Infecciones en Adultos Mayores: Síntomas, Diagnóstico y Prevención

Las infecciones en la población geriátrica representan un desafío significativo debido a sus características diferenciales y su presentación atípica en comparación con pacientes más jóvenes. Aunque no existen infecciones exclusivas de la vejez, estas suelen manifestarse de forma más sutil, pero con mayor intensidad, condicionando un retraso en el diagnóstico si no se tiene un alto índice de sospecha. Las infecciones son una causa importante de mortalidad, alcanzando el 40% en mayores de 65 años (siendo la segunda causa de muerte después de las enfermedades cardiovasculares), y una causa común de morbilidad.

Esquema de las vías urinarias y respiratorias con enfoque en puntos de infección

Factores de Riesgo de Infección en el Anciano

Las enfermedades infecciosas en el paciente anciano se ven favorecidas por una serie de factores, tanto intrínsecos como extrínsecos. Estos factores contribuyen a una mayor vulnerabilidad y a una respuesta inmunitaria inapropiada.

Factores Intrínsecos

  • Debilitamiento del sistema inmunitario (inmunosenescencia): El proceso de envejecimiento está asociado con una serie de alteraciones en el sistema inmunitario que conducen a una pérdida de determinadas actividades inmunológicas y al incremento de otras, resultando en una respuesta inmunitaria inapropiada. Se observa un incremento de linfocitos T inmaduros y células natural killer, así como de linfocitos T de memoria, junto a un descenso en linfocitos T "naïve" y una modificación del cociente CD4/CD8. Las células T presentan un descenso en el grado de respuesta y una disminución en la proliferación.
  • Comorbilidad asociada (pluripatología): El paciente anciano presenta un incremento de la comorbilidad, especialmente de enfermedades crónicas como diabetes, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, insuficiencia cardíaca, insuficiencia renal y demencia. Esta pluripatología favorece el desarrollo de nuevas enfermedades e incrementa la morbimortalidad.
  • Polifarmacia: La comorbilidad a menudo conlleva la polifarmacia, que, a su vez, facilita la presencia de alteraciones en los mecanismos de defensa naturales (disminución del pH gástrico, disminución de la función inmunitaria) y modifica la aparición de diversos signos y síntomas, como la fiebre, o bien facilita la aparición de reacciones medicamentosas adversas.
  • Envejecimiento de los diferentes órganos: En las vías respiratorias existe una disminución en el recambio celular y la motilidad ciliar, y una alteración del reflejo de la tos y de la deglución. En el sistema digestivo hay una desregulación del esfínter esofágico inferior y una disminución del pH gástrico. En el tracto urinario hay una mayor prevalencia de incontinencia.
  • Desnutrición: La desnutrición, con una elevada incidencia en este segmento poblacional, conlleva un incremento en la fragilidad del anciano y facilita el desarrollo de procesos infecciosos.

Factores Extrínsecos

  • Alto índice de institucionalización: El riesgo de infecciones nosocomiales es mayor en centros sociosanitarios y residencias.
  • Aislamiento social: Las malas condiciones higiénicas asociadas pueden favorecer las infecciones.
  • Elevada frecuencia de procedimientos agresivos: El uso de sondas vesicales o nasogástricas incrementa el riesgo.
  • Ausencia de medidas preventivas eficaces: La falta de protocolos y seguimiento adecuados puede contribuir a la propagación de infecciones.

Características Especiales de la Infección en Ancianos

Las infecciones en el paciente mayor presentan una menor expresividad clínica y suelen desarrollarse de forma atípica, con una sintomatología más larvada que en los pacientes jóvenes. Esto se debe a que el debilitamiento del sistema inmunitario con la edad, proceso conocido como inmunosenescencia, atenúa la respuesta típica para combatir infecciones y los síntomas que resultan de esta defensa.

Síntomas Atípicos y Signos de Alarma

A menudo, el primer síntoma de una infección puede ser la aparición de un síndrome geriátrico o un deterioro físico o cognitivo.

  • Ausencia o leve manifestación de fiebre: La fiebre, síntoma clásicamente asociado a infección, puede no existir o apenas percibirse en el anciano debido a cambios en el mecanismo de termorregulación. Es crucial no esperar a que aparezca la fiebre, ya que el paciente puede estar gravemente enfermo sin ella.
  • Cambios mentales o confusión: Cualquier confusión nueva o en aumento, o el desarrollo de delirio, puede ser una señal de advertencia de una infección, incluso una infección urinaria grave. Estos síntomas a menudo son los únicos signos de una IVU en personas mayores.
  • Caídas: Las caídas pueden ser resultado de diversas causas, y aunque no siempre indican una infección, deben considerarse, especialmente si hay otros síntomas.
  • Pérdida de apetito y fatiga: Los adultos mayores pueden reportar falta de apetito y fatiga más a menudo que los grupos de edad más jóvenes. La detección temprana y el manejo basado en la pérdida de apetito podría reducir el riesgo de más complicaciones.
  • Deterioro funcional o desarrollo de síndromes geriátricos: La existencia de pluripatología contribuye a que la clínica relacionada con la infección esté poco definida o se manifieste solo como un deterioro funcional, psíquico o por el desarrollo de un síndrome geriátrico (inmovilidad, incontinencia urinaria, cuadro confusional) de nueva aparición.

Debido a esta presentación atípica, no es raro que se produzca un retraso diagnóstico, lo que, junto a la mayor agresividad de las infecciones, provoca un incremento de la morbimortalidad.

Tipos de Infecciones Prevalentes en Adultos Mayores

El paciente anciano puede presentar cualquier tipo de infección, aunque existen ciertos síndromes infecciosos más prevalentes en esta edad.

Infección del Tracto Urinario (ITU)

Las infecciones del tracto urinario son el proceso infeccioso más común en el anciano y la causa más frecuente de bacteriemia. No se observan diferencias en cuanto a la incidencia por sexos y es el proceso infeccioso más prevalente en los pacientes institucionalizados (20-50%).

Localizaciones de la Infección Urinaria

Una IVU es una infección del tracto urinario que puede ocurrir en diferentes puntos:

  • Vejiga: También denominada cistitis o infección vesical.
  • Riñones: Una infección de uno o en los dos riñones se denomina pielonefritis o infección renal.
  • Uréteres: Los conductos que llevan la orina desde cada riñón hasta la vejiga solo en pocas ocasiones son el único sitio de una infección.
  • Uretra: Una infección del conducto que lleva la orina desde la vejiga hacia el exterior se denomina uretritis.

La mayoría de las IVU son causadas por bacterias que ingresan a la uretra y luego a la vejiga. La infección se desarrolla con mayor frecuencia en la vejiga, pero puede propagarse a los riñones.

Factores de Riesgo Específicos para ITU en Adultos Mayores

El anciano presenta múltiples factores predisponentes para el desarrollo de ITU:

  • Disminución de defensas: El sistema inmunológico pierde eficacia con la edad.
  • Problemas para vaciar completamente la vejiga: Esto favorece la proliferación bacteriana.
  • Incontinencia urinaria o rectal y uso de absorbentes: Aumentan el riesgo de infecciones si no se cambian con frecuencia.
  • Tener una sonda vesical: Es un factor de riesgo común en residencias y centros geriátricos.
  • Próstata agrandada, uretra estrecha o cualquier otro factor que bloquee el flujo de orina.
  • Cálculos renales.
  • Inmovilidad prolongada: Favorece la retención urinaria, la deshidratación y una peor higiene.
  • Cambios hormonales posmenopáusicos: Condicionan cambios en la flora vaginal en mujeres.
  • Pérdida del poder bactericida de las secreciones prostáticas en hombres.
  • Patologías crónicas: Diabetes, insuficiencia renal, enfermedad de Alzheimer y delirio.

Síntomas de ITU en Adultos Mayores

Los síntomas de una infección urinaria en personas mayores suelen ser atípicos, lo que retrasa el diagnóstico y el tratamiento.

Síntomas de una infección vesical (cistitis):
  • Orina turbia o con sangre que puede tener un olor fuerte o fétido.
  • Fiebre baja en algunas personas (o ausencia de fiebre).
  • Dolor o ardor al orinar (disuria), aunque puede ser menos evidente.
  • Presión o calambres en la parte inferior del abdomen o en la espalda baja.
  • Fuerte necesidad de orinar con frecuencia (polaquiuria) o micción urgente, incluso poco después de haber vaciado la vejiga.
  • Cambios mentales o confusión, desorientación, dificultad para hablar o concentrarse, empeoramiento del estado cognitivo en personas con demencia.
  • Irritabilidad, apatía o aislamiento, cambios de humor repentinos.
  • Debilidad general y fatiga excesiva.
  • Pérdida de apetito, somnolencia.
  • Pérdida de equilibrio o caídas.
Si la infección se propaga a los riñones (pielonefritis), los síntomas pueden incluir:
  • Escalofríos y temblores o sudoración nocturna.
  • Fatiga y sensación de indisposición general.
  • Fiebre por encima de 101ºF (38.3ºC), aunque en adultos mayores puede ser más baja o ausente.
  • Dolor de costado, en la espalda o la entrepierna (ingle).
  • Piel ruborizada, enrojecida o caliente.
  • Cambios mentales o confusión (en personas mayores, estos síntomas a menudo son los únicos signos de una IVU).
  • Náuseas y vómitos.
  • Dolor abdominal intenso (a veces).
Tabla comparativa de síntomas de ITU en jóvenes vs. adultos mayores

Diagnóstico de ITU

En muchos casos, se deberá suministrar una muestra de orina para realizar los siguientes exámenes:

  • Análisis de orina: Para buscar glóbulos blancos, glóbulos rojos, bacterias y analizar ciertas sustancias químicas como nitritos. La mayoría de las veces, este examen puede diagnosticar una infección.
  • Urocultivo en muestra limpia: Se puede hacer para identificar las bacterias y determinar el mejor antibiótico para el tratamiento.

También se pueden hacer exámenes de sangre como un conteo sanguíneo completo (CSC) y un hemocultivo. Además, se pueden necesitar exámenes para buscar otros problemas en el aparato urinario:

  • Tomografía computarizada del abdomen.
  • Pielografía intravenosa (PIV).
  • Ultrasonido del riñón.
  • Cistouretrograma miccional.

Es importante que el proveedor de atención médica descubra si la infección está en la vejiga o si se ha diseminado a los riñones y qué tan grave es.

Tratamiento de la ITU

La base del tratamiento es la administración precoz de antibióticos. En la mayoría de los casos, se deberán tomar antibióticos para evitar la propagación de la infección a los riñones.

  • Infecciones leves de vejiga y riñón: Para una infección vesical simple, se tomarán antibióticos durante 1 a 5 días (mujeres) o de 7 a 14 días (hombres). Si la persona está embarazada, tiene diabetes o una infección renal leve, en la mayoría de los casos tomará antibióticos durante 7 a 14 días.
  • Infecciones vesicales recurrentes: El médico puede sugerir tomar una sola dosis de antibiótico después del contacto sexual, tener antibióticos para un tratamiento de 3 a 5 días en casa si presenta una infección, o tomar una dosis diaria de un antibiótico para prevenir infecciones.
  • Infecciones renales más graves: Puede ser necesario el ingreso hospitalario si el paciente está muy enfermo, no puede tomar medicamentos por vía oral o beber suficientes líquidos, o si presenta cálculos renales, cambios anatómicos en las vías urinarias, cirugía reciente, cáncer, diabetes, esclerosis múltiple, lesión en la médula espinal u otros problemas de salud. En el hospital, se administrarán líquidos y antibióticos por vía intravenosa.

Es crucial terminar todos los antibióticos, incluso si se siente mejor, para evitar que la infección retorne y sea más difícil de tratar. Siempre se debe beber mucha agua. Si la infección es causada por un problema estructural, puede ser necesaria la cirugía.

Infecciones Respiratorias Agudas (IRA)

Las infecciones respiratorias agudas se extienden a lo largo de la población mundial, principalmente en las estaciones de otoño e invierno. Estas infecciones, frecuentemente de origen viral, afectan principalmente a niños menores de 5 años, así como a personas mayores de 65 años. En referencia a los adultos mayores, las IRA representan el 40% de causa de muerte, siendo la segunda causa de muerte después de las enfermedades cardiovasculares para esta población.

Factores de Vulnerabilidad

Debido al proceso de envejecimiento, la respuesta del sistema inmunológico de los adultos mayores disminuye, perdiendo su eficacia y dejando a los pacientes geriátricos vulnerables a los patógenos del entorno. Además, los adultos mayores presentan mayor frecuencia de enfermedades crónicas que son consideradas como factores de riesgo que agravan los signos y síntomas de las infecciones respiratorias.

Síntomas de Alarma de una Infección Respiratoria

Aunque la mayoría de los pacientes con una infección respiratoria leve se suelen recuperar con los cuidados adecuados en casa, se recomienda mantener la vigilancia en adultos mayores y llevarlos de emergencia al hospital si manifiestan alguno de los siguientes síntomas de alarma:

  • Dificultad o incapacidad para respirar.
  • Signos de deshidratación y/o debilidad.
  • Vómitos o diarreas continuas y persistentes.
  • Aumento de síntomas de enfermedad crónica ya existente.
  • Trastornos o pérdida del estado de conciencia.
  • Dolor agudo o presión en el pecho.

Sepsis y Bacteriemia

A pesar de los múltiples avances en la terapéutica, la sepsis continúa siendo un proceso con una elevada mortalidad, especialmente en los pacientes ancianos, en quienes la tasa de mortalidad oscila entre el 35% y el 45%. El riesgo es aún mayor debido a la fragilidad del sistema inmunológico y a la presencia frecuente de enfermedades crónicas. El origen de la sepsis suele ser el tracto urinario (27-56%), el tracto biliar y las infecciones intraabdominales (8-20%), las neumonías y las infecciones cutáneas.

Síntomas y Diagnóstico de Sepsis

La sintomatología suele ser poco específica; hasta un 13% de los pacientes están afebriles en el momento del diagnóstico, mientras que manifestaciones como el delirio, la debilidad generalizada y las caídas son las formas de presentación más habituales. Es necesaria una evaluación clínica cuidadosa y la práctica de exploraciones complementarias adecuadas (ecografía, TC) para su correcto diagnóstico, ya que el retraso diagnóstico es una causa del incremento de mortalidad.

¿Qué es la sepsis y cómo evitar ser vulnerable a ella?

Prevención de Infecciones en Adultos Mayores

La prevención es clave para proteger la salud de las personas mayores. Las vacunas son, sin duda alguna, lo mejor que se puede hacer.

Medidas Generales de Prevención

  • Vacunación: Vacunarse contra los virus de las vías respiratorias como influenza y neumococo, así como el refuerzo de COVID-19.
  • Evitar el contacto: Permanecer el menor tiempo posible cerca de personas con síntomas gripales.
  • Evitar lugares concurridos: Evitar los lugares muy concurridos y sobre todo con poca ventilación.
  • Ventilación: Mantener ventilada la vivienda o el lugar donde se vive, permitiendo el ingreso de aire.
  • Higiene adecuada: Mantener una adecuada higiene, principalmente el lavado de manos antes de tocarse la boca, nariz u ojos.
  • Dieta saludable: Comer de forma saludable para fortalecer el sistema inmunológico.
  • Actividad física: Realizar actividad física en base a las capacidades físicas de cada persona.
  • Hidratación: Mantener una hidratación adecuada favorece la eliminación de bacterias a través de la orina y reduce el riesgo de infección. La deshidratación en ancianos es un problema frecuente.
  • Sueño: Dormir lo suficiente.

Prevención Específica de Infecciones Urinarias

  • Micción frecuente: Evitar retener la orina por mucho tiempo.
  • Higiene íntima: Una correcta higiene íntima diaria y el uso adecuado de absorbentes ayudan a prevenir la proliferación bacteriana y deben cambiarse con frecuencia.
  • Control de sondas urinarias: Si se usan, deben manejarse con estricta higiene y bajo supervisión.
  • Crema de estrógenos: Después de la menopausia, una mujer puede usar crema de estrógenos alrededor de la vagina para reducir las infecciones.

El Rol del Cuidador y Familiar

Los familiares y cuidadores desempeñan un papel esencial en la detección temprana de infecciones. Observar cambios sutiles en la conducta, el ánimo o el estado cognitivo puede marcar la diferencia entre un tratamiento sencillo y una complicación grave. Ante la aparición de síntomas compatibles con infección u otros signos de alarma, se debe informar al personal sanitario para su valoración.

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