Origen, Significado y Dimensiones de la Jubilación

La palabra "jubilación" es un término que ha evolucionado a lo largo del tiempo, con raíces etimológicas profundas y significados que han trascendido lo meramente laboral para abarcar aspectos sociales, culturales y personales. Aunque su origen es objeto de debate entre los estudiosos, existe consenso en que proviene del latín iubilare, que significa expresar o gritar de alegría.

Un diagrama mostrando las raíces etimológicas de la palabra jubilación.

Orígenes Etimológicos y Conceptuales

Los estudiosos coinciden en que la palabra "jubilación" proviene del latín iubilare, que significa "expresar o gritar de alegría". Sin embargo, también barajan la posibilidad de que proceda del hebreo yobel, un sonido típico que emite el cuerno de los machos cabríos, usado para anunciar el inicio de un año especial, lo que posteriormente se llamó Jubileo.

La conexión entre el hebreo y el latín

Su origen en dos lenguas distintas se explica porque la voz hebrea evolucionó al latín. Otros expertos aseguran que Jerónimo de Estridón tradujo la Biblia del idioma semítico al latín a finales del siglo IV, entre los años 391 y 406, y para la palabra judía yobel aplicó el término latino iubilaeus.

El significado del "Yobel" en el Antiguo Testamento

La palabra yobel se usaba en el Antiguo Testamento para denominar la celebración que se hacía cuando los hombres cumplían 49 años. Se consideraba que entonces se entraba en una nueva fase de la vida y se debían cumplir algunos preceptos del Levítico (uno de los libros bíblicos del Antiguo Testamento), como perdonar todas las deudas, no realizar tareas agrícolas o liberar a los esclavos. En definitiva, se entraba al año número 50 meditando, reflexionando y volviendo a la esencia de la vida y valorando lo conseguido, algo que había que disfrutar con júbilo. De ahí, pues, la iubilatio, como gozo, alegría, júbilo. Así que ese momento tenía un carácter festivo y alegre.

El Jubileo en la cultura cristiana

Esa pausa en la vida laboral o jubileo es el antecedente de la actual jubilación, pero ahora se entiende libre de su antigua connotación religiosa. La cultura cristiana también heredó el concepto de Jubileo, siendo en este caso una celebración que normalmente tiene lugar cada 25 años y en la que se conceden gracias espirituales singulares (indulgencias) a los fieles que cumplen determinadas condiciones. Un aspecto importante en el periodo de jubileo consiste en la propuesta de peregrinación a lugares santos. El jubileo católico puede ser ordinario o extraordinario. El Año Santo ordinario, o año jubilar, es el celebrado en los intervalos preestablecidos, mientras que el extraordinario, o jubileo, es el proclamado como celebración de un hecho destacado. Por ejemplo, el año 2000 lo fue para celebrar los dos milenios del nacimiento de Jesús.

Ilustración de personas mayores disfrutando de actividades de ocio y aprendizaje en su jubilación.

La Jubilación en la Actualidad y su Dimensión Educativa

En la actualidad, la finalización de la vida profesional en la mayoría de países oscila entre los 65 y 70 años. Al concluir esta etapa el trabajador se convierte en jubilado o pensionista. La edad adulta es un período de la vida que se inicia en la década de los veinte y se prolonga hasta la vejez. En este camino, la persona suele atravesar diferentes crisis: las décadas de los treinta y los cuarenta, y el paso hacia la vejez.

La jubilación como oportunidad educativa

Si bien los sistemas formales y no formales de educación se orientan fundamentalmente a preparar para la vida, lo hacen sobre todo para la vida activa. Considerando que la pirámide poblacional se invierte, la educación y los educadores tendrían que preparar a las personas para la edad del retiro. Jubilarse no tendría que significar una crisis que derive en depresión, inacción o en pérdida del sentido de la vida. Al contrario, en la medida en la que la persona aprenda a asumir el desapego como algo natural, estará en condiciones de otorgarle a este período un nuevo valor, y esto resulta una oportunidad educativa.

La importancia de la educación en la edad adulta

El proceso de envejecimiento y la preparación para el retiro

Hacerse viejo es un proceso que puede ser favorable o desfavorable, pero es natural e irreversible. En el proceso de envejecer se experimenta la constante de que la capacidad física decrece, mientras que algunos rasgos se incrementan, como la capacidad intelectual y la experiencia de la vida, entre otros. En la edad adulta comienza a visualizarse que la vida tiene un término, y se comienza en mayor o menor medida a pensar en él. También se considera prever la llegada de ese momento. Sin embargo, pocas veces se hace una preparación para el retiro, porque la gente suele negar ese hecho, aunque es seguro que sucederá.

Vivimos en una sociedad que sobrevalora la juventud, el trabajo productivo, el poder de compra. Se ilusiona con la fantasía de no envejecer y ofrece mil artilugios para no hacerlo. Sin embargo, es una realidad que en el futuro habrá muchos adultos mayores, y la sociedad no se está preparando para ello. Que la humanidad ha ampliado su media de vida no es una suposición, es un hecho comprobado. La última parte de la vida no debiera considerarse como un problema, sino como una oportunidad de crecimiento. Es la culminación de un proceso natural e inevitable.

Los educadores profesionales han de encontrar en este momento de la vida una oportunidad para intervenir educativamente y promover en el adulto próximo a la jubilación una actitud positiva en su nueva situación, que conlleva un cambio en su modo personal de vivir, de pensar y de conducirse ante el retiro del trabajo y todo lo que ello implica.

Definición y Etapas de la Adultez

La transición hacia la vida adulta no es algo que sucede repentinamente, al cumplir lo que legalmente marca la "mayoría de edad", a los dieciocho o a los veintiún años. Es más bien una trayectoria personal en transición, que puede tener, en común con todas las personas, cambios biológicos, psíquicos y sociales. Por eso, definir en sentido unívoco la adultez y las características de la edad adulta es difícil y complejo. De hecho, asegura De Natale (2003: 14), que en el nuevo milenio aún no es posible trazar un esquema que pueda considerarse exhaustivo sobre las múltiples tentativas de definición y descripción de los caracteres de la adultez.

Más que definir y señalar los límites de la edad adulta, siguiendo a Rojas (2002: 59-78), se presentan las etapas que la componen:

  • La etapa de la adultez temprana o juventud.
  • La etapa de la adultez media.
  • La etapa de la adultez tardía, que incluye la vejez.

Adultez temprana o juventud

En este período de la vida se percibe que lo físico alcanza su máximo desarrollo. En el ámbito intelectual sucede lo mismo: el pensamiento, la sensopercepción, la memoria, la conciencia y el mundo de las tendencias, entre otros aspectos. Por ello, los diversos aprendizajes alcanzan también su apogeo, y la memoria resulta especialmente puntual. En lo social, en el adulto joven se produce la independencia familiar, bien porque contrae matrimonio, bien porque ya no depende de sus padres. En cuanto a la formación profesional, esta da sus primeros resultados, y la persona en esta edad de la vida suele sentirse productiva, con independencia económica y realizada en la profesión y/o en la carrera laboral.

Adultez media

Se distingue por ser la edad más floreciente. En lo físico aún se experimenta vigor, aunque ya se comienza a sentir una leve disminución del mismo. La vida económica y social suele estar asentada, y la afirmación de uno mismo a través de la personalidad bien estructurada, y la responsabilidad alcanza su máximo desarrollo. En dicho período de la vida ya se ven los resultados del estilo de vida que cada uno ha llevado. La edad intelectual se complementa con la experiencia de la vida, y eso ayuda a entender la realidad en un sentido más amplio. De ahí que se suele ser más natural, y el proyecto de vida deja de ser volátil y huidizo, y queda sujeto a la propia realidad. Los tipos de inteligencia sintética, social, verbal e instrumental (orden, constancia, motivación y voluntad) mejoran con los años y señalan la importancia psicológica que tienen los esfuerzos, el aprendizaje y la expresión de los sentimientos.

Adultez tardía, que incluye la vejez

Se caracteriza, según Vega y Bueno (2000: 265), porque la persona deja de ocupar una posición central, lo que reduce las responsabilidades que se solía asumir durante la adultez media. En lo físico, resulta más evidente el deterioro; en lo psíquico se pasa por un proceso de "revisión de la vida", en el cual se inspecciona el pasado y se separan los aspectos buenos de los malos. También, durante esta fase, la persona aprende el sentido final de lo que es la vida y todo lo que implica.

Tres reglas constituyen la definición del envejecimiento (Barja, 1998: 8-9):

  • El envejecimiento es universal. Ocurre, en mayor o menor medida, en todas las personas.
  • El envejecimiento es intrínseco. Los fenómenos básicos responsables del envejecimiento son más de origen endógeno, que de origen ambiental o externo.
  • El envejecimiento es progresivo. El proceso de envejecimiento se desarrolla de modo paulatino a lo largo de la vida de la persona.

Ahora bien, si la persona adulta no ha sabido prepararse para vivir cada etapa de las señaladas, no es fácil superar las crisis que en ellas se afrontan. Por ejemplo, entre estas tres etapas de la vida adulta se distinguen tres crisis muy claras: la "crisis de la tercera década", la "crisis de la cuarta década" y el paso hacia la vejez.

Las Crisis de la Edad Adulta

La crisis de la tercera década

En la década de los veinte se inicia un período que lleva a apartarse gradualmente de la familia y, con ello, de la protección y seguridad que esta otorgaba en todos los sentidos. Y aunque tal momento varía en cada caso, el cambio hacia una vida más autónoma conlleva también una búsqueda de la propia identidad personal. Generalmente la búsqueda de la propia identidad personal se considera una crisis de la adolescencia, pero la plena consecución de la identidad no consiste, meramente, en resolver las cuestiones típicas de tal fase de la vida. "Existe una dimensión de crecimiento más refinada, que solo se hace posible y adecuada después de que estamos en posesión del beneficio de años de experiencia vital" (Sheehy, 1987: 79).

Por eso, en los treinta la persona suele tomar una serie de decisiones críticas para su vida futura, y acostumbra tornarse más racional y ordenada. En los treinta la persona "se instala", en el pleno sentido de la palabra. Esto es, se suelen echar raíces y lanzar nuevos brotes (Sheehy, 1987: 61). Se tiende hacia la adquisición de bienes materiales que den seguridad y bienestar, como un lugar propio para vivir, un automóvil, ahorros; y se proyecta escalar posiciones en lo profesional y en lo laboral. En lo familiar se experimenta el crecimiento de los hijos, y nuevos retos para la vida en pareja. Aunque se suele no estar aún en la mitad de la vida, en esta década se alcanza a percibir que hay un momento en el que la vida concluye y el tiempo empieza a tensar, porque los treinta marcan el puente que conduce hacia la segunda mitad de la vida. Es, por tanto, una etapa de riesgos y oportunidades. Las mujeres se encuentran conjuntando la armonía entre el trabajo y la familia. Los hombres buscan alcanzar el máximo desarrollo en el campo laboral. Piensan que lo que no logren en este período, se dificultará más cuando tengan que interactuar con una nueva generación que se ha integrado a su campo de trabajo.

La crisis de la cuarta década

Al acercarse a los cuarenta años de edad, muchos hombres y mujeres sufren una profunda crisis personal. Desde luego, influyen en ella los cambios fisiológicos y hormonales por los que pasan tanto el hombre como la mujer. La menopausia y la andropausia son momentos en la vida que suelen marcar, para bien o para mal, un punto y aparte en la línea vital. Sin detenerse en los detalles de ambos períodos de la vida, lo que se puede decir en general es que la famosa "mediana edad" se presenta como una edad que puede adoptar muchas formas y que afecta todas las esferas de la vida humana.

La pérdida de la juventud, la disminución de las capacidades físicas, experimentar las primeras pérdidas de padres, hermanos y amigos, el síndrome del "nido vacío", no son sino causas de lo que subyace en el paso hacia la vejez: el miedo. Miedo a envejecer, miedo a perder autonomía, miedo a perder a los seres queridos, miedo a quedarse solo. Quizá visualizarse en esta década para muchos puede resultar un proceso especialmente doloroso. Y cuando el sufrimiento llega se tambalean seguridades y convicciones. El carácter y la experiencia de cada uno determina la capacidad para salir adelante.

El paso hacia la vejez y la perspectiva cultural

La vejez se ha nominado con diferentes acepciones: "edad dorada", se utiliza el eufemismo "tercera edad", "adultos en plenitud" y "edad de retiro", entre otros. Nos avergüenza la ancianidad, y se opta por llamarla con nombres ambiguos. El término "senador" evoca esta consideración del pasado. La palabra proviene del latín, anciano. Componen el Senado hombres mayores, exentos de las vacilaciones y los desplantes propios de la juventud.

Las culturas antiguas veneraban a los viejos, pues ellos guardaban la tradición, poseían sabiduría y cultivaban la prudencia. Consideraban que esa virtud permitía diagnosticar determinadas circunstancias si una acción acercaba más a la felicidad. La persona prudente determina con acierto la pertinencia de una elección concreta, en orden al deseo último de ser felices. Y para adquirir la virtud de la prudencia hace falta experiencia de vida, circunspección, objetividad, señorío sobre las pasiones, valorar las consecuencias de las propias decisiones. Todas estas cualidades se ganan con la edad.

Para griegos, chinos, judíos, japoneses, romanos y las culturas prehispánicas, la vejez traía aparejada la virtud de la prudencia. Aristóteles, por ejemplo, consideraba a los efebos demasiado pasionales como para permitirles deliberar sobre los grandes asuntos de política y ética. La juventud se concebía como un estado transitorio hacia la madurez, no como una época dorada. Pensar linealmente, y no solo en presente, se une al respeto por la tradición. El anciano vive todavía parte del pasado, y por ello puede ponderar mejor el instante presente. A veces desconfían del cambio, porque han experimentado el valor de la herencia recibida de sus padres. Un deje de escepticismo inunda sus mentes, recuerdan que cada generación se siente "revolucionaria", "definitiva", "transformadora del mundo".

En las culturas orientales todavía al viejo se le respeta profundamente y se busca su consejo, porque consideran que con la edad se alcanza la sabiduría. En China aún se acostumbra a preguntar "¿cuál es su gloriosa edad?"; y a los jóvenes se les consuela diciéndoles que tienen un excelente porvenir y algún día "llegarán a ser ancianos".

Gráfico comparativo de libertad y prestigio en el curso vital de estadounidenses y japoneses.

Actualmente en occidente, en cambio, no sucede lo mismo; se desoyen las palabras del anciano, "por no estar actualizado" o por "no comprender los cambios de la época", y por ende, la tradición carece de sentido y ya no se respeta como guardiana de la tradición. Tampoco se aprecia la prudencia, desplazada por el culto al cambio constante. Tales ideas imperan particularmente en la empresa, pues el sistema productivo desprecia a los viejos.

Definiciones de "Jubilar"

Las acepciones de la palabra "jubilar" y sus derivados son diversas, abarcando desde el cese laboral hasta el significado de alegría y regocijo:

Según la RAE

  1. Disponer que, por razón de vejez, largos servicios o imposibilidad, y generalmente con derecho a pensión, cese un funcionario civil en el ejercicio de su carrera o destino.
  2. Dispensar a alguien, por razón de su edad o decrepitud, de ejercicios o cuidados que practicaba o le incumbían.
  3. coloq. Desechar algo por inútil.
  4. prnl. Conseguir la jubilación. Era u. t. c. intr.
  5. prnl. Ven. Del lat. iubilāre 'lanzar gritos de júbilo'.

En desuso: intr. Alegrarse, regocijarse.

Según WikWik.org

  • jubila v. Tercera persona del singular (ella, él, ello; usted, 2.ª persona) del presente de indicativo de jubilar.
  • jubila v. Segunda persona del singular (tú) del imperativo afirmativo de jubilar.
  • jubilá v. Segunda persona del singular (vos) del imperativo afirmativo de jubilar.

Análisis Lingüístico de "JUBILA"

La palabra "JUBILA" presenta varias curiosidades lingüísticas:

Palabras válidas de 3 definiciones

AFIRMATIVO, DE, DEL, EL, ELLA, ELLO, IMPERATIVO, INDICATIVO, JUBILAR, PERSONA, PRESENTE, SEGUNDA, SINGULAR, TERCERA, TU, USTED, VOS.

Palabras dentro de "JUBILA"

  • JU
  • LA
  • UBI

Palabras que se encuentran escritas de derecha a izquierda (DaI)

  • AL
  • ALI
  • BU

Anagramas

  • BALIJU

Primos (cambiando solo una letra)

  • CUBILA
  • JUBILE
  • JUBILO

Sufijos

JUBILAD, JUBILAN, JUBILAR, JUBILAS, JUBILABA, JUBILADA, JUBILADO, JUBILAIS, JUBILARA, JUBILARE, JUBILASE, JUBILABAN, JUBILABAS, JUBILADAS, JUBILADOS, JUBILAMOS, JUBILANDO, JUBILARAN, JUBILARAS, JUBILAREN, JUBILARES, JUBILARIA, JUBILARON, JUBILASEN, JUBILASES, JUBILASTE, JUBILABAIS, JUBILACION, JUBILARAIS, JUBILAREIS, JUBILARIAN, JUBILARIAS, JUBILASEIS, JUBILABAMOS, JUBILARAMOS, JUBILAREMOS, JUBILARIAIS, JUBILASEMOS, JUBILASTEIS, JUBILACIONES, JUBILARIAMOS.

En medio (añadiendo una letra delante y al final)

PREJUBILAD, PREJUBILAN, PREJUBILAR, PREJUBILAS, PREJUBILABA, PREJUBILADA, PREJUBILADO, PREJUBILAIS, PREJUBILARA, PREJUBILARE, PREJUBILASE, PREJUBILABAN, PREJUBILABAS, PREJUBILADAS, PREJUBILADOS, PREJUBILAMOS, PREJUBILANDO, PREJUBILARAN, PREJUBILARAS, PREJUBILAREN, PREJUBILARES, PREJUBILARIA, PREJUBILARON, PREJUBILASEN, PREJUBILASES, PREJUBILASTE, PREJUBILABAIS, PREJUBILACION, PREJUBILARAIS, PREJUBILAREIS, PREJUBILARIAN, PREJUBILARIAS, PREJUBILASEIS, PREJUBILABAMOS, PREJUBILARAMOS, PREJUBILAREMOS, PREJUBILARIAIS, PREJUBILASEMOS, PREJUBILASTEIS, PREJUBILACIONES, PREJUBILARIAMOS.

Prefijos

  • PREJUBILA

Anagramas más una letra

  • +D JUBILAD
  • +N JUBILAN
  • +R JUBILAR
  • +S JUBILAS

Anagramas menos una letra

  • -B JULIA
  • -L BUJIA

Puntos de Scrabble

15 puntos.

Probabilidad Scrabble

  • Comodín permitido: 1 oportunidad en 8297 (0,01%).
  • Comodín no permitido: 1 oportunidad en 59130.

Otros idiomas

  • Válida: francés, rumano.
  • Inválida: italiano, inglés, alemán.
  • (En francés) JUBILER v. (p.p.inv.) [cj. aimer].

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