sonidos o para escuchar una conversación en la televisión cuando hay ruido de fondo, dificultando la comprensión de programas o diálogos.
Si se experimentan problemas de audición, es crucial hablar con un proveedor de atención médica, ya que incluso una pérdida auditiva leve se ha asociado con una mayor probabilidad de desarrollar demencia. Una manera de manejar la hipoacusia es adaptar audífonos, lo que puede mejorar significativamente la experiencia de ver la televisión. El ruido anormal y persistente en el oído (tinnitus) y el tapón de cerumen también son problemas comunes en los adultos mayores que pueden afectar la audición y, por ende, la claridad del sonido del televisor.
Visión: Adaptarse a una Nueva Forma de Ver la Pantalla
La visión se produce cuando la luz es procesada por el ojo e interpretada por el cerebro. Con el envejecimiento, la córnea se vuelve menos sensible, las pupilas disminuyen de tamaño y reaccionan más lentamente a la luz. El cristalino se vuelve amarillento, menos flexible y ligeramente opaco, lo que puede conducir al desarrollo de cataratas. Las almohadillas de grasa que brindan soporte al ojo se reducen, y los ojos se hunden en las órbitas; los músculos oculares se vuelven menos capaces de rotar completamente el ojo.

La nitidez de la visión (agudeza visual) puede disminuir gradualmente. El problema más común es la dificultad para enfocar objetos cercanos, una afección denominada presbiopía, que se corrige con anteojos para leer, bifocales o lentes de contacto. Esto es vital para poder ver subtítulos o detalles en la pantalla. Además, las personas mayores pueden ser menos capaces de tolerar el resplandor, lo que puede dificultar la visión de la televisión en una habitación muy iluminada. También puede haber problemas para adaptarse a la oscuridad o a la luz brillante, y la dificultad para diferenciar azules y verdes.
Con la edad, la sustancia gelatinosa dentro del ojo (vítreo) comienza a reducirse, creando pequeñas partículas llamadas moscas volantes. La reducción de la visión periférica (visión lateral) es común y puede limitar la interacción social y la capacidad de ver personas sentadas al lado mientras se mira la televisión. Los músculos oculares debilitados pueden evitar que se muevan los ojos en todas las direcciones, y el campo visual se hace más pequeño.
Los ojos envejecidos pueden no producir suficientes lágrimas, causando resequedad ocular, incomodidad, e incluso infección si no se trata. Los párpados superiores pueden caer debido a la debilidad muscular, lo que puede llevar a pérdida visual si la flacidez es severa.
Trastornos oculares comunes que provocan cambios en la visión no normales incluyen:
- Cataratas: Nublado del cristalino del ojo.
- Glaucoma: Aumento en la presión del fluido en el ojo.
- Degeneración macular senil: Enfermedad de la mácula que causa pérdida de visión central.
- Retinopatía: Enfermedad en la retina, generalmente provocada por diabetes o hipertensión arterial.
Al igual que con la audición, la pérdida de visión se asocia con una mayor probabilidad de desarrollar demencia. Es fundamental analizar los síntomas visuales con un proveedor para encontrar soluciones, como anteojos, iluminación adecuada y gotas oftálmicas.
Gusto y Olfato: La Seguridad y el Placer Más Allá de la Pantalla
Los sentidos del gusto y el olfato trabajan juntos, y la mayor parte de los sabores están asociados con olores. El número de papilas gustativas disminuye con la edad, y cada papila gustativa restante comienza a encogerse. La sensibilidad a las cinco sensaciones gustativas (dulce, salado, ácido, amargo y umami) a menudo disminuye después de los 60 años. Además, la boca produce menos saliva, causando resequedad que afecta el sentido del gusto.
El sentido del olfato también puede disminuir, especialmente después de los 70 años, debido a la pérdida de terminaciones nerviosas y la menor producción de moco en la nariz. Ciertos factores como enfermedades, tabaquismo y exposición a partículas dañinas en el aire aceleran esta pérdida. La disminución del gusto y el olfato puede reducir el interés y el placer al comer, lo que indirectamente afecta el bienestar general y la calidad de vida mientras se realizan actividades de ocio como ver televisión. Además, la incapacidad de percibir olores como el gas natural o el humo de un incendio presenta un riesgo significativo para la seguridad.
Tacto, Vibración y Dolor: Percepción Corporal y Riesgos al Sentarse a Ver Televisión
El sentido del tacto informa sobre vibraciones, dolor, temperatura, presión y posición del cuerpo. Con la edad, estas sensaciones pueden verse reducidas o modificadas debido a una disminución del flujo sanguíneo a las terminaciones nerviosas o a la médula espinal o al cerebro. Problemas de salud como la falta de ciertos nutrientes, cirugía cerebral, daño nervioso por lesiones o enfermedades crónicas también pueden causar cambios en la sensibilidad.
La disminución de la sensibilidad a la temperatura puede dificultar la distinción entre fresco y frío o caliente y tibio, aumentando el riesgo de quemaduras o hipotermia. La reducción de la capacidad para detectar la vibración, el tacto y la presión aumenta el riesgo de lesiones, incluyendo úlceras de decúbito si se permanece sentado durante mucho tiempo viendo televisión. Después de los 50 años, muchas personas presentan una reducción de la sensibilidad al dolor, lo que significa que una anciana podría no darse cuenta de la gravedad de una lesión. También puede haber problemas para caminar debido a la reducción de la capacidad para percibir dónde está el cuerpo en relación con el suelo, aumentando el riesgo de caídas, un problema frecuente para las personas mayores. Las personas mayores pueden volverse más sensibles al tacto suave debido a que su piel es más delgada.
Es crucial hablar con el proveedor de atención médica si se notan cambios en el tacto, el dolor o problemas de equilibrio. Medidas de seguridad como reducir la temperatura del calentador de agua, revisar el termómetro para vestirse adecuadamente y examinar la piel regularmente pueden ayudar a prevenir lesiones, incluso mientras se está disfrutando de la televisión.
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