A día de hoy, siguen existiendo muchos tabúes y mitos en torno al sexo, y el sexo anal no es una excepción. Algunas prácticas sexuales pueden ser más habituales, como la penetración vaginal, el sexo oral o la masturbación, pero ello no implica que a todas las personas les guste por igual. El sexo anal es una práctica sexual que consiste en la estimulación o la introducción del pene en el ano o el recto de la pareja para obtener placer sexual.
Para muchas personas, las relaciones sexuales anales son consideradas sucias porque se dan a través del ano, es decir, por el esfínter, donde salen las heces. Es cierto que es una zona que hay que preparar para poder recibir una penetración, ya que pueden quedar restos fecales. Sin embargo, si se limpia adecuadamente y se evacúa anteriormente a la relación sexual, puede ser una práctica sexual igualmente placentera. En cuanto al dolor, es algo que popularmente se ha escuchado mucho, pero no tiene por qué ser así.

El Sexo Anal a Través de la Historia
En los anales de la historia, se han encontrado evidencias de que el sexo anal es una práctica antigua. En América Latina, por ejemplo, se han descubierto esculturas de pequeñas figuras humanas que mantienen relaciones sexuales vaginales, anales y orales. Estas figuras pertenecían a sociedades prehispánicas que habitaban el continente americano antes de la conquista y colonización de los españoles. Por ejemplo, se han encontrado en el noroeste de la Ciudad de México, donde habitó la cultura Tlatilco, pequeñas representaciones de figuras humanas teniendo relaciones sexuales, que datan del año 1000 a.C.
También hubo hallazgos en la zona norte de la costa de Perú de esculturas de figuras humanas teniendo relaciones sexuales orales, vaginales y/o anales, pertenecientes a la cultura Mochica, que datan del año 700 d.C. En Colombia se ha encontrado una pequeña escultura en cerámica de la cultura Tumaco-La Tolita, en la que se representa a un hombre con dilatación anal.
En lo que respecta a Europa, hay registro de prácticas sexuales anales en la Antigua Roma. Si bien los historiadores exponen que los romanos eran abiertos a diversas prácticas sexuales, había restricciones para esta práctica según el estatus que tenía una persona en la sociedad: recibir penetración anal por parte de otro hombre era visto como algo "femenino" y, por ende, era rechazado. Durante la Edad Media, la mayoría de los clérigos cristianos no eran del todo célibes, pero las órdenes más elevadas de algunos credos heréticos sí, lo que generaba el rumor de su atracción hacia miembros de su mismo sexo.
Desde la Edad Media, el sexo anal se ha considerado un tema tabú y a lo largo de los siglos casi todas las religiones lo han condenado. Las razones de este rechazo son variadas: por un lado, el sexo anal era una de las medidas naturales más utilizadas para controlar la natalidad; por otro, la práctica de este sexo tenía altos riesgos higiénicos. Esta desaprobación se ha mantenido hasta la actualidad. Esta práctica ha sido condenada en los últimos dos mil años por la mayoría de las religiones, tanto por ser infértil como por conllevar serios riesgos higiénicos.
Otros términos sinónimos son «sodomía», «coito anal» y «pedicación». El origen del vocablo «sodomía» proviene de Sodoma, ciudad de Canaán que -según el capítulo 19 del libro del Génesis, en la Biblia- el Dios Yahveh destruyó por medio de una lluvia de fuego para castigarla por el pecado, aunque el vulgo cree que fue por la práctica de la homosexualidad. En Estados Unidos, por ejemplo, en 2007 el sexo anal era delito en algunos estados, incluso si se practicaba en matrimonios legales.

Anatomía y Placer: Entendiendo la Zona Anal
Antes de profundizar en las relaciones sexuales anales, es importante reconocer y nombrar las partes del cuerpo que intervienen para conocer las funciones y características que tiene cada una:
- El ano: el orificio al final del tubo digestivo, por donde se evacua el material de defecación. Está compuesto por capas de piel -con terminaciones nerviosas que la hacen especialmente sensible- y por el intestino.
- El recto: La última parte del tubo digestivo, recubierto internamente por mucosa y ubicado antes del ano. Es una zona menos sensible.
- El esfínter anal: un anillo muscular que mantiene cerrado el ano y es controlado por el sistema nervioso autónomo, pero en parte también es posible contraerlo y relajarlo a voluntad.
El ano es una zona de nuestro cuerpo sensible que puede utilizarse para obtener placer, ya seamos hombres, mujeres, intersexuales, transexuales, etc. El esfínter es un músculo que se dilata y se contrae con facilidad, por tanto, es común que se resista a la penetración; por eso hemos escuchado, con frecuencia, que es doloroso. El potencial erótico del área anal reside en la numerosa concentración de terminaciones nerviosas que tiene la zona, que estas están muy próximas y conectadas a las zonas sensibles de los órganos sexuales y a los músculos pélvicos encargados del orgasmo, por tanto, lo potencian.
La estimulación indirecta del clítoris a través de la penetración anal puede ser causada por los nervios sensoriales compartidos, especialmente el nervio pudendo, que emite los nervios anales inferiores y se divide en el nervio perineal y el nervio dorsal del clítoris. Aunque el ano tiene muchas terminaciones nerviosas, su propósito no es específicamente inducir el orgasmo, por lo que es raro que una mujer logre el orgasmo únicamente mediante la estimulación anal. Para muchas mujeres, la inserción de un objeto en el ano puede estimular directamente la vagina.
En los hombres, la masturbación anal es especialmente placentera, ya que delante del recto se encuentra la próstata, que también contiene terminaciones nerviosas. La estimulación y penetración anal masajea la próstata, que rodea la uretra debajo de la vejiga urinaria y que se estimula accediendo al recto a través del ano, a unos 4-5cm de la entrada anal, en la pared que va hacia el ombligo. Existen, además, en el mercado algunos juguetes sexuales cuyo objetivo es la estimulación de la próstata.
La estimulación del sexo anal puede además verse afectada por percepciones populares o representaciones de la práctica, tales como en el material erótico o la pornografía. En la pornografía, el sexo anal se representa comúnmente como una rutina deseable e indolora que no requiere lubricantes íntimos, lo que puede dar lugar a que las parejas practiquen sexo anal sin cuidado, y a que hombres y mujeres crean que es inusual que las mujeres, como parejas receptivas, sientan incomodidad o dolor en lugar de placer en la actividad.
Nuestra orientación sexual no viene determinada por una zona de nuestro cuerpo o por una práctica sexual concreta. Nuestra orientación sexual es algo que vamos descubriendo con el tiempo al sentirnos atraídos/as por otras personas, ya sean hombres, mujeres, personas no binarias, etc., y sentir el deseo de mantener relaciones sexuales y/o afectivas con ellos/as. La práctica habitualmente más asociada a la orientación sexual es la penetración anal; es decir, se piensa que los hombres gais o que tienen sexo con otros hombres, la practican habitualmente. Sin embargo, esto no siempre es así, ya que es una práctica más que se elige o no hacer, independiente de la orientación sexual. El sexo anal forma parte de las prácticas sexuales en parejas homosexuales y heterosexuales.
Recomendaciones para un Sexo Anal Seguro y Placentero
Luego de conocer las partes del cuerpo que se involucran directamente, es preciso mencionar algunas pautas para procurar una práctica sexual segura y placentera. Es importante que la persona penetrada elija la postura que pueda facilitar una penetración más suave. Es necesario estar relajado/a, ya que es una zona sensible y es conveniente ir poco a poco.
Higiene Esencial
Algunas personas prefieren usar un enema (duchas anales) antes de tener relaciones sexuales anales porque se sienten más cómodas y pueden evitar sensaciones (y sorpresas) indeseadas. Un enema o ducharse es una técnica a través de la cual se introducen líquidos al recto a través del ano. Se hace con el fin de vaciar el contenido intestinal, limpiar el recto y el colon y/o para suministrar medicamentos. Pero se recomienda evitar el uso excesivo de duchas anales (enemas), ya que el uso continuo de duchas y enemas puede causar lesiones en la mucosa y crear un ambiente que facilita la transmisión de ITS.
Otras medidas de higiene simples que puedes tomar para la limpieza antes de tener sexo anal:
- Procura evitar comer antes de tener relaciones sexuales, así como consumir café, bebidas con cafeína o bebidas alcohólicas en exceso.
- En conjunto, los alimentos con alto contenido de fibra ayudan a mantener despejada el área alrededor del ano. Lo mismo aplica para las dietas ricas en proteína, que endurece la materia fecal.
- Ve al baño y vacía tus intestinos 30 a 60 minutos antes de tener relaciones sexuales.
- Algo de agua tibia y jabón, o una toallita (sin perfumar e hipoalergénica), sirven para limpiar el área anal.
Si nos preocupa encontrar restos fecales durante la penetración, cabe tener en cuenta que cuanto más profunda sea esta, mayor probabilidad hay de que así sea. No olvides que el sexo siempre involucra fluidos corporales y algunas personas pueden sentir nervios de irse a "ensuciar". Lo mismo aplica para el sexo anal, incluso tomando medidas de precaución. Intenta crear un ambiente cómodo, hablando con tu pareja y familiarizándose con lo que pueden esperar. Poner una toalla, usar guantes de látex o limpiar sobre la marcha son maneras excelentes de sentir comodidad. Para el caso del sexo oral-anal o anilingus, se recomienda usar un campo de látex y realizar una limpieza externa del ano.
Lubricación y Distensión
A diferencia de la vagina, el ano no autolubrica, con lo cual es importante lubricar bien la zona, los dedos, el pene o los juguetes eróticos que utilicemos. El ano y el recto no segregan lubricación natural que facilite la relación sexual, por esto la lubricación es fundamental en el sexo anal. Se recomienda el uso de lubricantes a base de agua para que no afecte la calidad del preservativo; también se recomienda su uso para prevenir rupturas en los tejidos internos del recto. El lubricante se usa antes de la penetración con el pene erecto o juguete sexual, y en el ano.
Para garantizar una adecuada penetración anal, la distensión, es decir, la relajación de la musculatura anal (esfínter anal), es crucial. Se recomienda introducir lentamente un dedo o la punta del pene o juguete sexual, para ensanchar de manera paulatina y progresiva esta parte del cuerpo humano. La penetración inicial debe ser lenta para permitir que los músculos anales se relajen y así evitar fisuras. Si la persona que va a ser penetrada está disfrutando con la estimulación, podemos introducir el pene. La estimulación anal debería, en general, ser progresiva, no introduciendo nada en el interior del ano, ni dedos ni juguetes ni pene de buenas a primeras. Sin embargo, Prause señaló que «la investigación sobre las lesiones obstétricas demuestra de que la velocidad y la fuerza son la causa principal de las lesiones traumáticas». La gente debe estar consciente de qué tanto se va a estirar el ano con el estimulador (llámese pene, juguete, puño, etcétera) y debe ajustar la velocidad conforme al tamaño de este.
Uso de Preservativos
El uso del preservativo es recomendable, ya que la mucosa rectal es una vía de entrada de virus y bacterias, mientras que también nos protege ante cualquier ITS (Infección de Transmisión Sexual). Es importante no utilizar el mismo preservativo para penetración anal y vaginal, en el caso de que la haya, por la presencia de bacterias; debemos utilizar uno para cada tipo de penetración. Sin lugar a dudas, el uso adecuado del condón es fundamental para una práctica sexual anal segura, así como el uso de lubricantes.
Juguetes Sexuales y Posturas
Hay juguetes exclusivos para penetración anal; son juguetes con una base que, al penetrar, hacen tope para evitar que lo succione y quede dentro del esfínter. Igualmente se aconseja lubricar los dedos antes de la penetración anal y evitar llevarlos luego a la boca o la vagina, y si vas a compartir tus juguetes sexuales con otras personas, es importante que les pongas condones nuevos para cada uso.
Así como la lubricación y la relajación del esfínter son esenciales para iniciar un buen sexo anal, es conveniente elegir una postura apropiada. Existen multitud de posturas. En el back swinging (lit. «zarandeo de espalda») la persona que recibe se encuentra tumbada boca abajo y la persona que penetra en la parte superior. Es una de las más conocidas. La persona que va a ser penetrada se apoya con sus rodillas y brazos en una posición alta (generalmente en una cama). Cuanto más agache su espalda, más deja al descubierto su ano. La persona que penetra puede estar situada también de rodillas en la cama, o bien de pie fuera de ella. En cualquiera de esos dos casos, es el «activo» quien lleva el control y el ritmo de la penetración, aunque el «pasivo» puede jugar con los testículos de su pareja. En esta postura, el ano de la persona penetrada tiende a estrecharse, por lo que la penetración puede llegar a ser dolorosa.
Fisting o Fist fucking: consiste en la introducción de un puño, e incluso el brazo, dentro del ano y recto de la persona penetrada. Es una práctica muy propensa a los desgarros anales, fisuras y roturas de esfínter. Por ello, la fase de dilatación puede durar horas.
¿Cómo tener sexo anal?
Riesgos y Consideraciones para la Salud Anal
La zona del ano y recto son sensibles y se pueden producir fisuras al momento de la penetración que pueden favorecer la entrada de gérmenes u ocasionar hemorragias. La mucosa rectal es frágil y sensible a las infecciones por virus y bacterias. La mucosa absorbe las sustancias depositadas en el recto, fenómeno aprovechado para la administración de medicamentos, como es el caso de los supositorios. Esta capacidad de absorción puede aumentarse involuntariamente mediante una penetración, que puede provocar pequeñas microheridas y ocasionar hasta hemorragias.
Infecciones de Transmisión Sexual (ITS)
En las relaciones sexuales anales son mayores los riesgos de transmisión de VIH, en comparación con las relaciones sexuales vaginales u orales. Las zonas anal y rectal son particularmente propensas a tener fisuras y heridas, a través de las cuales las enfermedades de transmisión sexual (ITS) se propagan más fácilmente. Es por esto que el sexo anal supone un riesgo mayor al de cualquier otra actividad sexual. De este modo, además del VIH, se pueden contagiar otras infecciones sexuales como gonorrea, hepatitis (A, B y C), sífilis y herpes genital -estas dos últimas se contagian debido al contacto piel con piel. Sumado a esto, cuando se practican relaciones sexuales anales sin condón se pueden propagar a través de restos de materia fecal en el recto parásitos como la Giardia -que puede provocar infecciones en el intestino delgado y cuyo síntoma principal es la diarrea-, amebas intestinales y bacterias como E. Coli.
Prevención del VIH
Aunque el uso adecuado del condón es la recomendación más importante para las prácticas sexuales anales seguras, hay otros hábitos y medidas para evitar la propagación de infecciones sexuales. Para prevenir el contagio del VIH se pueden tomar medicamentos y realizar tratamientos, como:
- Profilaxis Preexposición (PrEP): Este tratamiento está indicado para personas VIH negativas con un riesgo alto de contraer VIH. El riesgo se puede reducir hasta un 90%. Adicionalmente, se deben utilizar otros métodos de prevención como el condón.
- Profilaxis Posexposición (PEP): Se utiliza en situaciones de emergencia y se debe tomar dentro de 72 horas después de la relación sexual. En este tratamiento se toman antirretrovirales para prevenir una infección después de una posible exposición al virus.
También hay tratamientos como la Terapia Antirretroviral (TARV), que se puede usar cuando se tiene la infección, y puede reducir el virus en la sangre. Este tratamiento puede disminuir hasta un 96% el riesgo de contagio a una pareja VIH negativa. Para finalizar, el autocuidado y el cuidado a las parejas sexuales y contar con información accesible y veraz constituyen pasos esenciales para prácticas sexuales seguras y placenteras.
Trauma Físico y Otros Problemas
Es muy raro que se produzca un trauma físico significativo por el erotismo anal y la mayor parte de los casos que han requerido atención médica se deben a prácticas extremas como el fisting. Es peligroso utilizar un estimulador de gran tamaño a una gran velocidad. Por lo tanto, a excepción de los casos en los que se desafían los límites del cuerpo, no hay evidencia contundente de que el sexo anal haga daño al ano. «Es poco probable que las prácticas más comunes del sexo anal causen problemas graves de salud», según Nicole Prause, sicofisióloga sexual. Sin embargo, el sexo anal extremo que vemos en cierto tipo de pornografía, como la doble penetración, sí puede causar graves daños. Por lo tanto, Prause recomienda que «el sexo anal extremo del porno debe verse como una fantasía ya que no refleja cómo funciona realmente la fisiología».
Los expertos médicos creen que durante el sexo anal se producen microdesgarros, igual que los microdesgarros comunes durante el coito vaginal. Sin embargo, sanan rápidamente y no representan una amenaza significativa para la salud además de un aumento en el riesgo de contraer una ITS. Otro de los temores principales sobre el sexo anal es el posible trauma físico al que se expone el ano. También se debe a los riesgos de debilitamiento o rotura de la musculatura perianal o de las paredes del recto.
Se ha recibido varias preguntas sobre si el sexo anal puede causar prolapso rectal, que es cuando las paredes del recto se caen y se salen por el ano. No obstante, el prolapso anal es extremadamente raro y, fuera de algunas anécdotas, fue muy difícil encontrar evidencia de que el sexo anal es una de las causas de este padecimiento. Esto no quiere decir que el sexo anal cause prolapso rectal. Es solo que, cuando llega a pasar, es un incidente muy poco común, considerando lo extendida que se ha vuelto la práctica y lo raros que son los casos de prolapso anal.
Un estudio publicado en 1993, comparando hombres homosexuales con experiencia en sexo anal receptivo y hombres heterosexuales sin ella, encontró que el sexo anal se asocia con una menor presión cuando el ano está en reposo (es decir, que los músculos no aprietan tanto), al igual que con síntomas menores de incontinencia fecal, como sentir una mayor urgencia a la hora de defecar. Otro estudio en 1997 asoció el sexo anal receptivo con una menor presión del ano en reposo; aunque no pudo asociarlo con la incontinencia. Un estudio de 2015 encuestó a más de 4 mil estadounidenses y descubrió que tanto las mujeres como los hombres que habían practicado sexo anal receptivo tenían tasas más altas de incontinencia en comparación con los que nunca lo habían practicado (el 9.9 por ciento contra el 7.4 por ciento en las mujeres y el 11.6 por ciento contra el 5.3 por ciento en los hombres). Aunque estos resultados parecen confirmar que hay una relación entre la práctica del sexo anal y los problemas de incontinencia, es importante señalar que esta información no demuestra causa y efecto. Además, las estadísticas revelan que gran parte de los que practicaban sexo anal no padecían de incontinencia. Esto indica que es muy probable que el ano siga funcionando a la perfección.
Consideraciones Específicas sobre la Salud Anal en la Edad Adulta
Un estudio realizado en un Hospital Provincial Universitario, con el objetivo de mejorar la calidad de vida del paciente que sufre de dolor anal, muestra hallazgos relevantes para la salud anal en personas mayores. La causa más frecuente de dolor anal en mayores de 60 años resultó ser la hemorroides (36.4%), seguida del rectocele (16.9%) y el tumor rectal (9.7%). El grupo de edad más afectado comprendía entre 60 y 70 años (69.2%), y predominó el sexo femenino (62.6%). En ambos sexos predominó la hemorroides como causa de dolor anal, el rectocele solo en mujeres y el tumor rectal predominó en mujeres (68.4%), mientras que la fístula anal lo hizo en hombres (90%). Estas son consideraciones importantes para la salud anal general, que pueden influir en la comodidad y seguridad de cualquier actividad que involucre la zona anal en personas de edad avanzada.
Aspectos Sociales y Estadísticas de la Práctica Anal
A menudo se expresan opiniones polémicas respecto al sexo anal. Es controversial en varias culturas, a menudo debido a prohibiciones religiosas contra el sexo anal entre hombres o a doctrinas sobre el propósito procreador de la actividad sexual. Esta desaprobación se ha mantenido hasta la actualidad. En la actualidad, esta práctica no se considera reprochable, pero existen tabúes que estigmatizan este tipo de relaciones sexuales, por ejemplo, se cree que solo los hombres homosexuales tienen este tipo de encuentros, dejando de lado las experiencias de parejas heterosexuales o lesbianas.
«A pesar de que los porcentajes varían bastante y del hecho de que hablar del sexo anal sigue creando ciertas incomodidades y que hay todavía pocos estudios, lo cierto es que es una práctica frecuente», señala Silvia Pastells, psicóloga y sexóloga. Se estima que aproximadamente el 40% de las parejas heterosexuales han tenido sexo anal al menos una vez y, según unos u otros estudios, entre el 10% y el 20% de las parejas lo practican con frecuencia. El sexo anal en particular ha pasado del mundo de la pornografía a los principales medios de comunicación, y series de televisión como Sex and the City y Fleabag pueden haber contribuido a la tendencia haciéndola parecer «atrevida y entretenida».
Un estudio de Men's Health US y Women's Health US, así como un informe del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, revelaron datos interesantes sobre su prevalencia:
- El 7% de todos los encuestados practican sexo anal al menos una vez a la semana.
- La franja de los 30 es la edad más común para practicarlo, aunque en la franja de 40 a 50 también es una práctica común. Las nuevas generaciones se muestran más receptivas a casi todo lo relacionado con el sexo.
- El 42% de los hombres y el 36% de las mujeres han tenido sexo anal al menos una vez en su vida, un incremento considerable comparado con la década de los 90, cuando solo el 25% de los hombres y el 20% de las mujeres lo había probado.
- La comunidad LGTB está más experimentada, con el 83% habiéndolo probado y el 47% practicándolo de manera regular, frente a un 43% de población heterosexual que lo conoce de primera mano, y solo un 8% que lo practica regularmente.
En cuanto a la curiosidad y satisfacción, los hombres tienen más curiosidad por probarlo, con un 24% de españoles que no lo ha probado pero querría, frente a solo un 10% de mujeres. Un 65% de hombres encontraron su primera experiencia anal satisfactoria, frente a solo un 36% de mujeres; el 42% de ellas, de hecho, lo encontraron poco o nada satisfactorio. A dos de cada tres españoles que quieren probarlo les guía su gusto por la experimentación, mientras que el 19% han oído hablar de ello y tienen curiosidad. Por el contrario, el mayor motivo para no experimentar es estar satisfecho ya sexualmente, aunque con diferente grado entre hombres (57%) y mujeres (30%).