Discriminación por Edad: El Edadismo y la Terminología Hacia las Personas Mayores

¿Qué es el Edadismo? Definición y Manifestaciones

El edadismo, o discriminación por motivos relacionados con la edad, es el conjunto de estereotipos y prejuicios que presuponen que todas las personas de una determinada edad piensan y se comportan de igual manera o tienen las mismas necesidades o intereses. Este fenómeno social consolidado se filtra en muchas instituciones y sectores de la sociedad, contribuyendo a sostenerlo y mantenerlo.

Robert Butler, psiquiatra y gerontólogo experto en demencia y envejecimiento, acuñó el término ageism (edadismo, en español) para referirse a la discriminación y exclusión de las personas mayores por el solo hecho de tener más edad. La Organización Mundial de la Salud (OMS), en su campaña mundial contra el edadismo, profundiza sobre este concepto, sus efectos y el tipo de estrategias a poner en marcha para paliarlo.

La edad es una de las primeras características que observamos en otras personas. El edadismo surge cuando la edad se utiliza para categorizar y dividir a las personas por atributos que ocasionan daño, desventaja o injusticia y menoscaban la solidaridad intergeneracional. El edadismo impregna nuestra sociedad y se manifiesta habitualmente como:

  • Infantilización: Se produce cuando se trata a la persona como si fuera una criatura, lo que hace que las personas no mayores tengan una posición de poder frente al usuario a la hora de interactuar, de responder o de tratar. Una muestra es el uso del baby talk o el elder speak, es decir, un lenguaje adaptado, excesivamente melódico o con un tono de voz agudo o elevado.
  • Despersonalización: Aplica cuando no se tiene en cuenta la singularidad de cada persona mayor: no se atiende a sus necesidades específicas ni a sus preferencias.
  • Deshumanización: Se produce cuando se pierde la empatía al tratar con personas mayores y no se potencia su autonomía, no se respeta su privacidad o se le veta o limita su participación en la toma de decisiones, incluso cuando se refieren a su propia persona o a sus intereses.

Son comportamientos edadistas, por ejemplo, excluir o invisibilizar a las personas mayores, infantilizarlas en el trato o presuponerlas frágiles o menos capaces simplemente por tener una determinada edad. Estas actitudes edadistas parten del supuesto que las personas mayores han perdido capacidades, aportan poco valor social y no pueden tomar decisiones por ellas mismas.

Esquema visual de las manifestaciones del edadismo (infantilización, despersonalización, deshumanización)

El Impacto del Edadismo en la Salud y el Bienestar

"El edadismo -discriminación por edad- o, en este caso viejismo -discriminación a personas mayores- es algo que vamos internalizando desde muy jóvenes y lo hacemos a lo largo de toda nuestra vida”, explica Javiera Rosell, Subdirectora del Programa Adulto Mayor UC. El problema es que no solo afecta a las personas mayores, sino que se convierte en una discriminación dirigida hacia nosotros mismos; opera como una especie de profecía auto cumplida.

Asimismo, los estereotipos y prejuicios sobre la vejez y el envejecimiento funcionan como profecías autocumplidoras modulando la manera como envejecemos. Se ha visto un detrimento importante e incluso se ha evaluado la mortalidad en las personas con mayores niveles de viejismo; viven menos años que las personas que no tienen tan altos niveles. En este sentido, el edadismo puede acortar la vida (en 7,5 años), contribuir a una salud física y mental más precaria y a una recuperación más lenta de la discapacidad en la vejez. También aumenta las conductas de riesgo para la salud, como llevar una dieta poco saludable, beber en exceso o fumar, y reduce la calidad de vida.

A partir de los cuatro años, los niños empiezan a ser conscientes de los estereotipos de edad de su cultura. También recurren a los estereotipos de edad de su cultura para percibir y comprender su propia persona, de manera que puede producirse un edadismo autodirigido a cualquier edad. El edadismo está en todas partes: en nuestras instituciones, en nuestras relaciones, en nosotros mismos, afectando a las poblaciones más jóvenes y más mayores, y puede afectar a nuestra salud, longevidad y bienestar, además de tener consecuencias económicas de gran alcance.

Estereotipos Comunes y su Refutación

La pérdida de energía, el deterioro cognitivo y físico son solo algunos de los prejuicios que comúnmente asociamos a la vejez y que nos llevan a estigmatizar a las personas mayores sin siquiera darnos la oportunidad de conocerlas como individuos. Javiera Rosell, Máster en Psicogerontología, Subdirectora del Programa Adulto Mayor UC e Investigadora postdoctoral del Instituto Milenio para la Investigación del Cuidado, explica que las nociones preconcebidas en torno a la vejez están bastante estudiadas.

En general, se asume que todas las personas mayores tienen cierto deterioro cognitivo y eso nos lleva a creer que no son capaces de hacer ciertas cosas o que hay que infantilizarlos. La especialista agrega que asociamos la vejez con una etapa más bien oscura en la que las personas tienden a deprimirse con facilidad y tienen poca paciencia y mal humor. Estas suposiciones que rodean a la vejez y conforman el edadismo han sido corroboradas en Chile a través de estudios y cuestionarios según explica Javiera. “Tenemos la idea de que son como niños. Que son cascarrabias o que se van agudizando los defectos de la persona con la edad”, explica. “La verdad es que, por ejemplo, una persona que ha sido mal genio toda la vida va a seguir siéndolo cuando sea vieja”. De la misma forma, Javiera aclara que alguien poco sociable también seguirá aislándose en la vejez.

El Observatorio del Envejecimiento de la Pontificia Universidad Católica de Chile, da cuenta que nuestro país se encuentra entre aquellos que más adscriben a imágenes negativas sobre la vejez. Por otra parte, el 68% de personas encuestadas en Chile por el Servicio Nacional del Adulto Mayor (SENAMA) y la Universidad de Chile, consideran que las personas mayores no son autovalentes, desconociendo las diversas formas del envejecimiento y, por tanto, la diversidad y heterogeneidad de la vejez.

Desafiando los Estereotipos: El Caso de Vera Wang

A fines de 2020, en medio de la pandemia, una fotografía que la diseñadora estadounidense Vera Wang compartió en su cuenta personal de Instagram se volvió viral en redes sociales. La imagen mostraba la mujer de entonces 71 años con una de las carreras más exitosas en la industria de la moda vistiendo un conjunto deportivo que dejaba ver tonificados abdominales y su cara con muy poco maquillaje que, a sus entonces 71 años, la hacía ver muy joven. Las imágenes de Wang continuaron sorprendiendo a muchos cuando se publicaron fotografías de su cumpleaños número 72 a mediados de 2021. En cada una de las fotos, Wang se ve radiante y llena de vitalidad. Algo que, al parecer, para muchos es una realidad imposible de vivir cuando se es viejo.

Foto de Vera Wang demostrando vitalidad a edad avanzada

El Lenguaje como Reflejo del Edadismo y la Búsqueda de Terminología Respetuosa

El lenguaje, en gran parte, refleja el pensamiento o las concepciones asumidas, aunque, a menudo, no seamos conscientes de ello, porque, quizás, nos limitemos a reproducir usos y expresiones habituales en nuestro entorno sin pararnos a reflexionar sobre sus posibles significados implícitos. Los términos, ni son estáticos, ni son neutros. Cuando estudiamos un determinado grupo de población, debemos analizar cuál es el término utilizado para referirnos a ese colectivo y su evolución.

Evolución de la Terminología Aceptada

Desde el ámbito académico, donde hay estudios con cierta profundidad, se rechaza contundentemente “viejo” por entender que es un término relacionado con el fin de las capacidades o con cierto “desvalimiento”. También “tercera edad” por responder a criterios hoy obsoletos. En el mundo de la empresa gerontológica se rechazan términos como “viejos”, “ancianos”, “dependientes”, “pasivos”, etc., por entender que existe riesgo de trasladar estereotipos que se traduzcan en comportamientos de discriminación; también “abuelos” o “jubilados” que no describen necesariamente a personas mayores.

En el mundo del Derecho, la ley, la jurisprudencia y la doctrina han evolucionado de términos como “ancianos” o “tercera edad” a “personas mayores”, expresión preferida actualmente, si bien todavía se utiliza en algunas ocasiones “tercera edad”, por la importancia que le otorgó la Constitución de 1978. Si bien el ámbito laboral es un tanto confuso, pues se entremezclan los conceptos o no queda muy claro de qué edades se está hablando.

Recientemente, el Diccionario de la RAE ha incluido el término “edadismo” como “discriminación por razón de edad, especialmente de las personas mayores o ancianas”. Un análisis más detallado de sus definiciones nos descubre que “persona mayor” es el término, no solo con menos connotaciones negativas, sino el más aséptico de todos (con una mera connotación cronológica), con varias acepciones positivas, frente a viejo, anciano o abuelo.

Glosarios y Guías para un Lenguaje Inclusivo

A este respecto, la Fundación “la Caixa” ha publicado un Glosario sobre edadismo. En él se recogen muchas palabras y expresiones que a menudo se utilizan en referencia a las personas mayores y que reflejan edadismo. Las agrupan según tres formas habituales de edadismo: Infantilización, Despersonalización y Deshumanización, las cuales se han descrito anteriormente.

Es de destacar y valorar la publicación de una Guía para una comunicación libre de edadismo hacia las personas mayores, por parte de HelpAge España. Generar cambios en el uso del lenguaje para erradicar palabras y expresiones que contribuyan a perpetuar el edadismo es fundamental, y en este sentido, los medios de comunicación tienen un papel clave.

Infografía: términos apropiados e inapropiados para referirse a personas mayores

Estrategias Clave para Combatir el Edadismo

La esperanza para las personas mayores y para una sociedad más justa, basada en una perspectiva de derechos, reside, según la Organización Panamericana de la Salud (2021), en tres factores fundamentales: la promulgación de políticas y leyes favorables a la adultez mayor, las intervenciones educativas y las intervenciones de contacto intergeneracional.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) también identifica tres estrategias que funcionan para reducir o eliminar el edadismo:

  1. Políticas y legislación: Diseñadas para combatir la discriminación y la desigualdad por motivos de edad y proteger los derechos humanos de todos, en cualquier lugar. Se habla de este tipo de edadismo ante leyes, normativas o servicios que discriminan y limitan las oportunidades o la participación de las personas según su edad. Por ejemplo, cuando en el entorno sanitario la decisión de llevar a cabo algún tratamiento se basa en una parte importante en la edad de la persona.
  2. Actividades educativas: Buscan reducir el edadismo al proporcionar información precisa y ejemplos contrarios a los estereotipos.
  3. Intervenciones intergeneracionales: Fomentan el contacto y la comprensión entre personas de distintas edades.

La reducción del edadismo presente en nuestra sociedad pasa por concienciar de sus nocivos efectos y educar en el respeto y el buen trato. Esto requiere que instituciones, empresas, organizaciones y medios de comunicación adopten estrategias de transformación que pongan en valor la aportación social de las personas mayores.

"El edadismo opera contra nosotros mismos": Los desafíos de una población que envejece

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