La perspectiva de la vejez en la sociedad actual a menudo contrasta con la visión bíblica. Vivimos en una sociedad que ha categorizado el valor de las personas, priorizando a los niños sobre los adultos mayores. La frase popular «ellos ya han vivido» refleja esa triste realidad. Esta afirmación, que realmente no justifica nuestra actitud ante la edad de una persona, nubla la verdad de que Dios ha creado a la humanidad a Su imagen, lo que implica que todos los seres humanos tenemos dignidad y valor inherente.
En la Escritura podemos ver cómo Dios usó a personas mayores de edad dentro de Sus propósitos. Por ejemplo, Moisés tenía 80 años cuando Dios le dio la tarea de liberar al pueblo de la mano de los egipcios: «Moisés tenía ochenta años, y Aarón ochenta y tres, cuando hablaron con el faraón» (Éx. 7:7). Sara, siendo ya anciana, fue usada por Dios para dar a luz un hijo como parte del cumplimiento de Su promesa. Esto nos afirma que la vejez no es vista como una etapa de inutilidad o de menor valor, sino como una etapa de honra, sabiduría y propósito delante de los ojos de Dios (Prov. 16:31).
La Vejez como Construcción Social y Espiritual
Aunque todos los seres humanos debemos ser respetados y amados por ser creados a la imagen de Dios, debemos reconocer que la manera en que esto se expresa es diferente en cada etapa de la vida, porque las necesidades y características también son distintas. El mundo ha creado diversos medios para intentar no envejecer y evitar los desafíos que esta etapa presenta, pero no podemos negar aquella realidad que Salomón mismo describió al hablar de la vejez, usando un lenguaje metafórico. Algunas de las características son: manos temblorosas («temblarán los guardas de la casa»), piernas débiles («se encorvarán los hombres fuertes»), vista y oído que se apagan («se oscurecerán los que miran por las ventanas», «las puertas de afuera se cerrarán»), cabello que se torna blanco («florecerá el almendro») y un cuerpo que, poco a poco, pierde energía y apetito (Ecl. 12:3-5).
Los estudios acerca de la vejez y la fe cada vez se abren más hacia problemáticas multidimensionales, donde ya no sólo se considera el análisis de un solo aspecto, como lo político, lo económico, lo biológico, lo demográfico o lo básicamente social. Ahora se tiende a enlazar varias aristas, lo que obliga a vincular lo filosófico, lo ético, lo religioso e incluso lo teológico para poder llevar a cabo un análisis más profundo. La fe es una praxis que opera en lo íntimo, lo privado y lo público de la convivencia humana, y que requiere del esfuerzo y de una constancia singular en la interacción con la divinidad, así como también de una práctica fraternal con los "otros semejantes" con la finalidad de mantener una sensación de plenitud y seguridad. Es una experiencia subjetiva y objetiva de constante resignificación, especialmente en la vejez, que permite a quienes la viven separarse de sí mismos, definirse y definir a los demás, avivando, la mayoría de las veces, su capacidad de agencia. Todo ello dentro de un contexto que se mantiene entre lo imaginario y lo real, entre lo que se desea y lo que es.

Esferas de la Fe en la Vejez
- En la esfera de lo íntimo están nuestras representaciones, pensamientos, reflexiones, dudas, recuerdos, formación de decisiones, acumulación de experiencias y deseos que probablemente nunca han sido expresados, no sólo porque no se desea expresarlos, sino porque pueden ser inexpresables. Es en este ámbito de intimidad donde las personas de edad avanzada ejercen plenamente su capacidad de agencia.
- En la esfera de lo privado están las relaciones interpersonales, donde hay prácticas sociales, deseos y preferencias individuales que se pueden dominar. Es el espacio en donde puede hallarse la libertad individual y el punto de partida para la adopción de decisiones sociales.
- En la esfera de lo público se encuentra el libre acceso de los comportamientos y decisiones de las personas en sociedad, las cosas que pueden ser vistas por cualquiera. Pese a que se intenta preservar la esfera íntima y privada, éstas se ven amenazadas no sólo por familiares, vecinos o conocidos, así como por instituciones y regulaciones públicas que quieren controlar el comportamiento, orillando al individuo a adecuarse a las exigencias sociales.
La fe, al igual que la vejez, se instala generalmente de manera casi imperceptible en la vida de las personas y se manifiesta en apreciaciones, acciones y relaciones sociales que los individuos construyen y deconstruyen social e individualmente. Todo ello es producto de procesos continuos y no de simples estados o eventos que pueden ser capturados y entendidos como fotografías instantáneas, y que son una secuencia de edades y experiencias estructuradas y socialmente definidas que interactúan y fluctúan en un tiempo histórico y en un lugar determinado. En consecuencia, la fe y la vejez pueden verse como una sucesión de mutaciones en las cuales se articulan procesos profundos de cambio que van conduciendo de un estado de existencia a otro.
Los espacios donde conviven la fe y la vejez son a menudo limitados, mortales, íntimos y privados que hacen incursiones constantes en el espacio público, en una reelaboración permanente en la que existen seres y hechos fantásticos, enfermedades, problemas y necesidades. Todo está mezclado con ideas, saberes y prácticas tradicionales y modernas en constante proceso de reformulación. La fe y la vejez son formas que dan identidad y sentido al aquí y al ahora, como modos que estructuran y organizan de manera distinta, pero coherente, los aconteceres, dinámicas y complejidades de la vida social. Tanto en la fe como en la vejez hay huellas en las que el pasado, presente e incluso el futuro están insertados en una realidad humana y divina, con puntos de referencia en los que se crean esperanzas y utopías, con ejes centrales en donde se dan la comunicación e interacción en caminos que marcan salidas al dolor, a los sentimientos de angustia, tristeza, ansiedad, anhelo y consuelo, entre otros.
La fe y la vejez se visten con la cultura de cada una de sus sociedades, de cada una de sus costumbres y tradiciones. Se encarnan una con la otra por medio de símbolos, instituciones, conceptos, ritos, experiencias, recuerdos y representaciones. Al analizarse, no se puede tomar en cuenta únicamente el punto de vista médico o social, ni tampoco ubicarse en la teología o en los dogmas, sino más bien en las lógicas íntimas, privadas y públicas de su propia cotidianidad.
El Rol del Anciano y la Anciana en la Iglesia Local
Sabiendo esto y entendiendo que Dios valora profundamente a las personas mayores, nuestro privilegio como creyentes es crecer en piedad y así honrar, amar y servir a estas personas, siendo Dios mismo a través de nosotras quien cuida de ellos. Como creyentes tenemos la capacidad a través del Espíritu Santo de reconocer la dignidad y lugar que los adultos mayores poseen dentro del plan de Dios.

Maneras de Honrar y Servir a los Adultos Mayores en la Iglesia
- Acércate a ellos: Es natural que nuestras amistades tiendan a ser nuestros contemporáneos y que cada domingo solo nos acerquemos a ellos para saludarlos. Sin embargo, la iglesia también está conformada por miembros que ya están en la etapa de adultos mayores. Sé intencional para acercarte a ellos, saludarlos y preguntarles sobre su semana. Muchos quizá no viven con familiares creyentes y, por ello, la iglesia debe convertirse en el lugar donde se sientan más amados.
- Trátalos con paciencia: No te limites a saludarlos los domingos, también puedes formar una amistad con ellos. Al hacerlo, crecerás en ejercitar la paciencia que Dios ha puesto en ti a través de Su Espíritu.
- Primero, escúchalos con atención: Aunque sea la misma historia que te contaron el domingo anterior. Siempre tendremos algo que aprender de ellos gracias a su enorme experiencia.
- Segundo, háblales con paciencia: Esta conversación no se trata de ti, sino de cómo el Señor te usa para amar a otros. Puede que tengas que repetirles las cosas y hacerlo en voz alta, sin gritar ni mostrar frustración, sino alzando el tono de voz lo suficiente para que puedan escucharte.
- Tercero, acompáñalos con interés y paciencia: Ayúdalos a ubicarse en un buen lugar para escuchar la predicación, asigna a alguien para que se siente a su lado y les ayude a buscar los pasajes bíblicos, colabora cargando sus objetos personales y, si es necesario, ayúdalos a trasladarse.
- Cuarto, atiende sus necesidades presentes y anticipa las futuras: Muchos de ellos tienen una Biblia con letra muy pequeña; en algunos casos, usan lentes que ya no satisfacen sus necesidades. A veces no saben utilizar las redes sociales o los códigos QR, y en otras ocasiones hay objetos en sus hogares que no pueden mover. La iglesia debe estar atenta y dispuesta a ayudar en esos momentos.
- Ofréceles amor físico y apoyo emocional: Ellos atraviesan por muchas transiciones en su vida: jubilación, pérdida de cónyuge, muerte de amistades, pruebas con la familia, enfermedad, etc. Estos cambios, muchas veces, los pueden llevar al desánimo. Abraza sin temor y oren juntos por las luchas que ellos estén enfrentando.
- Anímalos a servir: Los ancianos sienten, con frecuencia, que, como ya no gozan del vigor de la juventud, no pueden servir eficazmente al Señor. Pero Dios dice que su pueblo «aun en la vejez dará fruto» (Sal. 92:14). Dales una lista de peticiones de oración para que intercedan cada mes, anímalos a discipular a creyentes más jóvenes, anímalos a participar de las reuniones.
- Agradéceles: Agradéceles mucho por su servicio y perseverancia. Muchos de nosotros somos tentados a no congregarnos si nos duele algo o si nos sentimos cansados.
¿Quienes son los ancianos de la Iglesia según el orden bíblico?
La Importancia de los Ancianos y Ancianas en la Historia Bíblica y la Iglesia Primitiva
Como muchas sociedades antiguas, Israel honraba el papel de los hombres mayores y maduros de la nación, y buscaba el liderazgo en estos “ancianos”. El papel de los ancianos y el proceso para reconocerlos en Israel no se delinea de forma definida en el Antiguo Testamento, pero su existencia e importancia como grupo se menciona ampliamente (Éx 24:1; Lv 4:15, 9:1; Nm 11:16; Ez 7:26).
En las narrativas de los Evangelios, los ancianos judíos son un grupo visible (que con frecuencia se opone a Jesús). Cuando Jesús estableció la iglesia, asignó a sus doce apóstoles para enseñar su palabra y, por medio de esa enseñanza, dar liderazgo a su pueblo. Conforme la era apostólica se acercaba a su final, los apóstoles (Pablo en particular) tomaron pasos deliberados para levantar una nueva generación de líderes en la iglesia post-apostólica. Pablo se preocupó de que el liderazgo de estos hombres (Timoteo, Tito y otros) fuera reproductor. En Éfeso instruyó específicamente a Timoteo para que invirtiera en líderes que fueran a su vez capaces de invertir en otros: “…lo que has oído de mí en la presencia de muchos testigos, eso encarga a hombres fieles que sean capaces de enseñar también a otros (2 Ti 2:2).
Es en este punto en la historia de la iglesia primitiva (en el que se pasa el liderazgo de la iglesia local desde Pablo y sus asociados a líderes nuevos) que vemos cómo toma forma el oficio de anciano y aparece en un sentido formal. En Hechos 14, Pablo y Bernabé asignan ancianos para las iglesias de Listra, Iconio y Antioquía antes de partir. En Hechos 20, cuando Pablo regresa a Éfeso, ya puede llamar a reunión a los ancianos de la iglesia (Hch 20:17) y dejarles un cargo para su ministerio. En Tito, Pablo afirma que su principal objetivo al dejar a este en Creta era “para que pusieras en orden lo que queda, y designaras ancianos en cada ciudad como te mandé” (Tit 1:5).
Definición y Funciones de los Ancianos en el Nuevo Testamento
Los términos griegos Episkopos y Presbuteros normalmente se traducen como “ancianos” en español (episkopos a veces se traduce como “supervisor” también). De estos dos términos, presbuteros aparece con más frecuencia en el Nuevo Testamento, a veces refiriéndose a los “ancianos” judíos (en los Evangelios y los Hechos). Cuando episkopos y presbuteros se utilizan para referirse a los líderes dentro de la iglesia, es muy difícil discernir alguna diferencia entre sus significados. En Tito 1:5-9, Pablo parece estar hablando al mismo grupo durante su discurso, pero utiliza el término presbuteros en el versículo 5 y el término episkopos en el versículo 7. En el relato de la despedida de Pablo a los ancianos efesios, que se encuentra en Hechos 20, los dos términos se usan de nuevo indistintamente (presbuteros v. 17; episkopos v. 28).
Muchas denominaciones han basado sus modelos de ordenación y gobierno de la iglesia en el entendimiento de que estos dos términos identifican un único oficio. La mayoría de las denominaciones protestantes ven esos dos términos como algo que se refiere al mismo papel, el de anciano en la iglesia local.
La relación del papel de anciano con el de pastor (en griego poimēn) es significativa. En Efesios 4:11, Pablo da la lista de “apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros”. Sabemos por 1 Timoteo 3:2 y Tito 1:9 que los ancianos han de ser aptos para enseñar, así que es razonable pensar que los “pastores-maestros” podrían ser ancianos. La sospecha se confirma cuando aprendemos de otros lugares en el Nuevo Testamento que los ancianos han de cuidar de las ovejas de Dios como pastores subordinados (Hch 20:28; 1 P 5:1-4). En 1 Timoteo 5:17, Pablo parece permitir alguna distinción en el énfasis e intensidad del papel: “Los ancianos que gobiernan bien sean considerados dignos de doble honor, principalmente los que trabajan en la predicación y en la enseñanza”. El “doble honor” se refiere principalmente al pago que reciben por su labor.
El papel del anciano es de liderazgo espiritual. Es una “buena obra” (1 Ti 3:1) y comprende la guía, protección, enseñanza, disciplina y gobierno de la iglesia. Los ancianos tienen la responsabilidad general de cuidar y proteger la iglesia (ver Hechos 20:28-31). Esto proviene en gran medida de su ministerio de enseñanza. Entre las cualificaciones que se establecen para los ancianos en el Nuevo Testamento, el único don o habilidad que se exige es la capacidad para enseñar (1 Ti 3:2). Este don de enseñanza tendrá un propósito protector para la iglesia: El anciano debe “ser capaz también de exhortar con sana doctrina y refutar a los que contradicen” (Tit 1:9). Por tanto, el ministerio fiel de enseñanza del anciano ha de ser tanto positivo como negativo en carácter. En definitiva, al anciano le concierne pastorear y proteger las almas bajo su cuidado por medio del ministerio fiel de la Palabra.

Responsabilidades de la Iglesia hacia sus Líderes
Aunque los ancianos tienen responsabilidades de peso hacia la familia de la iglesia, las Escrituras dejan claro que dicha familia, a su vez, tiene la obligación de responder de buen agrado y con gozo a los líderes que Dios ha colocado. Hebreos exhorta a la iglesia: “Obedezcan a sus pastores y sujétense a ellos, porque ellos velan por sus almas, como quienes han de dar cuenta. Es necesario concederles honor (1 Ti 5:17) y protegerlos de los ataques injustos: “No admitas acusación contra un anciano, a menos de que haya dos o tres testigos” (5:19). Al mismo tiempo, los ancianos que pecan sin arrepentirse recibirán una reprensión pública (5:20). Aparte de la obligación general de la iglesia de responder con disposición al liderazgo de los ancianos, está la responsabilidad particular de proveer materialmente para aquellos que trabajan en el ministerio de la Palabra (1 Ti 5:17-18; cf. 1 Co 9:1-14). Finalmente, la iglesia tiene la obligación de orar por sus líderes. El autor de Hebreos pide oración por sí mismo como líder (He 13:18). Pablo frecuentemente expresa su compromiso de orar por los creyentes, y pide también que las iglesias oren por él.
Cualificaciones para Ancianos
Pablo establece dos listas (en su mayoría paralelas) de cualificaciones para los ancianos en 1 Timoteo 3:1-7 y Tito 1:5-9, y los responsables de identificar a nuevos ancianos necesitan asegurarse de que los candidatos reúnen las cualificaciones establecidas en ellas. Es demasiado fácil importar los criterios del mundo a la hora de elegir líderes (éxito, riqueza, popularidad, etc.) en lugar de defender los estándares de las Escrituras. El anciano ha de estar marcado por la piedad expresada en el autocontrol y el buen liderazgo dentro del hogar, resultando todo en una reputación positiva en la comunidad. Pedro encarga a los ancianos que tengan un liderazgo amable con un corazón voluntarioso y con sincero deseo (1 P 5:2-3). Esta disposición a servir es un componente clave para identificar a líderes potenciales. Pablo indica que será natural y apropiado que algunos deseen la tarea de supervisar dentro de la iglesia (1 Ti 3:1).
Una pregunta clave que las iglesias necesitan abordar es si el oficio de anciano debería estar abierto a las mujeres así como a los hombres. La cualificación en 1 Timoteo 3:2 pareciera decidir la cuestión: El anciano ha de ser “marido de una sola mujer”. Sin embargo, el punto principal probablemente es que el anciano ha de ser fiel en el matrimonio y distinguirse por la pureza sexual, por lo que este versículo por sí solo puede no decidir el tema de manera concluyente. Una observación más convincente es la de que la lista en 1 Timoteo 3 aparece inmediatamente después de una discusión clave sobre los papeles de los hombres y las mujeres dentro de la iglesia (2:8-15). En esta discusión, Pablo realiza la enfática afirmación “no permito que la mujer enseñe ni que ejerza autoridad sobre el hombre, sino que permanezca callada” (v. 12).
La expectativa de que el ministerio del evangelio implicará sufrimiento es un aspecto del liderazgo cristiano que con frecuencia se ignora pero, de hecho, forma parte integral del patrón del Nuevo Testamento. Pablo ciertamente deja claro en muchos pasajes de sus epístolas que su ministerio implica sufrimiento. Esa realidad se confirma en el registro de su ministerio en Hechos. Aunque parezca sorprendente, Pablo indica que su sufrimiento no es incidental a su trabajo, sino algo que está relacionado de forma integral con la naturaleza misma del evangelio y el sufrimiento del mismo Jesús (Col 1:24-25).
La Iglesia como Cuerpo de Cristo y Morada de Dios
La iglesia pertenece a Dios. Cristo obtuvo la iglesia al precio de su propia sangre. Y, por lo tanto, el papel de los ancianos de prestar atención a todo el rebaño (v. 28) es crucial. Hay una importancia, un valor precioso y un propósito divino de la iglesia local. Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella para santificarla y presentarla como una iglesia gloriosa, sin mancha. El principio bíblico para nosotros con respecto a la iglesia y su autoridad y responsabilidad para elegir sus ancianos es que debemos tener claro y firme que Cristo amó a la iglesia y nosotros deberíamos amarla.
Es un privilegio servir al Señor en la iglesia. Los ancianos deben tener un profundo respeto y temor de Dios mientras ministran. Cristo es la cabeza de la iglesia y él es el principio de todas las cosas y él tiene la preeminencia. El principio bíblico para nosotros con respecto a la iglesia y su autoridad y responsabilidad para elegir sus ancianos es que deberíamos ser parte del cuerpo de Cristo (la iglesia) y participar a full en su misión (haciendo discípulos) y en sus deberes y en sus privilegios. La iglesia local es una expresión de todo el cuerpo de Cristo. La iglesia contiene “los miembros de la familia de Dios” y es “la morada de Dios en el Espíritu”. La presencia de Dios en la iglesia es diferente a la naturaleza. Es por eso que las expectativas para la reunión presencial de los creyentes (especialmente los miembros de la iglesia) en el día del Señor en adoración pueden y deben ser tan diferentes de las de un creyente que adora a Dios por su cuenta en su casa.
Podemos concluir entonces que es una gran responsabilidad y privilegio para los miembros de nuestra iglesia reconocer, capacitar, elegir y animar a nuestros ancianos. Su servicio al Señor y a la iglesia es importante porque los creyentes de la iglesia local son miembros de la familia de Dios y la morada de Dios en el Espíritu. Y finalmente, la iglesia es la columna y baluarte de la verdad. Los ancianos enseñan, ojalá bíblicamente, para que uno sepa cómo debe conducirse en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios vivo, columna y sostén de la verdad. Esa es una vocación asombrosa. No hay otra institución en la sociedad con esta misión. Cuando los ancianos hacen bien su trabajo, la verdad permanece. Y si hacen mal su trabajo, la verdad se derrumbará. Ya sea que el propósito de la iglesia sea dar a conocer la multiforme sabiduría de Dios por medio de la iglesia a los principados, potestades o ambos… podemos decir, con confianza, que ES GRANDE (e importante).
¿Quienes son los ancianos de la Iglesia según el orden bíblico?
Los Deberes y el Ejemplo del Anciano
Hay solo dos funciones oficiales de la iglesia según el Nuevo Testamento: los ancianos y los diáconos (Fil 1:1). A los ancianos se les llama tres nombres en el Nuevo Testamento: ancianos (presbíteros), obispos (supervisores) y pastores (pastores-maestros). Los ancianos dirigen la iglesia (1ª Tes 5:12), administran los asuntos de la iglesia (1ª Pedro 5:2; Tito 1:7), pastorean la iglesia (Hechos 20:28-29; 1ª Pedro 5:2-3; Santiago 5:14).
Los ancianos deben enfocarse en seguir a Cristo fielmente y en animar a que la iglesia haga lo mismo (1ª Tim. 4:16). Deben ser mayordomos fieles de la autoridad de la Palabra de Dios (1ª Tim 4:11, 13-14). Deben mandar que las ovejas de Cristo sigan a su Pastor (cf. 1ª Pedro 5:2; Mateo 28:18-20). Deben explicar y aplicar la Palabra de Dios. Deben prestar atención a la lectura pública de la Palabra de Dios. La habilidad y deseo para enseñar la Palabra de Dios es una responsabilidad y un privilegio (cf. 1ª Tim 3:2). Deben ser ejemplos fieles de la aplicación de la Palabra de Dios (1ª Tim. 4:12). Sus vidas deben corresponder a su enseñanza (cf. Tito 2:7-8). Deben demostrar la madurez espiritual (la semejanza a Cristo) en sus palabras, conducta, amor, fidelidad y pureza. Deben ser discípulos fieles de Jesucristo (v. 15). Sus vidas deben demostrar el progreso en perseverar en la fe y en la obediencia a Jesucristo. Deben ser pastores fieles de la iglesia de Jesucristo (v. 16).
El propósito y el privilegio del rol de anciano en la iglesia local es divino, y es un privilegio porque Dios está trabajando en la iglesia por que Su hijo, Jesucristo entregó su vida por ella. La iglesia es la columna y baluarte de la verdad. Los miembros de la iglesia son de la familia de Dios y están en la morada de Dios.