Si hay algo que impacta a la gente que visita por primera vez una iglesia, es la alabanza y la adoración. Esto es perfectamente comprensible, ya que en el mundo no han visto nada semejante. Muchas personas tienen una idea preconcebida de que alabar a Dios significa entonar unos himnos aburridos en un estilo solemne y anticuado. Sin embargo, se sorprenden cuando nos ven cantar y danzar con alegría y libertad.
Una de las cosas que llama la atención es la gran cantidad de jóvenes que danzan en perfecta sincronización alabando a Dios. Causa una muy grata impresión la libertad que los jóvenes tienen para expresar su adoración a Dios de una manera espontánea, creativa, sin ataduras de legalismo religioso ni condenación.
Se asombran cuando escuchan las letras de nuestras canciones, el estilo de nuestra música y al ver los instrumentos que usamos. Y más importante, muchos son profundamente tocados por el Espíritu Santo y movidos a rendirse al Señor, solo por escuchar nuestras alabanzas a Dios. ¡Sí, hay poder en la alabanza!
Muchos jóvenes rechazan el Cristianismo Evangélico porque piensan que implica un estilo de vida que coarta su libertad al imponerles una lista de estrictos reglamentos religiosos y un yugo de culpabilidad si no los guardan al pie de la letra. Aunque tenemos que reconocer que algunas veces los Cristianos hemos dado esa impresión, no hay nada más lejos de la verdad. Sin embargo, es necesario que tengamos un concepto apropiado de lo que significa la libertad en Cristo para no caer en ligerezas ni excesos.

Comprender la Alabanza: Más Allá de la Diversión
La pregunta clave: ¿Entiendes lo que haces?
En el libro de los Hechos de los Apóstoles, capítulo 8, versículos 26 al 31, se narra la historia de Felipe y el funcionario etíope. El Espíritu Santo le ordenó a Felipe acercarse al carro de este hombre, que iba leyendo el libro de Isaías. Felipe le hizo esta pregunta: "Pero ¿entiendes lo que lees? Él dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare?".
Entender lo que leía marcó la diferencia para el funcionario etíope, ya que significó que conociera al Señor Jesús, fuera bautizado y pudiera llevar el mensaje del Evangelio a su país. En el Cristianismo, es importante entender lo que creemos y lo que hacemos, porque puede significar la diferencia en nuestras vidas.
Permíteme ahora, joven, extrapolar un poco esta historia y hacerte esta pregunta: Cuando alabas a Dios, ¿entiendes lo que haces? Así como para el etíope era importante entender lo que leía, para ti, joven, es importante entender lo que haces cuando alabas a Dios, ya que puede hacer una gran diferencia en tu vida.
Un Contexto Teológico: Del Templo a la Libertad
El capítulo 9 de la Epístola a los Hebreos, versículos 1 al 10, nos da una descripción de cuáles eran las reglas para celebrar el culto a Dios bajo el Antiguo Testamento. Existía un Tabernáculo o Tienda (como una tienda de campaña) que estaba dividido en dos partes: la primera, se llamaba el Lugar Santo, en la cual solo podían entrar los sacerdotes para cumplir los oficios del culto. La segunda, era el Lugar Santísimo, que era como una tienda más pequeña, separada del Lugar Santo por medio de un grueso velo, en donde se manifestaba la presencia de Dios, y en el cual solo podía entrar el Sumo Sacerdote una vez al año.
El pueblo no podía entrar ni al Lugar Santo ni al Lugar Santísimo, y solo podía contemplar desde fuera (ver Lucas 1:8-10). La adoración a Dios estaba rodeada de un ambiente de solemnidad y mucho temor. En el borde del manto del Sumo Sacerdote hacían colocar unas campanillas, para que se escuchara su sonido mientras estaba ministrando a Dios, de manera que si se dejaban de escuchar era porque el Sumo Sacerdote... ¡había muerto! Además, se le ataba un cordón alrededor de uno de los tobillos, por si moría, poder sacar el cuerpo, ya que de ninguna manera otra persona podía entrar al Lugar Santísimo (ver Éxodo 28 y 29).

En los versículos siguientes de Hebreos, se nos explica una verdad espiritual que tú necesitas entender: que Cristo entró, no al santuario hecho por manos de hombres, sino al cielo mismo, ofreciendo, no la sangre de animales sino Su propia sangre, para derribar ese velo de separación, y hoy en día, todos tengamos libre acceso a la presencia de Dios. Por eso, el autor de Hebreos concluye en el capítulo 10, versículos 19 al 22, diciendo: "Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar al Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió... acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe..." ¡Gracias al sacrificio de Cristo podemos entrar libremente y cuando así lo queramos, a la presencia de Dios!
Alabanza y Adoración: Distinción y Unión
La Alabanza: Entrada Gozosa a la Presencia de Dios
El Salmo 95, versículos 1 al 3, dice: "Venid, aclamemos alegremente a Jehová, cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación. Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémosle con cánticos. Porque Jehová es Dios grande, y Rey grande sobre todos los dioses". El Salmo 100, versículo 4, dice: "Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanza". Y el Salmo 149, versículos 2 al 4, dice: "Alégrese Israel en su Hacedor; los hijos de Sión se gocen en su Rey. Alaben su nombre con danza; con pandero y arpa a él canten. Porque Jehová tiene contentamiento en su pueblo..."
A través de la alabanza entramos en la presencia de Dios. No significa esto que nos hemos salido de Su presencia, porque Él está con nosotros siempre; sino que como Congregación, nos reunimos para rendirle culto y adorarle. En la alabanza, exaltamos a Dios por Sus atributos, por Su amor, por Su bondad y por Su poder. La alabanza también es una poderosa arma de guerra espiritual, ya que proclamamos la victoria de Dios sobre Sus enemigos, el triunfo de Cristo en la cruz sobre Satanás y también el triunfo de la Iglesia. ¡Por esto la alabanza tiene que ser alegre y hasta ruidosa!
La Adoración: Comunión Íntima con el Padre
En la adoración, en cambio, entramos en un momento íntimo con nuestro Padre. En la adoración podemos decirle cuánto Le amamos, podemos darle gracias por Sus bondades para con nosotros, y sentimos Su presencia de una manera especial. En la adoración también debemos estar atentos a Su voz, para escucharle decirnos cuánto nos ama, para sanar nuestros corazones y darnos nuevas fuerzas para seguir adelante. La adoración es un tiempo de amor y quietud con nuestro Padre Celestial.
Alabar con Inteligencia y Espíritu
El Salmo 47, versículos 6 al 7, dice: "Cantad a Dios, cantad; Cantad a nuestro Rey, cantad; porque Dios es el Rey de toda la tierra; Cantad con inteligencia". En otras palabras, canta, pero hazlo entendiendo lo que estás haciendo. El tiempo de alabanza puede y debe ser un momento de alegría. Los bailes pueden ser muy divertidos, pero si los haces sin entender lo que estás haciendo, si los haces solo por la diversión y no comprendiendo que estás entrando en la presencia de un Dios grande y poderoso, no pasa de ser más que un baile y nada más.
Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre busca a tales que lo adoren. ¡Nuestro Padre busca verdaderos adoradores! Trae tu corazón ante el altar y derrama toda tu alabanza como una suave ofrenda a Dios. ¡Entra en la presencia de Dios con un corazón reverente! El Señor te llama ahora a entrar en su presencia. ¡Abre tu corazón y deja que el Padre celestial haga su hogar en ti!
Si te sientes cansado y agotado, Cristo quiere aliviar tu dolor. Él quiere llenar tu corazón de esperanza, dándote una nueva perspectiva. ¡Dios es bueno! ¡Él es el motivo de nuestra alabanza y gratitud! Su amor es inmenso e inexplicable. Demósle gracias y adorémosle de todo corazón. Gracias a Dios, nuestra tristeza se convirtió en alegría y nuestro dolor en esperanza. ¡Que nuestra boca sea instrumento de alabanza y agradecimiento a él en este servicio!
Culto de Jóvenes 2023 01 27
El Motivo de Nuestra Alabanza: La Grandeza de Dios
Alegraos, oh justos, en Jehová; en los íntegros es hermosa la alabanza. Aclamad a Jehová con arpa; cantadle con salterio y decacordio. Cantadle cántico nuevo; hacedlo bien, tañendo con júbilo. Porque recta es la palabra de Jehová, y toda su obra es hecha con fidelidad. Él ama justicia y juicio; de la misericordia de Jehová está llena la tierra. Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca... Porque él dijo, y fue hecho; él mandó, y existió. El consejo de Jehová permanecerá para siempre; los pensamientos de su corazón por todas las generaciones. Bienaventurada la nación cuyo Dios es Jehová, el pueblo que él escogió como heredad para sí (Salmo 33:1-6, 9, 11-12).
La verdad del Señor es para siempre. Alabemos hoy a Dios reconociendo su grandeza, su amor y su misericordia. No hay nadie como nuestro Dios, adoremos su nombre con todo nuestro ser. Deja de lado tus preocupaciones y concéntrate en la misericordia de Dios sobre ti. ¡Vengan y volvámonos al Señor! Porque él arrebató pero nos sanará; él hirió pero nos vendará. Dios nos corrige para nuestro bien. Gracias a su misericordia, recibimos corrección y perdón. Esfuérzate y aliéntese tu corazón. ¡Dios es la razón de nuestra esperanza! Nuestro corazón alaba y exulta al Señor.
¡Alábenle con toque de corneta! ¡Alábenle con panderos y danza! ¡Alábenle con címbalos resonantes! ¡Todo lo que respira alabe al Señor! ¡Vamos todos, alabemos al Señor! Dios ha hecho maravillas entre nosotros. Vamos a darle las gracias con gozo. Nuestro Dios merece todo nuestro agradecimiento. ¡Hoy es día de celebración y de alabanza a Dios! La misericordia de Dios es el motivo de nuestra alabanza. Cuando estábamos débiles y abatidos, él nos levantó. Nuestro Dios exhorta, pero también restaura. ¡Que toda la tierra escuche a través de nuestras vidas que Jesucristo es el Señor! ¡Adoremos con todo nuestro ser!
Estar agradecido con Dios es reconocer de corazón lo que él ha hecho por nosotros. Cuanto más damos gracias, más nos gozamos en Dios. ¡Canten al Señor un cántico nuevo! ¡Proclamemos las maravillas del Señor! ¡Todos necesitan saber que el que estaba en la cruz está vivo! ¡Cristo vive! A estos, Dios ha querido dar a conocer cuáles son las riquezas de la gloria de este misterio entre las naciones, el cual es: Cristo en ustedes, la esperanza de gloria. Dios derramó salvación para todos y así fuimos alcanzados. Vengan, postrémonos reverentes, doblemos la rodilla ante el Señor nuestro Hacedor. Adoremos hoy a Dios con actitud reverente y con corazones llenos de gozo.
Dios ha hecho mucho a nuestro favor y, gracias a él, tenemos dirección en esta vida y somos salvos por la eternidad. Demos gracias a Dios por su cuidado sobre cada uno de nosotros. Tú guías a las naciones de la tierra. Desde nuestro pueblo levantamos cánticos de adoración a Dios. No hay nadie como nuestro Dios, él es el único digno de nuestra adoración. Nuestro Dios es el único digno de recibir toda la gloria, la honra y el poder.
Oh Dios, tú eres mi Dios; yo te busco intensamente. ¿Tienes sed de Dios? ¿Anhelas intensamente sentir su presencia y ver cómo él sacia tu sed? Abre hoy tu corazón para recibir todo lo que Dios te quiere dar. Tuyos son, oh Señor, la grandeza, el poder, la gloria, el esplendor y la majestad; porque tuyas son todas las cosas que están en los cielos y en la tierra. Dios es nuestro Creador. Él es nuestro Rey y solo él merece ser exaltado y glorificado. Elevemos a Dios alabanzas, reconociendo su grandeza, su poder, su gloria, su esplendor y su majestad. Adoremos a Dios con alegría. Cantemos salmos de alabanza a nuestro Dios todopoderoso. Solo él merece nuestra adoración. Dios es grande, es glorioso y majestuoso.
Pensemos hoy en la grandeza de Dios y en su amor por nosotros. Aun siendo tan grande y poderoso, nos ama eternamente y nos ha hecho sus hijos. Señor, tú eres mi Dios; te exaltaré y alabaré tu nombre porque has hecho maravillas. Desde tiempos antiguos tus planes son fieles y seguros. Tu gran amor es mejor que la vida; por eso mis labios te alabarán. Te bendeciré mientras viva y alzando mis manos te invocaré. ¡Que todo lo que respira alabe al Señor! ¡Aleluya!
El Señor es mi fuerza y mi escudo; mi corazón en él confía; de él recibo ayuda. Mi corazón salta de alegría, y con cánticos le daré gracias. Alaba, alma mía, al Señor; alabe todo mi ser su santo nombre. A eso de la medianoche, Pablo y Silas se pusieron a orar y a cantar himnos a Dios, y los otros presos los escuchaban. Quiero alabarte, Señor, con todo el corazón, y contar todas tus maravillas. Grande es el Señor y digno de toda alabanza; su grandeza es insondable. ¿Por qué estás tan abatida, alma mía? ¿Por qué estás angustiada? En Dios pondré mi esperanza y lo seguiré alabando. ¡Él es mi salvación y mi Dios! Bendeciré al Señor en todo tiempo; lo alabarán siempre mis labios. Tú creaste mis entrañas; me formaste en el vientre de mi madre. ¡Te alabo porque soy una creación admirable! ¡Tus obras son maravillosas y esto lo sé muy bien!
Y oí a cuanta criatura hay en el cielo, en la tierra, debajo de la tierra y en el mar, a todos en la creación, que cantaban: «¡Al que está sentado en el trono y al Cordero, sean la alabanza y la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos!». Mi boca rebosa de tu alabanza y todo el día proclama tu grandeza. Que habite en ustedes la palabra de Cristo con toda su riqueza: instrúyanse y aconséjense unos a otros con toda sabiduría; canten salmos, himnos y canciones espirituales a Dios, con gratitud de corazón. Te exaltaré, mi Dios y rey; por siempre bendeciré tu nombre. Den gracias al Señor; proclamen su nombre. ¡Den a conocer sus obras entre las naciones! Sáname, Señor, y seré sanado; sálvame y seré salvo, porque tú eres mi alabanza. En aquel día dirán: «Alaben al Señor, invoquen su nombre; den a conocer entre los pueblos sus obras; proclamen la grandeza de su nombre.» Está escrito: «Tan cierto como que yo vivo», dice el Señor, «ante mí se doblará toda rodilla y toda lengua confesará a Dios». Te alabaré, Señor, entre los pueblos; te cantaré salmos entre las naciones.
Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en las regiones celestiales con toda bendición espiritual en Cristo. Por último, hermanos, consideren bien todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio. No dejaban de reunirse unánimes en el Templo ni un solo día. De casa en casa partían el pan y compartían la comida con alegría y generosidad, alabando a Dios y disfrutando de la estimación general del pueblo. Y cada día el Señor añadía al grupo los que iban siendo salvos. Clamé a él con mi boca; lo alabé con mi lengua. Confío en Dios y alabo su palabra; confío en Dios y no siento miedo. ¿Qué puede hacerme un simple mortal? Te alabaré con un corazón recto, cuando aprenda tus justas leyes.