La población mundial experimenta un rápido envejecimiento. En 2023, 1100 millones de personas tenían 60 años o más, cifra que se prevé que casi se duplique a 2100 millones en 2050, representando aproximadamente una quinta parte de la población mundial. Este cambio demográfico, considerado un éxito de las políticas de salud pública y el desarrollo socioeconómico, también plantea desafíos significativos para la sociedad, que debe adaptarse para maximizar la salud, el funcionamiento y el bienestar de las personas mayores. La Organización Mundial de la Salud (OMS) describe el envejecimiento biológico como una reducción progresiva de las capacidades físicas y mentales, con un aumento del riesgo de enfermedades y una creciente demanda de servicios de salud y cuidado.
En este contexto, la institucionalización se presenta como un recurso ante las necesidades y demandas que surgen en la vejez, especialmente frente a los cambios psicofisiológicos de esta etapa. Aunque la institucionalización de adultos mayores no es una práctica común en América Latina debido a la fuerte tradición familiar, la opción de residencias geriátricas ha ido en aumento, impulsada por el incremento de la esperanza de vida y la disminución de la fecundidad.
Factores que Influyen en la Salud de Adultos Mayores Institucionalizados
La vulnerabilidad de los adultos mayores institucionalizados se ve acentuada por diversos factores. La edad avanzada está estrechamente relacionada con la aparición de enfermedades crónicas. Además, el abandono en el cuidado, motivado por el cese de la vida laboral del adulto mayor y la percepción de este como generador de gastos, puede llevar a un desentendimiento de sus necesidades básicas, la adquisición de medicación o tratamiento, e incluso ignorar solicitudes de ayuda en casos de dependencia. El bajo nivel educativo también puede repercutir negativamente en la situación económica del adulto mayor, llevando a crisis que afectan su estilo de vida y que pueden empeorar o generar enfermedades. La polimedicación y el desarrollo de patologías, con la demencia como la más común, también son motivos frecuentes de ingreso a estos centros, especialmente cuando los familiares carecen del tiempo o los medios para atender el monitoreo diario que requieren estas condiciones. No todas las personas tienen el mismo acceso a centros de salud o medicamentos, lo que hace preferible la estancia en un hogar de ancianos.

Afecciones de Salud Mental: Prevalencia y Factores de Riesgo
En torno al 14,1 % de los adultos de 70 años o más tienen un trastorno mental, representando el 6,8 % del total de años vividos con discapacidad en este grupo etario. Las afecciones más frecuentes son la depresión y la ansiedad. Aproximadamente una sexta parte de las muertes por suicidio (16,6 %) se producen en personas de 70 años o más. A menudo, estas afecciones se infravaloran y tratan insuficientemente, y la estigmatización dificulta la búsqueda de ayuda.
La salud mental en edades avanzadas se ve influenciada por el entorno físico y social, así como por los efectos acumulativos de experiencias vividas y los factores estresantes específicos del envejecimiento. La exposición a la adversidad, la pérdida significativa de capacidad intrínseca y la disminución de la capacidad funcional pueden provocar malestar psíquico. Los adultos mayores son más propensos a experimentar eventos adversos como el duelo, la reducción de ingresos o un menor sentido de propósito con la jubilación. A pesar de sus contribuciones a la sociedad, muchos sufren discriminación por edad (edadismo), lo que afecta gravemente su salud mental.
El aislamiento social y la soledad, que afectan a cerca de una cuarta parte de las personas mayores, son factores de riesgo cruciales para las afecciones de salud mental. Los malos tratos a las personas de edad, incluyendo abuso físico, verbal, psicológico, sexual, económico y desatención, también son significativos; uno de cada seis adultos mayores sufre malos tratos, a menudo por parte de sus cuidadores, lo que puede desencadenar depresión y ansiedad. Además, muchas personas mayores cuidan a cónyuges con afecciones crónicas como la demencia, y estas responsabilidades pueden ser abrumadoras, afectando su propia salud mental.
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Enfermedades Crónicas No Transmisibles y Deterioro Funcional
La salud es un determinante importante para la independencia, seguridad y productividad del adulto mayor, y está estrechamente relacionada con su calidad de vida. Aunque la vejez se asocia con la enfermedad, es posible alcanzar un nivel satisfactorio de salud. Sin embargo, el deterioro funcional y celular, junto con malos hábitos y predisposición genética, hacen al adulto mayor más vulnerable a sufrir enfermedades.
Las enfermedades crónicas son patologías de larga duración y progresión lenta, que requieren tratamiento continuo. Son la principal causa de muerte a nivel mundial. En adultos mayores, las patologías más predominantes son la hipertensión arterial, la diabetes y la cardiopatía isquémica, con frecuente coexistencia de dos o más enfermedades. Otros problemas de salud que aumentan con la edad incluyen las enfermedades óseas como la artritis severa (especialmente de cadera y rodilla) y la osteoporosis, la cual representa un debilitamiento severo de la densidad ósea.
El deterioro cognitivo es una patología frecuente que puede llevar a la demencia. Afecta diversas áreas cognitivas, alterando el funcionamiento de la persona. La edad, el sexo, las comorbilidades, los factores genéticos, ambientales y el estilo de vida son factores asociados. Su incidencia en la población mayor está aumentando y es una de las principales causas de muerte. Un anciano con demencia experimenta un curso de enfermedad progresivo y prolongado, con disminución de su funcionalidad e independencia, requiriendo un gran apoyo social.
La pérdida de independencia y autonomía es uno de los cambios más importantes en esta etapa de la vida. Afecta inicialmente a actividades complejas y, con el tiempo, a las cotidianas e incluso al autocuidado. La capacidad funcional, definida como el conjunto de habilidades físicas, mentales y sociales que permiten al sujeto realizar las actividades que exige su entorno, disminuye comúnmente en las últimas etapas de la vida. La evaluación funcional es fundamental para la valoración clínica, el pronóstico y la planificación de los cuidados.
Infecciones: Una Amenaza Significativa en Adultos Mayores
A pesar de que las enfermedades crónicas han desplazado a las infecciosas como principal causa de mortalidad en el mundo occidental, en el paciente anciano, las infecciones siguen siendo una causa importante de mortalidad (alcanzando el 40% en mayores de 65 años) y morbilidad. Además, son una causa significativa de comorbilidad, especialmente en entornos hospitalarios y residenciales. Aunque no hay infecciones "propias" del anciano, estas se manifiestan de forma más sutil pero, a la vez, con mayor intensidad y de manera atípica, lo que a menudo condiciona un retraso en el diagnóstico. No es raro que el primer síntoma sea la aparición de un síndrome geriátrico o simplemente un deterioro físico o cognitivo.
Factores de Riesgo de Infección en el Anciano
Las características de las enfermedades infecciosas en el anciano difieren de otros grupos de edad debido a una combinación de factores intrínsecos y extrínsecos:
- Factores Intrínsecos:
- Inmunosenescencia: Debilitamiento del sistema inmunitario, que conduce a una respuesta inmunitaria inapropiada, con menor respuesta a agresiones externas.
- Comorbilidad (Pluripatología): La presencia de enfermedades crónicas (diabetes, EPOC, insuficiencia cardíaca, demencia) favorece el desarrollo de nuevas infecciones.
- Polifarmacia: Facilita alteraciones en los mecanismos de defensa naturales y modifica la aparición de signos y síntomas.
- Envejecimiento de Órganos y Sistemas: Disminución del recambio celular y motilidad ciliar en vías respiratorias, alteración del reflejo de la tos y deglución; desregulación del esfínter esofágico inferior; mayor prevalencia de incontinencia urinaria; inmovilidad que favorece sarcopenia.
- Desnutrición: Elevada incidencia (hasta 50% en institucionalizados), incrementa la fragilidad y facilita infecciones.
- Factores Extrínsecos:
- Institucionalización: Alto riesgo de infecciones nosocomiales, con una incidencia de 10-20 infecciones por cada 100 residentes al mes.
- Aislamiento Social: Asociado a malas condiciones higiénicas.
- Procedimientos Agresivos: Uso frecuente de sondas vesicales o nasogástricas.
- Ausencia de Medidas Preventivas Eficaces.
Características Especiales de la Infección en los Ancianos
Las infecciones en el paciente mayor suelen tener una menor expresividad clínica y una sintomatología más larvada. La fiebre, un síntoma clásico de infección, puede estar ausente o apenas percibirse debido a cambios en la termorregulación. Otros síntomas pueden presentarse de forma atípica (dolor, expectoración, disuria) o atribuirse erróneamente al propio envejecimiento. La exploración física puede ser dificultosa por falta de colaboración o hallazgos poco específicos. La pluripatología contribuye a que la clínica esté poco definida o se manifieste como un deterioro funcional o psíquico, o el desarrollo de un síndrome geriátrico (inmovilidad, caídas, incontinencia urinaria, cuadro confusional) de nueva aparición. El deterioro cognitivo dificulta aún más la anamnesis.
Todo esto puede generar un retraso diagnóstico que, junto a la mayor agresividad de las infecciones, incrementa la morbimortalidad. Aunque los gérmenes causantes son similares a otras edades, la mayor incidencia de infecciones por bacilos gramnegativos y anaerobios es notable en pacientes institucionalizados. El tratamiento requiere considerar los cambios fisiológicos asociados al envejecimiento que afectan la farmacocinética y la polifarmacia, obligando a ajustar dosificaciones y aumentando el riesgo de reacciones adversas.
Tipos de Infecciones Prevalentes
Los procesos infecciosos que requieren especial atención en el anciano son:
Neumonía
Constituye una amenaza importante y es una de las infecciones más frecuentes y graves en la etapa geriátrica, con tasas de mortalidad de dos a tres veces superiores y hasta el 20-30% según diversas series. Es la primera causa de muerte en pacientes con demencia. Se correlaciona con mayor incidencia, mortalidad y costos. En Estados Unidos, es la quinta causa de muerte en mayores de 65 años. Los adultos mayores residentes en casas de reposo tienen un riesgo 10 veces mayor de adquirir neumonía. Los cambios fisiológicos pulmonares con el envejecimiento (menor capacidad para expectorar, reserva fisiológica disminuida, pared torácica rígida, VEF1 disminuido) favorecen su desarrollo. La mayor colonización bacteriana por microorganismos resistentes (Staphylococcus aureus, Klebsiella, Escherichia coli) y el fenómeno aspirativo frecuente, especialmente en enfermos neurológicos, son factores clave. El cuadro clínico suele ser atípico o atenuado, con consulta tardía y presencia de comorbilidades. El síndrome confusional puede ser la única manifestación inicial. La etiología más común sigue siendo el neumococo, pero aumenta la frecuencia de bacilos gramnegativos y anaerobios en institucionalizados. Las vacunas antiinfluenza y antineumocócica han demostrado su utilidad en la prevención.
Infecciones del Tracto Urinario (ITU)
Son las infecciones más frecuentes en adultos mayores, constituyendo el 25% de las adquiridas en la comunidad y el 25-30% en institucionalizados. Es la causa más común de bacteriemia. Los factores de riesgo incluyen el empleo de sondas, vejiga neurogénica, crecimiento prostático, atrofia vaginal, aumento del pH vaginal y vaciamiento incompleto de la vejiga. Las ITU cursan con mayor frecuencia con bacteremias. Las presentaciones pueden ser atípicas, con compromiso de conciencia, incontinencia urinaria reciente, náuseas, vómitos y retención urinaria. La bacteriuria asintomática es frecuente pero no se trata. La etiología varía en institucionalizados, siendo frecuentes bacilos gramnegativos como Proteus, Klebsiella, Pseudomona, y cocos gram positivos como Enterococcus y Staphylococcus, además de infecciones polimicrobianas.
Sepsis y Bacteriemia
A pesar de los avances terapéuticos, la sepsis mantiene una elevada mortalidad, especialmente en ancianos, donde oscila entre el 35% y el 45%. En pacientes institucionalizados, su incidencia aumenta hasta el 14%. El origen suele ser el tracto urinario, el tracto biliar, infecciones intraabdominales, neumonías y cutáneas. Los bacilos gramnegativos son los gérmenes más frecuentes. La sintomatología es poco específica, con hasta un 13% de pacientes afebriles al diagnóstico, y manifestaciones como el delirio, debilidad generalizada y caídas como formas de presentación habituales. Esto puede llevar a un retraso diagnóstico y un incremento de la mortalidad.
Infecciones Intraabdominales (Abdomen Agudo)
En personas mayores de 65 años, estas infecciones son de diagnóstico difícil, más graves y con peor pronóstico. Esto se debe a una menor capacidad de localizar, combatir y erradicar infecciones, además de una alteración en la capacidad de reparación y cicatrización. La presentación clínica se caracteriza por síntomas menos agudos y atenuados. La duración de los síntomas es más del doble, y a menudo consultan con leucopenias importantes. Cuadros típicos incluyen apendicitis, diverticulitis, colecistitis, colangitis, cáncer de colon perforado, isquemia mesentérica y vólvulo de sigmoides. La apendicitis en ancianos suele tener una presentación atípica, lo que lleva a un diagnóstico tardío y mayor incidencia de perforación y peritonitis. La diverticulitis, frecuente en ancianos, presenta mayor riesgo de perforaciones y peritonitis generalizada. Las complicaciones biliares también son comunes, con mayor mortalidad si la cirugía se realiza de urgencia. El cáncer de colon, una patología de pacientes mayores, puede presentarse como abdomen agudo, con alta mortalidad postoperatoria.
Caídas en Adultos Mayores Institucionalizados
Las caídas son una de las principales causas de morbimortalidad en adultos mayores, y su prevalencia en el sistema sociosanitario es elevada. En un estudio realizado con residentes institucionalizados, el 32% sufrió caídas, siendo la pérdida de equilibrio la causa principal. Los factores asociados más indicativos fueron las caídas previas, los trastornos de la marcha, el deterioro cognitivo, la polifarmacia y la incontinencia urinaria. El promedio de edad de los residentes con caídas fue de 87,9 años, y se observó que la mayoría de las caídas ocurrieron en mujeres. La polifarmacia, con un consumo medio de 8-9 fármacos por residente al día, se considera un factor de riesgo importante.

Promoción, Prevención y Atención Integral
Es esencial el reconocimiento y tratamiento temprano de las afecciones de salud mental, neurológicas y por uso indebido de sustancias en adultos mayores. Se recomienda una combinación de intervenciones de salud mental y otros apoyos para abordar las necesidades de salud, cuidado personal y sociales. La demencia, que a menudo desencadena síntomas de psicosis y depresión, requiere acceso a una atención de salud mental de calidad. Es fundamental también responder al maltrato de los adultos mayores con intervenciones como la notificación obligatoria, grupos de apoyo, líneas de ayuda y programas psicológicos para maltratadores.
Las estrategias de promoción y prevención en salud mental se centran en apoyar el envejecimiento saludable. Esto implica fomentar entornos físicos y sociales que faciliten el bienestar y permitan a las personas realizar actividades significativas, a pesar de la pérdida de facultades. Entre las estrategias clave se incluyen medidas para reducir la inseguridad financiera, programas para garantizar viviendas y transportes accesibles, apoyo social para adultos mayores y cuidadores, promoción de comportamientos saludables (dieta, actividad física, reducción de tabaco y alcohol), y programas para grupos vulnerables. La conexión social es particularmente importante para reducir el aislamiento y la soledad, y las actividades sociales satisfactorias pueden mejorar la salud mental positiva y la calidad de vida.
La protección contra el edadismo y el maltrato es igualmente crucial, mediante políticas y leyes contra la discriminación, intervenciones educativas y actividades intergeneracionales. Existen diversas intervenciones dirigidas a los cuidadores, como el cuidado de relevo, el asesoramiento, la educación, la ayuda económica y la psicoterapia, que contribuyen a mantener una relación de cuidado saludable y prevenir el maltrato.
La OMS, a través de iniciativas como la Década del Envejecimiento Saludable (2021-2030) y el Plan de Acción Integral sobre Salud Mental 2013-2030, colabora con asociados para que los gobiernos respondan a las necesidades de salud mental de los adultos mayores. El Programa de Acción para Superar las Brechas en Salud Mental (mhGAP) de la OMS proporciona protocolos clínicos basados en la evidencia para la evaluación y gestión de afecciones mentales y neurológicas en entornos no especializados.
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