Aunque en el último proceso de rendición de la Prueba de Selección Universitaria (PSU) se mantuvieron las tendencias respecto de la distribución de los mejores resultados, un nuevo estudio buscó dar cuenta de las diferencias, no solo por las comunas, sino también por barrios. El informe de Techo, llamado "Perspectivas de la PSU y Educación Superior desde tres tipos de barrios del Gran Santiago", señala que si bien los mejores puntajes se concentran en el sector oriente, existe una segregación local donde sectores colindantes pueden tener resultados diametralmente opuestos, con diferencias de hasta un 58% dependiendo de la población vulnerable.

La vulnerabilidad como factor determinante
La vulnerabilidad en un área se mide según el porcentaje de población que se ubica en los quintiles de menores ingresos. Algunos barrios poseen un 60% de habitantes en segmentos de bajos recursos, mientras otros tienen menos del 20%. Pablo Flores, director del Centro de Investigación Social de Techo, sostiene que "la PSU, año tras año, demuestra que solo es un síntoma de una sociedad muy segregada", donde nacer en una cuadra específica puede marcar el futuro educativo de una persona.
Alejandra Falabella, académica de la Universidad Alberto Hurtado, enfatiza que estos resultados evidencian la iniquidad del sistema educativo, reflejada en dimensiones socioeconómicas, de género y geográficas. Por su parte, María Paz Arzola, de Libertad y Desarrollo, señala que la prueba refleja una realidad de heterogeneidad en la calidad de los aprendizajes, lo que obliga a focalizar esfuerzos públicos en los sectores de menores ingresos.
Indicadores de educación superior
El informe destaca diferencias significativas en el ámbito universitario y técnico:
- Cumplimiento de primer año: En barrios menos vulnerables, el 9,7% de los estudiantes completa el primer año de educación superior, frente a solo un 3,8% en barrios vulnerables.
- Trayectoria: Se observa una brecha clara en la cantidad de jóvenes que logran dedicarse exclusivamente a los estudios.

Cuestionamientos estructurales a la PSU
La PSU vive sus días más críticos. Un informe de la consultora Pearson arrojó que el sistema de medición es deficiente, pues deja fuera a jóvenes de colegios municipales y técnico-profesionales, seleccionando a otros que no necesariamente son los más aptos. Los principales hallazgos del informe indican:
- Baja capacidad predictiva: Muchos estudiantes con buen puntaje PSU presentan rendimientos mediocres en la universidad.
- Sesgo socioeconómico: La prueba favorece a jóvenes con más recursos, mientras que los alumnos de establecimientos Técnico-Profesionales (TP) no reciben formación en todos los contenidos evaluados.
El Consejo de Rectores (CRUCH) ha sido cuestionado por mantener una institucionalidad que, según expertos como Mladen Koljatic, no cumple su función de predecir el éxito académico. Además, la segregación social que ya existía en la antigua Prueba de Aptitud Académica (PAA) se ha consolidado en la PSU, donde existe una relación directa entre el ingreso familiar y el puntaje obtenido.
Debates sobre mecanismos de admisión: El Ranking y el PACE
Ante la brecha existente, se ha implementado el Ranking de Notas, que busca premiar el rendimiento relativo dentro del establecimiento. Aunque la medida apunta a la inclusión, genera debate: si bien beneficia a alumnos de liceos vulnerables, algunos críticos argumentan que puede lesionar las posibilidades de alumnos de colegios de alta exigencia que, a pesar de su vulnerabilidad, tienen notas bajas.
Por otro lado, programas como el PACE buscan acortar la inequidad mediante la preparación y nivelación de estudiantes de entornos vulnerables. Casos como el ingreso a la educación superior de la primera generación PACE demuestran que, con acompañamiento integral, es posible garantizar no solo el acceso, sino la permanencia de jóvenes talentosos que, de otro modo, habrían quedado excluidos del sistema.