Desde hace varios años quería asistir en Montevideo a la Llamada del Carnaval porque parte de mi familia es afrodescendiente y la Llamada es una manifestación de su cultura con una profunda raíz histórica. Este año estaba dispuesto a viajar a Montevideo para la Llamada y conversando con unos amigos del club, también se entusiamaron, así es como se sumaron Rony, Mario y Héctor. El equipo de dobles que habitualmente jugamos al tenis, lo llevamos a otra actividad muy diferente que es el carnaval. Hay distintas formas de ver el desfile que se desarrolla en la calle Isla de Flores. Nos enteramos tarde que hay otra posibilidad, tal vez la más atractiva, que es alquilar un balcón o una terraza en alguna casa de familia. Allí hubiera estado interesante porque podríamos haber compartido el desarrollo con gente local, lo cual hubiera tenido un valor agregado.
El carnaval no es una celebración que me resulta especialmente atractiva a esta altura de la vida, aunque lo he disfrutado mucho de chico en el corso de la avenida Cabildo en Belgrano, con unos lujosos disfraces que me confeccionaba mí abuela. Recuerdo uno de cowboy y otro mucho más lindo, de Sandokán que era mí lectura preferida a los 11 años y del cual no tengo ninguna foto, aunque perdura nítidamente en mí memoria el turbante de seda azul con un aplique de perlas y una cimitarra que evidenciaba tanto la opulencia como la ferocidad del personaje de Emilio Salgari.
Mientras observaba el desfile comprendí que la Llamada no es solamente una fiesta actual, sino que es el resultado de la memoria colectiva, ya que las primeras llamadas surgieron cuando los afrodescendientes se reunían en los barrios Sur y Palermo de Montevideo para tocar tambores y reconocer entre sí su cultura. Volviendo a nuestra noche en Montevideo, las 23 comparsas que desfilaron, algunas están muy bien organizadas, con auspiciantes y con vestimentas muy lujosas, mientras que hay otras más sencillas. Las comparsas de candombe, también llamadas “sociedades de negros” o lubolos, tienen personajes bien marcados. Normalmente abre el desfile el portaestandarte. Luego lo siguen los portabanderas, que tienen los colores de la comparsa y son de dimensiones muy grandes y las agitan con maestría. Las vedettes, si bien bailan, muchas veces junto con las bailarinas, tienen un vestuario diferente, siempre con poca ropa y adornos más sofisticados. También desfilan personajes tradicionales, como la Mamá Vieja o el Gramillero, que no son sólo figuras escénicas; sino que representan la memoria de los antepasados y la continuidad de la tradición afro-uruguaya.
Los que agitan las banderas tiene que soportar un enorme peso, las chicas del cuerpo de bailes, lo hacen sin descanso. Los personajes de la Mamá Vieja y el Gramillero, no sólo simulan ser mayores, sino que algunos de ellos, que vimos después del desfile y ya sin la caracterización, se veían que no eran para nada jóvenes. Los percusionistas le dan a los tambores sin pausa durante todo el tiempo. Este año se cumplían los 70 años de la primera llamada y mi sensación es que a medida que se fue haciendo más famosa, posiblemente creció en profesionalidad, lujo y nivel artístico, pero también debe haber perdido parte de la espontaneidad original, a pesar que mantienen el orgullo barrial, por lo cual los integrantes dan todo de sí para y por el honor de su comunidad.
Este festival también tiene un importante componente económico, por eso son necesarios auspiciantes comerciales, tanto de cada una de las comparsas como de los organizadores. El público, era todo local y cumple un rol fundamental ya que no es un espectador pasivo, No es un espectáculo para turistas, sino para los uruguayos que lo disfrutan como corresponde algo tan ligado a su identidad. Otro aspecto que me sorprendió fue la convivencia entre generaciones. Había familias completas, desde abuelos hasta niños pequeños, todos participando activamente. La primera comparsa en desfilar fue Quarein 1080, que es la dirección del conventillo Medio Mundo del Barrio Sur, donde fue fundada. Quareim 1080 fue la ganadora de los dos años anteriores e hizo un muy buen desfile. Sin embargo el domingo nos enteramos que Quareim 1080, había ganado también este año, por lo cual me renació alguna duda sobre la imparcialidad del jurado, pero por supuesto no soy nadie para poner en tela de juicio el dictamen, cuya evaluación tiene muchos componentes: la música, el cuerpo de baile, el vestuario, los personajes principales, la originalidad, la armonía y la continuidad del espectáculo.
Lo que ocurre en los tablados es muy diferente a la Llamada, pero también tiene un origen relacionado con los afrodescendientes. Allí se convocan en un escenario a las murgas, que son agrupaciones barriales o de otras localidades del interior. En las presentaciones de las murgas las canciones tienen un fuerte contenido político y social, con señales de protesta, tanto sobre temas de actualidad como antiguos, con gran participación del público que se siente identificado con esas letras. Las canciones traen a colación principalmente temas de corrupción de los funcionarios, las dificultades de la gente, pero también hubo algunas con historias vinculadas con los desaparecidos o de lealtad a Cuba. No faltaron las manifestaciones contra el actual gobierno del Frente Amplio, porque no avanza lo suficientemente rápido en la dirección que consideran adecuada. Muchas de las letras, que combinan humor con una mirada aguda de la realidad, son muy ingeniosas, divertidas y están muy bien cantadas, mientras que otras son un poco monótonas.
No todas las presentaciones de las murgas tienen un formato uniforme, como ocurre en la Llamada, en la cual todas las agrupaciones siguen un configuración bastante estándar. Normalmente se inicia con alguna canción del coro y le sigue un diálogo con un sketch de presentación, habitualmente entre un personaje femenino y uno masculino, con una escena breve al principio en la que se plantea el tema o el concepto de la murga para ese año, para que el público se ubique en la historia. Este sketch normalmente puede ser humorístico, como los que plantearon que “todos somos perdedores” o bien críticos con algunos temas de la política. Luego viene el desarrollo principal, en el que se escuchan cantos potentes y tiene como dos versiones en distintos momentos. Se inicia con lo que ellos llaman salpicón que son temas muy cortos, que van cantando distintos integrantes para denunciar lo que pasó en el último año. El corazón de la actuación de la murga son los cuplés donde intervienen todos los participantes, muchas veces para esta parte del espectáculo se sacan los trajes lujosos de carnaval y se ponen ropa acorde al tema. Los cuplés pueden tratar sobre temas políticos o sociales. Finalmente viene la despedida donde se transmite el mensaje final de la murga.
De las 5 murgas que vimos, “Jardín del Pueblo” fue la que más me gustó, seguida por “Patos Cabreros”. El tablado del Velódromo está en el Parque Batlle, es un enorme complejo donde hay miles de sillas, cuyas entradas se venden numeradas a un valor de 15 dólares, al menos las que estábamos nosotros en las filas de más adelante y luego hay gradas de cemento en el fondo, que están a unos 100 metros del escenario. En el predio del Velódromo había una gran oferta gastronómica, que va desde un choripán que estaba excelente, pasando por los baurú criollos, que son unas hamburguesas gigantes con todos los agregados posibles, acompañados de boniato frito. De esta experiencia me queda como conclusión prsonal que el carnaval de Montevideo es una combinación de arte, historia y comunidad todo entrelazado de una manera muy particular.
