La enfermedad de Alzheimer es una enfermedad cerebral que afecta preferentemente a adultos mayores y que produce una declinación gradual de las capacidades intelectuales y funcionales que el ser humano va adquiriendo desde su nacimiento hasta la madurez. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 30 millones de personas padecen Alzheimer.
El principal síntoma de las personas afectadas es una pérdida progresiva de la memoria, pero en etapas avanzadas pueden agregarse una serie de otras alteraciones a nivel intelectual y de comportamiento como la aparición de conductas violentas. Estas pueden ser gatilladas por diversas razones, incluyendo:
- Algún dolor.
- Nuevos medicamentos que tengan efectos secundarios.
- Infecciones (urinarias, dentales).
- Depresión.
- Alteraciones en su entorno.
- Frustración.

Comprendiendo la Agresividad y Agitación
Uno de los síntomas más complejos de gestionar de la enfermedad de Alzheimer son las conductas agresivas que desarrollan algunas de las personas diagnosticadas. Hay estudios que apuntan a que aparecen en el 55% de los casos en diferentes grados y escalas, y se considera que son la principal causa de malestar para el entorno que se encarga de cuidarlas. Conversamos con la doctora María Isabel Behrens, neuróloga especialista en Alzheimer de Clínica Alemana, para aclarar dudas y poder entregar pautas a quienes conviven con enfermos de Alzheimer que tienen conductas agresivas.
Frecuencia y Tipos de Conductas Agresivas
Según la Dra. Behrens, entre el 30 y 40% de las personas con Alzheimer se comportan de forma violenta. Es un porcentaje alto, aunque la intensidad es variable. Las conductas agresivas más frecuentes incluyen:
- Lo más común son conductas verbales como insultos.
- También puede haber “manoteos” y golpes a quienes se acercan o intentan atenderlos.
- En ocasiones botan o lanzan objetos sin moderar su fuerza.
Sin embargo, pocas veces hay comportamientos realmente violentos que pongan en riesgo a los otros.
¿Por qué se presentan estas reacciones?
Las actitudes violentas reflejan una disfunción cerebral. El Alzheimer produce daños en las regiones que tienen que ver con la capacidad de controlar la agresividad. Se lesionan regiones del cerebro que tienen relación con la conducta y pueden tener alteración de percepción, con ideas de que los persiguen o que los agreden. Estos pacientes van perdiendo la capacidad de filtrar de manera adecuada los estímulos ambientales. Sus conductas varían de manera muy importante según el entorno. Son vulnerables a pequeños cambios, por ejemplo, si se los lleva a un centro comercial con mucha gente y ruido es muy probable que se irriten.
Es importante tener presente que, muchas veces, los comportamientos agresivos que pueda presentar una persona con Alzheimer están motivados por una dificultad o incapacidad para expresar una necesidad no atendida, normalmente, por los problemas inherentes que tiene para expresarla. Es clave comprender que no es un ataque o una cuestión personal con quien le cuida, sino una reacción fruto de la enfermedad.
Con el progresivo deterioro cognitivo, a la persona le resulta cada vez más complejo comprender muchas situaciones y expresar su voluntad, sus deseos, emociones y malestares. Pero, obviamente, no deja de tener esa necesidad, como cualquiera de nosotros. A menudo, por tanto, una persona con Alzheimer puede estar tratando de comunicar mediante la conducta algo que no es capaz de hacer mediante el lenguaje y la expresión convencional, puesto que su deterioro cognitivo se lo impide.
Cómo abordar el comportamiento agresivo de un paciente con demencia
Agitación vs. Agresividad
A lo largo de la evolución de la enfermedad puede suceder que la persona que padece Alzheimer tenga episodios agresivos o de agitación. Agresividad y agitación son términos distintos, aunque la agitación pueda derivar en conductas más o menos agresivas. Por agitación se entiende un estado en el que la persona se muestra particularmente inquieta y preocupada o angustiada, con aparente dificultad para estar quieta y tranquila en un lugar. Es habitual que la agitación cause un frecuente ir de aquí para allá, dificultad para dormir o, incluso, cierta agresividad, ya sea verbal (con gritos, insultos…) o físico (golpear o tirar cosas, o tratar de lastimar a alguien).
La Demencia Senil Agresiva
La demencia senil agresiva es una de las manifestaciones más complejas y difíciles de gestionar dentro de los distintos tipos de demencia. Se caracteriza por la aparición de comportamientos violentos o agitados en personas mayores que, debido a una enfermedad neurodegenerativa, ven alteradas sus funciones cognitivas y emocionales. La agresividad en personas con demencia no surge de manera arbitraria; es el resultado de cambios físicos, emocionales y sociales que afectan al paciente. Los cambios en el cerebro provocados por la demencia afectan a regiones que regulan el juicio, el autocontrol y las emociones. Lesiones en el lóbulo frontal o en el sistema límbico pueden generar reacciones impulsivas, irritabilidad o conductas agresivas.
Algunos tipos de demencia presentan más probabilidades de cursar con episodios agresivos. Por ejemplo, la demencia frontotemporal y la enfermedad de Alzheimer en fases avanzadas son condiciones donde los trastornos de conducta suelen ser más intensos. La frustración por no entender el entorno, la pérdida de control sobre el cuerpo o la dificultad para comunicarse pueden provocar angustia, miedo y reacciones agresivas. Los síntomas de la demencia senil agresiva suelen incluir episodios de irritabilidad intensa, gritos, insultos, resistencia a los cuidados, empujones o incluso agresiones físicas. Es frecuente que estos episodios estén acompañados de otros síntomas típicos de la demencia, como pérdida de memoria, desorientación temporal o espacial y dificultad para comprender órdenes o expresarse.
Estrategias de Prevención y Manejo
Prevención de Conductas Agresivas
Para evitar las conductas violentas, la familia y cuidadores pueden implementar las siguientes estrategias:
- Identificar qué las causan, es decir, cuáles son los factores gatillantes.
- Mantener un ambiente estable y rutinas fijas. Mantener una rutina permite que se sientan más seguros.
- Poner siempre objetos muebles en el mismo sitio.
- Eliminar la ansiedad y la incertidumbre sobre hechos futuros.
- Evitar contradecir a la persona enferma dado que esto suele desencadenar reacciones agresivas.
- Tratar de controlar el ambiente, en la medida de lo posible, para que no haya estímulos muy irritantes, mantener luces bajas, pero con iluminación.
- Poner música calmante.
- Introducir la actividad física, ya sea a partir de paseos o cualquier otra actividad o deporte que le guste a la persona, así como la actividad cognitiva a través de ejercicios o recursos que también tengan interés para ella.
- Seguir una alimentación equilibrada, realizar ejercicio físico moderado, mantener una vida social activa y estimular la mente de forma regular son prácticas que favorecen la salud cerebral.
- Detectar los primeros signos de deterioro cognitivo permite iniciar intervenciones que ayudan a mantener la autonomía del paciente durante más tiempo.
Aprender a reconocer los desencadenantes de los episodios agresivos es clave para prevenirlos. Mantener rutinas estables, ofrecer un entorno predecible, evitar cambios bruscos y hablar con tono calmado ayuda a reducir la ansiedad del paciente. El entorno en el que vive una persona con demencia agresiva influye directamente en su comportamiento. Los espacios deben estar diseñados para minimizar estímulos estresantes.
Manejo Durante un Episodio de Agresividad
Cuando ocurre una reacción violenta, es crucial saber cómo actuar:
- Intentar distraer a la persona, proponiéndole alguna actividad agradable o cambiando el tema de conversación.
- Pruebe a calmar la agitación mediante caricias suaves, música tranquila, la lectura y las caminatas.
- Háblele siempre con voz suave y reconfortante.
- Distráigale con una merienda o alguna actividad.
- Lo mejor es no discutir ni rebatir lo que diga.
- Para comunicarse con una persona con demencia senil agresiva es importante usar un tono tranquilo, frases cortas y claras, evitar confrontaciones y mantener el contacto visual.
- Tu estado emocional influye directamente en la persona que cuidas. Evitar los gritos y hablar con un tono pausado es básico para calmar a la persona.
- En lugar de ignorar o minimizar lo que siente la persona, reconoce sus emociones.
- Cambiar el foco de atención puede ser muy efectivo.
- Si la persona se resiste a bañarse o vestirse en ese momento, pregúntate: ¿Realmente necesita hacerse ahora? A veces, esperar 30 minutos o una hora puede marcar toda la diferencia.
- No apresures las interacciones.
- Si no puedes redirigir a la persona y la situación se torna muy tensa, date permiso para alejarte. Vuelve a intentarlo 15-30 minutos después.
Si la reacción conlleva agresividad física, es importante mantener cierta distancia con ella y emplear un tono de voz sereno y tranquilizador, procurando dirigir su atención hacia algo que le pueda resultar agradable o placentero. Un aspecto fundamental que todo cuidador debe comprender es que la agresión no es personal. Uno de los errores más comunes es reaccionar con ira o elevar la voz. Esta respuesta solo escala la situación y la empeora. Imagina despertar sin saber dónde estás, que una persona desconocida te ordene hacer cosas que no entiendes por qué son necesarias, y que además lo haga con tono autoritario.

Manejo de Conductas Específicas
Deambulación
La deambulación puede ser un síntoma de confusión. Al estar desorientado, el paciente no se da cuenta de que está en casa y sale dispuesto a «encontrarla». Otras razones pueden ser delirios o intentos de escapar de una amenaza real o percibida, o nerviosismo. Si persiste este comportamiento en el domicilio, no se debe dejar nunca solo. Es recomendable obtener un brazalete de identificación médica y asegurarse de que lo use en todo momento, a menudo se venden en farmacias. Pruebe a usar barreras para ocultar las puertas.
Sospecha y Celos
Es muy desconcertante comprobar que nuestro ser querido de un momento a otro se torna suspicaz, celoso o propenso a hacer acusaciones. Lo mejor es no discutir ni rebatir lo que diga. Ayúdele a buscar el objeto «perdido», y después intente distraerlo con otra actividad. Trate de descubrir dónde esconde las cosas que después cree «perdidas». Emplee medios no verbales para fortalecer la sensación de seguridad, como una suave caricia o un abrazo.
Apoyo para Cuidadores y Profesionales
Cuidar a una persona con demencia que presenta comportamiento agresivo es agotador física y emocionalmente. Las reacciones agresivas o los comportamientos agitados están entre las cuestiones que más estrés y ansiedad suelen generar a la persona que principalmente se ocupa del cuidado de alguien que padece Alzheimer. Este tipo de conducta es por lo general inofensivo, pero puede provocar irritación o estrés a la persona cuidadora. Las afirmaciones más frecuentes que suelen decir los cuidadores es que, cuando el paciente muestra una actitud agresiva es porque ‘actúa como un/a niño/a’, ‘ha tenido un berrinche’, ‘hoy se despertó de mala gana’… Nada más lejos de la realidad, el paciente no actúa de esta forma por ninguno de los motivos descritos.
En la mayoría de las ocasiones, cuando nuestro familiar tiene una conducta agresiva puede llegar a expresar verbalmente frases hirientes, provocando en la persona que lo cuida un sentimiento de tristeza, pudiéndole desembocar en una sensación de inutilidad ya que observa que todos los esfuerzos que hace el/la cuidador/a no son suficientes, lo que incrementa la sobrecarga emocional. Si la situación te sobrepasa, procura delegar en tu entorno y buscar espacios seguros en los que compartir tus emociones. En los momentos que rodean a un episodio de agresividad puede resultar muy útil tener estrategias para controlar la ansiedad, como la técnica de respiración profunda, algo que se puede aprender fácilmente, y aplicarlo en esas situaciones.
El apoyo emocional es básico, debe reforzarse y repetir que no está solo, que se le quiere y que se le ayudará. Para comunicarse con una persona con demencia senil agresiva es importante usar un tono tranquilo, frases cortas y claras, evitar confrontaciones y mantener el contacto visual.
Contar con un equipo sanitario que evalúe periódicamente el estado del paciente permite ajustar los tratamientos y detectar posibles complicaciones. La formación y el apoyo emocional a los cuidadores es clave. Aprender técnicas de comunicación, gestionar situaciones difíciles y mantener la calma ayuda a reducir el desgaste y mejora la relación con la persona enferma.
Intervenciones Médicas y Terapéuticas
Si se sospecha o presenta una conducta alucinatoria, ante todo, consultar con su médico. Cuando esta sintomatología está diagnosticada y tratada farmacológicamente, la actitud consistirá en mantener un ambiente tranquilo y seguro. En algunos casos, los médicos pueden prescribir medicación específica para reducir la agitación y la agresividad. Esto incluye antipsicóticos atípicos en dosis bajas, ansiolíticos o antidepresivos, dependiendo del perfil del paciente. La estimulación cognitiva, la musicoterapia, la fisioterapia y la terapia ocupacional han demostrado ser eficaces en el tratamiento de la agresividad.
Abordar la demencia senil agresiva con conocimientos, recursos y sensibilidad mejora significativamente la vida del paciente y la de quienes le rodean. Se debe consultar a un profesional cuando se observan cambios repentinos de conducta, pérdida de memoria importante o episodios de agresividad persistente.
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