La violencia, definida como el "uso intencional de la fuerza física o el poder real o como amenaza contra uno mismo, una persona, grupo o comunidad que tiene como resultado la probabilidad de daño psicológico, lesiones, la muerte, privación o mal desarrollo", tiene profundas repercusiones sociales y para la salud pública.
La violencia es un problema de salud pública de gran magnitud, con cerca de 500 muertes diarias por violencia interpersonal en las Américas, la región con la tasa más alta de homicidios a nivel mundial. Además de las muertes, un número considerable de personas sufren lesiones, discapacidades y problemas de salud crónicos, mentales y adicciones como consecuencia de la exposición a la violencia.

La Violencia contra el Adulto Mayor: Un Fenómeno Silenciado
El maltrato a las personas mayores se describe como un fenómeno silenciado, desconocido, incomprendido y escasamente detectado. A pesar de que los profesionales son conscientes de su existencia, existen grandes dificultades para su abordaje. La realidad es que a menudo no se le presta la atención necesaria, ya que resulta más fácil negar su existencia que afrontar una problemática impactante y compleja.
Los expertos auguran un aumento de las situaciones de maltrato a mayores debido al progresivo envejecimiento de la población, el incremento de la esperanza de vida, el aumento de la dependencia física y psíquica, y el mayor reconocimiento de los derechos de las personas mayores. Los cambios sociales, culturales y los estereotipos negativos sobre el envejecimiento (edadismo) también fomentan la discriminación por edad, indicando la necesidad de abordar estas transformaciones sociales con creatividad y celeridad.
En este contexto, surgen cuestionamientos sobre las normas y condiciones de los cuidados familiares, así como modificaciones en las pautas de las obligaciones de los parientes, que cada vez pierden más vigencia. A diferencia del cuidado a menores, el cuidado a los ancianos no está claramente definido en normas sociales explícitas. Por ello, se hace un llamado de atención a profesionales como psicólogos, educadores y trabajadores sociales para sensibilizar e informar, ya que su ámbito de acción es privilegiado para prevenir, detectar, diagnosticar e intervenir en estas situaciones.
Origen Histórico y Evolución del Concepto de Maltrato a Personas Mayores
El maltrato a las personas mayores se describió por primera vez en 1975 en una carta publicada en la revista The British Medical Journal bajo el título "Granny battering" (abuela golpeada). Posteriormente, Robert N. Butter's describió el "Síndrome de la anciana apaleada", hasta llegar al término "maltrato de personas mayores" en 1993.
En Estados Unidos, el Congreso se interesó por el tema a nivel político y social, seguido por investigadores y profesionales. A partir de los años ochenta, la preocupación por los malos tratos a personas mayores se extendió a países industrializados como Estados Unidos, Japón, Australia, Canadá, China (Hong Kong), Noruega, Suecia, Argentina, India, Chile, Reino Unido, y Canadá, adquiriendo relevancia mundial.
En la última década, Francia ha destacado por su gran interés en intervenir en este tema emergente. Sin embargo, la consideración social del concepto de "anciano" o "persona mayor" de manera distinta dificulta las comparaciones entre estudios y países. España, en contraste, ha mostrado un silencio considerable, con apariciones tímidas de artículos, conferencias y trabajos de investigación muy locales y esporádicos desde el inicio del nuevo siglo. El interés a escala política es considerado insuficiente.
Definiciones y Complejidad del Maltrato al Adulto Mayor
Uno de los aspectos más complejos y que genera mayor dificultad es la falta de una definición universal y consensuada de los conceptos de abuso, negligencia, trato inadecuado y violencia. Las diferentes definiciones existentes reflejan lo que se considera aceptable o no en materia de comportamiento interpersonal y comunitario en diversas sociedades.
Desde un punto de vista estratégico, emergen dos prioridades:
- Conocer las dimensiones reales del problema para elaborar modelos de intervención, optimizar recursos limitados y obtener indicadores sobre la etiología de los malos tratos.
- Realizar un estudio de prevalencia e incidencia a escala nacional para favorecer la planificación general sobre el tema.
Existen tres elementos clave que explican esta complejidad:
- La falta de consenso universal sobre la definición de abuso y maltrato.
- El abuso y maltrato a personas mayores tiene menos relevancia social que el dirigido a menores y mujeres, existiendo una gran invisibilidad hacia las personas de edad avanzada.
- Las características de las personas mayores y sus cuidadores no siempre producen maltrato, pero la coincidencia con situaciones de crisis sí puede ocasionarlo.
Definir el maltrato es un ejercicio multifactorial, influenciado por aspectos culturales, tradicionales, valores y normas sociales. Se acepta la definición acordada en la Primera Conferencia Nacional de Consenso sobre el Anciano Maltratado en Almería (1995), que define el maltrato a la persona mayor como: "Cualquier acto u omisión que produzca daño, intencionado o no, que ocurra en el medio familiar, comunitario o institucional, que vulnere o ponga en peligro la integridad física, psíquica, así como el principio de autonomía o el resto de los derechos fundamentales del individuo, constatado objetivamente, o percibido subjetivamente con independencia de la intencionalidad o no y del medio dónde suceda".
Esta definición, elaborada por profesionales de diversas disciplinas, destaca la relevancia de la intencionalidad o no del acto para el diagnóstico e intervención. Incorpora la participación de la propia víctima, haciéndola protagonista de su situación. El maltrato puede ocurrir en cualquier contexto: familiar, institucional (centros de día, hospitales, residencias) y lugares públicos, e incluso puede ser estructural o social.
Tipos de Maltratos a las Personas Mayores
Actualmente, se utiliza una clasificación que incluye ocho tipos de maltrato que pueden padecer las personas mayores en diferentes ámbitos. Estos tipos son genéricos y no excluyentes:
- Abuso físico: Utilización de la fuerza física que puede ocasionar heridas corporales, dolor físico y deterioro de la salud. Incluye el uso inadecuado de fármacos, alimentación forzada, confinamientos, castigo físico y privación de alimentos o líquidos.
- Abuso psicológico: Causar dolor, angustia, pánico o terror mediante actos verbales o no verbales, como amenazas, humillación, insultos, instigación e intimidación. Es difícil de determinar por su carga de subjetividad, pero puede ser sumamente grave. Se detecta por agitación emocional, actitud distante o por la propia declaración de la víctima.
- Abuso sexual: Contacto sexual sin consentimiento, atentados contra el pudor (tocamientos), pornografía, violación, sodomía, desnudo forzado o fotografía sexual explícita.
- Explotación financiera o abuso económico: Utilización abusiva o ilegal de bienes e inmuebles de la persona mayor, así como prácticas de ventas fraudulentas, engaños, estafas o manipulación de documentos.
- Negligencia: Comportamiento nocivo, intencionado o no, por parte de quien está obligado a cuidar a la persona anciana. Incluye el rechazo u omisión de proporcionar necesidades vitales como agua, alimentos, vestido, vivienda, higiene, medicación, seguridad y otros bienes esenciales. Puede ser activa (falta consciente de cuidados) o pasiva (olvido y abandono).
- Autonegligencia: Comportamiento de una persona mayor que amenaza su propia vida o salud. Se excluyen personas competentes que deciden conscientemente actos que amenazan su seguridad. Existe debate sobre si debe considerarse maltrato al no existir un perpetrador directo.
- Abandono: Situación en la que una persona encargada de prestar cuidados y atención a una persona mayor la abandona, representando una claudicación total.
- Vulneración de los derechos: Agresión, privación o no reconocimiento de derechos fundamentales como dignidad, respeto, intimidad, confidencialidad, participación, libertad de elección y derecho a ser cuidado. Se observa un avance en la regulación de estos derechos, como las leyes de Voluntades Anticipadas.

Causas y Factores de Riesgo del Maltrato al Adulto Mayor
El envejecimiento poblacional, si bien es un logro de la salud pública, presenta desafíos como el maltrato a personas mayores, un problema mundial que afecta tanto a quienes viven en la comunidad como en hogares de ancianos. Los malos tratos están influenciados por patrones culturales, el contexto histórico, el entorno sociocultural y el valor que se otorga a la vejez.
En países como Colombia, la transición demográfica ha llevado a un aumento significativo de la población mayor, a menudo acompañada de escasa seguridad económica, falta de cobertura pensional, soledad, vulnerabilidad social y financiera, bajo nivel educativo y dependencia económica, especialmente en mujeres. El maltrato a adultos mayores en el país es un tema poco explorado pero alarmante.
Factores individuales que aumentan el riesgo de sufrir maltrato incluyen la dependencia funcional o discapacidad, mala salud física o mental, deterioro cognitivo y escasez de ingresos. Factores propios del agresor incluyen enfermedades mentales, abuso de sustancias y dependencia económica de la víctima. En el ámbito relacional, el tipo de vínculo (matrimonial, de pareja, familiar) y el estado civil pueden aumentar el riesgo. Factores comunitarios y sociales como el edadismo y la normalización de la violencia también son relevantes. Las personas mayores que reciben apoyo social o viven solas tienen menor probabilidad de ser maltratadas.
El estrés, el agotamiento (burnout) y los problemas financieros que afectan a los cuidadores, especialmente cuando la persona mayor tiene dependencia para actividades básicas de la vida diaria, pueden favorecer el maltrato o la negligencia. Los agresores suelen ser miembros de la familia, cónyuges o hijos, a menudo viviendo en condiciones de estrés. En el ámbito institucional, el abuso puede ser perpetrado por personal contratado.
Las personas mayores con discapacidad física o mental tienen un riesgo aún mayor debido a su dependencia. La edad media de las víctimas femeninas es de 76.94 años, y de los hombres, 75 años. La proporción de discapacidad severa es mayor en mujeres y en víctimas mayores de 74 años. Los agresores son mayoritariamente hombres, sin actividad profesional, y en su mayoría hijos de las víctimas (o compañeros sentimentales en caso de estar casadas).
El abuso en personas con deterioro cognitivo y demencia en el hogar es frecuente, ya que cuidar a estas personas es una tarea pesada y estresante. La severidad de la enfermedad y los síntomas neuropsiquiátricos pueden reflejar la prevalencia del conflicto y el grado de abuso.
Consecuencias del Maltrato al Adulto Mayor
El maltrato a las personas mayores puede tener graves consecuencias físicas, mentales, económicas y sociales, incluyendo lesiones corporales, defunción prematura, depresión, deterioro cognitivo, ruina económica y necesidad de ingreso en residencias. La recuperación para las personas mayores puede ser más prolongada que para otros grupos de edad.
A nivel psicológico, el maltrato puede causar tristeza, sufrimiento, trastornos emocionales, depresión, comportamientos o ideas suicidas, y sentimientos de infelicidad, vergüenza o culpabilidad. Se ha asociado con un aumento de la morbilidad, hospitalización y mortalidad.
Las personas mayores maltratadas pueden presentar confusión, insomnio, agitación, agresividad, pérdida de peso, moretones, cicatrices o quemaduras, higiene deficiente y desarrollo de úlceras. Las personas mayores dependientes son víctimas frecuentes de abuso.
Las consecuencias del maltrato también incluyen problemas de autoestima y aumento de la inseguridad, condiciones que propician la generación de estereotipos negativos del envejecimiento.
Detección y Dificultades en el Maltrato al Adulto Mayor
El maltrato a la población adulta mayor, aunque frecuente, es un problema de difícil identificación. Entre las dificultades para la detección se encuentran: poca información sobre el problema, incredulidad, pensamientos negativos y desagrado hacia la vejez, aislamiento de las personas mayores, miedo a denunciar, vergüenza, dependencia que obstaculiza la denuncia y desconocimiento de los procedimientos para hacerlo.
Con frecuencia, las personas mayores no se reconocen como víctimas de maltrato por temor a represalias, a ser institucionalizados, o por preferir negar una realidad difícil de aceptar. Los signos de alarma o manifestaciones indirectas son de gran ayuda para la detección.
Las principales formas de control o identificación del problema son a través de reportes a departamentos de emergencia, servicios de protección, expedientes de departamentos de familia, denuncias al sistema, o mediante evaluación médica y registro de traumas. Sin embargo, existe un alto subregistro debido a la poca denuncia.
La variabilidad del problema entre distintas culturas implica que las escalas desarrolladas para poblaciones específicas requieran adaptación. Se recomienda la construcción de instrumentos que tengan en cuenta la diversidad cultural para una mejor comprensión del fenómeno.
Prohibido el maltrato y la violencia | Vejez creativa con Patricia Kelly
Prevención y Estrategias de Intervención
La violencia, en general, se puede prevenir. Un enfoque de Salud Pública de cuatro pasos ofrece un marco útil: definir el problema, identificar causas y factores de riesgo, diseñar y evaluar intervenciones, e incrementar a escala las intervenciones efectivas. Si la violencia no se atiende, no se puede asegurar la salud y el bienestar para todos los grupos de edad.
Se han intentado diversas estrategias para prevenir y combatir el maltrato a personas mayores, pero la evidencia de su eficacia es limitada. Las más prometedoras incluyen:
- Intervenciones que realizan los cuidadores para aliviar la carga de los allegados.
- Programas de administración del dinero para personas mayores con riesgo de explotación económica.
- Líneas telefónicas de ayuda y centros de acogida de emergencia.
- Implicación de equipos multidisciplinarios (justicia penal, atención médica, salud mental, servicios de protección de adultos, atención prolongada).
Algunos países han responsabilizado al sector salud de la sensibilización pública, mientras que en otros la iniciativa ha sido de las administraciones de seguridad social. A nivel mundial, se sabe poco sobre el maltrato a personas mayores y su prevención, especialmente en países en desarrollo.
Respuesta de la OMS y Prioridades para la Acción
Con motivo del Día Mundial de Toma de Conciencia de Abuso y Maltrato en la Vejez, la OMS y sus asociados publicaron el documento "Tackling abuse of older people: five priorities for the UN Decade of Healthy Ageing (2021-2030)", que presenta cinco prioridades para el Decenio de las Naciones Unidas del Envejecimiento Saludable:
- Combatir el edadismo, una de las principales razones por las que el maltrato a personas mayores recibe poca atención.
- Generar datos más y de mejor calidad para concienciar sobre este problema.
- Concebir soluciones rentables para erradicar este tipo de maltrato y ampliar su uso.
- Elaborar un argumentario a favor de la inversión en este tema para convencer de su utilidad.
- Recaudar fondos, ya que se necesitan más recursos para abordar este problema.
Denuncia y Marco Legal
En caso de conocer delitos contra adultos mayores, se puede presentar una denuncia ante la Fiscalía General de la Nación, de forma verbal o escrita, narrando los hechos. Si no es posible acudir directamente, se puede contactar a la Policía Nacional. La Fiscalía se encargará de la investigación y, de ser procedente, iniciará el proceso penal ante un juez.
La violencia hacia las personas mayores es un problema que se ha mantenido en el ámbito privado y enmascarado, ejercida a menudo por familiares cercanos. Según la OMS, una de cada diez personas mayores ha sido víctima de malos tratos, lo que subraya la importancia de visibilizar esta problemática.
El abandono se define como el descuido u omisión de atenciones o desamparo de una persona que depende de otra por obligación legal o moral. La violencia puede ser ejercida por familiares, vecinos o desconocidos, con o sin intención, y darse en la familia, la comunidad o por parte de instituciones.
El INAPAM ofrece asesoría jurídica a personas adultas mayores que hayan sufrido violencia, abuso o maltrato, o que soliciten ayuda en asuntos legales.