En el contexto del estallido social chileno de octubre de 2019, una de las demandas más persistentes y visibilizadas fue el fin del sistema de Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP). Este descontento se manifestó de diversas formas, entre ellas, una prolífica producción de afiches creativos que no solo denunciaban las deficiencias del sistema de pensiones, sino que también reflejaban un profundo malestar social y una búsqueda de dignidad.
El Origen del Movimiento "No Más AFP"
Desde hace años, diversos colectivos, incluyendo profesores y trabajadores de la educación, se han sumado a la lucha contra el sistema de pensiones impuesto por la dictadura militar. Este sistema es ampliamente criticado por condenar a la mayoría de los trabajadores y jubilados a pensiones de miseria y condiciones de pobreza, mientras que los dueños de las AFP se enriquecen. En el caso del gremio de profesores, caracterizado por históricos bajos sueldos, las pensiones ni siquiera alcanzan la media nacional, recibiendo alrededor del 20% de su salario. Esta situación ha generado una profunda indignación que el gobierno empresarial de Piñera fue percibido como protector de las AFP.
La fuerza demostrada durante el estallido social puso en jaque al gobierno y a los representantes del régimen, obligando a la Cámara de Diputados a aprobar el retiro del 10% de los fondos de pensiones. Este hito fue clave para conquistar una demanda que se venía instalando hace años y que se profundizó desde octubre de 2019. Se observaron movilizaciones en distintos lugares del país, con cacerolazos, barricadas e incluso una paralización de las funciones durante 13 horas de Unión Portuaria, lo que, según los manifestantes, mostró el camino a seguir para conquistar las demandas: el fin a las AFP y que la crisis la paguen los empresarios.
Demandas del Movimiento
- El fin del sistema de AFP.
- Que la crisis económica sea asumida por los empresarios.
- La implementación de un sistema de pensiones tripartito y solidario.
- Que los trabajadores y jubilados decidan y gestionen sus propios fondos en función de sus necesidades.
La agrupación de profesores y trabajadores de la educación "Nuestra Clase" invitó a formar parte de una campaña fotográfica por "¡NO+AFP, para que decidan las y los trabajadores!".
El Afiche como Instrumento de Lucha en el Estallido Social
Un corpus de archivo de 120 afiches fotografiados a lo largo de octubre de 2019 durante el estallido social en Chile revela la importancia de esta forma de expresión. Este evento, que se extendió por más de dos meses, puso en jaque al gobierno y solo fue serenado con la firma de un gran acuerdo político para convocar una nueva redacción de la Constitución chilena. El análisis de estos afiches evidencia cuatro tipos principales:
- Afiches centrados en la imagen del presidente de Chile, con repudio a su figura y a la de otros políticos.
- Afiches que expresaban solidaridad.
- Afiches que manifestaban la rebelión popular.
- Afiches que resaltaban el carácter no partidista del movimiento.

En este archivo, surgen características en el mensaje como lo contestatario, lo identitario y la solidaridad, y en su iconografía aparecen nuevos símbolos. Este período mostró una gran producción de afiches que reivindicaban cambios sociales, económicos y de género, dando cuenta de un profundo malestar en una parte importante de la sociedad chilena.
Características Estilísticas y Temáticas
Los afiches del estallido social retomaron características históricas del afiche chileno durante el gobierno de la Unidad Popular (1970-1973), siendo contestatarios, confrontacionales e identitarios. Volvieron a surgir tópicos que ya habían sido parte de la historia local a principios de la década del setenta, renaciendo la esperanza de un cambio anhelado por una izquierda mundial. Sin embargo, sus divergencias ahora no respondían a los partidos políticos, sino que exteriorizaban una conciencia social no partidista, con énfasis en la acción espontánea, alternativa y de carácter colectivo.
Este estallido social se expresó con total libertad, sin restricciones comunicativas, sin formalidades ni códigos gráficos predeterminados, y sin un estilo que los uniera. Hubo una gran pluralidad en la composición, el dibujo y el diseño de letras. Algunos textos provenían de fuentes tipográficas digitales, y otros simplemente eran rotulados o trazados a mano. Algunos afiches eran espontáneos, sin preparación, pero en otros se advertía una concepción del afiche moderno, con rigor en el oficio, el dibujo y la composición clásica. Desde una perspectiva estética, normalmente reutilizan elementos del pasado, resignificándolos en una operación posmodernista al vaciar a los referentes de sus significados originales.
En estos afiches, que respondieron a las necesidades urgentes de comunicación del momento, se percibieron convergencias y divergencias: creación colectiva-autoría individual, el muro-el obsequio y la ficción idealismo-contingencia política. Otro aspecto característico fue la reaparición de colectivos; algunos ya con una producción constante desde las marchas estudiantiles del 2006, así como producciones autorales individuales.
Antecedentes Históricos del Afiche Activista
Aunque los registros audiovisuales y fotográficos de las expresiones populares suelen desaparecer rápidamente en la historia del afiche de protesta chileno, durante el estallido social se logró la recopilación de información asociada al afiche en tiempo real. El afiche del estallido social tiene antecedentes históricos, no necesariamente conscientes en sus creadores, en el afiche de la izquierda en Chile que surgió para apoyar al gobierno popular de Salvador Allende (1970-1973).

Existen otros tres momentos que preceden al estallido social chileno en sus características:
- El "Mayo del 68" ocurrido en París.
- El "Mayo 68" en México.
- El activismo gráfico en Argentina entre 2001-2002.
Estos coinciden en diversos tópicos de producción: las urgencias que requería un afiche de fácil producción, el anonimato en la mayoría de los casos, la precariedad de su impresión, la confrontación con el gobierno de turno, y cada uno manifestando particularidades propias en sus condiciones políticas, económicas y sociales.
Similitudes con el Mayo del 68 Francés
El "Mayo del 68" francés, como fenómeno cultural, coincide con el estallido social chileno en que ambos comenzaron con un hecho fortuito: en París, por la molestia ante las precarias instalaciones universitarias, y en Santiago, por el aumento del pasaje del tren subterráneo. En París, la rebeldía estalló cuando el ministro de deportes fue recibido con abucheos y grafitis obscenos en enero de 1968, lo que sería la chispa del mayo francés. Los mensajes se canalizaron a través del afiche con una crítica ácida a la imagen del presidente Charles de Gaulle. De manera similar, en el afiche del estallido social chileno, la imagen del presidente Sebastián Piñera también fue tratada críticamente.
La visión de izquierdas de los manifestantes en Francia era progresista y hacía hincapié en materia de libertad sexual, de autonomía del individuo frente al Estado y de cuestionamientos del principio de autoridad. Estas reivindicaciones, con el tiempo, se acomodaron dentro del capitalismo, pasando de la izquierda radical a formar parte de la corriente principal del pensamiento, aunque a veces de manera banal o con su potencial revolucionario diluido. El signo de la rebelión juvenil y obrera parisina por instalar un régimen más cercano al socialismo tuvo fuertes repercusiones en toda una generación de jóvenes de los años sesenta del siglo XX.
El Movimiento Estudiantil Mexicano de 1968
Otro evento relevante en los antecedentes del afiche activista ocurrió en el mismo año que la revuelta francesa, cuando en agosto de 1968, el movimiento estudiantil mexicano realizó una serie de peticiones a través del Consejo Nacional de Huelga. Esta manifestación se transformó, con el correr de los meses, en una rebelión social en las calles.
Las Movilizaciones en Argentina (2001-2002)
El último antecedente para contextualizar este afiche rebelde y contestatario, que siempre renace en las tensiones políticas de una sociedad en crisis, surge durante las movilizaciones del 19 y 20 de diciembre de 2001 en Argentina. Estas fueron causadas por una crisis económica, política y social. En ese momento, la gráfica explosionó entre grupos disidentes, quienes expresaron su rebeldía con una visualidad de profundo malestar social en el espacio público, la calle, que se convirtió en una especie de "territorio liberado". Fue un momento de gran creatividad popular, con esténciles e imágenes de todo tipo.
Esta fecha marca una inflexión para el afiche latinoamericano, en particular, porque los colectivos gráficos integrados por diseñadores y artistas plásticos convergieron en representaciones iconográficas heterodoxas, dando cuenta de las sensibilidades ciudadanas contra la globalización del capital financiero, las multinacionales y la concentración de la riqueza. Muchos de estos actores practicaron un diseño anarquista, feminista, con referentes que van desde el colectivo Grapus, el diseño del estadounidense Milton Glaser, inspiraciones en la gráfica del "Mayo del 68" francés, el activismo artístico-político de Argentina de la década del sesenta, el arte latinoamericano y el uso del collage. Como afirmó Claudia Kozak, mientras el sistema de información dominante reproduce modelos aceptados sin cuestionarlos, estas experiencias recuerdan que las articulaciones entre la palabra y lo visible son una manera de producir sensibilidad y sentido de comunidad.
El Resurgimiento del Afiche Activista Chileno
Chile ha tenido una ruta dislocada de avances, retrocesos y estancamientos en los últimos años, pero desde hace un tiempo el afiche chileno ha vuelto a tener una presencia permanente en el paisaje local. Dos hitos lo resituaron en el espacio público:
- La movilización de estudiantes secundarios conocida como la “Revolución pingüina” del 2006.
- Un resurgimiento de las movilizaciones estudiantiles en el 2011, promovido principalmente por universitarios, con las consignas “Educación gratuita y de calidad” y “Fin al lucro”.

El tercer evento, de mayor magnitud por sus implicaciones políticas, sociales y económicas y la cantidad de afiches realizados en tan corto período, fue lo ocurrido en octubre de 2019. Se inició el viernes 18 de ese mes, cuando manifestantes, en su mayoría estudiantes de colegios, se congregaron en Baquedano, una de las plazas más emblemáticas de Santiago, que ellos rebautizaron como Plaza Dignidad. Allí convergieron distintos símbolos y formas de expresión. Durante el estallido social, el afiche activista resurgió con fuerza y fue uno de los grandes protagonistas, actuando como expresión y dispositivo de combate y denuncia, como lo ha sido en diferentes períodos en los últimos 70 años en Chile. Sirva como ejemplo la función de expresión de las ideas que tuvo el afiche en promover el cambio social bajo el gobierno de Salvador Allende (1970-1973).
Estallido Social: Ruptura y Estruendo Estético
En medio de esa dicotomía utópica revolución-revuelta, en Chile el afiche ha terminado siendo únicamente parte de revueltas. La palabra "estallido" comparte sus raíces etimológicas con "astilla"; aquello que estalla (o que se transforma en un conjunto de simples astillas) queda reducido a fragmentos mínimos que no pueden volver a unirse, por tanto, no puede ser reparado. En este sentido, parece apropiado llamar estallido social a este momento histórico. Por otra parte, el sufijo -ido denota cualidad sensible, refiriéndose al estruendo estrepitoso con el que estalla algo. El sonido en general, y el ruido en este caso en particular, es un estímulo del ambiente que podemos reconocer por medio de los sentidos; por lo tanto, se trata de un elemento que configura la experiencia estética. Este afiche, tal cual un estallido, fue impreciso, mixturado y simultáneo, con múltiples ramificaciones.
En la coyuntura político-social anterior, alrededor del año 1970, se sembraron las directrices de lo que se cimentó en una cultura visual de este instrumento de propaganda, usando de preferencia la imagen icónica, el eslogan y su mensaje apelando a las emociones como recurso. La diferencia con el caso actual es que no se vislumbra la directriz de un partido, asociación o alguna comunidad. La expresión final de lucha de estos afiches fue su instalación en ciertas paredes de lugares icónicos de la ciudad, al punto que la cantidad de ellos convirtió las paredes en bricolajes que mostraban los diversos mensajes de lucha de los participantes del estallido social. En estos casos, los afiches fueron una forma de expresión de oposición a los medios tradicionales de la propaganda masiva: periódicos, televisión, radio, revistas.
La Estética del Malestar Social
Los afiches de este período, en su envoltura política y de denuncia, vociferan el malestar social. Se trata de algo similar a una algarabía, una dispersión, una manera de expresar desde las entrañas con toda libertad, sin formalidades predeterminadas, sin algún estilo que los uniera; una diversidad que se dio desde lo más precario del dibujo y el diseño de letras, hasta transparentar en algunos de ellos toda una concepción del afiche con rigor en el oficio, el dibujo y la composición. Independientemente del oficio, en la hechura del afiche se utilizaron sistemas alternativos de impresión, desde la fotocopia a la impresión en serigrafía profesional, llegando a verse algunos reproducidos en impresión digital. La empatía conseguida con la libertad del mensaje, sumado a lo heterodoxo de la producción técnica e iconográfica, provocaba en los espectadores interpretaciones multifacéticas pero siempre asociadas con el estallido social.
Este afiche espontáneo, sin jerarquía y ajeno a todo orden preestablecido, no pasó inadvertido en los muros. Al parecer, es la única pieza gráfica que aún no es posible de censura urbana inmediata, con una presencia difícil de ignorar por el ciudadano, y con una libertad constructiva que ya está reconocida. La lógica de esta producción solo se puede explicar por lo diverso de los autores/as, lo imprevisto de los recursos y lo espontáneo de los temas que transitan transversalmente lo sociopolítico. Retomando sus características tipológicas y discursivas, este afiche recupera las fórmulas históricas por su corte contestatario, confrontacional e identitario, pero reaparece dejando atrás la organización tradicional apegada a los partidos políticos. Sus modos de comunicación se articulaban entre el empapelado urbano durante gran parte de las marchas o el digital en las redes sociales, informando lugar, fecha y hora de la convocatoria. Aparecen distinciones de otros períodos históricos: una sociedad que se activa y que denota signos de inestabilidad social, como fue en el momento de las reformas universitarias chilenas que comenzaron en 1967, o el movimiento obrero-estudiantil de mayo de 1968 en París. Es decir, se podría indicar que el discurso del afiche contestatario tiene como origen un fenómeno contracultural.