Los seres humanos deben aprender a vivir y a adaptarse a la conciencia de su propia finitud. Para ello, necesitan sistemas culturales como estructura simbólica que proporcionen significado a la muerte y un contexto para la trascendencia. Aunque morir constituye una experiencia universal, la forma en que las personas se relacionan con la muerte es particular y diversa, generando una amplia gama de actitudes y emociones de distinta intensidad.
Se ha descrito la ansiedad por la muerte como un sentimiento de pavor, aprensión o miedo ante la idea de la muerte, o cualquier cosa que tenga que ver con ella. Se trata de un constructo multidimensional relacionado con la anticipación y conciencia de la realidad del morir y la muerte, que incluye componentes emocionales, cognitivos y motivacionales que varían según la etapa de desarrollo y los acontecimientos de la vida sociocultural. Debido a la cercanía con la muerte, el estudio de las actitudes y de los niveles de ansiedad y de las variables que influyen en ellas en la población mayor tiene una gran relevancia.

El Envejecimiento y la Conciencia de la Finitud
El fenómeno del envejecimiento se encuentra presente a nivel mundial, y este proceso genera cambios importantes en los estilos de vida, que afectan tanto al aspecto biológico, psicológico como social. En la etapa de adultez mayor, la persona evalúa todo lo acontecido a lo largo de la vida, donde, por un lado, acepta la manera como ha vivido y muestra interés para encontrar motivaciones que le permitan tener una mayor aceptación de la muerte propia o de algún familiar. Por el contrario, también tiende a presentar emociones negativas al saber que se encuentra en su etapa final y no se atreve a hablar abiertamente sobre ello.
Las experiencias de vida determinan el significado que las personas otorgan a la muerte y al proceso de morir, el cual está relacionado con el contexto en que se encuentre el adulto mayor y sus antecedentes. En este sentido, cuando las personas se preparan y aceptan la muerte, pueden afrontar este proceso de una manera positiva y vivir la última etapa de su vida con mayor calidad.
El Duelo en la Adultez Mayor
La muerte de un ser querido es un momento especialmente difícil. Desorganiza el mundo personal, provoca un inmenso estrés y un agotamiento físico y emocional. Hablamos de duelo cuando nos referimos a una reacción psicológica que se produce ante la pérdida de un ser querido, manifestada a través de un conjunto de respuestas emocionales, fisiológicas, cognitivas y conductuales. Este proceso presenta características similares y, a la par, diferentes en las diversas etapas de la vida. No obstante, resulta imprescindible comunicar y trasladar a nuestros mayores la posibilidad de reiniciar una nueva etapa y seguir adelante, aunque ello esté muy condicionado por las circunstancias externas y el estado de salud de cada uno.
Ofrecer al adulto mayor recursos y mecanismos de adaptación ante el duelo y superación por múltiples pérdidas puede favorecer el crecimiento vital. En este contexto, las residencias o centros de día son considerados por muchas familias como una de las mejores formas para prevenir la soledad en las personas mayores. Los grupos terapéuticos entre familiares y personas cercanas contribuyen a aceptar el proceso del duelo, incluso aquellos duelos antiguos y no resueltos, que gracias a este tipo de conversaciones pueden hablarse y ser tratados con la ayuda y guía de un psicólogo especialista en duelo.
Estrategias para el Manejo del Duelo
Para manejar el duelo, es necesario abarcar varias perspectivas. La sanación no implica olvidar o minimizar el dolor, sino aprender a vivir con él, integrando la pérdida de una manera que permita seguir adelante:
- El autocuidado es fundamental en este proceso, enfatizando la importancia de mantener una rutina saludable que incluya ejercicio físico regular, una alimentación equilibrada y un sueño adecuado, aspectos vitales para fortalecer el bienestar físico y emocional.
- La comunicación abierta de los sentimientos juega un papel crucial en la sanación emocional.
- Explorar técnicas creativas y terapéuticas, como la pintura, la música, la escritura creativa o incluso la jardinería, permite canalizar el dolor de maneras constructivas y significativas.
- Reconectar con intereses y actividades que alguna vez brindaron alegría y satisfacción es igualmente importante. Sumergirse nuevamente en pasatiempos olvidados o participar en grupos sociales y comunitarios puede revitalizar el espíritu y ofrecer un sentido de pertenencia y propósito.
- Respetar las necesidades y ritmos de la persona mayor a la hora de aceptar su dolor.
- Proponer actividades al aire libre, con personas de su edad y con familiares, pequeños y adolescentes, que impliquen nuevas visiones y perspectivas vitales.
¿Cómo tratar el duelo y cómo superarlo? - Entrevista a Carlos Mera | Top Doctors
Actitudes y Estrategias ante la Muerte
Con el paso de los años, se asume un cambio de pensamiento y de actitud hacia la muerte, basada en una mayor conciencia sobre ella, asimilándola de una forma sosegada. En cuanto a las estrategias para el afrontamiento de la misma, se hace referencia a la importancia de la educación recibida. La educación para la salud es entendida como una práctica que busca poner en valor actitudes y hábitos que persiguen el bienestar de las personas. En este sentido, la adquisición de estrategias para el afrontamiento de la muerte ayudará a reducir consecuencias negativas vinculadas a las vivencias próximas a la muerte, tanto propia como ajena.
El Rol de la Religión y Espiritualidad
La religión y la espiritualidad ofrecen modos de afrontar la muerte a través de unos valores, creencias, sentidos y prácticas que permiten anticipar y resolver situaciones críticas. La religiosidad se describe como aquellas creencias, sentimientos y prácticas que están conectadas a la religión. En algunas investigaciones previas se ha reconocido la importancia de las creencias religiosas en la percepción de amenaza asociada con la muerte. Se ha señalado que las relaciones entre la religiosidad y la preocupación por la muerte varían según la edad, el género y las creencias, mientras que el efecto protector de la religiosidad en la ansiedad está en discusión.
El miedo a la muerte se plantea comúnmente como una motivación para las creencias religiosas; sin embargo, la evidencia de relación entre la ansiedad por la muerte y las creencias religiosas es débil. La investigación sobre el efecto de la religión y la religiosidad se ha llevado a cabo principalmente en Occidente, poniendo el interés en las creencias relacionadas con el cristianismo y sus vínculos con la ansiedad por la muerte. La investigación sobre otras religiones, específicamente el islam, y su asociación con la ansiedad por la muerte es más escasa, al igual que los estudios en ateos o no creyentes.

Factores Influyentes en el Afrontamiento de la Muerte
Existen múltiples variables que influyen en el miedo a la muerte, así como en las actitudes ante ella.
Edad
Con respecto al rol de la edad, los resultados publicados son inconsistentes. Existen estudios que señalan cómo la edad y la percepción del envejecimiento son buenos predictores de la ansiedad ante la muerte, mientras que otros indican que esta relación no es lineal, sino que la ansiedad por la muerte es mayor entre las personas de mediana edad, disminuye durante la edad adulta tardía y luego se estabiliza en la vejez. Un estudio reciente en población árabe ha mostrado diferencias en la ansiedad ante la muerte entre jóvenes y personas mayores, así como entre personas de mediana edad y personas mayores: en todos los casos resultaron niveles superiores en las personas de edad más avanzada.
Cultura
Un estudio comparativo entre adultos mayores de España y Egipto reveló diferencias significativas en el miedo a la muerte y la aceptación de acercamiento, siendo mayores en el grupo de Egipto. También se observó un mayor nivel de ansiedad y depresión en el grupo de personas mayores de Egipto que en el de España, con altos tamaños del efecto. Estos resultados evidencian la importancia de tener en cuenta los aspectos culturales, religiosos y emocionales en la evaluación del miedo y las actitudes ante la muerte en la población mayor.
Estado Emocional
Se ha reportado la depresión como el estado psicológico o emocional más fuertemente relacionado con la ansiedad por la muerte y con la religiosidad, en especial en adultos mayores, tanto respecto a la aparición de síntomas como de diagnóstico de trastornos depresivos. En la muestra de España, la ansiedad ante la muerte se correlacionó de manera positiva con el miedo a la muerte, la evitación de la muerte y la aceptación de escape, y de manera negativa con la aceptación neutral. En el grupo de Egipto, la ansiedad ante la muerte evaluada mostró asociaciones de carácter positivo con depresión, ansiedad, miedo a la muerte, evitación de la muerte y aceptación de escape.
Calidad de Vida
La investigación destaca la importancia de estudiar la relación entre el miedo ante la muerte y el proceso de morir con la calidad de vida, ya que afectan de manera negativa al adulto mayor y su familia, reflejándose en un deterioro emocional y espiritual con impacto en las relaciones familiares y sociales. Un estudio en adultos mayores no encontró relación en la escala global del miedo ante la muerte y el proceso de morir con la calidad de vida.
Sin embargo, se observó una relación negativa y significativa entre la dimensión de miedo a la propia muerte y la dimensión física de la calidad de vida, así como en el miedo al propio proceso de morir con la dimensión ambiental de la calidad de vida. Curiosamente, cuando se trata de la muerte de los otros, la situación cambia: a mayor miedo a la muerte de otras personas, mayor calidad de vida en la dimensión social. Esto podría deberse a que, al experimentar la muerte de otros y saberse próximos a morir, los adultos mayores toman conciencia de la importancia del autocuidado y lo aplican, lo que les ayuda a mejorar su calidad de vida.
Factores Socioeconómicos y Demográficos
Un estudio identificó que las mujeres y las personas que no tienen pareja marital reflejaron menor calidad de vida en las dimensiones psicológica y social. Asimismo, los adultos mayores que no reportaron tener empleo remunerado, resultaron con menor calidad de vida en las dimensiones física, psicológica y social. Esto sugiere que el trabajo, además de contribuir económicamente, ayuda a las personas a mantenerse activas física y socialmente, con un impacto positivo en la dimensión psicológica. En relación con el miedo ante la muerte y el proceso de morir, los hombres resultaron con mayor miedo ante la muerte de otras personas, y los que no tienen empleo remunerado presentaron mayor miedo ante la muerte de los otros y al propio proceso de morir.
