La Situación de Salud y Socioeconómica de los Adultos Mayores: Desafíos y Perspectivas

El envejecimiento de la población es un fenómeno global que presenta desafíos estructurales y abre nuevas oportunidades en todas las esferas de la sociedad y la economía. Este proceso afecta la capacidad de consumo, la generación de ingresos, los patrones de ahorro y el financiamiento de períodos de dependencia. En países en desarrollo, como México y Chile, el envejecimiento demográfico se está presentando aceleradamente, a diferencia de lo ocurrido en naciones desarrolladas, lo que agudiza los retos a los sistemas sociales, de salud y económicos, y posiciona a la población adulta mayor como un grupo notoriamente vulnerable.

Gráfico de barras mostrando el aumento porcentual de la población mayor de 60 años a nivel global y en países de ingresos bajos y medianos

Envejecimiento Poblacional y Transición Demográfica

En todo el mundo, las personas viven más tiempo que antes, con una esperanza de vida igual o superior a los 60 años en la mayor parte de la población. Todos los países experimentan un incremento tanto de la cantidad como de la proporción de personas mayores.

Proyecciones Demográficas Globales y Regionales

  • En 2020, el número de personas de 60 años o más superó al de niños menores de cinco años.
  • Entre 2015 y 2050, el porcentaje de habitantes del planeta mayores de 60 años casi se duplicará, pasando del 12% al 22%.
  • Para 2030, una de cada seis personas en el mundo tendrá 60 años o más, alcanzando los 1400 millones, y se duplicará a 2100 millones para 2050.
  • El número de personas de 80 años o más se triplicará entre 2020 y 2050, hasta alcanzar los 426 millones.

Este cambio en la distribución de la población hacia edades más avanzadas, conocido como envejecimiento de la población, comenzó en los países de ingresos altos, pero los cambios más importantes se están viendo actualmente en los países de ingresos bajos y medianos. Se estima que en 2050, dos tercios de la población mundial de más de 60 años vivirá en estas regiones.

El Caso de México y Chile

En México, la población de 60 años y más representaba el 10,0% en 2015 y se proyecta que para el 2045 este porcentaje se duplicará a 20,0% según estimaciones del Consejo Nacional de Población (CONAPO, 2019). Este proceso acelerado plantea retos para dar cobertura a una demanda creciente de atención primaria de salud, de enfermedades agudas o de larga duración, así como la asistencia social.

Realidad de Salud en la Vejez

El envejecimiento biológico es el resultado de la acumulación de daños moleculares y celulares a lo largo del tiempo, lo que conlleva un descenso gradual de las capacidades físicas y mentales, un mayor riesgo de enfermedad y, en última instancia, la muerte. Estos cambios no son lineales ni uniformes.

Prevalencia de Enfermedades Crónicas y Multimorbilidad

El último reporte del Observatorio del Envejecimiento UC-Confuturo, denominado “Viviendo con Enfermedades Crónicas: Perspectivas desde la Población Mayor”, revela el impacto de la morbilidad en las personas mayores en Chile. En el país, 1 de cada 2 personas mayores de 60 años reportan tener hipertensión (52,4%), mientras que un 27% declara vivir con diabetes, un 21,5% con dolor crónico y un 14,6% con depresión. Además, este segmento puede enfrentar multimorbilidad, con más de cinco enfermedades crónicas, aumentando la complejidad del tratamiento y los costos asociados.

En Chile, un 29,2% de la población de personas mayores reporta una enfermedad crónica, mientras que un 22,7% reporta dos, un 12,6% reporta tres, y un 10,2% reporta cuatro o más enfermedades. Existen diferencias entre hombres y mujeres: un 32,1% de los hombres no reporta enfermedades crónicas, cifra que disminuye a un 20% para el género femenino. Las mujeres tienden a presentar un mayor número de enfermedades, con un 13,4% reportando padecer 4 o más, frente a un 6,3% en los hombres.

Entre las afecciones más comunes de la vejez cabe citar la pérdida de audición, las cataratas y los errores de refracción, los dolores de espalda y cuello, la osteoartritis, las neumopatías obstructivas crónicas, la diabetes, la depresión y la demencia. La vejez se caracteriza también por la aparición de varios estados de salud complejos conocidos como síndromes geriátricos, que incluyen la fragilidad, la incontinencia urinaria, las caídas, los estados delirantes y las úlceras por presión.

Infografía mostrando la prevalencia de las enfermedades crónicas más comunes en adultos mayores

Polifarmacia y Gasto en Salud

El reporte chileno también destaca la problemática de la polifarmacia, dando cuenta que un 16% de los adultos mayores consume seis o más medicamentos regularmente. El gasto en salud para hogares con personas mayores asciende a $125.953 mensuales en Chile, lo que se refleja en un 10,7% del presupuesto total. A pesar del sistema de Garantías Explícitas en Salud (GES), aún persisten barreras en el acceso a medicamentos y especialistas, principalmente en zonas rurales y regiones.

Impacto Emocional y Calidad de Vida

Según la Encuesta de Calidad de Vida 2022 en Chile, el 60% de los adultos mayores declaran estar muy preocupados por la posibilidad de llegar a depender de otras personas. Esta preocupación se vincula directamente con la importancia de mantener sus tratamientos. Los testimonios recabados evidencian que el diagnóstico de una enfermedad crónica no solo afecta la salud física, sino también el bienestar emocional, generando incertidumbre sobre la autonomía futura. La calidad de la relación con el equipo médico, el apoyo familiar y la adopción de rutinas de autocuidado emergen como factores centrales para sobrellevar una condición de salud crónica.

La familia y el adulto mayor

Vulnerabilidad Económica y Social

La vulnerabilidad en la vejez se refiere a las situaciones de desventajas que enfrenta una persona adulta mayor ante una amenaza y a la falta de recursos necesarios para hacer frente a una contingencia. Las desigualdades socioeconómicas exacerban este proceso, reflejando las desventajas acumuladas a través de la vida en educación, salud y oportunidades laborales decentes.

Factores de Vulnerabilidad Económica

La vulnerabilidad económica en los adultos mayores se expresa de diversas maneras, como menores oportunidades laborales -en particular en el empleo formal-, salarios más bajos, discriminación para acceder a créditos o a los mercados financieros, y el acceso a pensiones y apoyos gubernamentales. Estas vulnerabilidades aumentan con la edad, ya que las personas adultas mayores pueden ser particularmente vulnerables a las fluctuaciones económicas al depender de ingresos fijos y activos. Se sabe que los ingresos tienden a decrecer al final de la vida debido al retiro del mercado laboral, mientras que los gastos relacionados con salud tienden a incrementarse. Una mejor salud está correlacionada con mejores circunstancias económicas en las edades avanzadas; sin embargo, algunas personas adultas mayores ven aumentada su vulnerabilidad económica debido al empeoramiento de su salud, y los problemas financieros pueden exacerbarse por esta situación.

En México, alrededor del 7,0% de los adultos mayores no tiene al menos un activo y cerca del 20,0% no tienen fuentes de ingresos en 2012. El principal activo lo constituye su vivienda, que representa alrededor del 70% del valor total de los activos acumulados; y los activos líquidos, como cuentas de ahorro o inversiones, representan menos del 5%. Además, los ingresos derivados de su trabajo se ven disminuidos con la edad, por lo que las transferencias familiares y las pensiones tienen un papel relevante para compensar tal disminución.

Sistema de Pensiones y Empleo Informal

La proporción de adultos mayores que reciben ayuda económica familiar había disminuido en México entre 2001 y 2012, en tanto solo uno de cada cinco recibía una pensión contributiva en 2014. Si bien la proporción de adultos mayores que recibe una pensión no contributiva ha incrementado en la última década, la diferencia entre los montos recibidos por una pensión contributiva y no contributiva es considerablemente amplia. Por ello, los adultos mayores a menudo tienen que continuar en el mercado laboral, dentro de sus posibilidades, para generar ingresos propios y para su familia, al no contar con pensiones contributivas o jubilación, o porque estas representan una cantidad mínima.

Desafortunadamente, en México la mayor parte de la población adulta mayor que se mantiene en la actividad económica, aproximadamente el 75%, lo hace en la informalidad. Esto implica no contar con acceso a la seguridad social, a servicios de salud o a la posibilidad de tener una pensión. La mayoría de los hombres en esta situación se encuentra en el ámbito agropecuario, mientras que las mujeres lo hacen en el sector informal.

Discriminación por Edad y Desigualdades Acumuladas

Isalia Nava Bolaños, del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, señala que existe una discriminación muy marcada hacia las personas en edades avanzadas y sobre todo una discriminación económica. La Encuesta Nacional sobre Discriminación de 2017 en México reveló que más de la mitad de la población de 60 años y más declara haber sido discriminada por su edad en el último año, y dentro de esta discriminación los elementos económicos tienen un peso muy importante, como la dependencia económica de las familias, el maltrato, el abandono, el despojo de bienes o la carencia de acceso a servicios de salud. Generalmente en las edades avanzadas se presenta una discriminación múltiple por diversos motivos: la edad (principal), desigualdades de género y raciales, así como ciertas condiciones de salud o discapacidad.

El Impacto de la Pandemia de COVID-19

La pandemia de la COVID-19 agudizó y visibilizó las vulnerabilidades en salud y económicas que ya enfrentaban los adultos mayores. Esta crisis global puso en evidencia que los sistemas de salud no estaban preparados para hacer frente a un evento de tal magnitud.

Riesgos en Salud Amplificados

Los adultos mayores son afectados directa e indirectamente por la COVID-19. Directamente porque tienen problemas de salud subyacentes como hipertensión, problemas cardíacos o diabetes, lo que se define como mayor riesgo de enfermarse gravemente una vez contagiados, demandando atención especializada y crítica de servicios de salud. La enfermedad de la COVID-19 se complica más entre la población adulta mayor, especialmente entre quienes presentan alguna enfermedad crónica. Además, la COVID-19 tuvo consecuencias graves en el estado de salud de las personas adultas mayores, enfrentando la mortalidad más alta de la pandemia, siendo su mayor riesgo una muerte anticipada.

Estrés Económico y Desplazamiento de Servicios

La pandemia llegó a México y América Latina en un momento de menor crecimiento económico en décadas, provocando la mayor contracción económica en los últimos 120 años, lo que dejó en condición más vulnerable a los adultos mayores y a quienes ya estaban en situación de pobreza. La afectación indirecta de la COVID-19 a los adultos mayores ocurre por el desplazamiento en los servicios médicos esenciales para su vida diaria, pues muchos dependen de estos servicios y se vieron relegados para dar atención a los enfermos de la COVID-19. Las condiciones adversas de la pandemia incrementaron la demanda de servicios médicos, afectando la disponibilidad de los servicios médicos habituales.

Mapa global mostrando las regiones más afectadas económica y sanitariamente por la pandemia de COVID-19

Hacia un Envejecimiento Saludable y Activo

La ampliación de la esperanza de vida ofrece oportunidades, no solo para las personas mayores y sus familias, sino también para las sociedades en su conjunto. Sin embargo, el alcance de esas oportunidades y contribuciones depende en gran medida de la salud. La evidencia indica que la proporción de la vida que se disfruta en buena salud se ha mantenido prácticamente constante, lo que implica que los años adicionales están marcados por la mala salud. Es prioritario reformar y fortalecer los sistemas de pensiones, salud, cuidados de largo plazo y los mercados laborales.

Factores Clave para un Envejecimiento Saludable

Aunque algunas variaciones en la salud de las personas mayores se deben a la genética, los factores que más influyen tienen que ver con el entorno físico y social, en particular la vivienda, el vecindario y la comunidad, así como características personales como el sexo, la etnia o el nivel socioeconómico. Mantener hábitos saludables a lo largo de la vida, en particular seguir una dieta equilibrada, realizar actividad física con regularidad y abstenerse de consumir tabaco, contribuye a reducir el riesgo de enfermedades no transmisibles, mejorar la capacidad física y mental y retrasar la dependencia de los cuidados.

Los entornos propicios, tanto físicos como sociales, también facilitan que las personas puedan llevar a cabo las actividades que son importantes para ellas, a pesar de la pérdida de facultades. La disponibilidad de edificios y transportes públicos seguros y accesibles, así como de lugares por los que sea fácil caminar, son ejemplos de entornos propicios.

Estrategias y Políticas Públicas para la Vejez

Para hacer frente a los desafíos del envejecimiento, es crucial complementar las reformas de los sistemas con programas de educación continua y alfabetización digital. La identificación de los factores asociados a las vulnerabilidades de los adultos mayores es de suma importancia para ajustar políticas públicas y programas. Como sociedad, es necesario pensar en mecanismos vinculados con la seguridad social que garanticen un ingreso de la población en estas edades avanzadas, ya sea a partir de las pensiones contributivas o, si no cuentan con este derecho, mediante las pensiones no contributivas. También es necesaria una diversificación de sus fuentes de ingresos, incluyendo alguna actividad laboral, el apoyo familiar y otros recursos.

Desde la academia, diversas iniciativas, como el Observatorio del Envejecimiento UC-Confuturo y el Centro UC de estudios de vejez y envejecimiento, buscan aportar a la generación de políticas públicas. La Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el periodo 2021-2030 como la Década del Envejecimiento Saludable, con la OMS liderando su puesta en práctica. Es necesario plantear un nuevo enfoque a través de la necesidad de impulsar un envejecimiento activo, que tiene un impacto positivo en la salud y en la calidad de vida de quienes han entregado un permanente aporte a la construcción de nuestros países.

Se debe hacer frente a las actitudes edadistas, ya que pueden dar lugar a situaciones de discriminación y afectar la formulación de políticas y la creación de oportunidades para que las personas mayores disfruten de un envejecimiento saludable. La globalización, los avances tecnológicos, la urbanización, la migración y los cambios en las normas de género influyen en la vida de las personas mayores de formas tanto directas como indirectas, lo que exige una respuesta de salud pública que haga balance de las tendencias actuales y futuras.

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