Espiritualidad y Cristianismo en la Adultez Mayor

La adultez mayor, una etapa de la vida caracterizada por su larga duración y a menudo por una progresión lenta de los cambios físicos y emocionales, presenta desafíos únicos. En este contexto, la espiritualidad y la religiosidad emergen como elementos de gran importancia, influyendo significativamente en el bienestar y la calidad de vida de las personas mayores.

Reed describe la espiritualidad como "la inclinación para encontrar significado en la vida por medio de un sentido de interrelación con algo mayor, que trasciende el yo y lo fortalece". Esto sugiere que la espiritualidad permite a los adultos mayores desarrollar respuestas adaptativas ante situaciones difíciles, como el padecimiento de una enfermedad crónica. La religiosidad, por su parte, es de naturaleza esencialmente social, estructurada como un cuerpo de conocimientos, comportamientos, ritos, normas y valores que rigen la vida de quienes buscan vincularse con lo divino.

La Relación entre Espiritualidad y Religiosidad en Adultos Mayores con Enfermedad Crónica: Un Estudio en Cartagena

Un estudio de corte transversal realizado en 2014 exploró la relación entre espiritualidad y religiosidad en adultos mayores con enfermedad crónica en la ciudad de Cartagena, Colombia. La muestra representativa incluyó 229 adultos mayores inscritos en 12 centros de vida de la ciudad.

Metodología del Estudio

El tamaño de la muestra se calculó con base en una prevalencia esperada del 50%, un margen de error del 4% y un nivel de confianza del 95%. Se empleó un muestreo aleatorio por conglomerados de los 24 centros de vida, seguido de un muestreo aleatorio sistemático para la selección de los participantes.

Para la recolección de datos, se recopiló información sociodemográfica (edad, sexo, escolaridad, estado civil, procedencia, ocupación, religión y estrato socioeconómico). Se utilizaron dos escalas para evaluar la espiritualidad y la religiosidad:

  • Escala de la Perspectiva Espiritual de Pamela Reed: Mide la espiritualidad a través de dos componentes:
    • Prácticas espirituales: Consta de 4 ítems evaluados con 6 criterios (1=nunca a 6=más o menos una vez al día).
    • Creencias espirituales: Posee 6 ítems evaluados con 6 criterios (1=extremadamente en desacuerdo a 6=extremadamente de acuerdo).
  • Escala de Actitudes hacia el Cristianismo de Francis: Versión de cinco ítems que evalúa la respuesta afectiva ante Dios, Jesús y la oración. Cada ítem ofrece opciones de 0 (muy en desacuerdo) a 4 (muy de acuerdo), con un puntaje total máximo de 20. Este instrumento mostró un alfa de Cronbach de 0.88.

Las investigadoras explicaron el propósito del estudio a las personas que dieron su consentimiento informado de manera escrita. Los participantes respondieron a los instrumentos con el apoyo de la lectura realizada por el grupo investigador.

Resultados y Hallazgos

El estudio incluyó a 229 adultos mayores con una edad promedio de 74.4 ± 5 años. Las principales características sociodemográficas fueron:

  • Sexo: El 63.8% eran mujeres.
  • Estado Civil: Predominaron los viudos (42.8%), seguidos por solteros y casados (25.3% cada uno) y unión libre (6.6%).
  • Ocupación: Las más frecuentes fueron desempleados (45.9%) y amas de casa (44.5%).
  • Religión: La más practicada fue la católica (81.2%), seguida de la evangélica (15.7%), mormona y adventista (0.4% cada una).
  • Escolaridad: El 43.7% tenía primaria incompleta, 23.6% eran analfabetas, 4.8% secundaria completa y 1.3% educación técnica.
  • Estrato Socioeconómico: El estrato 1 fue el más frecuente (66.8%), seguido por el 2 (27.9%) y el 3 (5.2).
  • Procedencia: El 53.3% eran del área rural.
Gráfico de distribución demográfica de adultos mayores en Cartagena

En cuanto a la medición de las escalas, el promedio obtenido en la escala de perspectiva espiritual fue de 54.7 ± 3.7 puntos (máximo 60). En el componente de Prácticas Espirituales, el promedio fue de 22 ± 2.2 puntos, y en el de creencias espirituales, 32.7 ± 23 puntos. Casi la totalidad de los participantes estuvieron de acuerdo con las creencias espirituales. Una situación similar se observó en la escala de Religiosidad de Francis.

Se encontró una correlación moderada y directa (r=0.57) entre la religiosidad y la espiritualidad en este grupo de adultos mayores con enfermedad crónica. La correlación entre la religiosidad y el componente de creencias espirituales fue media (r=0.61), mientras que la correlación con las prácticas espirituales fue baja (r=0.22).

Conclusiones del Estudio

Existe una relación directamente proporcional entre espiritualidad y religiosidad en los adultos mayores con enfermedad crónica. La relación positiva indica la importancia de la espiritualidad como dimensión trascendente en el ser humano. El estudio muestra que pueden existir personas más religiosas que espirituales o viceversa, y que ambos aspectos se fortalecen al padecer una enfermedad crónica. Estos hallazgos coinciden con otras investigaciones que relacionan la espiritualidad y religiosidad con el mejoramiento de la salud física y mental.

Distinción entre Religión y Espiritualidad

Aunque los conceptos de religión y espiritualidad son similares, no son idénticos. La religión suele ser más institucional, estructurada y ligada a rituales y prácticas tradicionales. Implica rendición de cuentas y responsabilidad. La espiritualidad, en cambio, se refiere a lo intangible e inmaterial, abarcando sentimientos, pensamientos, experiencias y comportamientos relacionados con el alma o la búsqueda de lo sagrado, con menos requisitos formales y no necesariamente asociada a un grupo u organización específica.

Es notable que, aunque algunas personas rechazan la religión tradicional, se consideran espirituales. En Estados Unidos, el 18% de los adultos de 65 años o más no tienen afiliación religiosa, y entre el 6% y el 10% son ateos, no dependiendo de prácticas religiosas o espirituales para dar sentido a sus vidas.

Beneficios de la Religión y la Espiritualidad en la Vejez

La participación religiosa es más alta entre las personas de la tercera edad que en cualquier otro grupo de edad, con más de la mitad asistiendo a servicios religiosos semanalmente. Para este grupo, la comunidad religiosa es la fuente más común de apoyo social fuera de la familia y la actividad de voluntariado social más frecuente.

Infografía sobre los beneficios de la fe en la tercera edad

Salud Física y Mental

Las personas religiosas tienden a tener una mejor salud física y mental. Los expertos sugieren que estos beneficios pueden provenir de una actitud positiva y esperanzadora, un sentido de significado y propósito en la vida, y una mayor capacidad para adaptarse a enfermedades y discapacidades. Estudios indican que las personas mayores muy religiosas son menos propensas a desarrollar depresión y ansiedad, y tienen un mayor bienestar psicológico. Incluso la percepción de discapacidad puede verse alterada positivamente; por ejemplo, mujeres mayores religiosas con fractura de cadera mostraron menores tasas de depresión y mayor movilidad al ser dadas de alta.

Prácticas que Promueven la Salud

La participación activa en una comunidad religiosa a menudo se asocia con un mejor funcionamiento físico y salud. Algunos grupos religiosos promueven comportamientos saludables, como evitar el tabaco y el consumo excesivo de alcohol, lo que resulta en menores tasas de trastornos relacionados con sustancias y una mayor longevidad.

Beneficios Sociales y Apoyo

Las creencias y prácticas religiosas fomentan extensas redes de apoyo social. Este aumento del contacto social puede ayudar a la detección temprana de enfermedades y al cumplimiento de tratamientos, ya que los miembros de la comunidad interaccionan y se preocupan por la salud de los demás. Las personas mayores en estas redes son menos propensas al descuido.

Apoyo para Cuidadores

La fe religiosa también beneficia a los cuidadores, mejorando su salud mental al afrontar el cuidado de adultos mayores con demencia, cáncer u otras enfermedades graves o terminales.

Posibles Efectos Nocivos de la Religión y la Espiritualidad

No siempre la devoción religiosa es beneficiosa. Puede promover culpa excesiva, estrechez de miras, inflexibilidad y ansiedad. En personas con trastornos mentales preexistentes, puede manifestarse en delirios y obsesiones religiosas. También, algunos individuos experimentan rechazo y crisis existenciales si no son aceptados por sus comunidades religiosas (por ejemplo, debido a su identidad sexual o de género).

Ciertos grupos religiosos pueden desalentar la atención médica necesaria, incluyendo terapias vitales como transfusiones de sangre o tratamiento de infecciones, sustituyéndolas por rituales. Otros grupos más rígidos pueden alienar y aislar a las personas mayores de sus familias y de la comunidad en general.

El Rol de los Profesionales de la Salud

Los profesionales de la salud deben considerar las creencias religiosas de las personas mayores, ya que estas pueden afectar su salud física y mental. Conocer estas creencias les permite brindar una atención más integral, especialmente en situaciones como:

  • Cuando los pacientes están gravemente enfermos, bajo estrés o cerca de la muerte, y buscan hablar sobre temas religiosos.
  • Cuando los pacientes expresan que la religión les ayuda a sobrellevar la enfermedad.
  • Cuando las necesidades religiosas son evidentes y pueden influir en su salud o comportamiento.

Al comprender las necesidades espirituales, los profesionales pueden facilitar el acceso a recursos como asesoramiento espiritual, grupos de apoyo o actividades religiosas, o incluso solucionar barreras como el transporte. También pueden sugerir que el asesoramiento provenga de un miembro del clero, quienes pueden ser de gran ayuda y reconocer la necesidad de atención profesional en salud mental.

Espiritualidad En El Adulto Mayor, Ramon Morales Docente

La Perspectiva Cristiana y el Valor de la Adultez Mayor

Desde una perspectiva pastoral, el tema de la vejez ha ganado reconocimiento en la teología pastoral, aunque en el pasado pudo haber sido un "apéndice menor". Las personas ancianas representan una parte considerable de la población mundial, y su presencia es significativa en las comunidades cristianas.

Existe una preocupación por la tendencia a relegar a los ancianos a la periferia del olvido en algunas iglesias, priorizando un enfoque en la juventud. Sin embargo, los ancianos y ancianas poseen una sabiduría acumulada por las experiencias de la vida que es invaluable para la comunidad.

La ancianidad es una etapa de evidentes limitaciones, pero no significa el fin de la vida deseosa de servir ni el agotamiento de la espiritualidad. Es fundamental abrir espacios para que los mayores pongan a disposición su voluntad de servir, cultivando sus dones y talentos, participando en celebraciones, oraciones y estudios, e incluso a través de una pastoral especializada.

La iglesia debe ser un lugar donde las distintas generaciones interactúan, se encuentran con amor e intercambian visiones de la fe, la vida y la misión de Jesús, reconociendo que ninguna generación es más valiosa que otra. La sabiduría, historias y presencia de los ancianos constituyen un patrimonio fundamental para las comunidades.

Cualidades del Anciano en el Cristianismo

Las enseñanzas bíblicas, como las de Pablo en Tito 2:1 y 1:15, ofrecen una visión de las cualidades deseables en los ancianos. Se espera que los hombres mayores sean:

  • Moderados: No deben ser dados a excesos.
  • Serios o Dignos de Respeto: Implica no ser superficial, sino tener profundidad y madurez. La experiencia de vida les otorga una perspectiva única sobre las promesas vacías del pecado, la relación con el dinero y la insatisfacción de los bienes materiales.
  • Prudentes o Sensatos: Han vivido lo suficiente para haber visto muchas cosas, saben que el pecado promete más de lo que da y que el dinero no trae felicidad.
  • Sanos en la Fe, en el Amor y en la Perseverancia: Estas son columnas fundamentales. La perseverancia implica saber escoger en qué cosas ser constantes y en qué no.

Estas cualidades no solo son relevantes para el liderazgo eclesiástico, sino que son virtudes aplicables a todos los adultos mayores dentro de la comunidad cristiana, fomentando un "sano caminar con Dios y una relación sana con los demás".

Consejos Prácticos para los Años de la Tercera Edad (según Ezra Taft Benson)

El presidente Ezra Taft Benson, quien dirigió una iglesia en su vejez, compartió valiosos consejos para que las personas mayores aprovechen al máximo esta etapa de la vida, dirigidos a ellos, a sus familias y a quienes los cuidan:

  1. Trabajar en el templo y asistir a menudo: Utilizar la energía para bendecir a los antepasados y asegurar que la posteridad reciba las ordenanzas.
  2. Recopilar y escribir la historia familiar: Compartir recuerdos, fechas y acontecimientos que solo ellos conocen.
  3. Participar en el servicio misional: Si la salud y los medios lo permiten, servir en misiones, lo que a menudo revitaliza a las parejas mayores.
  4. Proporcionar liderazgo al fomentar la unión familiar: Organizar la familia como un grupo integrado, llevando a cabo reuniones que fortalezcan el legado familiar.
  5. Aceptar llamamientos de la Iglesia y cumplirlos: Contribuir con su sabiduría y experiencia en diversas organizaciones de la iglesia.
  6. Planear su futuro económico: Ser frugales, evitar deudas innecesarias y ser cautelosos con inversiones riesgosas.
  7. Dar servicio cristiano: Meter la hoz para servir a los semejantes, lo cual eleva y trae paz, gozo y bendiciones.
  8. Mantenerse en buen estado físico, saludables y activos: Buscar maneras de mantenerse vigorosos y activos, superando la soledad a través del servicio a otros.
Adultos mayores participando en actividades religiosas y comunitarias

Necesidades y Aspiraciones de los Adultos Mayores

Los adultos mayores aspiran a vivir sus años de vejez en su propio hogar, con su familia o en residencias, buscando una vida digna, sana y feliz. La OMS define "adulto mayor" como cualquier persona que sobrepase los 60 años de edad. Las buenas condiciones de salud en la vejez no dependen solo de la genética.

La pandemia de COVID-19 ha impactado especialmente a los adultos mayores, enfrentándose a la vulnerabilidad, la modificación de rutinas, la soledad no deseada y el riesgo de depresión y demencia.

La sociedad actual a menudo subestima el valor de los ancianos, olvidando aspectos cruciales que ellos encarnan:

  • La gratuidad: Su valor no se mide por la eficiencia productiva.
  • La memoria: Son portadores de la historia y la identidad, esenciales para las generaciones más jóvenes.
  • La experiencia: Su bagaje de vida ofrece una sabiduría que la ciencia y la técnica no pueden reemplazar.
  • La interdependencia: A pesar del individualismo, demuestran la verdad de que nadie vive solo.
  • Una visión más completa de la vida: En la tercera edad, se prioriza el "ser" sobre el "hacer" y el "tener", cultivando la sencillez y la contemplación.

Necesidades Específicas del Anciano Enfermo

Las necesidades del ser humano se agudizan en la persona mayor enferma. Más allá de las necesidades biológicas atendidas por el personal sanitario, existen otras cruciales:

  1. Necesidades Fisiológicas: Supervivencia, como hambre, sed, descanso, sueño y alivio del dolor. Son las más fundamentales y poderosas.
  2. Sentirse Seguros: Búsqueda de familiaridad, estabilidad, información y protección ante el peligro (enfermedad, dolor, muerte). La satisfacción de esta necesidad se logra a través de información segura y confiable de la familia, médicos, clérigos y amigos.
  3. Necesidad de ser Amado: La enfermedad puede romper el sentido de pertenencia y afecto, especialmente si la persona es hospitalizada y arrancada de su entorno.
  4. Sentirse Competente y Valioso: La necesidad de estima se satisface al sentirse útil y apreciado. Es vital no hacer sentir inútiles a los ancianos enfermos, pues la enfermedad puede generar una crisis de autoestima.
  5. Intimidad: La pérdida de intimidad es evidente en la enfermedad, con la exposición constante del cuerpo y la atención centrada en la persona enferma.
  6. Posibilidad de Realizarse: La enfermedad puede frustrar esta necesidad suprema, limitando el hacer lo que uno es capaz de ser. Sin embargo, mantener la confianza y un sentido de trascendencia puede ayudar a la persona a retomar sus compromisos y realizaciones.

En esta etapa, la religión y la espiritualidad son elementos importantes que brindan ayuda y soporte para enfrentar enfermedades graves o crónicas, relacionándose con una mayor calidad de vida.

El Acompañamiento Espiritual: Un Perfil Humanitario

El acompañamiento espiritual y el cuidado de los adultos mayores, especialmente en el contexto de la enfermedad, requieren de cualidades humanas profundas. No se busca la perfección, sino características que favorezcan una relación de ayuda efectiva:

  • Profundamente Humano: Amable, acogedor, comprensivo, generoso y solidario.
  • Autoconocimiento: Conocer las propias fortalezas y debilidades, así como las del anciano enfermo.
  • Capacidad de Empatía: Comprender la situación y el estado de ánimo del anciano.
  • Libre de Mesianismo: Evitar la tendencia a resolver todos los problemas por el otro, respetando su autonomía y crecimiento.
  • Gratuidad: Actuar sin esperar recompensas, solo por el deseo de ayudar, para evitar el agotamiento.
  • Respeto por el Misterio Personal: Ser comprensivo y compasivo, intentando ver y sentir las cosas desde la perspectiva del enfermo.
  • Humildad: Reconocer las propias limitaciones.

Acompañar significa "hacerse cargo" de la experiencia ajena, dar hospedaje al sufrimiento del otro y recorrer el camino incierto de cada persona, con la confianza de que la compañía ayude a superar la soledad, generando comunión y salud integral. La compasión, que precisa de la empatía, el deseo de ayudar, el coraje y la acción, implica un compromiso de afrontar las contradicciones y el miedo del otro que sufre.

Un modelo inspirador para este acompañamiento es el del Buen Samaritano, que ilustra la importancia de la ayuda desinteresada y efectiva ante el sufrimiento, tanto en el propio hogar como en la comunidad.

En definitiva, existe mucha evidencia que afirma que la religión y la espiritualidad contribuyen positivamente a la salud, tanto física como mental, de los individuos, permitiendo una vejez más digna, sana y feliz.

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